Mostrando entradas con la etiqueta Politiqueo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Politiqueo. Mostrar todas las entradas

viernes, septiembre 6

Conjeturas y observaciones.

Pues vi el otro día una película de animación basada en Los viajes de Gulliver, bastante antigua, del 39. La película, a pesar del título, sólo estaba basada en la primera parte del libro, el viaje a Liliput y Blefuscu (esto es, la acción de Gulliver queda en singular). Esta curiosa decisión puede estar basada en que la película se base en ciertas ediciones del libro que sólo incluyen la primera parte, nacida de la curiosa práctica de que esta obra fuera destinada como literatura infantil durante bastantes generaciones, y seguramente por el ascendiente tono misántropo del libro conforme Gulliver se embarca en nuevos viajes, sólo se les daba para leer la parte de Liliput, mucho más suave. A esta práctica los anglosajones la denominan “to bowdlerize”, que tiene incluso un sustantivo, “bowdlerization”. La palabra en sí viene de Thomas Bowdler, un farmacéutico, responsable de una curiosísima contribución a la literatura universal: las versiones censuradas, adaptadas para el público infantil y el FEMENINO, de los dramas de Shakespeare. Por si usted no conocía esto, le dejo unos minutos para asimilarlo. ¿Ya? Bien, pues para que se haga una idea, me limitaré a decir que en Hamlet, Ofelia no se suicidaba, sino que se ahogaba accidentalmente y que en otra obra no salía una prostituta porque está feo. Supongo que de Tito Andrónico arrancarían hojas enteras. Pues bien, el sobrino del señor Bowdler afirmó por escrito que estos trabajos fueron obra de la hermana de este tipo, esto es, una mujer (poetisa y novelista, para más señas). ¿Por qué no reivindicó sus “méritos”? Porque habría estado mal que una mujer leyera y entendiera, ya tiene delito, los pasajes más descarados de Shakespeare. Dejo otros tantos minutos para asimilarlo (supongo que más que antes). Resumen por si alguien no lo ha entendido: una mujer censuró una obra con el fin de que las mujeres (y los niños) no la leyeran, y esta censura la firmó su hermano para que no se supiera que ella leía y entendía de literatura atrevida. Después de tantos disparates, era inevitable que los Bowdler acabaran acompañando a Homer Simpson y su nombre ahora signifique adaptar una obra a un público inocente o a otro medio más popular retocando los asuntos moralmente más espinosos del argumento original. Normalmente tiene un sentido peyorativo, pero no siempre tiene que denotar que la adaptación sea mala. Por ejemplo, El nuevo traje del emperador de Andersen está basado en el relato del traje del rey de El conde Lucanor, de don Juan Manuel, pero se diferencia de este en que en el original, aquel que no viera el traje “no conocía a su padre” (que era un bastardo, vamos). Por ello, todos callaban para no perder su estatus, hasta que un esclavo, a quien le era indistinto quién era su padre, le contó al rey que iba desnudo. Andersen prefirió quitar del medio el asunto venéreo y, en consecuencia, de la imagen social para dejarlo en la inocencia infantil, que ve a través de todas las cosas. La fama de su versión es un argumento a favor del cambio que realizó. Pero esta entrada no va a ir acerca de Andersen, ni de Juan Manuel, ni de los Bowdler. Tampoco de la película, de la que sólo diré que no está mal, pero que para cambiar un argumento y dejarlo por la cuarta parte que se haga como Hayao Miyazaki cuando filmó El castillo en el cielo/Laputa*, esto es, que se hubiera llamado Liliput y Blefuscu. Vengo a hablar de la obra en sí, escrita por Jonathan Swift. Aunque, como digo al principio, algunos la hayan considerado una obra infantil por su tremenda fantasía, la obra en sí es una sátira de la Inglaterra de los tiempos del autor, que es retratada más y más mordazmente conforme el argumento transcurre. A su manera, la obra casi podría ser considerada un ejemplo de ciencia-ficción a medio camino entre aquellas obras griegas sobre gente que llegaba a la Luna y gente como H. G. Wells: una fábula que ilustra preocupación por una situación del presente. A partir de su visita al país de los gigantes, Brobdingnag, la situación de Inglaterra es representada como muy negativa, moralmente tan inferior al escenario de la historia como Gulliver físicamente contra sus habitantes; y esta crítica se extiende al resto de la humanidad a lo largo del siguiente viaje a Laputa**, Luggnagg, Glubbdubdrib y otros lugares. Después del último viaje, a la tierra de los houyhnhnms, uno no sabe si Gulliver se ha vuelto loco, pues su carácter se ha vuelto muy misántropo y dedica su tiempo a enseñar a hablar a dos potros. Mi comentario se refiere al tercer viaje, concretamente a Glubbdubdrib. Es curioso observar que si bien Laputa es descrita de un modo que casi, casi iguala el interés de Wells o de Verne en dotar a sus narraciones de solidez científica (la isla no flota, sino que se mantiene por la fuerza de repulsión de un potentísimo imán); en Glubbdubdrib se apuesta por la magia pura y dura: en esta nación, sus habitantes son magos capaces de invocar por un día a los muertos, con un descanso de tres meses para el difunto traído del más allá, quizás para recargar la batería que le permite pasar de un lado a otro o porque, como comentaba un conocido, los espíritus tienen que soportar una verdadera burocracia esotérica. Por supuesto, Swift aprovecha para invocar a unos cuantos muertos célebres y reírse un poco, por ejemplo, el protagonista llama a César y Bruto juntos, los cuales, lejos de enfadarse, resulta que se entienden y el propio César acaba declarando que su asesinato contaba para Bruto más que para sí mismo todas sus hazañas juntas. Después, el protagonista decide invocar a Aristóteles y le pregunta por su sistema natural, a lo cual contesta lo siguiente (pdf aquí):
This great philosopher freely acknowledged his own mistakes in natural philosophy, because he proceeded in many things upon conjecture, as all men must do; and he found that Gassendi, who had made the doctrine of Epicurus as palatable as he could, and the vortices of Descartes, were equally to be exploded.
Conjeturas, dice. Bueno, el caso es que decide hablar sobre la “teoría de la atracción” que tan de moda estaba por la época en que el libro fue publicado, y contesta esto:
He predicted the same fate to attraction, whereof the present learned are such zealous asserters. He said, “that new systems of nature were but new fashions, which would vary in every age; and even those, who pretend to demonstrate them from mathematical principles, would flourish but a short period of time, and be out of vogue when that was determined.
Que pasará, dice. Sí, bueno: trescientos años y todavía se enseña. Esta es la parte del libro que menos me gusta, algo predecible, dada mi formación científica: las pullas del autor hacia los primeros científicos de la época, que ya empieza en Laputa, cuyo nombre respondería, según algunos, a la aquiescencia de Swift con aquellas famosas declaraciones de Lutero. En Laputa viven filósofos, preocupados porque a lo mejor se les cae un cometa encima y que intentan verdaderos disparates, como obtener comida a partir de excrementos o dejar a un grupo de estudiantes mover al azar letras a imprimir en una especie de ordenador mecánico, con la esperanza de que algún día, vaya usted a saber cuándo, entre todos acabarán escribiendo grandes obras para la humanidad. Hay que reconocer que, desde la perspectiva de entonces, algunos de los experimentos de la Real Sociedad parecían extraños, pero es que en esa misma opinión podría haber coincidido un cateto cualquiera. Por otro lado, la declaración encierra ironía por un asunto que por aquel entonces, como ahora, era muy común: el Debate de los antiguos y los modernos, a saber, si hoy en día se sabe más que antes. Por supuesto, este debate continúa, sólo que los antes modernos pasan a ser también clásicos, tanto porque el tiempo no perdona a nadie como porque un clásico es quien trabaja para las generaciones futuras. A mí este debate me parece similar a otros tan imbéciles como “Fantasía contra ciencia-ficción” o “Sega contra Nintendo” (cuando yo era chaval, eran estas dos): puras y duras ganas de perder el tiempo. Está claro que en todas las épocas nace gente genial que realiza descubrimientos y/o escribe obras geniales, lo que nunca está claro es quién pasará a la historia y quién no será sino una moda. Ni siquiera en asuntos científicos, de los que dos más dos son cuatro se puede estar seguro, y si no miren a Mendel con sus leyes de la genética: por un tris llevan su nombre, porque nadie se enteró en su época por el hecho de que publicaba en una revista minoritaria, y porque los descubridores posteriores de estas leyes tuvieron un punto de honradez y de caballerosidad que provocaría el sonrojo de sedes políticas completas. No hablemos ya de los prejuicios culturales: el átomo es todavía presentado como un resultado de las ideas de Leucipo y Demócrito, pero lo cierto es que hay dudas sobre