viernes, junio 1

El olorcico de un libro.

A veces, cuando se repite la polémica acerca de la pugna entre libro electrónico y el tradicional, se leen <a href="http://uklanor.wordpress.com/2009/08/26/libro-electronico-vs-libro-papel/">buenos argumentos</a> y lo que yo llamo argumentos cursis, que suelen ser como el siguiente:


<i>Me gusta el libro de papel porque su olor es especial, luce muy bien en la estantería y su tacto es suave y esponjoso.</i>


Vamos a ver, señores: los libros, principalmente, son para cogerlos y leerlos. Las novelas, los relatos y hasta los poemas, creo que más o menos se pueden leer igual en ambos formatos. Sin embargo, hay otros libros que no. Los manuales técnicos por ejemplo. Hace poco, vino McManus a mi casa y me pasó, no voy a engañar a nadie, bastantes cosillas en formato electrónico, entre las cuales se incluía un manual de evolución. Este estaba bien escaneado, pero a la hora de leerlo eché en falta que fuera de papel. ¿Por el olor? ¡No, hombre! Por la mayor dificultad para comparar el texto con las láminas de diagramas e imágenes. Pongamos algunos ejemplos.





Véase esta imagen. Considérese que se quiere leer la descripción de cada insecto, dada en páginas diferentes, a la vez que se observan las imágenes. Con un libro es un simple movimiento de mano. Pero con un libro electrónico es más difícil porque cargar una página te lleva al principio de la misma.

Con esta queda más claro, porque la complejidad de este diagrama precisa ser visto a gran tamaño. Habrá quien diga que se puede hacer un zoom, pero no es lo mismo, especialmente cuando tienes que mover la imagen para captar los detalles. Un libro en papel sólo precisa el movimiento más intuitivo: mover los ojos.

Y no digamos ya de las tablas, necesarias para realizar cálculos. En la entrada que he enlazado anteriormente, ya di mi opinión de que el estudio de un libro técnico es mejor cuando este es de papel, precisamente por estos detalles. Como nos decían en la facultad: los gráficos grandes, para que se puedan ver mejor.

El ejemplo paradigmático es el de los atlas. Y que nadie me diga que para eso existe el GPS, porque no entiende por dónde voy. ¿Qué gracia tiene un atlas si no es enorme?


martes, mayo 22

Estos cómics quieren tu alma, ¡literalmente!

El cómic es un formato nacido en el siglo XX, aunque se pueden rastrear formas primitivas en el pasado. Quizás por ello, es una víctima idónea para un invento que llegó a tener una despiadada influencia en este mismo siglo: la propaganda. Si bien el cómic suele estar relacionado con productos infantiles, no es raro ver cómo algunas caricaturas periodísticas favorecen claramente una determinada postura.

No obstante, no es imposible que un tebeo infantil contenga verdadera mala hostia proselitista, especialmente si el susodicho tebeo es religioso. Estos serán el tema de la presente entrada. Con todos ustedes, ¡los tebeos misioneros!

Jack T. Chick, el Hombre del Rostro Común.

Jack “Talking about Christ every damned second” Chick es, incuestionablemente, el rey del proselitismo vía cómic. Este señor lleva cincuenta años, más de los que lleva un servidor vivo, propagando la palabra del señor en un formato popular y apto para todos los públicos, incluidos los analfabetos, como se verá en nada.


A este señor lo conocí en ese foro llamado Manga a gritos, un foro de manga en el cual muchas veces no se hablaba de manga, como se demuestra con este caso. Concretamente, gracias a su obra Dark Dungeons, que en mi opinión es su obra maestra. Todos los tebeos de Chick van de gente que, incomprensiblemente, viven sin haber oído ni mu, que dirían en mi casa, del Nazareno y por ello viven en el pecado y adorando a Azathoth, más o menos. Dependiendo del tebeo, puede que deje su vida abominable y reconozca a Jesús como su salvador, o que continúe con sus maldades hasta que muera y vaya al infierno.

Antes de nada, es justo mencionar que Copépodo ha escrito varias críticas de tebeos de Jack T. Chick. Como están muy bien, los enlazo y aprovecho para montarme sobre ellos, porque lo que comentaré ahora son detalles que han quedado fuera porque se restringen a particularidades de este sujeto.

La primera pregunta, con toda seguridad, es, ¿por qué Chick se dedica a estas zarandajas? Pues por culpa de los chinos. No, no estoy borracho. Chick tuvo su inspiración para dedicarse al proselitismo por viñeta en lo que un misionero protestante le contó sobre los comunistas en la tierra de la antigua Catay: al parecer, publicaban historietas-panfletos en pro de las ideas de Mao. El dibujante Jack T. Chick se dio cuenta de que él podía hacer lo propio con la auténtica fe: el literalismo surgido de las tendencias más extremistas de la reforma luterana.

Así, con una misión noble, Chick cogió el lápiz y dedicóse a dibujar… ¡¡Y le dio forma a sus tratados!! ¡¡¡Al fin, unos tebeos que podían contar la aprobación del mismísimo Fredric Wertham!!!

Chick decidió que su modelo de negocio consistiría en lo siguiente: él dibujaba los tratados y las copias impresas serían compradas por aquellos deseosos de dar testimonio de que Jesús es el único camino si quieres tener sitio en esa zona residencial llamada Paraíso. Los tratados ganaron una rápida popularidad, pues un tebeo gratis entra fácilmente. Además, son aptos para los analfabetos por el uso de la imagen, como ya he comentado al principio.

Gracias a los tebeos de Jack T. Chick, este joven se ha visto cayendo al infierno. Jack T. Chick, un autor que deja huella.

 Las creaciones de Chick no se limitan sólo a los tratados. También le gusta hacer libros de historietas un poco más largos. Uno de ellos trata del padre Alberto, un supuesto jesuita de origen español que sufre, según su testimonio, la persecución de la Iglesia Católica por denunciar su falsedad. Estas historietas tienen colorines y todo (¡Cómo se nota que aquí paga el lector!).

Por supuesto, alrededor de Chick hay mucha polémica. Jack tiene una visión no ya conservadora, sino reaccionaria. Como buen literalista bíblico, la defiende a muerte. Al parecer, hemos de agradecer a la fallecida esposa de Jack, Lola Lynn Priddle, que su marido se dedique a semejantes menesteres. Cuando ambos acudieron a la casa de los padres de ella, en Canadá, pillaron al pobre hombre a traición y lo convirtieron después de darle el coñazo con un programa de radio. La verdad es que me identifico con él: entiendo que uno se haga incluso de la Cienciología después de pasar por algo así.

Aparte de atacar el evolucionismo, Jack arremete contra los gays, la música rock, los ya mentados juegos de rol, las demás religiones, el laicismo y el consumo de drogas. Lo único que defiende es la familia, América y poco más. Chick se defiende alegando que todas las críticas en su contra no es sino corrección política.

Irónicamente, a pesar de ser un enemigo de lo “políticamente correcto”, Chick mismo lo es. Ha reescrito varios de sus tratados para el “público negro” (“Black audiences en el original), para las “damas”, y para las “damas negras”. Descojonante porque recuerda a la habitual acusación de que ciertas personas acceden a cargos de importancia sólo porque pertenecen a dos minorías discriminadas positivamente, lo cual se parodia con la recluta Angua de las novelas de Mundodisco, que entró en la guardia de Ankh-Morpork porque era mujer y licántropa. Jack T. Chick, con intención de quitarle el puesto a Terry Pratchett como el escritor humorístico en inglés más vendido. Bien mirado, no sé cómo no se le ha ocurrido antes.

También hay que destacar que Chick se corta a veces en las traducciones. En el famosísimo tebeo The Nervous Witch, un ataque la saga de Harry Potter, se puede ver si comparamos estas dos viñetas.


Normal, por otro lado: no puedes acusar a tu público de ir al infierno porque no sepa inglés. Concretamente, un dialecto casi medieval, aquel en el que está escrito la Biblia autorizada del rey Jacobo.

Debido a su enorme fama, Chick ha sido objeto de despiadadas críticas. Algunas de las más cachondas están en esta página, donde se le parodia con una mala leche diabólica (risas enlatadas). Personalmente, prefiero atacar a la fisonomía del hombre.


Este es un retrato del propio Chick, dibujado por otro literalista bíblico. No hay fotografías suyas debido a que lleva una vida recluida y no ha sido visto en público. Desde luego, poca gente puede llegar a encarnar un rostro tan común. Sus facciones son claramente las de un WASP, pero su expresión tampoco denota nada particular ni señalable. Es, en resumen, un tipo corriente con creencias corrientes convenientemente radicalizadas. Es el Hombre del Rostro Común. De hecho, me atrevería a afirmar que no es sino la encarnación del famoso hombre-masa de Ortega y Gasset si la idea no me llenara de tanto terror como de fascinación.

Por el momento, Jack T. Chick continúa con sus tebeos a pesar de su edad y de que cada vez le salgan peores. Desde aquí, le mando una petición de que, por favor, se retire y se dedique a vivir todo lo apaciblemente que pueda un hombre con su personalidad.

