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domingo, abril 7

Coda: Stephenie Meyer y la Biblia molonista.


Quiero completar mi anterior entrada con un breve ejemplo. Recientemente se ha estrenado en los cines La huésped, título original The Host, basada en una novela (por llamarlo de alguna manera) de Stephenie Meyer, famosísima por haber escrito Crepúsculo. El argumento: unos alienígenas invaden la Tierra y poseen a la humanidad mediante una curiosa habilidad, consistente en parasitar sus cuerpos. Las víctimas presentan un peculiar color azulado en sus pupilas, pero fuera de ello son humanos. No obstante, aquellos con una excepcional fuerza de voluntad son resistentes a este parasitismo, aunque han sido señalados como enemigos y han tenido que formar la Resistencia. Meyer decide centrar su novela en la relación entre una poseída, su alienígena y su novio, miembro de la Resistencia.

Dejémoslo ahí. Veamos, pregunta: una, dos y tres, ¿a alguien le suena este guión? Excepto por la parte romántica, se parece mucho a La invasión de los ultracuerpos. Puede que alguno diga que no tiene que ser necesariamente esta película, pues las historias de monstruos que poseen o sustituyen a un ser humano, sin que exteriormente haya cambios más que por el comportamiento o algún pequeño detalle, son bastante típicas. Sin ir más lejos, es un argumento típico en varias series fantásticas que el malo suplante a un bueno, incluyendo su apariencia, y se cuele en la base hasta que los compañeros del suplantado empiezan a barruntar algo raro. Que como haber, podría haber varias fuentes de inspiración. No obstante, ¿qué ha respondido la autora más vendida del momento? Que un día, aburrida durante un viaje, se le ocurrió la idea.

En efecto, así son los best-selladores del momento: con un morro que se lo pisan. Bien mirado, puede que Meyer no mienta. Ya hubo quien destacaba de la saga de los vampiritos que Rebeldesin causa es muy posiblemente gran inspirador de la trama, así que no me extrañaría que la propia autora no se dé cuenta de que está haciendo pastiches.

Otro ejemplo, ilustrativo por sí solo, es el de esa curiosa súper-producción basada en La Biblia, estrenada en Antena 3 la semana pasada. Por curiosidad y porque me conozco el fenómeno del hype, decidí consultar IMDB, una famosa web de crítica cinematográfica. La primera crítica que encontré decía lo siguiente:

Let's just take the scene with Lot and his family, hiding the Angels from the angry mob. The Bible clearly states that Lot offers up his daughters to the mob (to be raped) in order to save the Angels, but instead we get a sword slashing kung-fu scene that wipes out the mob. Genesis 19:1-11“Basta con examinar la escena de Lot y su familia, protegiendo a los ángeles de la turba enfurecida. La Biblia dice claramente que Lot le ofrece a la turba sus hijas (para que las violen) con el objetivo de salvar a los Ángeles, pero en su lugar nos ofrecen una escenita de mandobles a lo kung-fu que dispersa la turba. Génesis 19:1-11”

Al leer esto, no pude evitar recordar una entrada de SuperSantiEgo sobre las adaptaciones de El señor de los anillos, en la que comentaba que Peter Jackson muchas veces era incapaz de darse cuenta de qué pretendía Tolkien en las novelas. Citaba, por ejemplo, que Jackson sólo añadía efectos especiales cuando Galadriel se sentía tentada por el Anillo Único y que en términos generales no había entendido palabra alguna de lo que podríamos llamar los momentos “mágicos” del libro. Los productores de esta serie, sin duda, no tienen ni pizca de imaginación para interpretar la escena, que es lo mismo que un lector sensible siente cuando lee las circunstancias de la muerte de la madre de Dionisio. No hace falta ser creyente para entenderlo: asombro absoluto ante la fuerza desatada de la naturaleza, ya sea como fenómeno externo (rayos y truenos), como humano (una ceguera colectiva). Es justo mencionar que nuestros conocimientos pueden hacer que lo que asustaba a un hombre de hace cien años sea ahora una minucia, pero la sensación de terror ante lo incomprensible puede seguir usándose en la medida de lo posible.