si a los indios se les ocurrió antes, concretamente a un tal Kanada, cuya fecha exacta de nacimiento varía entre el siglo VI a.C. (antes de los dos griegos) y el siglo II a.C (después). Eso cuando todavía admitimos que anuncian ideas nuevas, porque no pocas veces se anuncia el redescubrimiento de la pólvora y de que si metes la cabeza bajo el agua, no puedes respirar. Piénsese en todos esos cantamañanas que amparándose en, pongamos, internet o el libro electrónico casi que anuncian la llegada del Homo novus, que será sabio, guapo y no olerá mal después de tres días sin ducharse en pleno agosto. Ocurre, seamos sinceros. No obstante, el bando de los clásicos suele estar incluso más desnortado que el moderno. En común, ambos fallan en presentar las ideas y conocimientos de una época como monolíticas y sin desacuerdos, cosa que es ridícula. No hay más que ver que en cualquier época hay materialistas e idealistas, humanistas y nacionalistas, populares y elitistas, ateos y religiosos; y más factores que crean tantas facciones que uno se pierde entre argumentos y diatribas, porque cada grupo tenía, tiene y tendrá de enemigos a otros, charlatanes para ellos. Cuando yo era un chaval, recuerdo que en literatura iba muuucho mejor que en filosofía, y estoy empezando a pensar que era porque en la primera asignatura te presentaban a los autores clásicos en primer lugar (desde el Arcipreste de Hita hasta llegar a la generación del 27), y si bien había movimientos literarios, te los explicaban con calma, mientras que el siglo XX y toda la filosofía eran escuelas detrás de vanguardias, o al revés. Si a otros hombres los árboles no les dejan ver el bosque, a mí las facciones intelectuales no me dejaban ver una disciplina del saber. También fallan en algo, bastante curioso en los modernos: idealizar el pasado. En realidad, es un fallo de perspectiva: la antigüedad de la que hablaban era un período de casi un milenio de duración, que asimismo había ocurrido otro milenio antes. Entre ambos tiempos, se produjeron varias cribas que rechazaron mucha basura. Porque no se crean que en la Atenas clásica sólo existieron Pericles, Sócrates y Arístides. Estaba esa masa que le ponía las cosas difíciles al primero (más a continuación), condenó a muerte al segundo y al tercero al ostracismo. Y muchos de esos se atrevían a producir memeces que en la posteridad no quisieron salvar ni sus descendientes porque el recuerdo del ancestro era, parafraseando a Camilo José Cela, egeo-pelásgico. Es decir, que no todos los antiguos eran iguales. Unos antiguos en concreto, pues sí, es innegable que eran de un ingenio maravilloso. Como algunos modernos, pero con una diferencia: ya están muertos. No lo digo en contra de ellos, sino de sus defensores: los clasicistas se aprovechan de esta circunstancia para desbarrar a gusto. Como bien saben en cualquier grupo que promete consecuencias después de la muerte, los muertos todavía no han vuelto, ni uno de ellos, a rectificar a cualquiera que hable de ellos. Con los modernos también se hace, pero el interesado o bien critica, o bien elogia a sus supuestos defensores y aliados. Por eso mismo mucha gente habla tanto de las tradiciones perdidas: es fácil, cómodo y perfecto para no tener que enfrentarse a nadie. Estos tres errores llevan a conclusiones disparatadas. Por ejemplo, afirmar que los descubrimientos modernos no eran sino algo pequeño al lado de los clásicos. Pues será, pero esto no quita que, por un lado, el conocimiento antiguo no pueda ser complementado, a veces de manera brillante, por el reciente; y por el otro, que el moderno en algún momento no rectifique algo que se tuvo por verdad absoluta durante más de un milenio. Del primer caso, podemos irnos de nuevo con Pericles y lo que le pasó a un maestro suyo, Anaxágoras. Este hombre, un materialista, tuvo la osadía de afirmar en la politeísta Grecia que el Sol y la Luna no eran, como era bien sabido, Febo Apolo y Artemisa, sino una bola en llamas y una roca que reflejaba la luz de la primera, respectivamente. Existe un mito según el cual los paganos eran unos hippies que estaban abiertos a la tolerancia religiosa tal como la entendemos hoy en día, lo cual está algo equivocado. No les importaba mucho reconocer que los pueblos de al lado tienen sus propias montañas sagradas y similares, pero que nadie tocara sus lugares sagrados, y este tío escogió los dos astros más luminosos del firmamento. Los sacerdotes, ¡cómo no!, pidieron a gritos que fuera ejecutado por impiedad, el mismo delito achacado a Sócrates. Tuvo que salvarlo el ya citado alumno suyo, y sacarlo de extranjis de la cárcel y de la poleis, en un caso claro de que a veces ir en contra de la voluntad del pueblo es lo moralmente correcto. Pues piensen ustedes lo que se habría alegrado este hombre de saber que, siglos después, Galileo hubiese visto la superficie de la Luna y hubiese visto que era, en efecto, de roca. Del Sol, baste nombrar el prisma de Newton. Acerca de creencias antiguas rechazadas, podemos volver al libro de Swift. Mi mayor desacuerdo con el párrafo anterior es la idea de que la gravedad y la filosofía natural de Aristóteles equivalen. Más que nada, porque Aristóteles dijo muchas cosas. Por ejemplo, se le ocurrió que, como el hombre al nacer es un ser indefenso, quizás el primer humano fue criado por otro animal. Punto para Aristóteles, que sin darse cuenta conjeturó la evolución natural. También quiso colocar la ética dentro del campo de la biología, adelantando la etología. Otro más. Pero cuando llegamos a los dientes, ya no podemos perdonarlo. Resulta, verán, que Aristóteles tenía ciertas manías respecto a la naturaleza masculina y femenina. Como era común en el mundo griego, creía que lo femenino existía como imperfección de lo masculino, pero de un modo muy peculiar: en los dientes. Los varones, según él, tenían más dientes que las mujeres. El hombre perfecto de Aristóteles, bien mirado, debía de ser algo así como un superhéroe dibujado por Rob! Tampoco podemos dejar de lado el asunto del semen, porque se las trae. Aristóteles desarrolló la idea de que nuestro sexo era determinado por las características de este fluido. Hasta aquí hay que reconocer que su idea fue afortunada y es verdad que el sexo se determina por vía paterna. El problema viene al cómo se figuraba él que ocurría. Por humedad. Verán, para Aristóteles, el aire era bueno por ser activo y dinámico, mientras que el agua (el frío) era mala por ser pasiva (esto se demostró después igualmente incorrecto por la teoría cinética molecular). Por ende, si en el momento de eyacular, el semen era afectado por los vientos del norte, nacía nene seguro; y si era afectado por los del sur, nena seguro, porque son más húmedos. Y después de escribir esto, cenaba tan tranquilo. Lo que yo vengo a criticar es que decir todo esto eran conjeturas es discutible. Los dos primeros razonamientos se basan en hechos observables: cómo son los niños al nacer y que los animales suelen tener ciertos patrones de comportamiento. Lo siguiente fue pura especulación basada en prejuicios, incluyendo lo del semen, porque Aristóteles consideraba el semen como causa eficiente del hombre, ya que la mujer sólo se echaba de espaldas y “pensaba en Atenas”. Lo peor no es que en la era moderna estas ideas resulten risibles, sino que en la misma época “antigua” también lo habrían sido para algunos. De hecho, incluso antes: Anaxágoras llevó a cabo sus observaciones del Sol y la Luna un siglo antes y también empezó a considerar que la manualidad era condición previa de inteligencia, y no al revés (una vez más, Aristóteles). Erastótenes y Arquímedes, el siglo posterior, realizaron asombrosos descubrimientos basándose en observaciones del día a día que jamás pasaron de moda, porque eran hechos objetivos. Que el palo de Erastótenes proyectara una sombra no depende de la filosofía, me parece, ni que el agua de la bañera de Arquímedes se desplazara cuando ahí se metía. De todos modos, no hay que olvidar que alguna vez se ha admitido la existencia de algo sin tener más que conjeturas, aunque fueran muy sólidas. Por poner un ejemplo ya mencionado, el concepto de gen, tal como lo presentó Mendel, era más una formulación matemática basada en sólidas observaciones que un concepto biológico per se, y de hecho Jacques Monod menciona en El azar y la necesidad que para muchos biólogos la idea del fenotipo era una especie de excusa para seguir hablando de algo cuya existencia no había sido demostrada. Va a ser que no, Swift, y de veras lamento que no exista un lugar como Luggnagg para invocarte e indicártelo. Aunque si existiera un lugar así, me parece que no te llamaría, porque hay quien comenta que eras un pelín amargado, aunque ya se sabe que los críticos literarios a veces hablan demasiado (y quién no). Casi mejor que a ti, invocaría a Boccaccio y a Maupassant, y nos iríamos de juerga. *Quenosparióatodos. ** Por cierto, en la edición que leí yo, que compró mi padre hace ya más de cuarenta años, hay un caso de censura amable a lo Bowdler y la llaman Lupata.