Nayzak, el rey moro de Deviant Art.

Antes de nada, he de admitir que es curioso. Si no me falla la memoria, tengo entendido que los países de tradición musulmana jamás han destacado en pintura ni escultura porque el Corán considera sacrílega la representación de la figura humana. Por supuesto, esto varía según la zona, como muestra la representación del rostro del profeta en la confección de alfombras persas, pero como regla general es innegable. Luego entonces, ¿es coherente promocionar la lectura integral del Corán con dibujos de personas? No lo sé, la verdad. Aún así, Nayzak lo hace y hasta se excusa de ello.

Este curioso individuo es un usuario de la famosa página de aficionados deviantART, donde expone su arte proselitista. Al igual que nuestro querido Jack, Nayzak tuvo una epifanía y decidió usar el poder de la viñeta para atraer al prójimo a su causa religiosa.

Nayzak se especializa en la caricatura ejemplar, como las que se pueden ver en los diarios, con un marcado estilo manga que es muy alabado por la comunidad de deviantART, estilo conocido por ser del agrado de los chavalines. La verdad sea dicha, hay que reconocer que es muy vistoso, y que Nayzak no pertenece al numeroso y nefasto grupo de los “yo sé dibujar [inserte estilo chachi]”, caracterizados porque no saben dibujar siquiera un gallo, como denunciara Cervantes acerca del pintor Orbaneja. Aquí se tiene la verdad en un pedestal, por lo cual reconozco que Nayzak tiene estilo. Eso no le impide ser horrorosamente kitsch, pero supongo que todo proselitismo lo es de algún modo u otro, incluso aunque intente huir de esta condición.

Los temas de Nayzak son variados. Empezaré por el ejemplo que nos ofreció de la universalidad racial del Islam.

Los colores unidos de Benetton.

Para apoyar la anterior afirmación, Nayzak nos avisa de que no todos los musulmanes son terroristas. Aunque tiene un estilo muy peculiar de hacerlo.

Un poquito exagerado, ¿no?

No puedo estar más de acuerdo, pero a ver quién es el guapo que lo difunde por según qué lares.

Las buenas maneras de vestir de la mujer musulmana, así como los buenos modales del esposo musulmán, se hacen inevitables de mencionar.

Pues claro, hija mía. ¿Quién soy yo para determinar la longitud de tus cadenas? Un piltrafilla, ¡claro está! Si Barney Gumble y Homer Simpson afirman que el alcoholismo es una forma de vida, la que ellos eligen para sí, lo tuyo todavía es tolerable.

Tengo para mí que no sólo los musulmanes deberían tomar ejemplo. Ya se sabe que incluso un reloj parado da la hora bien dos veces al día.

Dedicado con cariño a los que gusten de unas buenas costillas.

Una de las características más interesantes de Nayzak, que además comparte con “Jacko”, es su encendida defensa del creacionismo.


El libro que el chico porta es de Harun Yahya, el más famoso de los creacionistas islámicos. En esta página pueden contemplar los trabajos de su mente privilegiada, capaz de refutar más de un siglo de biología.

Aparte, Nayzak también trata asuntos tan importantes como el ecologismo, la historia del Islam, la verdadera sharia, la tolerancia entre credos o la paz mundial, pero sin descuidar consejos para que el buen musulmán lleve una buena vida, como no criticar por la espalda, exigir ser llamado “musulmán” en vez de “mahometano”, hablar del profeta y el Islam, apiadarse de los más débiles o amar al profeta Jesús.

Además de las viñetas, Nayzak crea cortos de semianimación, por llamarlos de alguna manera. Básicamente, vídeos en que se alternan diversos dibujos, una versión posmoderna y al alcance de cualquiera de los tebeos animados de la Marvel de los 60. El personaje, en la misma postura, parece moverse porque se suceden varios dibujos con la posición de las manos y la expresión del rostro alteradas. Desgraciadamente, estos cortos no destacan por su calidad, a pesar del dibujo, por carecer de un fluido desarrollo en las escenas. De esto hablaré más detalladamente con el siguiente bicharraco.

En general, Nayzak se dedica a mostrarnos una cara simpática y amable del Islam sin despreciar sistemáticamente a sus rivales. A este respecto se aleja de la doctrina de Chick, cuyos herejes son una pandilla de payasos risibles que adoran a Azathoth, como ya se ha dicho. No es aficionado a los hombres de paja, lo cual cuenta en su favor. Por supuesto, esto no lo libra de feroces críticas ni de tener unos cuantos rivales, entre ellos un buen amigo mío. Nayzak, todo hay que decirlo, no es un cínico que ignore la preocupación de la gente por el terrorismo islámico, aunque su interpretación caiga en un victimismo ligeramente exagerado.

Aún así, este extraño sujeto ocupará un lugar en mi atea alma por hacer proselitismo en uno de los lugares con menor sentido crítico del universo. Jamás pescar en un barril tuvo tanta gracia.

Serenity, el manga cristiano.

En Amazon, acerca del primer número de esta serie:


Teens worldwide love "manga" comics--"now you can give them this popular style with great Christian content!

¡En efecto, seguimos con el puñetero manga! Porque este es el caso de un tebeo que, en contra de toda expectativa racional, ha logrado ser editado por una editorial seria, que vende sus tomos a precios positivos. Al menos, Jack sube sus puñeteros tebeos por el internete y los vende para que el misionero de turno haga proselitismo con ellos. Nayzak sube sus monigotes a una web de acceso gratuito como es Deviant Art. Estos te cobran la broma, seas quien seas. ¡Mal, Buzz Dixon (guionista) y Min Kwon (dibujante)! ¡Mal!



Serenity es un cómic que trata de una epónima heroína de nuestra era moderna. Hija de padres divorciados, tal ruptura familiar ha provocado que Serenity sea una jóvena, que diría cierta diputada socialista, que va por mal camino: ha sido expulsada de varios centros educativos, se ha embriagado, ha practicado sexo y, aunque no venga en el tebeo, yo opino que con toda seguridad adora a Azathoth.


La epopeya de nuestra doncella de discutible doncellez comienza cuando llega a otro instituto. Nada más consultar su expediente, la directora se lo deja bien claro: a ella no le toma el pelo ni el famoso barbero de la historia que llevara Tim Burton al cine. Serenity se ríe en su cara.


Una vez afuera, la fiera es abordada por los miembros del club de la oración. Estos son (¿Hace falta decirlo?) guapos, educados y políticamente correctos, y, como no tienen nada mejor que hacer, se han propuesto como misión espiritual salvar a la pobre Serenity de su vida pecaminosa. La pregunta es, ¿lo conseguirán?

Nótese que estamos ante un cómic que lleva publicados diez tomos de historia continuada. Tanto los tratados de Chick como las viñetas de Nayzak llegan rápido a la palabra “fin”, pero aquí tenemos una historia que se desarrolla con calma, mostrándonos el camino que sigue Serenity. Eso sí, como ocurre con los tebeos de Jack T. Chick, los justos y los pecadores tienen enfrentamientos en los que dirimen sus argumentos acerca de los temas más candentes de la actualidad. Como también ocurre con los tebeos del Hombre del Rostro Común, los ateos son feos y groseros. Bueno, la única atea es la ya mencionada directora, porque la madre de Serenity es sospechosa de paganismo. Serenity, más que atea, es una “no creyente”. Es interesante constatar que los fanáticos suelen aplicar el principio chestertoniano de que cuando no se cree en Dios, se cree en cualquier cosa. Lo curioso es que los partidarios de la opción no cristiana (para generalizar) salen bien parados, tanto porque sus argumentos son buenos como porque los “buenos” no son lo que parecen.


Por ejemplo, resulta que nos enteramos que uno de estos mozos, llamado Eddie, esconde un interés por las mujeres bastante obsesivo (aunque en estas viñetas me parece un tipo bastante normal, ¡vaya!). Bien, pues al final se aclara que esta adicción nació porque una de sus canguros lo inició cuando tenía once años. ¡Hum, sexo con prepubescentes!


También tenemos a Kimberly, hija de un pastor muy estricto y muy dada a recordarle a Serenity su pasado lleno de drogas, folleteo y preces a Azathoth. Todo porque la primera está intentando robarle el novio… Hija, ya sabes: pon la otra mejilla. Bueno, en este caso la de tu novio.

Otra que tal baila es una tal Lori, que no reza sino que le suplica a Dios que le quite esa preferencia por su propio sexo y la haga sentirse atraída por el otro. Como decían el otro día en La Realidad Estupefaciente, cuando una obra es tan larga tiene que haber algún homosexual por ahí, aunque sea para hacer sitio.

Cuando ya la cagan es con la conversión de la protagonista, momento en el cual el señor Grand, un profesor de historia que aquí actúa como un Palpatine puritano, se alegra de que para la muchacha haya sido un verdadero lavado de cerebro porque “alguien tenía que hacerlo”. Gran frase para la posteridad, ¡vive el diablo!