¿Pero cuál es la solución de los guionistas de esta peculiar adaptación? Unos tipos lanzando espadazos. De quitar la parte de las hijas de Lot, ni hablo. Ambas anécdotas son ilustrativas, porque es imposible que nadie sepa, entre la enorme cantidad de colaboradores de cualquier producción televisiva, que ambas ideas fallan en lo fundamental. No obstante, se deja que los productos sigan adelante aunque sean espantosos y carentes de imaginación porque no se preocupan de la calidad. Se preocupan, por ejemplo, de la reacción de los padres antes las bazofias de Meyer, o por la opinión de las autoridades religiosas por la adaptación de La Biblia. Por memeces, en resumen.

Y no es culpa únicamente de la televisión. Todo el sistema cultural ha estado sufriendo bajo el yugo de lo que ambiguamente se llamaría políticamente correcto, por lo que yo prefiero llamarlo concretamente como la religión del “no ofenderás”. Como muchos clásicos (esto es, cualquier obra anterior al año 50 digna de ser recordada) incurren en visiones racistas o sexistas, hemos creado versiones modernas para el público sin señalar estos aspectos. Aunque sus intenciones eran nobles, está creando una generación que apenas conoce clásicos. Anteriormente, no todo el mundo leía La isla del tesoro o El principito, pero sabían que eran libros. Ahora, a lo mejor ni han oído hablar de estos libros, el primero por tener frasecitas acerca de una señora negra, y el segundo por ser demasiado corto para los cánones actuales de sagas de tropecientas mil  páginas.

Hay más productos artísticos/obras de arte*, pero significa poco un 99,99% de los mismos. El 0,01% restante se compone mayormente de obras correctas, pero que no son originales, y el resto quizás pasará a la historia.

*Pongo la barra porque yo, al no considerarme un experto en arte, me abstengo a discutir qué es arte y qué no, y si la palabra “producto” es adecuada.




jueves, mayo 3

La tele-beneficencia.

Recientemente, he notado que varias cadenas de televisión han decidido incluir anuncios de beneficencia en sus programas de mayor audiencia. Supongo que no lo llamarán así, pero eso es. Estos funcionan así: un conocido de la parte interesada, informa al programa del caso de una pobre familia que tiene algún problema de solución difícil, cuando no imposible. El programa se pone en contacto con los necesitados y los llevan al programa a que cuenten su pena. Algunos de los casos, la verdad sea dicha, son tristes, especialmente porque, si uno tiene ciertos conocimientos de lo que es la investigación médica, es fácil ver que no tendrán solución feliz.

Dependiendo del programa, se centran más en unos tipos de casos que en otros. En el programa matutino de Canal Sur sienten cierta atracción por adultos en bancarrota, mientras que Sálvame prefiere a niños aquejados de enfermedades raras, de las que no se tratan en la sanidad pública. Por supuesto, todos siguen un esquema común: el invitado explica al público su situación, con mayor o menor entereza según su carácter, el presentador (como si tuviera una carrera de medicina o de economía, digamos) le hace preguntas al respecto, se exponen grabaciones o fotografías en el hogar de los damnificados -a veces, para comparar el aspecto que tenían estos en el pasado con el actual y así ver los estragos causados por la enfermedad-, el invitado se emociona y echa una lagrimita que es recibida con aplausos por el público y, si hay suerte, alguien llama para hacer una donación. El presentador, asimismo, hace una mención del importante apoyo que ha resultado para la familia la ayuda de algún amigo o destaca alguna ausencia importante (en el caso de un crío enfermo, el abandono de su padre). Por lo general, el presentador se congratula de la solidaridad del prójimo.