lunes, octubre 29

Desde El tablero intelectual, ¡grandes y buenos videojuegos!

Esta entrada debería haberla publicado antes, pero bueno. La operación Pokémon me ha inspirado para la creación de los que podríamos llamar videojuegos sociales, cuyas temáticas no se abstraen de las difíciles situaciones que sufrimos. Sin más, aquí los tienen:

Pukemon

¡¡Llega Pukémon!! El único juego que te permite cazar políticos corruptos e inútiles y contemplarlos enjaulados.


Zapatero, según la Frikipedia.

Podrás moverte por los pasillos de los centros de gobierno en busca de ejemplares para tu colección. Después de derrotar al político que se te aparezca, ¡atrápalo con tu pukeball! Busca con insistencia en todos los rincones donde puedan aparecer: alcaldías en números rojos, contrataciones de EREs, especulación inmobiliaria… ¡¡Pero ten cuidado!! En un fútil intento de escapar su inevitable captura, no dudarán en azuzar a sus medios de comunicación contra ti.


O te atacarán ellos mismos, como es el caso del alcalde Quimby.

Disponible en establecimientos especializados en las ediciones roja y azul.

Grand Theft Market

Rockstar vuelve a sorprendernos con otro de sus simuladores sociales, en este caso ambientado en Andalucía. En este caso podremos ponernos en la piel de unos activistas políticos que organizan asaltos a supermercados para robar artículos de primera necesidad y dárselos a familias necesitadas.


Repartiendo el botín.