Paradójicamente, hacen buena a la directora de la que hemos hablado, quien, en una de las historietas, afirma que la presión del grupo, sea cual sea el contexto, puede ser lesivo para la personalidad de un individuo, especialmente cuando no tiene muchas ilusiones en la vida, como es el caso de Serenity.

Una verdadera metedura de pata. Los herejes de Chick son unos bufones con los que nadie cuerdo se sentiría identificado, pero hacer a los malos razonables es querer tentar a la suerte. ¡Y peor cuando estamos viendo que los buenos samaritanos del club de la oración tienen bastantes historias siniestras por detrás! Lo que se llama en mi casa estar lleno de mierda hasta las orejas.

Habrá quien esté empezando a preguntarse cómo los autores han podido crear semejante grupillo de hipócritas como modelos de la bondad y el respeto a los derechos humanos. Pues miren, ha sido muy fácil: los autores han ignorado deliberadamente los defectos de estos para concentrarse en los de Serenity. Como la gente no es tonta, ha habido protestas hasta el punto de que los autores han prometido que estos fariseos tendrán que arreglar sus males tarde o temprano. ¡Lástima que no se haya visto todavía! Irónicamente, algunos cristianos han protestado porque todo lo anterior es, claramente, un mensaje contrario a su fe.

Además, artísticamente es un producto muy mejorable, especialmente en el fondo de las viñetas y en la narración. Mucho me sospecho que el dibujante sea del tipo que, por hacer dibujines resultones como la portada de más arriba, se cree capacitado para dibujar un tebeo, cuando es una habilidad diferente. Se puede entender que es la misma diferencia entre ser capaz de tomar estupendas tomas de cámara y hacer una película: no sólo basta con que demuestres pericia en cada una de ellas, sino que además todas deben interaccionar armónicamente. Además, no hay que olvidar que las viñetas varían de tamaño.

El tebeo ha sido objeto de la ira de 4chan y otros sitios web biliosos, haciendo manipulaciones pornográficas por doquier. Aunque en el caso de 4chan, ¿qué no han manipulado pornográficamente? Supongo que la diferencia estará en que sin cariño.En fin, ha acabado siendo un tiro por la culata. Si alguien tiene interés, el guionista tiene esta página.

Y, por hoy, basta. Quizás algún día haga una segunda parte.

viernes, mayo 4

La Iglesia y sus graciosas declaraciones.


Un arzobispo habla sobre los homosexuales y está medio país alborotado. Algunos de nuestros más intrépidos reporteros han declarado que este señor es un arzobispo homófobo, ¡agárrate! ¡Maldita Iglesia! ¡Siempre reprimiendo a la gente!

A mí me importa un bledo, siendo francos. Estoy en total y absoluto desacuerdo, pero el problema con la Iglesia no es que sea homófoba, machista, pederasta, corrupta o haya provocado derramamientos de sangre. El verdadero problema es su sed de poder. Todo lo anterior viene como consecuencia de esto: organiza guerras para perpetuarse, su rampante autoritarismo atrae a individuos a los que les gusta abusar de su poder y dicta quién es “normal” y quién no según le convenga. Comparar los cambios de los puntos de su doctrina a lo largo de los siglos con la evolución de la política europea lo demuestra sin lugar a dudas.

Cualquier otra discusión es una cortina de humo para no tener que reconocer que el propio problema es la Iglesia en sí, ¡coño!

jueves, mayo 3

La tele-beneficencia.

Recientemente, he notado que varias cadenas de televisión han decidido incluir anuncios de beneficencia en sus programas de mayor audiencia. Supongo que no lo llamarán así, pero eso es. Estos funcionan así: un conocido de la parte interesada, informa al programa del caso de una pobre familia que tiene algún problema de solución difícil, cuando no imposible. El programa se pone en contacto con los necesitados y los llevan al programa a que cuenten su pena. Algunos de los casos, la verdad sea dicha, son tristes, especialmente porque, si uno tiene ciertos conocimientos de lo que es la investigación médica, es fácil ver que no tendrán solución feliz.

Dependiendo del programa, se centran más en unos tipos de casos que en otros. En el programa matutino de Canal Sur sienten cierta atracción por adultos en bancarrota, mientras que Sálvame prefiere a niños aquejados de enfermedades raras, de las que no se tratan en la sanidad pública. Por supuesto, todos siguen un esquema común: el invitado explica al público su situación, con mayor o menor entereza según su carácter, el presentador (como si tuviera una carrera de medicina o de economía, digamos) le hace preguntas al respecto, se exponen grabaciones o fotografías en el hogar de los damnificados -a veces, para comparar el aspecto que tenían estos en el pasado con el actual y así ver los estragos causados por la enfermedad-, el invitado se emociona y echa una lagrimita que es recibida con aplausos por el público y, si hay suerte, alguien llama para hacer una donación. El presentador, asimismo, hace una mención del importante apoyo que ha resultado para la familia la ayuda de algún amigo o destaca alguna ausencia importante (en el caso de un crío enfermo, el abandono de su padre). Por lo general, el presentador se congratula de la solidaridad del prójimo.

No sé, entonces, por qué todo esto me suena a la caridad. No hay que confundir esta con la solidaridad. La caridad, tradicionalmente, es el donativo que un rico hace a un pobre o un colectivo bien provisto a otro más desfavorecido y numeroso, visto desde una perspectiva clasista. La solidaridad, por el contrario, suele entenderse como la ayuda entre iguales, incluso aunque las diferencias económicas sean notables. Quien no vea clara la diferencia, que lea El árbol de la ciencia, de Pío Baroja, para tenerlo completamente claro.

Esto no quiere decir que los términos puedan ser intercambiados con el significado del otro, como es habitual con las ONGs de famosos. Es curioso decir que la beneficencia más defendida por los medios de comunicación esté a medio camino entre la solidaridad y la caridad: tiene en común con la primera su carácter multitudinario y anónimo por parte del espectador, y con la segunda la exhibición por parte de los medios, que se atribuyen todo el mérito y hacen negocio.

¡Caray, qué sorpresa! Son como la Iglesia.

lunes, abril 30

Día del paro.

Cada día hay 4.000 parados más, por lo visto. Se quejó mi padre, cuando aún mandaban los de la rosa, de que estos buenos señores aseguraran, el año pasado, que el aumento del paro era una buena señal cuando la situación ya era horrible. ¡Y ahora los de la gaviota dicen lo mismo!

Por supuesto, ambas manadas de bicharracos tratan de justificar que sus respectivas políticas eran inevitables. No lo voy a comentar siquiera porque algunos ya lo han hecho mejor que yo. Yo sólo puedo decir que el día de mañana no debería ser celebrado como el Día del trabajo, sino como el Día del paro. Y si os parece cruel, pensad que es inevitable y está perfectamente justificado.

jueves, abril 26

Hienas políticamente correctas.

Hace dos meses, un caso horrorizó al público norteamericano: un individuo llamado George Zimmerman mató a tiros a un pobre joven en el Refugio de Twin Lakes, Sanford, Florida. ¿El motivo? El muchacho pareció peligroso a los ojos del tirador, voluntario de la guardia vecinal (sic). La policía confirmó que la víctima era Trayvon Martin, que se encontraba en la zona de visita en la casa donde reside su padre con su prometida, y que sólo llevaba encima bolsas de caramelos y una lata de té helado. A ojos del intrépido Zimmerman, el chico era extraño, posiblemente se encontraba bajo los efectos de las drogas, por caminar bajo la lluvia mientras se agarraba del cinturón y llevaba algo en la otra mano (sic de nuevo) y no andaba para nada bueno, como demostraba el hecho de que empezara a correr después de que él lo hubiera seguido un rato (sic, y ya está bien). Cuando llegó la policía, Zimmerman estaba sangrando y tirado en el suelo, debido a que, según él, el chico lo atacó y tuvo que defenderse.

¡Ay, casi lo olvidaba! Resulta que el fiambre es negro. Ni que decir tiene que algunos han pedido la cabeza del Charles Bronson de pacotilla porque opinan que es racista, luego ha cometido un “crimen de odio”. También resultó que el pistolero estuvo a puntito de ni oler la prisión, porque el fiscal del estado no consideró detenerlo inicialmente. La población protestó y al final el sujeto fue acusado por una fiscal especial para el caso hace dos semanas.

Los medios se han lanzado a mil conjeturas: hubo quien aseguraba que en la transcripción de la llamada a la policía del asaltante se oía un insulto racista de traducción indeterminada, diremos que “negrata”. Otros recogieron la declaración de su familia y amigos, quien aseguraba que un mestizo de español y anglosajón con amigos negros no puede ser racista. Sonó mucho la acusación indirecta del detective encargado del caso, quien sospechaba de la versión del ahora acusado, junto a la mención de que alguien había movido los hilos para que el caso fuera archivado (no, no sólo la fiscal).