No sé, entonces, por qué todo esto me suena a la caridad. No hay que confundir esta con la solidaridad. La caridad, tradicionalmente, es el donativo que un rico hace a un pobre o un colectivo bien provisto a otro más desfavorecido y numeroso, visto desde una perspectiva clasista. La solidaridad, por el contrario, suele entenderse como la ayuda entre iguales, incluso aunque las diferencias económicas sean notables. Quien no vea clara la diferencia, que lea El árbol de la ciencia, de Pío Baroja, para tenerlo completamente claro.

Esto no quiere decir que los términos puedan ser intercambiados con el significado del otro, como es habitual con las ONGs de famosos. Es curioso decir que la beneficencia más defendida por los medios de comunicación esté a medio camino entre la solidaridad y la caridad: tiene en común con la primera su carácter multitudinario y anónimo por parte del espectador, y con la segunda la exhibición por parte de los medios, que se atribuyen todo el mérito y hacen negocio.

¡Caray, qué sorpresa! Son como la Iglesia.

domingo, marzo 11

Leyendas del mundillo friqui: Nobita estaba en coma. Shizuka, en la Costa del Sol.



Esta es una famosa leyenda, que se ha salido del mundillo del manganime y ha dado sus pasitos por el mainstream. Ya sabe, resulta que en el último episodio de Doraemon, esa famosa serie de dibujos basada en un tebeo, se descubre que Nobita es en realidad un niño comatoso y Doraemon un peluche suyo. ¡Qué grima, señores míos! ¡Qué grima!

Antes de nada, las verdades por delante: Doraemon no tiene un final, ¡¡¡tiene varios!!!. Todos los tebeos de Japón se publican en revistas, y en varias para el caso de esta historieta En concreto, acabó hasta tres veces en años consecutivos en una publicación llamada Shogaku 4-nensei. Estos finales, como son muy parecidos entre sí, los explicaré bajo el siguiente epígrafe.

1-Doraemon tiene que volver a filas.

Básicamente, en la época de Doraemon algo provoca que los viajeros del tiempo deban volver a su época.

a) En el ejemplar de Shogaku 4-nensei de marzo de 1971, se cuenta que los viajeros del tiempo causaban tales problemas que el gobierno de la época futura acabó prohibiendo el viaje en el tiempo. Doraemon se despide de Nobita.

b) En el de marzo de 1972, Doraemon debe volver por alguna razón no revelada, así que se hace el estropeado (recordemos que es gato-robot) para que Nobita lo deje marchar. Como Nobita lo cree y le promete esperarlo, Doraemon le cuenta la verdad y el chico acepta. Doraemon vuelve al futuro.

c) En el de marzo de 1973, Nobita vuelve a casa después de ser apaleado por Takeshi (alias Gigante o Gian, dependiendo de tu edad). Allí, Doraemon le cuenta que ha de volver al futuro. Nobita queda desolado después de oír esto e intenta convencerlo de que se quede, pero acaba aceptando la realidad después de hablarlo con sus padres y pasean los dos juntos por última vez. Mientras Doraemon hace las maletas, Nobita pelea de nuevo contra Gian. Como no quiere preocupar innecesariamente al gato-robot, lucha con todas sus ganas, hasta el punto de que Gian le concede la victoria por abandono. Doraemon encuentra a Nobita hecho trizas y lo lleva a casa, donde vuelve al futuro mientras el niño duerme.

Esta tercera versión habría sido el final oficial, pues la serie tenía una baja audiencia y el dúo Fujiko Fujio trabajaba en otros proyectos, pero volvieron a la carga al mes siguiente. Aún así, este final fue reimpreso en uno de los tomos y tuvo dos adaptaciones animadas, de lo que las dos primeras versiones carecen. Eso sí, estas últimas adaptaciones son más extensas e incluso tienen una doble lectura.