No obstante, como es costumbre en la saga GTA, no todo se reduce a atracos. También puedes dedicarte a otros asuntos: apoyar regímenes dictatoriales porque se dé la circunstancia de que te convenga políticamente, hacer propaganda y organizar manifestaciones.


Asamblea claramente democrática.

Disfrutarás de las ventajas estratégicas que supone tener medios absolutamente fieles a tu partido y, conforme subas de nivel, a tu persona. Podrás ningunear a tus adversarios pero aliarte con ellos en secreto para sacar aún mayores réditos de la situación.

Precisa conexión a la red. Si no tienes, piratea la de tu vecino.

Atonishing News!!

Simulador que te pone en el papel de un editor ascendido a director justo después de que el anterior fuera despedido por tener el mal gusto de publicar las feas tetas de Catalina. Este simulador te permite definir qué línea seguirá tu periódico: objetiva, claramente partidista, sensacionalista o esotérica. También puedes negociar la publicidad, recomendar los personajes a entrevistar y gestionar tus propios trolls para la edición digital.


Entre otras situaciones, deberás decidir cuáles noticias se publicarán. ¡Qué difícil es ser editor!

Deberás, asimismo, mantener un cierto control sobre tus redactores, quienes conspirarán contra ti para ocupar tu puesto. El departamento legal te asesorará cada vez que alguien te imponga una demanda porque hayas publicado algo que lo ofende.




También puedes crear tus propios suplementos dominicales, perfectamente adecuados para lectores inteligentes y capaces.

Incluido como regalo con los periódicos más objetivos del momento.

Minister Evil

Survival Horror, fruto de la colaboración entre Konami y Capcom, en el que deberás enfrentarte al equipo de incompetentes que el presidente electo ha elegido como ministros. Deberás sortear sus falacias lógicas, sus periodistas adictos y sus enchufados.


Hay que tener especial cuidado con sus protegidos.

Tienes varias armas con las que hacer frente a las hordas de aquellos gestores que más gusten del populismo: pistolas de agua, tomates podridos y muñecos de goma. Cualquier cosa, con tal de no causar daños innecesarios.

Ejemplo, de cómo enfrentarse a exaltados sin violencia.

Por hoy, ya está bien. A la próxima, quizás toque algún RPG.

lunes, abril 30

Día del paro.

Cada día hay 4.000 parados más, por lo visto. Se quejó mi padre, cuando aún mandaban los de la rosa, de que estos buenos señores aseguraran, el año pasado, que el aumento del paro era una buena señal cuando la situación ya era horrible. ¡Y ahora los de la gaviota dicen lo mismo!

Por supuesto, ambas manadas de bicharracos tratan de justificar que sus respectivas políticas eran inevitables. No lo voy a comentar siquiera porque algunos ya lo han hecho mejor que yo. Yo sólo puedo decir que el día de mañana no debería ser celebrado como el Día del trabajo, sino como el Día del paro. Y si os parece cruel, pensad que es inevitable y está perfectamente justificado.

jueves, abril 26

Hienas políticamente correctas.

Hace dos meses, un caso horrorizó al público norteamericano: un individuo llamado George Zimmerman mató a tiros a un pobre joven en el Refugio de Twin Lakes, Sanford, Florida. ¿El motivo? El muchacho pareció peligroso a los ojos del tirador, voluntario de la guardia vecinal (sic). La policía confirmó que la víctima era Trayvon Martin, que se encontraba en la zona de visita en la casa donde reside su padre con su prometida, y que sólo llevaba encima bolsas de caramelos y una lata de té helado. A ojos del intrépido Zimmerman, el chico era extraño, posiblemente se encontraba bajo los efectos de las drogas, por caminar bajo la lluvia mientras se agarraba del cinturón y llevaba algo en la otra mano (sic de nuevo) y no andaba para nada bueno, como demostraba el hecho de que empezara a correr después de que él lo hubiera seguido un rato (sic, y ya está bien). Cuando llegó la policía, Zimmerman estaba sangrando y tirado en el suelo, debido a que, según él, el chico lo atacó y tuvo que defenderse.

¡Ay, casi lo olvidaba! Resulta que el fiambre es negro. Ni que decir tiene que algunos han pedido la cabeza del Charles Bronson de pacotilla porque opinan que es racista, luego ha cometido un “crimen de odio”. También resultó que el pistolero estuvo a puntito de ni oler la prisión, porque el fiscal del estado no consideró detenerlo inicialmente. La población protestó y al final el sujeto fue acusado por una fiscal especial para el caso hace dos semanas.

Los medios se han lanzado a mil conjeturas: hubo quien aseguraba que en la transcripción de la llamada a la policía del asaltante se oía un insulto racista de traducción indeterminada, diremos que “negrata”. Otros recogieron la declaración de su familia y amigos, quien aseguraba que un mestizo de español y anglosajón con amigos negros no puede ser racista. Sonó mucho la acusación indirecta del detective encargado del caso, quien sospechaba de la versión del ahora acusado, junto a la mención de que alguien había movido los hilos para que el caso fuera archivado (no, no sólo la fiscal).

Por supuesto, una parte de la población tomó partido por la víctima, ¡quién lo duda! Con la familia de la víctima, ya lo dudo. Un montón de indignados se manifestó con el mismo modelo de sudadera que llevaba la víctima, una sudadera con capucha, y adquiriendo la misma marca de caramelos y de té helado que llevaba cuando falleció. Las Nuevas Panteras Negras ofrecieron una recompensa por la vida de Zimmerman, lo cual, leo en la Wiki, fue motivo de críticas (sic, lo siento). Spike Lee publicó en su Twitter una dirección de la ciudad donde cayó el occiso, en la cual supuestamente residía el tirador. Al final resultó que era una pobre familia sin relación con los hechos pero que tuvo que abandonar temporalmente su domicilio ante amenazas de exaltados. Spike Lee pidió disculpas más adelante.

Este hecho, la disculpa de Spike Lee, marca la vuelta del ciclo. Resulta que Zimmerman también se ha disculpado, una vez enterado de que ese chico que le pareció un delincuente peligrosísimo era un pobre chaval menor de edad y desarmado. Si lo hace por vergüenza torera o para fingir arrepentimiento en vista del juicio, no lo sé. A la gente tampoco le ha importado mucho. Claro que tampoco les debería importar la disculpa de Spike Lee. ¡Oh, que ha pagado una compensación! Ya empiezo a ver por dónde va esto.