Por supuesto, una parte de la población tomó partido por la víctima, ¡quién lo duda! Con la familia de la víctima, ya lo dudo. Un montón de indignados se manifestó con el mismo modelo de sudadera que llevaba la víctima, una sudadera con capucha, y adquiriendo la misma marca de caramelos y de té helado que llevaba cuando falleció. Las Nuevas Panteras Negras ofrecieron una recompensa por la vida de Zimmerman, lo cual, leo en la Wiki, fue motivo de críticas (sic, lo siento). Spike Lee publicó en su Twitter una dirección de la ciudad donde cayó el occiso, en la cual supuestamente residía el tirador. Al final resultó que era una pobre familia sin relación con los hechos pero que tuvo que abandonar temporalmente su domicilio ante amenazas de exaltados. Spike Lee pidió disculpas más adelante.

Este hecho, la disculpa de Spike Lee, marca la vuelta del ciclo. Resulta que Zimmerman también se ha disculpado, una vez enterado de que ese chico que le pareció un delincuente peligrosísimo era un pobre chaval menor de edad y desarmado. Si lo hace por vergüenza torera o para fingir arrepentimiento en vista del juicio, no lo sé. A la gente tampoco le ha importado mucho. Claro que tampoco les debería importar la disculpa de Spike Lee. ¡Oh, que ha pagado una compensación! Ya empiezo a ver por dónde va esto.

La cuestión es evadir la cuestión principal. No pensar que los vecinos de Zimmerman estaban paranoicos por una oleada de delitos. No pensar que un particular, aunque estuviera preparándose para ser policía, no debería hacer labores de vigilancia solo y armado. No pensar que el hecho principal sigue siendo una tragedia, aunque los implicados fueran de la misma raza (sea lo que sea eso). No pensar que la legislación de Florida en armas de fuego es peligrosa, como mínimo.

A lo mejor están en lo cierto y la razón de la sospecha de Zimmerman es que Martin era negro. No lo sé, porque no lo conozco. Sí me parece, a la luz de lo que se ha publicado, que no debía de tener las ideas muy claras cuando empezó el seguimiento. En la transcripción de su llamada a la policía, llega a decir “estos gilipollas, siempre se salen con la suya”. ¿Cuáles gilipollas? ¿Le bastó ver al chaval deambulando para saber el tipo de persona que era? En la misma conversación, la policía le advirtió que no hacía falta que persiguiera al chico cuando este empezó a correr, a lo que contestó “Vale”. Después, admitió que no quería abandonar cuando perdió de vista al chico y quedó en encontrarse con una patrulla. Cuando lo encontraron, ya estaba junto al cadáver.

Respecto a Martin, se ha destacado que fue expulsado de su instituto y se han publicado algunos de sus mensajes en Twitter, que en opinión de algunos confirmarían que era problemático. Su novia, que permanece en el anonimato, asegura que cuando ella lo llamó, él le comentó que sabía que alguien estaba siguiéndole, ante lo que ella le aconsejó que corriera. Asegura que oyó al joven preguntarle su perseguidor acerca de sus razones para actuar así, y que al otro preguntar qué estaba haciendo él por ahí. Entonces oyó un empujón y se cortó la comunicación.

Yo, personalmente, no me atrevo a asegurar si hubo racismo, porque no tengo nada claro qué ocurrió exactamente. Sí veo paranoia por parte del primero, que le dio por sospechar de un viandante cualquiera; y temor comprensible por parte del otro, pues en efecto estaba siendo vigilado. ¿Racismo? Podría ser, pero no niega lo anterior. Por tanto, tampoco estoy seguro de que haya “odio”.

Aquí hay que aclarar, por si alguien no lo sabe, que en los Estados Unidos un “crimen de odio” es como se llama un crimen cometido hacia por motivos religiosos, racistas u homófobos, entre otros. En general, por lo que se llama “discriminación”. Hay críticos de esta consideración, puesto que defienden que, visto así, los crímenes parecen cometidos por miembros de un grupo hacia los de otros, en vez de un individuo hacia el prójimo. También alegan que es una terminología absurda, pues el título de “crimen de odio” no se aplicaría al hecho de que un canalla matase a un hermano que aborreciera simplemente porque existe. Dejada a un lado esta discusión, sí está claro que gran parte de la población tiene una idea muy curiosa del bien y del mal. Concretamente, en South Park lo predijeron con gran acierto.


Nótese que he dicho al principio que mucha gente está furiosa porque consideran que esto es un crimen de odio. Es decir, están furiosos porque un blanco (o hispano, me importa un carajo) ha acribillado a un negro. Yo, cuando oí la noticia, me quedé pasmado de que un hombre mate a otro porque pensaba que era un chorizo. Igualitos que en el vídeo: se enfadan con el homófobo, con el racista. No con el hecho en sí.

Percíbase el caso de Spike Lee: su estupidez y su resentimiento (porque el dinero no da riqueza espiritual) han puesto en peligro a una familia también inocente, pero aunque se han enfadado mucho con él, el tono es más reservado que con Zimmerman. Habrá quien diga que se ha disculpado, pero es el mismo caso que el del pseudo-Bronson, entonces (nadie me dice que en realidad le importa un bledo y lo dice para quedar bien). Habrá quien diga que ha compensado a la familia, pero eso es sólo un montón de pasta que quizás no cure el espanto de los acosados. Habrá quien diga, en el colmo del cinismo políticamente correcto, que él no ha empuñado ningún arma. No, sólo ha señalado con el dedo y ha dejado a la muchedumbre manifestarse en lo que se le da de fábula: el linchamiento. Puestos así, casi que prefiero a Zimmerman, incluso suponiendo que sea un racista que asesinó al chico a sangre fría: al menos dio la cara. De un modo cobarde y vil, pero se jugó el cuello.

La única defensa más o menos razonable es que Lee no es el único culpable: los anónimos de muerte han sido escritos por otros. Ahí afuera, algunos creyeron que era lo correcto, y quizás sólo se arrepientan de que la dirección fuera equivocada. Al mismo tiempo, si se enteran de que alguien hizo lo mismito que ellos pero con un negro o un homosexual porque lo son, se aíran.

En España, debido a nuestro pasado, también sufrimos este tipo de doble moral. Hace algunos años, en Crónicas marcianas alguien fue insultado de maricón, a lo que el interpelado respondió que no era un insulto, sino un orgullo. Creo recordar que no era homosexual, ¡¡pero que nadie dude de que es un orgullo!!

domingo, abril 22

Era o no era.

Shakespeare era noble. Shakespeare era homosexual. Shakespeare era mujer. Shakespeare era misógino. Shakespeare era judío. Shakespeare era antisemita.

Marlowe era Shakespeare. Luego, Marlowe era noble, homosexual, mujer, misógino, judío y antisemita.

¡Joder, pues no me extraña que Cristóbal se pasara la vida emborrachándose de taberna en taberna! El pobre diablo no debía de saber ni quién era.

sábado, abril 14

El infiniccionario.

Un antiguo amigo de la infancia ha sido detenido en extrañas circunstancias, aunque no para la víctima, quien ya era muy extravagante. Hubo un tiempo en que él se limitaba a estudiar, echar una partidilla a la consola y dedicarse más o menos a los placeres de la vida. Era muy ducho en lengua y matemáticas y dado a reflexionar.

Quizás habría sido otro tipo de pensador si no hubiese sido por aquella visita de la concejal de Igualdad del ayuntamiento. Aquella mujer baja andaba entre los pupitres con indiferencia, segura de que saldría airosa incluso si no lo hacía bien, pero sin dejar de mirar a los alumnos como si fueran feligreses en misa. Aquella señora nos habló acerca de la discriminación sexual. No contó nada nuevo excepto cuando llegó a la hora del lenguaje sexista. Afirmó, como si fuera un hecho tan cierto como las pirámides de Egipto, que el genérico masculino era discriminatorio para las mujeres. Recomendó que usáramos expresiones no discriminatorias tales como “algunas personas” en vez de “algunos”, entre otros consejos. Mi compañero levantó la mano, y preguntó que si era también necesario hacerlo cuando uno no conoce si el número de algo es uno o varios. La mujer contestó que los cambios sólo se aplicaban para visibilizar a las mujeres. Cada día tengo más claro que no entendió qué quería decir mi amigo.

El caso es que, a partir de ese día, mi amigo empezó a obsesionarse con la exactitud del lenguaje para describir la realidad. En primer lugar, llegó a la conclusión de que era absurdo que se rechazara el uso de “hombre” en genérico y sólo se aceptara como sinónimo de “varón”, sin rechazar al mismo tiempo que “día” pudiera significar una rotación completa de la Tierra y la parte de esa rotación durante la cual brillaba el Sol.

Así, se propuso crear una regla personal: a partir de entonces, escribiría “Día”, con mayúscula inicial en cualquier caso, para referirse al período de rotación completo y “día” para el período de luz.

No obstante, se dio cuenta de que eso no servía para el lenguaje hablado cuando se lo comentamos. Así, decidió que un portmonteau venía al caso, y creó “diche”, cuyo significado era “transcurso del día y la noche”. Desistió de la línea astronómica cuando se percató de que la gente creía que hablaba de cierto filósofo alemán.