Aún así, a efectos prácticos es como si no tuviera final. Años después, el dúo Fujio Fujiko se separó, lo que dejó en suspenso una decisión definitiva y finalmente Fujiko F. Fujio, quien continuó el tebeo hasta 1996, falleció. La serie y las películas continuarán hasta que dejen de ser rentables, obviamente.

Vale la pena mencionar que estos finales se intentaron porque se sentía la necesidad de acabar una historia cuyos lectores iban creciendo.

2-Pero entonces, ¿Nobita era autista?

Por tanto, ya volviendo a la leyenda friqui, tanto vale preguntarse por el final de Doraemon como por el de Los pitufos. Aún así, durante mis prácticas de laboratorio llegué a discutirles a varios compañeros la veracidad de esta y en Japón llegó a haber una manifestación de fans enfadados. ¿Por qué se hizo famosa? ¿Por qué con Doraemon? Dejando a un lado la obviedad de que es muy conocida, no me chocaría que su origen nipón fuera la mayor razón de que le haya tocado llevar la cruz de la fantasía comatosa. Primero, todo el mundo puede alegar que el capítulo se estrenó en Japón pero que fue prohibido, del mismo modo que ocurriera con el episodio de Pokémon, caso comentado en la anterior entrega de esta serie. Segundo, todo el mundo sabe que los japoneses son capaces de hacer cracks como Akira o Urotsukidoji. ¿Que Doraemon resultó ser el sueño de un niño moribundo? Bastante más digerible que la superpolla que aparece en la segunda obra.


¡QUÉ TRANCA, TRON! (véase el artículo viruetil para más información)

Lo realmente curioso viene ahora: este final existe. Sólo que es de otra serie, de St. Elsewhere, una teleserie hospitalaria de origen americano emitida durante los ochenta. Una de las razones por la cual esta serie es tremendamente conocida, especialmente fuera de los Estados Unidos, es por su último capítulo (¡¡Ahora sí!!). En este, el escenario cambia del susodicho hospital a un edificio de apartamentos. En este, hablan uno de los doctores de la serie, en ese capítulo obrero, y su padre, un personaje ajeno a la serie. El primero le comenta al segundo que su hijo, presente en la misma habitación, es un autista cuya única actividad es contemplar un juguete: una bola de nieve que incluye una maqueta idéntica al edificio del hospital de la serie “per se”. Perturbador.

¿Cuál era la intención de los guionistas? ¿Epatar? ¿Echarse unas risas? ¿Vengarse por la cancelación? ¿Hablar de que la realidad es en verdad un sueño? ¿Criticar que la ficción sin mesura puede llevar a una fantasía que aísla al espectador? En verdad, no lo sé y aunque es hasta interesante, debo continuar con esta entrada. Sólo diré que el niño, llamado Tommy, es el supuesto “creador” de gran parte de la ficción norteamericana por los crossovers entre la teleserie donde apareció y otras, representado en una tabla que debe de circular por la red.

Sea como sea, este final es idéntico al pretendido para Doraemon. De todos modos, no me gustaría dejar de lado OTROS supuestos finales que no son tan populares pero existen.

3-Doraemon se quedó sin pilas.

Este final supone que, en algún momento dado (¡Cómo no!), Doaemon se descarga y deja de funcionar (recordemos que es un robot). Extrañado, Nobita consulta a la gente del futuro y descubre que la única manera de recuperar a Doraemon consiste en cambiarle la batería, pero es imposible en el caso de Doraemon porque no tiene orejas (Recordemos que se las comieron unos ratones, ¡qué barbaridad!). Entristecido, Nobita acepta la pérdida y se vuelve estudioso y trabajador. Con el tiempo, llega a ser un genio en robótica que repara a Doraemon. Todos viven felices y comen dorayakis.

Este final fue creado como fanfiction por un tal Nobuo Sato, y después fue publicado como un exitoso dōjinshi por un artista bajo el pseudónimo “Tajima T Yasue”, pero fue demandado por Shogakukan, tuvo que disculparse y pagar para hacer las paces.