La cuestión es evadir la cuestión principal. No pensar que los vecinos de Zimmerman estaban paranoicos por una oleada de delitos. No pensar que un particular, aunque estuviera preparándose para ser policía, no debería hacer labores de vigilancia solo y armado. No pensar que el hecho principal sigue siendo una tragedia, aunque los implicados fueran de la misma raza (sea lo que sea eso). No pensar que la legislación de Florida en armas de fuego es peligrosa, como mínimo.

A lo mejor están en lo cierto y la razón de la sospecha de Zimmerman es que Martin era negro. No lo sé, porque no lo conozco. Sí me parece, a la luz de lo que se ha publicado, que no debía de tener las ideas muy claras cuando empezó el seguimiento. En la transcripción de su llamada a la policía, llega a decir “estos gilipollas, siempre se salen con la suya”. ¿Cuáles gilipollas? ¿Le bastó ver al chaval deambulando para saber el tipo de persona que era? En la misma conversación, la policía le advirtió que no hacía falta que persiguiera al chico cuando este empezó a correr, a lo que contestó “Vale”. Después, admitió que no quería abandonar cuando perdió de vista al chico y quedó en encontrarse con una patrulla. Cuando lo encontraron, ya estaba junto al cadáver.

Respecto a Martin, se ha destacado que fue expulsado de su instituto y se han publicado algunos de sus mensajes en Twitter, que en opinión de algunos confirmarían que era problemático. Su novia, que permanece en el anonimato, asegura que cuando ella lo llamó, él le comentó que sabía que alguien estaba siguiéndole, ante lo que ella le aconsejó que corriera. Asegura que oyó al joven preguntarle su perseguidor acerca de sus razones para actuar así, y que al otro preguntar qué estaba haciendo él por ahí. Entonces oyó un empujón y se cortó la comunicación.

Yo, personalmente, no me atrevo a asegurar si hubo racismo, porque no tengo nada claro qué ocurrió exactamente. Sí veo paranoia por parte del primero, que le dio por sospechar de un viandante cualquiera; y temor comprensible por parte del otro, pues en efecto estaba siendo vigilado. ¿Racismo? Podría ser, pero no niega lo anterior. Por tanto, tampoco estoy seguro de que haya “odio”.

Aquí hay que aclarar, por si alguien no lo sabe, que en los Estados Unidos un “crimen de odio” es como se llama un crimen cometido hacia por motivos religiosos, racistas u homófobos, entre otros. En general, por lo que se llama “discriminación”. Hay críticos de esta consideración, puesto que defienden que, visto así, los crímenes parecen cometidos por miembros de un grupo hacia los de otros, en vez de un individuo hacia el prójimo. También alegan que es una terminología absurda, pues el título de “crimen de odio” no se aplicaría al hecho de que un canalla matase a un hermano que aborreciera simplemente porque existe. Dejada a un lado esta discusión, sí está claro que gran parte de la población tiene una idea muy curiosa del bien y del mal. Concretamente, en South Park lo predijeron con gran acierto.


Nótese que he dicho al principio que mucha gente está furiosa porque consideran que esto es un crimen de odio. Es decir, están furiosos porque un blanco (o hispano, me importa un carajo) ha acribillado a un negro. Yo, cuando oí la noticia, me quedé pasmado de que un hombre mate a otro porque pensaba que era un chorizo. Igualitos que en el vídeo: se enfadan con el homófobo, con el racista. No con el hecho en sí.

Percíbase el caso de Spike Lee: su estupidez y su resentimiento (porque el dinero no da riqueza espiritual) han puesto en peligro a una familia también inocente, pero aunque se han enfadado mucho con él, el tono es más reservado que con Zimmerman. Habrá quien diga que se ha disculpado, pero es el mismo caso que el del pseudo-Bronson, entonces (nadie me dice que en realidad le importa un bledo y lo dice para quedar bien). Habrá quien diga que ha compensado a la familia, pero eso es sólo un montón de pasta que quizás no cure el espanto de los acosados. Habrá quien diga, en el colmo del cinismo políticamente correcto, que él no ha empuñado ningún arma. No, sólo ha señalado con el dedo y ha dejado a la muchedumbre manifestarse en lo que se le da de fábula: el linchamiento. Puestos así, casi que prefiero a Zimmerman, incluso suponiendo que sea un racista que asesinó al chico a sangre fría: al menos dio la cara. De un modo cobarde y vil, pero se jugó el cuello.

La única defensa más o menos razonable es que Lee no es el único culpable: los anónimos de muerte han sido escritos por otros. Ahí afuera, algunos creyeron que era lo correcto, y quizás sólo se arrepientan de que la dirección fuera equivocada. Al mismo tiempo, si se enteran de que alguien hizo lo mismito que ellos pero con un negro o un homosexual porque lo son, se aíran.

En España, debido a nuestro pasado, también sufrimos este tipo de doble moral. Hace algunos años, en Crónicas marcianas alguien fue insultado de maricón, a lo que el interpelado respondió que no era un insulto, sino un orgullo. Creo recordar que no era homosexual, ¡¡pero que nadie dude de que es un orgullo!!

jueves, febrero 23

El peso de la mayoría absoluta.

Una de las peores consecuencias de la sociedad de masas es que todo aquello que es infrecuente pasa desapercibido, y lo que pasa desapercibido se considera inexistente. Bien lo saben en la Federación de Enfermedades Raras, que pide donativos ante la falta de financiación pública.

Otra, es que la necesidad de llegar a la mayor parte de la población puede ser, paradójicamente, un riesgo para la comunicación de ideas, porque, como expresó Joseph Goebbels, para llegar al más tonto de ellos hay que rebajar la idea a su nivel. De ahí, que muchas veces se lean en la prensa noticias cuya relación con el hecho ocurrido es tan lejana que parecen inconexos. Lo que ocurrió con Ofiuco es un buen ejemplo.

Muy relacionado con el anterior párrafo está el hecho de que la popularización de un artículo puede provocar que cada unidad del mismo sea menos elaborada que el mismo producto si fuera más minoritario, porque se prefiere la marca a la calidad. Véase el escándalo de los implantes PIP.

Pero lo peor es que hasta el individualismo se vende al por mayor, valga el oxímoron. Se puede comprobar yendo a cualquier página que presuma de ser revolucionaria o contraria al adocenamiento: todos reivindican, en líneas generales, que todo lo que hacen los demás es ilusorio y que el único, el auténtico, es uno mismo, simple y llanamente porque sí, porque es algo que lleva en sí mismo. Nada, al mismo tiempo, más falso y medio verdadero: la individualidad se trabaja y seguir la manada es también algo que llevamos dentro de nosotros.