Así, pasó a la aproximación de los números irracionales. Se le ocurrió que la que los niños aprenden del número pi (3,1416) debería tener un nombre particular, "pieril". La de las calculadoras científicas (3,1415926536) se llamaría "potón", la del Excel (3,14159265358979), "pícel". Asimismo, con el número de Euler, e, acuñó el término "ebís" para la aproximación que acaba en los dígitos repetidos (2,718281828) y "etón" para la de las calculadoras (2,71828182846). Reservó “pi” y “e” para los valores verdaderos (obviamente, inalcanzables) de ambas constantes y decidió que "epi" sería el nombre de su suma. Jamás entendió por qué la gente se reía al oírle hablar.

Otra cuestión, sugerida por el idioma inglés, era la de las preposiciones. En español, como en otros idiomas, las preposiciones suelen tener una parte espacial exacta y otra debida al uso. Se propuso, por ejemplo, cambiar “en la parada de autobús” por “debajo de la parada de autobús” o “a la parada del autobús”, dependiendo de si había marquesina o no, respectivamente. Quizás porque la mayoría de alumnos iba y venía a clase andando, el asunto no llegó a más.

Además, se negó a seguir diciendo “hola” porque pensaba que, como era una manera reservada tradicionalmente a los inferiores, no debía usarse en un estado democrático. Asimismo, eliminó de su vocabulario términos como “siempre” y “nunca”, excepto para hablar de ciertas leyes físicas. Incluso dejó de hablar de “venenos” y “medicinas” cuando supo de la opinión de Paracelso acerca de estas sustancias.

Así continuó hasta que llegó a ser un problema para los demás. Sus padres, preocupados, le aconsejaron visitar un psicólogo, pero nuestros profesores creyeron mejor hablar con él. Durante una jornada, discutimos acerca del lenguaje, sus límites, sus errores, todo lo que tenía en sí como expresión del pensamiento humano, que está lejos de ser perfecto.

Después de esta jornada, mi amigo dejó de estar obsesionado por las reformas en pro del lenguaje perfecto, y durante un tiempo vivió tranquilo, sin sobresaltos.

Por desgracia, no duró. Medio año después de su recuperación, los medios de comunicación presentaron la famosa señal de tráfico igualitaria, que mostraba un muñeco con falda. A partir de entonces, mi amigo no volvió a clase.

Dos semanas después, apareció ante la consejería de Igualdad más próxima a su domicilio, a cuya entrada arrojó la copia de un “Manifiesto en pro del lenguaje perfecto” y atacó con una pistola de agua y bombas hechas con condones llenos de agua de colonia. Los vigilantes lo redujeron sin complicaciones y fue llevado a prisión.

La prensa ha escrito incontables artículos de él y de su causa. En los periódicos se han reproducido partes de su guía de "Así digo que hay que hablar", como la ha llamado con gran acierto un columnista. No sólo todo lo que ya conocíamos en clase ha sido aumentado (al parecer, ha acuñado vocablos para las diez mil primeras aproximaciones de pi), sino que ha añadido nuevas ideas, como nuevos tiempos gramaticales, cómo nombrar parejas sin usar genéricos y hasta dos modos de decir “media luna”, dependiendo de la fase del satélite.

Nadie, sin embargo, acierta cuál fue su motivación. Algunos señalan la absurdez del lenguaje políticamente correcto. Otros, “el uso descuidado de las nuevas tecnologías” por razonamientos que no nombraré aquí por bochornosos. Todos yerran. Su verdadera intención era que el lenguaje trascendiera: no sólo a los hablantes normales, sino también a la manipulación de bien o malintencionados. Quería crear el infiniccionario.

¿Se puede culpar a alguien por querer ser completamente objetivo?

martes, abril 10

Ciertos jueces.

Como se suele decir, hay veces que parecen hacerlo aposta. España está conmocionada: se sabe que José Franco de la Cruz, alias "el Boca", puesto en libertad después de cumplir sólo 21 de los 44 años de prisión como condena por la violación y asesinato de una niña en 1991, ha huido. Se enteraron ayer mismo en el juzgado donde el sujeto debía comparecer para notificar cuál era su nuevo domicilio.

Antes de nada, querría declarar que mis conocimientos de leyes y derechos son muy justitos, lo suficiente para saber desenvolverme. Al menos, eso sí, sé que no sé, como diría el ateniense. No sé si el caso del "Boca" es típico y debían dejarle salir por buen comportamiento aunque el informe psiquiátrico sugiriese lo contrario. No sé si el hecho de que la doctrina Parot no se haya aplicado en su caso es perfectamente normal, a pesar que él es un delincuente sexual. Sí me parece que, viendo el resultado, aquí alguien ha metido la pata. Una de dos, o nadie se ha preocupado en este caso y han aplicado las leyes del modo más burdo, o simple y llanamente la administración sigue creyendo que todos los delincuentes son iguales y tratándolos de igual manera.

Pues lo realmente malo es la reacción de los extremistas, que ya piden penas más duras y que se deroguen estas leyes "que protegen al delincuente". Mira que algunos ya lo han dicho, pero es que incluso han tenido el morro de afirmar que en este país sólo nos echamos a la calle por el fútbol. Permítanme abandonar la segunda persona del plural para referirme a cualquier lector durante unos momentos para hablarles a estas criaturitas. Vamos a ver, ¿en serio creéis que, después de un año cuyo mayor suceso fue una serie de manifestaciones multitudinarias, podéis chillar que los españoles sólo salen a la calle por el fútbol? ¿ES QUE NO TENÉIS VERGÜENZA? Ya sé que no tenéis inteligencia, ¡pero al menos podrías disimular!

Mientras tanto, el fugitivo sigue libre, y si no se está riendo de todos estos partidarios de la mano dura, poco le debe de faltar.

jueves, marzo 29

Reflexiones sobre esta jornada de huelga general.

Pues aquí, en Sevilla, no se han armado follones dignos de mención. Tan sólo he visto a un señor, representante de un piquete, hablar con bastante calma de los derechos de los trabajadores, y después, por la tarde, una acerba discusión entre unos manifestantes, jóvenes y debidamente uniformados con camisetas y banderas de la CGT (me parece), y una pareja madura, hombre y mujer, frente a una iglesia. Los insultos que pude oír mejor fueron los de los últimos, que gritaban con mayor fuerza. El hombre aseguró que vivíamos en un “fascismo”, aunque tampoco le entendí gran cosa. A la mujer sí la entendí, acusó a los jóvenes que se marcharon de ser vagos, drogadictos y gentuza. ¡Hombre, tanto como eso…! Sí es verdad que uno de ellos pareció querer darme el alto, pero como no tenía intención de entrar a misa (ni borracho, además), lo ignoré y seguí mi camino mientras observaba la escena.


En Politikon han decidido hacer lecturas de la caída de la demanda de electricidad para hacer una estimación del seguimiento de la huelga, y han deducido que esta huelga quizás haya sido menos seguida aún que la de septiembre de 2010, que tampoco es recordada como muy exitosa. Sí, no ha habido colegio en muchos sitios y las grandes superficies han tenido problemas para abrir, pero las tiendas de particulares han abierto. Aunque, como se ha comentado en los propios comentarios, el método usado no fuera el más fiable de todos, está claro que algo falla. En este otro artículo reflexionan acerca de las posibles causas y la tendencia del país. Debo admitir que coincido en un punto: si los sindicatos no son capaces de ganarse la confianza de los tres colectivos señalados por Roger (mujeres, jóvenes y temporales, en absoluto excluyentes), mal andamos.

Todavía, por otro lado, podemos decir que andamos. Lo peor es que mañana se diga que nos llevan del bozal.

martes, marzo 27

Cosas que han cambiado desde que soy pequeño.

•Geografía
Cuando yo era pequeño, había cincuenta provincias, diecisiete comunidades y cinco continentes. Ahora las dos primeras cifras son cincuenta y dos y diecinueve, o las mismas recordando en todo momento que Ceuta y Melilla son ahora ciudades autónomas, y se discute la última, aunque siete es el número más frecuente.

•Ortografía
En mis tiempos, la ch y la ll eran letras. Cuando llegué a la adolescencia, las declararon graciosamente dígrafos. Técnicamente ya lo eran, como la ñ, pero bueno.

También fueron alteradas ligeramente las normas para separar las palabras con guiones a final de línea. Ahora se considera válido escribir “nos-otros”, como “no-sotros” y “noso-tros”, porque las dos partes resultantes son palabras de sentido conocido.

Las reglas de acentuación también cambiaron recientemente, junto a la posibilidad de llamar a la i griega “ye”.

•Fisiología
Los sentidos son, para algunos, ¡once! O incluso diecinueve si uno decide incluir, como muchos hacen, los llamados sentidos internos, como tener hambre. El caso es que los cinco que estudié de pequeño ya no valen.

•Astronomía
¡Pobre Plutón! Ahora es un planeta enano. ¡Parece salido de un anuncio de zumos!

•Taxonomía
Los reinos eran cinco, pero ahora uno se llama Archaea, o arqueobacterias. ¡Pues sí! ¿Y ahora las algas ya no son vegetales? ¿Cuándo ha ocurrido esto?