4-La vida duele, la muerte no.

Este es un dramón: Nobita cae aparatosamente y queda en coma (¡Hum…!). Su estado es grave y la única cura es una operación tan costosa, que Doraemon se ve obligado a vender todos sus inventos menos uno. No obstante, la operación fracasa. Dolido, pero firme, Doraemon le cede a Nobita el anterior invento para que el criajo pueda ir adonde quiera una última vez antes de que la Parca corte su hilo. Nobita pide ir al Cielo. ¡Joder! Esto SÍ da grima.


Los de la Frikipedia también han propuesto su propia conclusión para el enorme trabajo artístico, filosófico y ético que es Doraemon. No obstante, a Japón no le ha interesado.

Sólo la fascinación del personal por las historias que acaban en “Todo era un sueño” explica que ninguno de estos otros finales, ciertos o falsos, sea más conocido. Aún así, no hay lugar para la discusión: no sólo no acaba Doraemon así, sino que han copiado el final de otra serie, ¡y hay más finales legendarios! Ante esta situación, yo sólo puedo citar el lema de Los inmortales: “Sólo puede quedar uno”.

Fuentes:
Doraemon (manga), Wikipedia
Enciclopedia de Doraemon

martes, marzo 6

Leyendas del mundillo friqui: El episodio de Pokémon que alucinó a muchos niños.

Esta será la última sobre Pokémon, de verdad. Hace unos años, un extraño titular llenaba los medios de comunicación occidentales: ¡¡Setecientos niños habían sufrido ataques epilépticos mientras veían Pokémon!! ¡Terrible! ¡Horrible! ¿Qué habrá sido de esos niños? En serio, ¿qué ha pasado con ellos?

Pues miren, la respuesta es fácil: algunos fueron diagnosticados de epilepsia, pero muy poquitos. Sí es cierto que en 1997 casi 700 niños que estuvieron viendo un episodio de esa serie fueron hospitalizados con síntomas tales como mareos, picor de ojos y similares. Como también lo es que al día siguiente de aparecer la noticia, miles de niños acudieron a hospitales. Asimismo, pocos de los primeros pacientes resultaron siendo diagnosticados de epilepsia fotosensible.

¿Qué pasó en el caso del episodio de Pokémon? Bien, el episodio Dennō Senshi Porygon fue emitido el 16 de diciembre de 1997 en TV Tokyo. Durante la emisión del episodio, había varias escenas en las que la pantalla mostraba flashes que alternaban a rápida velocidad los colores rojo y azul. Como todo el que sienta cierta pasión por las obras audiovisuales sabe, los flashes de alta frecuencia cansan la vista, provocan mareos y, si se es susceptible, pueden provocar un ataque epiléptico. Se supone que una de estas tres posibilidades fue lo que les ocurrió a los casi setecientos niños que acudieron a urgencias aquel mismo día, tales como un chico de catorce años que cayó inconsciente. Sólo una minoría de estos chicos fueron diagnosticados de epilepsia, mientras que el resto es una mezcla entre diversos factores, como que los televisores japoneses suelen ser demasiado brillantes para el tamaño de los hogares, que la combinación de azul y rojo acentúa la posibilidad de afectar el nervio óptico y que el estrés fue parte del detonante.

Y ahora, ¿por qué, a la mañana siguiente del suceso, doce mil niños aseguraron estar enfermos? ¿Se marearon en diferido, como en Canarias? ¡Doce mil! La explicación oficial es histeria colectiva, esto es, la gente se escandalizó hasta el punto de creer que ellos mismos también estaban afectados. Ya se sabe que el terror aumenta el peligro hasta límites insospechados. El pánico moral suele aumentar cuando hay niños por medio, como Helen Lovejoy nos demuestra en la gran serie Los Simpson.