Nadie vive sin aprender algo de los demás. Negar la realidad de los otros es caer en el narcisismo.

* No, el que lo más frecuente se identifique como lo normal es una de sus características.
* ¡Ya es desgracia que alguien así llevara razón!

lunes, febrero 13

Les chauvinistes, ce sont les français toujours!

Sigo, con asombro creciente, la reacción que ha seguido a cierta canción de los guiñoles del Canal + francés, en la que se acusaba humorísticamente (o eso dicen) a los deportistas españoles de dopaje. ¡Pues vaya novedad! No será la primera vez que un galo mira con desprecio hacia el sur de los Pirineos, pues al fin y al cabo no siempre están mirando al sureste, al este, al norte y al noroeste. En algún momento nos tiene que tocar y entonces tendremos que apechugar con la maldad gabacha. No en vano, el término chauvinismo (o chovinismo, para fastidiar) proviene de aquella tierra.

La respuesta usada; una camioneta que, mientras daba vueltas alrededor de la embajada francesa, cargaba una pantalla gigante donde se alternaban diversos tweets de españoles mosqueados con el programa franchute; me parece un poco ñoña. Parece, con perdón, la respuesta que daría un niño en el patio de un colegio si un compañero lo acusa de tramposo: ¡Yo soy bueno! ¡Yo no hice trampa! Y respecto a ir a la embajada para protestar, vamos a ver, eso es demostrar poco más juicio que aquellos musulmanes que montaron la de Dios no es Cristo (en este caso) cuando se publicaron las famosas caricaturas de Mojama, el árabe cósm… ¡De Mahoma, de Mahoma! No puedes culpar al gobierno de un país, ni siquiera al de Francia, de lo que hacen los medios de comunicación locales. ¡A no ser que te importe una mierda reseca de gato cojitranco el concepto de libertad de prensa! Es un consuelo, al menos, que no hayan quemado la embajada.

¡Ojo, que yo no digo que no se pueda criticar el chiste! La excusa de “Sólo es humor” es una chorrada. La libertad de expresión existe en los dos sentidos, tanto para los del programa en el momento que emitieron la cancioncita de marras, como para los parodiados de levantar el dedo medio para enviar a los anteriores a tomar por culo. A mí, a título personal, el chiste me parece una puta mierda porque, según entiendo, acaban bromeando con gente como Gasol y Nadal, cuya única relación con Contador es que son españoles, deportistas y conocidos internacionalmente. También yo podría, en base a la misma lógica, acabar bromeando con un Sarkozy violador, pues Strauss-Kahn fue acusado de lo mismo. Si este chiste se hubiera hecho porque, y he aquí el quid, los parodiados hubiesen defendido a Contador más allá de cualquier razón, y siempre mentando el honor del deporte español, pues me habría parecido lo más apropiado y, para qué negarlo, gracioso.

Por otro lado, si sospechas que el chiste es parte de la conjura gabacha contra los honrados españolitos, pues también hay maneras de contestar más elegantes. Los organizadores de la respuesta española parecen ignorar ese dicho de que el culpable se defiende incluso antes de ser acusado realmente. Y es cierto: sin pruebas, todo el mundo es inocente. Si sospechas de que algunos sectores galos te acusan entre dientes, pues aprovecha para poner a parir al primero que diga alguna borricada sin tener mejores pruebas que “Me lo dijo un contacto” o “Lo sabe todo el mundo”. Exígele una demostración y déjalo estar ahí: el otro es un bocazas y tú quedas como alguien dispuesto a lavar tus posibles trapos sucios. Además, no se obtendrá más, pues la única conjura existente es como la de la famosa novela: una de necios.

El país también ha hablado bastante bien del asunto, que pasará al grueso libro de las desavenencias deportivas. Citius? Sólo para pedir explicaciones. Altius? Sí, hasta dos ministros están protestando. Fortius? Los lloriqueos, seguramente.

lunes, enero 23

Propuesta para mejorar la economía.

El aeropuerto de Castellón va a ser cerrado, así que yo propongo convertirlo en un parque de atracciones. Con todos ustedes, LA MECA DEL PELOTAZO.

La Meca del Pelotazo ® es un parque de atracciones con intenciones didácticas. Dentro, el visitante podrá pasear por polvorientas salas de espera vacías y ver cómo las pistas de aterrizaje se mueren de la risa. El parque tiene varias secciones:

-La sala de control, donde semejantes despilfarros no son vigilados.
-La facturación del equipaje, donde se intercambian cantidades obscenas de dinero público en fines realmente inútiles.
-El aparcamiento, donde están ahora escondidos los responsables del desconcierto.
-El control de seguridad, donde el dinero del contribuyente está en peligro.
-La estatua de Carlos Fabra, símbolo de la megalomanía.

¡Vengan con su familia y dígales a sus hijos: ¡”Así, hijo mío, funciona la economía española!”!

martes, enero 17

¿Partidarios contra escépticos o creyentes contra negacionistas?

Sé que este titular puede dar lugar a controversia, pero es el adecuado. Me parece que esta es la tercera vez, en menos de un mes, que menciono que yo estudié en un colegio religioso, pero es que fue ahí donde oí mejor resumen que jamás se haya hecho de la raíz del problema:

Tomás ve al Señor resucitado
24 Tomás, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 25 Después los otros discípulos le dijeron:
--Hemos visto al Señor.
Pero Tomás les contestó:
--Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer.
26 Ocho días después, los discípulos se habían reunido de nuevo en una casa, y esta vez Tomás estaba también. Tenían las puertas cerradas, pero Jesús entró, se puso en medio de ellos y los saludó, diciendo:
--¡Paz a ustedes!
27 Luego dijo a Tomás:
--Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado. No seas incrédulo; ¡cree!
28 Tomás entonces exclamó:
--¡Mi Señor y mi Dios!


¡Efectivamente! Lo malo es el final de la historia:

29 Jesús le dijo:
--¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!


Y así ha sido la cuestión hasta nuestros días. Antes de nada, aclaremos: cuando hablo de partidarios, me refiero a cualquier creencia en general. Esto incluye religiones, supersticiones populares, nacionalismos, teorías pseudocientíficas y teorías científicas (luego se explicará bien esta inclusión). Cuando hablo de escépticos, hablo de gente que duda de una idea mientras no tenga pruebas sólidas de que la misma es verdadera.