•Química
La tabla periódica continuamente añade nuevos elementos, pero no siempre los nombra consistentemente. Así, el rutherfordio se llamó kurchatovio durante casi treinta años (en mi tabla, de hecho, se llama así) por polémicas políticas, las mismas que provocaron que el seaborgio se llamara, ¡rutherfordio!, durante tres años.

•Dinámica
La pobre fuerza centrífuga desapareció y se transformó en la fuerza centrípeta. Quizás era para combatir los nacionalismos centrífugos…

•Termodinámica
La famosa primera ley de la termodinámica se escribía como ΔU = Q – W, porque se consideraba que el trabajo ejercido sobre un sistema era negativo. Ahora se considera positivo, y se suma sin más: ΔU = Q + W (Nótese que la cantidad Delta U no cambia, lo que cambia es el signo de W).

Y más, supongo. Por otro lado, el número 3 siempre ha tenido cierta significación. En la mayor parte de los cuentos tradicionales, es el número de veces que se repite una escena antes de que el protagonista se salga con la suya. Aristóteles planteó que un argumento tiene tres partes, comienzo, nudo y desenlace. Varias religiones defienden que la divinidad se compone de tres personas, manifestaciones todas ellas del mismo ser omnipotente y omnisciente. Tres es el número de dimensiones de la geometría euclidiana y el número de componentes de un vector (módulo, dirección y sentido). Tres es el número de personas gramaticales y si bien hay dos números gramaticales, es a partir de tres cuando son multitud. Esto lo saben bien en mecánica cuántica, pues la resolución de la ecuación de Schrödinger para un sistema polielectrónico, esto es, como mínimo dos electrones y un núcleo, es inexacta. Lo mismo pasa con cualquier molécula poliatómica, que comienza con dos núcleos y un electrón. Por supuesto, protón, neutrón y electrón. Tres son los demostrativos, este, ese y aquel, o Fulano, Mengano y Zutano.

Pero, ¿qué del tres como decena? ¿Por qué sólo su posición como unidad? ¿Es que acaso no cuenta? Está la Guerra de los Treinta Años y mucho más, pero especialmente relacionado con la edad. ¡Ah, la edad! ¡El tiempo!

Y nada diré del cero, por razones obvias. Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra.

viernes, marzo 23

Falacias químicas.

Se entiende como falacia naturalista un razonamiento como el siguiente:

Todo lo natural es bueno. El agua de este arroyo es natural. Luego, esta agua es buena.

Por supuesto, es una falacia porque olvida que la naturaleza tiene partes muy peligrosas, como setas venenosas. También olvida que la definición de natural puede ser, como mínimo, digno de debate. Una de las manifestaciones más corrientes hoy en día es la preocupación por la alimentación, especialmente por los aditivos.

Bien, la primera en la frente: no existe, por ejemplo, el pan natural, aunque Eduard Punset saliera en un anuncio televisivo hace tiempo asegurando que sí. Existen, eso sí, diversas maneras de prepararlo, con diferentes componentes, pero el pan ya es un alimento artificial, creado por la acción del hombre. Opinar que es natural porque no lleva tal o cual aditivo no deja de ser una mamarrachada, pues denota una falta horrorosa de vocabulario por lo que podría denominarse como “pan integral”. Ocurre como comentó un día Lansky en este humilde blog, que la palabra "natural" no significa nada por un exceso de uso.

Así, uno tiene que oír paridas como que es bueno fumar marihuana tomada directamente del campo porque “no tiene químicos”. Una más divertida es esta defensa de la apiterapia, aunque debo admitir que posiblemente es un malentendido. Eso, o que quiero creer que lo fue.

Así, la falacia naturalista anterior se transforma en la primera falacia química:

Lo natural está libre de aditivos artificiales. Este pastel tiene aditivos artificiales. Luego, este pastel no es natural.

Esta falacia se da de bruces tanto con el hecho de que lo natural es obviamente químico, como con que los aditivos tradicionales, como la sal, el azúcar y el vinagre, no son percibidos como tales. Probablemente, por ignorancia de los defensores de lo “natural”.

Por otro lado, el hecho de que todo lo que ocurre en el cuerpo humano es química puede llevar a otra falacia: como todo es química, todo vale. El ejemplo más habitual de este pensamiento se da con la legalización de drogas, cuando se critica la prohibición del uso recreativo de ciertas sustancias, alegando que diversos fármacos tienen la misma base química.

La segunda falacia química, pues, se formula como:

La salud son un conjunto de reacciones químicas. Las drogas son simplemente sustancias químicas que desencadenan reacciones. Luego, las drogas son saludables.

Científicamente, es cierto, pero éticamente no me parece lo mismo suministrar un tranquilizante para evitar graves sufrimientos después de un accidente, por ejemplo, que simple y llanamente para pillarse un colocón. No es que los tranquilizantes no dejen de tener cierto riesgo (la morfina puede causar adicción), sino que se considera menos malo que padecer grandes dolores.

Nótese que el error nace de confundir la verdad científica con la verdad ética. La primera sirve de base a la primera, pero no puede determinarla completamente, como la química no determina por sí sola la farmacia y la toxicología, aunque sea su base. Por ello, en estos dos ejemplos vemos cómo sendos comentaristas llegan a entender que, como los autores de los artículos cuestionan la base científica de algunas normas éticas, ambos están proponiendo abandonarse al nihilismo más descerebrado posible. Eso es otro tipo de falacia, por cierto.

jueves, marzo 15

El ladrón y los cuarenta abogados.

En este blog, El tablero intelectual, apostamos por la puesta al día de los relatos ancestrales, pues si bien el mensaje permanece, la estética ha de adaptarse a nuestro mundo moderno.

Cassim y los cuarenta abogados

Érase una vez un señor llamado Cassim, poco aficionado a trabajar. Decidió meterse en política y llegó a ser funcionario del órgano de gobierno regional. Cassim tenía un hermano, llamado Alí Baba, que vivía de su trabajo, así que a efectos prácticos lo olvidaremos.

Estaba Cassim en su puesto de trabajo, ocupado en hacer pajaritas de papel, cuando vio por la ventana de su despacho a uno de sus compañeros dirigirse a una puerta, y llamar con la fórmula “¡Ábrete, subvención!”. Le dejaron entrar, lo cual extrañó a Cassim, pues le habían dicho que esa puerta no le era abierta a nadie.

Decidido, les preguntó a sus compañeros de trabajo y se enteró de que esa puerta sólo se le abriría si se ocupaba de un puesto de responsabilidad, tal como dedicarse a financiar el desempleo de camelleros, muchos de los cuales habían perdido su trabajo por la competencia desleal de los carromatos.

Aceptó, y probó fortuna. “¡Una subvención para esos paraditos!”, gritó, y la puerta se abrió. Entró y encontró una gran fortuna por doquiera que mirara, y no había ningún vigilante. Decidió tomar un poco de la fortuna y salió disparado. Le sorprendió comprobar que nadie le dijo nada, así que decidió volver más tarde con un saco enorme, donde metió todo lo que podía llevarse sin deslomarse. Como no le dijeron nada en esta nueva ocasión, decidió que no era mala idea llamar a unos cuantos camelleros, ya que se suponía que aceptaba las subvenciones para ellos.

Fue al centro del pueblo, donde encontró a varios camelleros manifestándose. La pancarta del grupo rezaba: “El hombre, como el camello, cuanto más feo más bello.” Cassim podía averiguar, gracias a su experiencia como sinvergüenza, quiénes de aquellos hombres eran sobornables. Para ello, entró en el bar más cercano, y mientras se tomaba lentamente un té, vio en el bar a uno de los manifestantes que, si bien no paraba de presumir del mérito del trabajo, dejaba pasar las horas muertas ahí dentro.

Cassim pagó todas las consumiciones del camellero, el cual se acercó a Cassim para agradecerle la invitación. Cassim respondió encargando una kachimba que tardaron en fumarse toda la tarde mientras le contaba su plan al camellero.

A la mañana siguiente, el camellero entró en el edificio donde “trabajaba” Cassim, y ambos se encaminaron hacia la famosa sala. Cassim recitó su acostumbrada fórmula, “¡Ábrete, subvención!”. Ambos entraron, y el camellero calculó que para llevarse todo aquello bien harían falta cien camellos. Cassim dio su visto bueno y todo se hizo en una sola mañana.

En un destello de lucidez, Cassim y su cómplice pensaron que la gente podría extrañarse de verlos con mucha pasta, así que decidieron repartir el tesoro que sacaron entre varios amigos suyos. Estos simplemente debían hacer ver que usaban el dinero en diversas iniciativas. Desafortunadamente, estos amigos eran un tanto zopencos cubrieron a sus familiares de oro, haciéndolos figurar en puestos de trabajo desde el día en que habían nacido o prejubilándolos con treinta años, pues ya se sabe que no es una edad para esos trotes.

Por esos últimos, acabaron pillando a todo el grupillo. El camellero acusó a Cassim de haberse gastado una importante suma en odaliscas y alcohol, cosa que negó y, mientras buscaba desesperadamente una salida, volvió a la famosa puerta donde empezó su destino, y gritó “¡Necesito ayuda!”. Otra puerta, situada no muy lejos, se abrió.