Por supuesto, en la actualidad los mayores voceros del pánico moral son los grandes medios de comunicación, capaces de publicar que el presidente de un país come sesos de niños huérfanos con tal de vender periódicos. Justo a la mañana siguiente del suceso, varios informativos comentaron el extraño suceso. Considérense los siguientes hechos: una serie conocida, la primera hora de la mañana, durante la cual las familias japonesas están sentadas delante del televisor, y el boca a boca. Al final, nada que ver con la historia original.


Pikachu intentó aclarar la verdad del asunto, pero no tuvo mucho éxito.

Por otro lado, una parte del asunto resulta, como mínimo, extraña. Flashes similares a los empleados en el infame episodio se han usado ya en varias series, tales como Sailor Moon, sin que fenómenos a la misma escala de este episodio hayan sido registrados. De ahí que algunos escépticos comenten que fue, mayormente, un episodio de histeria colectiva, basándose que una investigación posterior arrojaba un porcentaje de afectados similar al de personas afectas de epilepsia fotosensible.

Las consecuencias del asunto sí son claras: prohibición ad perpetuum del episodio, tanto en su tierra natal como en el extranjero, discusiones absurdas sobre toda la animación japonesa, una retirada de cuatro meses para la serie, negación del principal acontecimiento por parte de enteradillos, normas para los futuros dibujos animados, bajada de las acciones de los videojuegos y cachondeo por parte de parodiadores profesionales, como Trey Parker y Matt Stone.

Por tanto, el asunto es una leyenda de diccionario: un hecho real, pero exagerado lo suficiente.

Fuentes:
Dennō Senshi Porygon
Pokémon Panic

domingo, febrero 26

Leyendas del mundillo friqui: El cartucho negro de Pokémon.

Ya que la primera entrega citaba a Pokémon, continúo por esa línea esta entrada y la siguiente. En el mundo de los videojuegos no es raro encontrarse hacks “de marca”: modificaciones de un juego que lo alteran de tal modo que los jugones reconocen la nueva versión como válida. Algunas alteraciones frecuentes son incrementar el nivel de dificultad o cambiar ligeramente los gráficos y/o la jugabilidad (en este último caso, incluso se venden como juegos oficiales).

No tan frecuente es hacer una versión especial, cambiando el propio argumento y el final, aunque se parta de la misma base y los personajes se llamen igual. Un ejemplo legendario de este tipo es el cartucho negro de Pokémon.

Pero antes de nada, uno de los numerosos vídeos que relatan la fantasiosa historia:



Es un buen resumen de lo que acontece en el supuesto juego. Según la leyenda, este extraño cartucho, que se vendería clandestinamente en tiendas especializadas en productos pirateados, es de color negro (recordemos que las entregas de Pokémon tenían ediciones, distinguibles por el color del cartucho, con bichillos exclusivos para cada una). Una vez adquirido, el jugón se encontraría con una mecánica que le permitiría no sólo matar con un pokémon invencible, sino también sufrir el mismo destino a manos de este siniestro espécimen. Ya lo dijo aquel, quien a espada mata… Sin embargo, no todas las versiones de la leyenda incluyen la última maldición, dirigida al propio jugador.

La cuestión principal es si el juego existe. A priori, lo que se cuenta en el vídeo acerca de la experiencia de partida es perfectamente plausible, de hecho, conozco algunos juegos comerciales que tienen argumentos aún más duros. La venta de cartuchos piratas, pintados de negro para la ocasión, es también posible, como los famosos 32 en 1 (un amigo tenía uno y nos lo pasábamos teta). Así, hasta ahora afirmo que la historia podría ser real.

Lo que ya no cuela es la posibilidad de que hay un solo cartucho del que, por supuesto, no podemos ver ni una fotografía porque su poseedor lo perdió o se deshizo de este cuando se cagó en los pantalones. Además, se afirma que la adquisición se realizó en uno de esos mercadillos donde, como sabemos por el cine de terror, se venden objetos malditos para pardillos. Por último, vender el cartucho a un precio de ganga, que supondré menor al que le costó al narrador, recuerda a El diablo de la botella. Muy tópico. Además, en las primeras versiones no se cuenta la revelación de que el pokémon Ghost acaba maldiciendo al desafortunado jugador, sino que acaba con las reflexiones en torno a los motivos del bromista.