Nótese, sin embargo, que el escepticismo en exceso resulta un problema. Dicen que el fundador del escepticismo, Pirro, no se fiaba de lo que veía y era capaz de andar hacia un precipicio. Se supone con bastante criterio que lo más probable es que fuera una calumnia inventada por sus rivales, pero no deja de ser demostrativo de lo que se volvería el extremo del escepticismo: nihilismo absoluto. Quizás por ello, se suele confundir escepticismo con otro término: negacionismo, el negar por sistema.

Por el otro lado, los partidarios de una idea son muchas veces confundidos con los creyentes más fanáticos de una idea, esos que creen sin ver, como se muestra en la parábola, el creyente cree que el mayor problema del escéptico no es que no esté convencido, sino que no quiere creer.

Sin embargo, todo el mundo es partidario de unas ideas y escéptico de otras. Por ejemplo, es imposible creer al mismo tiempo que la Tierra es redonda y plana. Esto es algo que los defensores más acérrimos de una idea suelen olvidar: el hecho de que ellos mismos no creen en otras.

Nótese que las ideas científicas no se libran tampoco de tener sus campeones y enemigos. Un buen ejemplo fue el famoso hombre de Piltdown, defendido a capa y espada como el eslabón perdido entre el mono humano y los monos no humanos. Se llegó al extremo perverso de que se rechazaron las investigaciones de A.T. Marston, el que logró demostrar efectivamente el fraude, porque este hombre no era paleontólogo. El doctor odontólogo, pues esa era la profesión de Marston, no tendría mucha idea de esa ciencia, pero afirmó con creces que las mandíbulas del fósil no se correspondían con el resto de la calavera ni a tiros.

El otro extremo es la famosísima teoría de la evolución: gente que confunde los diversos mecanismos de la evolución como teorías que derriban a la anterior, literalidad religiosa, posmodernos despistados, etc. Sus negacionistas no son quizás tan numerosos como los de las diversas supercherías, pero sí mucho más ruidosos.

El problema surge cuando la realidad, los hechos, deja de ser el juez para que lo sea un partido o un grupo de presión. Entonces los creyentes y los negacionistas son los que se enfrentan del modo más sonoro posible para ganar, en vez de para llegar a la verdad. Y he aquí la verdadera razón de que se llegue a demonizar a la otra parte: cuando se juega el poder, todo vale. En los dos ejemplos anteriores, uno de ellos aún motivo de controversia, diversos grupos intentaron y siguen intentando imponer su voz sobre las demás.

Es entonces, cuando más se grita, cuando ocurre lo terrible: la infantilización que la popularización de una idea suele conllevar.

martes, diciembre 6

En el día de la Constitución...

Quiero citar a José María Blanco White respecto al pudor que muestran algunos ciertos políticos cuando se les sugiere modificar la Constitución.

Así es que el primer defecto que se presenta a mis ojos en la parte de la Constitución que va inserta en este número es el juramento que se exige de los nuevos diputados, de <>. Prescindamos, ahora, (aunque no se prescindirán de ello los enemigos de toda Constitución, si les llegare tiempo oportuno) de que las Cortes debían haber pedido la aprobación de sus comitentes antes de sancionar sus leyes constitutivas; o lo que sería mejor, debieran haber dejádola en fuerza, pero sin darle sanción perpetua; hasta que otras Cortes se las diesen, después de seis u ocho años de observada, logrando de este modo que la sanción realmente la sancionase con el conocimiento y deliberación que le habría proporcionado la experiencia… Pero el ansia de hacer perpetua la Constitución ha cegado a sus autores para que en sus cimientos hayan dejado partes en flaco, que desde ahora le amenazan ruina. El modo de evitarla es que cada cual contribuya a hacer ver estos defectos a las Cortes venideras, quienes, como soberanas, podrán ponerles remedio, si lo juzgan por conveniente; porque según el artículo 3. º de la Constitución, <>. Yo creo que no se querrá probar que tiene este derecho solo una vez en el discurso de los siglos. Si se hace creer a la nación española que su constitución presente es tan una e indivisible que no se le puede alterar ni un artículo; cuando se vea la imposibilidad de ejecutarlo, sus enemigos lo le persuadirán para que todos deben venir en tierra.

viernes, noviembre 25

Sobre la supeditación de la política a la economía.

En Terapia de choque, blog llevado por el neoprog Raúl S., un comentarista decía algo digno de mención:

Totalmente de acuerdo. Hace unos días hablaba con unos amigos (“autentica” izquierda) que me decían que el problema de la política es que estaba supeditada a la economía. Yo les decía lo contrario, que si estamos como estamos en este país es porque durante muchos años hemos hecho política de espaldas a la economía. Y claro, tarde o temprano esa manera de hacer las cosas termina explotándote en la cara…

Pues sí, de acuerdo. Sin embargo, me llama la atención el modo en que sus amigos lo expresan. ¿La política se supedita a la economía? ¿Qué es “supeditar”? Atendiendo a la RAE:

supeditar.
(Del lat. suppeditāre).
1. tr. Sujetar, oprimir con rigor o violencia.
2. tr. Dominar, sojuzgar, avasallar.
3. tr. Subordinar algo a otra cosa.
4. tr. Condicionar algo al cumplimiento de otra cosa.


Yo creo que no es así. Más bien creo que la política, como cualquier área humana con decisiones importantes, necesita del apoyo de otras áreas. La medicina necesita el apoyo de la física y la química, la arquitectura de la física y el arte, la psicología de la neurología y la sociología, y así con cualquier especialidad.

Sin embargo, el comentario me escama, porque me recuerda a otros dos. El primero es un comentario de la red, el segundo, una anécdota histórica presentada en este blog.

(...) Un ejemplo de ellos se ve en las tecnologías modernas de la comunicación que han vuelto obsoletas figuras jurídicas absurdas y tramposas como la propiedad intelectual y los derechos de autor, en la práctica los derechos de autor (que por cierto sólo en raros casos beneficiaban realmente al autor) ya no existen porque gracias a las tecnologías modernas son una propiedad que no puede defenderse. (...) ¿Qué pasaría si esta facilidad de reproducción pudiera trasladarse a otro tipo de bienes, los alimentos por ejemplo? Pues pasaría que las tecnologías modernas acabarían con la propiedad privada e implantarían un socialismo de facto. (...)