Cassim entró y vio que había varias tinajas. Por curiosidad, abrió una de esas tinajas y repentinamente salió un genio mágico, capaz de conceder deseos. El genio, no obstante, sólo podía conceder uno porque el precio de un bien típico se había incrementado desde los tiempos en que eran tres.

A Cassim poco le importaba la subida de los precios, así que pidió desesperadamente ayuda. El genio hizo aparecer un abogado. A Cassim le pareció insuficiente, así que abrió la siguiente tinaja, de donde salió un segundo genio, que le concedió a Cassim un segundo abogado.

Cassim fue recorriendo la habitación, abriendo tinajas y consiguiendo abogados. Cuando vio que no cabían en la habitación, tuvo una epifanía. Puso orden entre sus abogados, les contó para qué los necesitaba y, cuando le requirieron, fue al tribunal de justicia. A sus puertas, exigió que el dejaran entrar con todos sus abogados. En el edificio no tenían disponible una sala para todos, así que Cassim quedó libre. Diez meses después, aún no había sitio, y una reestructuración del órgano de poder regional permitió a Cassim volver a su trabajo, haciendo lo mismo que hacía antes.

Y colorín, colorado, este cuento ha acabado. O eso queremos creer

domingo, marzo 11

Leyendas del mundillo friqui: Nobita estaba en coma. Shizuka, en la Costa del Sol.



Esta es una famosa leyenda, que se ha salido del mundillo del manganime y ha dado sus pasitos por el mainstream. Ya sabe, resulta que en el último episodio de Doraemon, esa famosa serie de dibujos basada en un tebeo, se descubre que Nobita es en realidad un niño comatoso y Doraemon un peluche suyo. ¡Qué grima, señores míos! ¡Qué grima!

Antes de nada, las verdades por delante: Doraemon no tiene un final, ¡¡¡tiene varios!!!. Todos los tebeos de Japón se publican en revistas, y en varias para el caso de esta historieta En concreto, acabó hasta tres veces en años consecutivos en una publicación llamada Shogaku 4-nensei. Estos finales, como son muy parecidos entre sí, los explicaré bajo el siguiente epígrafe.

1-Doraemon tiene que volver a filas.

Básicamente, en la época de Doraemon algo provoca que los viajeros del tiempo deban volver a su época.

a) En el ejemplar de Shogaku 4-nensei de marzo de 1971, se cuenta que los viajeros del tiempo causaban tales problemas que el gobierno de la época futura acabó prohibiendo el viaje en el tiempo. Doraemon se despide de Nobita.

b) En el de marzo de 1972, Doraemon debe volver por alguna razón no revelada, así que se hace el estropeado (recordemos que es gato-robot) para que Nobita lo deje marchar. Como Nobita lo cree y le promete esperarlo, Doraemon le cuenta la verdad y el chico acepta. Doraemon vuelve al futuro.

c) En el de marzo de 1973, Nobita vuelve a casa después de ser apaleado por Takeshi (alias Gigante o Gian, dependiendo de tu edad). Allí, Doraemon le cuenta que ha de volver al futuro. Nobita queda desolado después de oír esto e intenta convencerlo de que se quede, pero acaba aceptando la realidad después de hablarlo con sus padres y pasean los dos juntos por última vez. Mientras Doraemon hace las maletas, Nobita pelea de nuevo contra Gian. Como no quiere preocupar innecesariamente al gato-robot, lucha con todas sus ganas, hasta el punto de que Gian le concede la victoria por abandono. Doraemon encuentra a Nobita hecho trizas y lo lleva a casa, donde vuelve al futuro mientras el niño duerme.

Esta tercera versión habría sido el final oficial, pues la serie tenía una baja audiencia y el dúo Fujiko Fujio trabajaba en otros proyectos, pero volvieron a la carga al mes siguiente. Aún así, este final fue reimpreso en uno de los tomos y tuvo dos adaptaciones animadas, de lo que las dos primeras versiones carecen. Eso sí, estas últimas adaptaciones son más extensas e incluso tienen una doble lectura.

Aún así, a efectos prácticos es como si no tuviera final. Años después, el dúo Fujio Fujiko se separó, lo que dejó en suspenso una decisión definitiva y finalmente Fujiko F. Fujio, quien continuó el tebeo hasta 1996, falleció. La serie y las películas continuarán hasta que dejen de ser rentables, obviamente.

Vale la pena mencionar que estos finales se intentaron porque se sentía la necesidad de acabar una historia cuyos lectores iban creciendo.

2-Pero entonces, ¿Nobita era autista?

Por tanto, ya volviendo a la leyenda friqui, tanto vale preguntarse por el final de Doraemon como por el de Los pitufos. Aún así, durante mis prácticas de laboratorio llegué a discutirles a varios compañeros la veracidad de esta y en Japón llegó a haber una manifestación de fans enfadados. ¿Por qué se hizo famosa? ¿Por qué con Doraemon? Dejando a un lado la obviedad de que es muy conocida, no me chocaría que su origen nipón fuera la mayor razón de que le haya tocado llevar la cruz de la fantasía comatosa. Primero, todo el mundo puede alegar que el capítulo se estrenó en Japón pero que fue prohibido, del mismo modo que ocurriera con el episodio de Pokémon, caso comentado en la anterior entrega de esta serie. Segundo, todo el mundo sabe que los japoneses son capaces de hacer cracks como Akira o Urotsukidoji. ¿Que Doraemon resultó ser el sueño de un niño moribundo? Bastante más digerible que la superpolla que aparece en la segunda obra.


¡QUÉ TRANCA, TRON! (véase el artículo viruetil para más información)

Lo realmente curioso viene ahora: este final existe. Sólo que es de otra serie, de St. Elsewhere, una teleserie hospitalaria de origen americano emitida durante los ochenta. Una de las razones por la cual esta serie es tremendamente conocida, especialmente fuera de los Estados Unidos, es por su último capítulo (¡¡Ahora sí!!). En este, el escenario cambia del susodicho hospital a un edificio de apartamentos. En este, hablan uno de los doctores de la serie, en ese capítulo obrero, y su padre, un personaje ajeno a la serie. El primero le comenta al segundo que su hijo, presente en la misma habitación, es un autista cuya única actividad es contemplar un juguete: una bola de nieve que incluye una maqueta idéntica al edificio del hospital de la serie “per se”. Perturbador.

¿Cuál era la intención de los guionistas? ¿Epatar? ¿Echarse unas risas? ¿Vengarse por la cancelación? ¿Hablar de que la realidad es en verdad un sueño? ¿Criticar que la ficción sin mesura puede llevar a una fantasía que aísla al espectador? En verdad, no lo sé y aunque es hasta interesante, debo continuar con esta entrada. Sólo diré que el niño, llamado Tommy, es el supuesto “creador” de gran parte de la ficción norteamericana por los crossovers entre la teleserie donde apareció y otras, representado en una tabla que debe de circular por la red.

Sea como sea, este final es idéntico al pretendido para Doraemon. De todos modos, no me gustaría dejar de lado OTROS supuestos finales que no son tan populares pero existen.

3-Doraemon se quedó sin pilas.

Este final supone que, en algún momento dado (¡Cómo no!), Doaemon se descarga y deja de funcionar (recordemos que es un robot). Extrañado, Nobita consulta a la gente del futuro y descubre que la única manera de recuperar a Doraemon consiste en cambiarle la batería, pero es imposible en el caso de Doraemon porque no tiene orejas (Recordemos que se las comieron unos ratones, ¡qué barbaridad!). Entristecido, Nobita acepta la pérdida y se vuelve estudioso y trabajador. Con el tiempo, llega a ser un genio en robótica que repara a Doraemon. Todos viven felices y comen dorayakis.

Este final fue creado como fanfiction por un tal Nobuo Sato, y después fue publicado como un exitoso dōjinshi por un artista bajo el pseudónimo “Tajima T Yasue”, pero fue demandado por Shogakukan, tuvo que disculparse y pagar para hacer las paces.

4-La vida duele, la muerte no.

Este es un dramón: Nobita cae aparatosamente y queda en coma (¡Hum…!). Su estado es grave y la única cura es una operación tan costosa, que Doraemon se ve obligado a vender todos sus inventos menos uno. No obstante, la operación fracasa. Dolido, pero firme, Doraemon le cede a Nobita el anterior invento para que el criajo pueda ir adonde quiera una última vez antes de que la Parca corte su hilo. Nobita pide ir al Cielo. ¡Joder! Esto SÍ da grima.


Los de la Frikipedia también han propuesto su propia conclusión para el enorme trabajo artístico, filosófico y ético que es Doraemon. No obstante, a Japón no le ha interesado.

Sólo la fascinación del personal por las historias que acaban en “Todo era un sueño” explica que ninguno de estos otros finales, ciertos o falsos, sea más conocido. Aún así, no hay lugar para la discusión: no sólo no acaba Doraemon así, sino que han copiado el final de otra serie, ¡y hay más finales legendarios! Ante esta situación, yo sólo puedo citar el lema de Los inmortales: “Sólo puede quedar uno”.