De aquí se sigue que los Materialistas, no sólo son unos ciegos desertores de la buena Filosofía, mas también unos detestables enemigos del género humano; por consiguiente merecedores de que no sólo toda nuestra especie conspire a aborrecer tan infernal secta, mas también a exterminarla. Si con razón dijo Plinio, que el mayor número de males que padece el hombre, proviene de la iniquidad de los individuos de su especie: Homini ex homine plurima sunt mala (Prólogo lib. 7); ¿qué será, si librándolos del miedo del castigo, se suelta a su libertad la rienda para todo género de delitos? Lo peor es, que no sólo subscriben los Materialistas a esta licencia universal con el motivo de la impunidad, mas algunos de la secta pretenden autorizarla con la razón. El famoso Materialista Inglés Thomas Hobbes, estatuía la regla de que la naturaleza entre los hombres no exigía unión, o sociedad, sino discordia; y conformes a esta buena Filosofía natural, eran su Filosofía Moral, y Jurisprudencia, pues por la primera constituía último fin del hombre su amor, o comodidad propia; y por la segunda no conocía otro derecho en unos hombres, respecto de otros, que el que da la superioridad de la fuerza: de modo, que el más valiente, o más hábil puede, sin ofender la razón, hacerse propios cualesquiera bienes ajenos, y aun tiranizar a todo el mundo, si de tanto son capaces su fuerza, o su industria. ¡A tales extremidades conduce la bella doctrina de los Filósofos Materialistas!

¿No les parecen muy en línea con el comentario anterior? El comentarista protesta porque los científicos no han acabado de crear un “socialismo de facto”. El segundo, por otro lado, da a entender que los materialistas son poco menos que demonios ávidos de poder. Los tres comentarios parecen lamentar, en el fondo, que nada se supedite a lo que ellos consideran perfecto: los dos primeros, ideologías políticas, el tercero, una religión.

Todos tienen en común que creen que los demás tipos de conocimiento están para servir a otro considerado superior, pero cuando aquellos revelan la imposibilidad de lo que quieren, entonces se enfadan y acusan a los demás de esclavizarlos. Por este tipo de razonamiento, va el mundo así.

lunes, agosto 29

Todo es un eutanásico en potencia.

Bien, pues volvemos a la rutina bloguera. La semana pasada, según las noticias, una pareja de irresponsables no tuvo mejor ocurrencia que preparar un bebedizo a partir de estramonio y repartirlo entre los asistentes de una fiesta rave. Como consecuencia, un par de muertos por intoxicación. Y ayer mismo, otra víctima ha caído en coma tras ingerir hojas de la misma planta.

Ahora, el alcalde del primer pueblo afectado pretende declararle la guerra al estramonio para evitar nuevas muertes. Como bien insinúa un experto en botánica citado en el artículo, eso es una actitud quijotesca, tanto porque el estramonio está demasiado difundido como para asegurar su extinción, como porque el mismo motivo habría que eliminar muchas plantas de efectos igualmente alucinógenos. Un buen ejemplo sería la belladona, que se supone usada por brujas y otros chamanes de la antigüedad.

Panorámix, no es el mejor momento.

En mi opinión, si el alcalde quiere hacer algo útil con el objetivo de evitar nuevas víctimas mortales, creo que podría hacer lo siguiente.

a) Financiar una campaña publicitaria cuyo lema fuese “Lo natural no es necesariamente bueno”. Hoy en día, muchos manifiestan su preocupación por los alimentos o el medio ambiente (lo que me parece legítimo y lógico), pero debido al consabido infantilismo que suele adquirir un discurso cuando este llega a un gran público, se ha llegado a la absurda idea de que lo natural es bueno per se. Este pensamiento puede encontrarse en discursos crudiveganos, defensores de la simpleza añorada (primitivistas, ludistas…) y apologetas de diversas pseudo-medicinas. Algunos de los asistentes a la fiesta rave aseguran, siempre de acuerdo a las noticias, que el traficante presentaba mercancía como “sólo compuesta por hierbas”. ¡Como si no hubiera hierbas venenosas! De hecho, el agua mata si se bebe a grandes cantidades. Como nos dicen a los químicos en las prácticas de la carrera, cualquier sustancia a la concentración suficiente es letal.

b) Dar información sobre las drogas y hacer especial hincapié en sus efectos. Insistir que lo que más se arriesga es la salud y que algunas son mortales. Sé que se hace, pero ante lo ocurrido no viene mal reiterar.

c) Apelar a la responsabilidad personal. La cuestión no es que te pillen, sino que seas consciente de que estás jugando con las vidas del prójimo. Sí, yo mismo sé que es muy utópico.

Cualquier otra alternativa podría llevarnos a la locura finalmente porque, en serio, ¿sabe el alcalde de esa localidad cuántas sustancias naturales son tóxicas? ¡Quizás algunos quieran ponerle puertas al campo, después de todo!

lunes, junio 13

Cero en calidad.

Cuando yo estudié el máster de calidad, ya nos lo advirtieron. Que las normativas de calidad, presentes en la civilizada Europa, son como los manuales de instrucciones: son útiles mientras se lean. Un brote de Escherichia coli mutada ha demostrado lo poco que sirve actuar sin prudencia y prevención.

Para vender en Europa cualquier cosa que se coma, es necesario estar certificado en uno o varios sistemas de calidad, siendo los más famosos BRC, IFS y ISO.

Estos sistemas exigen un control de la trazabilidad, que en palabras simples es saber, dado un producto dado, tal como una lata de tomate frito, cuál ha sido su recorrido: cuándo llegó al comercio, quién lo llevó hasta allí, cuándo salió de fábrica, cuándo se empaquetó, cuándo se procesaron los tomates, cuándo llegó a recepción esta materia prima, quién la transportó, quién es el agricultor, dónde está la huerta…

Este tipo de requisitos fueron exigidos después de desastres alimentarios tanto a nivel europeo, como el síndrome de las vacas locas, como a nivel local, como el síndrome del aceite de colza en España. En teoría, a la hora de una emergencia ayudan a identificar con facilidad las muestras contaminadas, haciendo que el certificado de que la comida no nos va a sentar como un tiro a la hora de zamparla sigue siendo de fiar.

Hasta que ocurre algo inesperado, como ahora. Este sistema es incuestionablemente útil para poder identificar correctamente cuáles partidas son potencialmente peligrosas. Pero como la causa no siempre está clara, hay que investigar bastante para saber cuál es.

Lo que no es de recibo es esta situación, en la que ya se han señalado tres posibles fuentes sin estar seguros. El primero está causando una crisis tremenda en el sector agrícola español, y los dos siguientes han sido señalados en la propia Alemania.

Ha contado más el dedo acusador de alguien que las pruebas empíricas. Un cero en calidad, les doy.

* Hay varios más, como Global Gap.