Fuentes:
Doraemon (manga), Wikipedia
Enciclopedia de Doraemon

martes, marzo 6

Leyendas del mundillo friqui: El episodio de Pokémon que alucinó a muchos niños.

Esta será la última sobre Pokémon, de verdad. Hace unos años, un extraño titular llenaba los medios de comunicación occidentales: ¡¡Setecientos niños habían sufrido ataques epilépticos mientras veían Pokémon!! ¡Terrible! ¡Horrible! ¿Qué habrá sido de esos niños? En serio, ¿qué ha pasado con ellos?

Pues miren, la respuesta es fácil: algunos fueron diagnosticados de epilepsia, pero muy poquitos. Sí es cierto que en 1997 casi 700 niños que estuvieron viendo un episodio de esa serie fueron hospitalizados con síntomas tales como mareos, picor de ojos y similares. Como también lo es que al día siguiente de aparecer la noticia, miles de niños acudieron a hospitales. Asimismo, pocos de los primeros pacientes resultaron siendo diagnosticados de epilepsia fotosensible.

¿Qué pasó en el caso del episodio de Pokémon? Bien, el episodio Dennō Senshi Porygon fue emitido el 16 de diciembre de 1997 en TV Tokyo. Durante la emisión del episodio, había varias escenas en las que la pantalla mostraba flashes que alternaban a rápida velocidad los colores rojo y azul. Como todo el que sienta cierta pasión por las obras audiovisuales sabe, los flashes de alta frecuencia cansan la vista, provocan mareos y, si se es susceptible, pueden provocar un ataque epiléptico. Se supone que una de estas tres posibilidades fue lo que les ocurrió a los casi setecientos niños que acudieron a urgencias aquel mismo día, tales como un chico de catorce años que cayó inconsciente. Sólo una minoría de estos chicos fueron diagnosticados de epilepsia, mientras que el resto es una mezcla entre diversos factores, como que los televisores japoneses suelen ser demasiado brillantes para el tamaño de los hogares, que la combinación de azul y rojo acentúa la posibilidad de afectar el nervio óptico y que el estrés fue parte del detonante.

Y ahora, ¿por qué, a la mañana siguiente del suceso, doce mil niños aseguraron estar enfermos? ¿Se marearon en diferido, como en Canarias? ¡Doce mil! La explicación oficial es histeria colectiva, esto es, la gente se escandalizó hasta el punto de creer que ellos mismos también estaban afectados. Ya se sabe que el terror aumenta el peligro hasta límites insospechados. El pánico moral suele aumentar cuando hay niños por medio, como Helen Lovejoy nos demuestra en la gran serie Los Simpson.



Por supuesto, en la actualidad los mayores voceros del pánico moral son los grandes medios de comunicación, capaces de publicar que el presidente de un país come sesos de niños huérfanos con tal de vender periódicos. Justo a la mañana siguiente del suceso, varios informativos comentaron el extraño suceso. Considérense los siguientes hechos: una serie conocida, la primera hora de la mañana, durante la cual las familias japonesas están sentadas delante del televisor, y el boca a boca. Al final, nada que ver con la historia original.


Pikachu intentó aclarar la verdad del asunto, pero no tuvo mucho éxito.

Por otro lado, una parte del asunto resulta, como mínimo, extraña. Flashes similares a los empleados en el infame episodio se han usado ya en varias series, tales como Sailor Moon, sin que fenómenos a la misma escala de este episodio hayan sido registrados. De ahí que algunos escépticos comenten que fue, mayormente, un episodio de histeria colectiva, basándose que una investigación posterior arrojaba un porcentaje de afectados similar al de personas afectas de epilepsia fotosensible.

Las consecuencias del asunto sí son claras: prohibición ad perpetuum del episodio, tanto en su tierra natal como en el extranjero, discusiones absurdas sobre toda la animación japonesa, una retirada de cuatro meses para la serie, negación del principal acontecimiento por parte de enteradillos, normas para los futuros dibujos animados, bajada de las acciones de los videojuegos y cachondeo por parte de parodiadores profesionales, como Trey Parker y Matt Stone.

Por tanto, el asunto es una leyenda de diccionario: un hecho real, pero exagerado lo suficiente.

Fuentes:
Dennō Senshi Porygon
Pokémon Panic

jueves, marzo 1

Me parto de la risa.

En serio, de veras. Lean esta noticia.



Un tío publica un libro en blanco que llega a ser un best-seller. De veras que si hubiese llegado a saberlo anteayer, habría asegurado que eso es un chiste de un número de Zipi y Zape. Esto no debe hacernos desdeñar la colección de libros-objeto: todos ellos con 256 páginas (2 elevado a 8) y con un contenido que va desde un texto escrito sólo con gemidos hasta un libro que sólo contiene la palabra “gracias” las veces necesarias para llegar al total de páginas. Y se vende, que ya manda huevos la cosa.

Bien mirado, sí, no deja de ser una burla al mercado de la autoayuda, aunque tengo la sensación de que hay parodias mucho mejores. De hecho, lo de llenar 256 páginas de lo que sería un orgasmo inacabable me recuerda a esas historietas, en narrativa y en cómic, que servidor y sus amigotes del colegio hacían para pasar el rato, sólo que nosotros teníamos la decencia de procurar que tuvieran gracia. En una de las viñetas, incluso, se inspira cierto derivado de sainete que escribiría años después.


El libro en blanco, sin embargo, es mi favorito. En realidad, tal ocurrencia no es, ni mucho menos, una novedad; en Uruguay, valga el ejemplo, se publicó un libro similar llamado Inteligencia militar después de la dictadura militar. Bueno, entonces sí había una diferencia: aquello era una boutade legítima y seguro que sus compradores consideraban que aupar semejante idea era demostrar su rechazo a la barbarie. Esto no es más que una gracieta. Ha habido quien se ha quejado de que, claro, esto es una muestra del perverso feminazismo, pero en realidad su autor, Sheridan Simove, ya tuvo su polémica cuando comercializó un control remoto de mujeres. Eso sí, nadie se quejó del de hombres, que también se vendía en la misma tienda.

Volviendo al asunto, estoy bastante seguro de que hay tarjetas que resumen en una jocosa viñeta lo mismo que estos libros con mucha más gracia. Además, hay cuadernos. Luego entonces, ¿por qué la peña se gasta los cuartos en semejantes ideas? La noticia afirma bobamente que “El objetivo de los creadores es, evidentemente, el de hacer que nos riamos de nosotros mismos”, cuando esto lo hacen de sobras varias series, como Los Simpson. La respuesta auténtica es otra: el márketing. La verdadera razón es la misma que el Copépodo indicaba en esta estupenda entrada acerca de campañas publicitarias que demuestran verdadero talento artístico: lo importante no es que te vendan algo material que necesites o quieras, sino que te ofrezcan cierto concepto abstracto que desees. Nadie quiere, bien mirado, una cafetera como las de los bares (¿Tan útil es, leches?), lo que la gente quiere es esa sensación de exclusividad que conlleva la posesión del puñetero electrodoméstico.

Así, los libros-objeto no tienen mucha gracia, pero se venden porque su poseedor siente que soltar la guita en estas chorradas lo hará parecer un tipo chistoso, aunque el libro de sexualidad no sea mucho más ingenioso que las marranadas que escribía e/o ilustraba con mis cuates. El libro en blanco no hace sino aprovechar un viejo tópico en un formato ya usado, pero más de uno ha afirmado que es una idea brillante y meridiana, incluyendo personas que ya saben de los precedentes. Ya se sabe: es la misma Stacy Malibú, pero el sombrero es nuevo.

Lo más curioso, ya para acabar, es que mi mención al chiste de Zipi y Zape no estaba ni mucho menos tan desencaminada. Me vais a perdonar que me conforme con describirlo, pero es que no tengo ganas de buscar el tebeo entre mi montón y además dudo que pudiera escanearlo bien. El chiste era tal que así: los Zapatilla se encontraron con los Plómez, el matrimonio que les daba el coñazo con sus visitas, en plena calle. Los Plómez estaban vendiendo libros en un puesto, que don Pantuflo quiso leer. Ahí empieza la gracia.

Don Pantuflo: ¿Pero qué es esto? ¡Estos libros están en blanco!
Señora Plómez: ¡Pues claro que sí! ¿Quién los va a leer?
Don Pantuflo: ¿Perdone?
Señora Plómez: Le explico, don Pantuflo: nosotros no vendemos novelas ni libros de texto, nosotros vendemos las portadas. Lo que la gente quiere no es leer libros, sino llevarse los libros a su casa y colocarlos en las estanterías, porque hacen bonito, ¿comprende usted?


Don Pantuflo sólo puso cara de circunstancias. La misma que puse yo, ni más ni menos, cuando leí la noticia ayer. En el fondo, llevará razón el Copépodo: si estoy aquí y no forrándome, es porque no estoy en sintonía con la fórmula del éxito de los tiempos de ahora. Lo que no es malo, al menos no seré un Duchamp.