En el fondo, esto no deja de ser un caso de dramatización popular. Pokémon no destaca por la profundidad de su propuesta (me descoj….), por lo que es un candidato perfecto para este tipo de jugarretas. Alguien quiso epatar a los jugones con una historia siniestra que nos recuerda, como decía el proverbio latino, que vita incerta, mors certissima. Ya hay juegos así, pero siempre impresiona más con un producto infantil.

Otras leyendas por el estilo hablan de 151 cartuchos malditos, llamados así porque los niños que los poseyeron murieron. Pues podría ser, claro. Es más probable que mueran unos cien niños que tengan un juego de Pokémon que tantos otros que hayan leído La montaña mágica.



Por último, un grupo de graciosos está programando su propia versión de Pokémon basada en esta leyenda, aunque no se puede matar a nadie, pero todo se andará. No hay nada mejor para una leyenda que llegar a ser verdad, así que es todo un éxito.

domingo, febrero 19

Leyendas del mundillo friqui: El pokémon abortado.

Esta entrada inaugura, espero, una serie dentro de este blog: rumores o anécdotas de diversas subculturas etiquetadas de “friquis”, especialmente cuando sean chocantes o raras. Como tengo ciertas ganas de epatar al respetable, empecemos con una de las historias más retorcidas, cuya fama en la red ha crecido hasta que se ha transformado en una bola de nieve que lo arrolla todo.

La situación es la siguiente: En 1994 aparece un juego llamado Earthbound (título original japonés Mother 2) para una la entonces flamante consola de Nintendo, la Supernintendo. Este juego, un RPG japonés, se hace famoso por su argumento y sus villanos principales: Pokey Minch (en realidad, un Engrish de Porky), un niño gordo un poco hijo de puta, capaz de sacrificar a la chica del grupo de protagonistas a su religión inventada, la Feliz Iglesia del Felicismo (un claro precedente de Eric Cartman); y Giygas (¡Joder con el nombrecito!), que es... You can’t grasp the true form.


En efecto, no soy capaz.





En estos dos vídeos se puede ver la lucha final, durante la cual ambos villanos son derrotados. La parte del aborto se refiere a Giygas. Fijaos en lo siguiente:

-Los protagonistas tienen que viajar al pasado para esta lucha.
-El escenario que se ve al principio del vídeo, por donde se mueven esos robots, parece un material rugoso. Además, primero es un camino recto, luego torcido, y llega a un lugar más grueso donde yace un objeto esférico del que sale una carita.
-El tal Giygas es al principio un motivo gráfico que representa una cara haciendo una mueca, luego ese mismo motivo multiplicado, y por último multiplicado todavía más.
-Si uno se fija, a partir de 7:50 el motivo de la cara parece tener la forma de un bebé. Si no lo ves claro, sigue leyendo.



-Durante la pelea, Giygas dice cosas faltas de sentido, como quejarse de que le duele la paliza que le damos para inmediatamente declarar que se siente bien o ponerse a gruñir y a repetir el nombre del protagonista, Ness, unas cuantas decenas de veces. No tiene los sesos muy bien puestos o no es dueño de sí mismo.

Estos cinco elementos combinados ayudaron a crear la así llamada Teoría del aborto de Giygas: los protagonistas viajaron al pasado para abortar al terrible villano antes de que naciera. Tremendamente perturbador.


Ahora sí, contemplad el susodicho bebé. Lo de la violación viene ahora.


No obstante, Giygas nació de una perturbación. El guionista de Earthbound, Shigesato Itoi, respondió que se basaba en la mala experiencia que tuvo cuando vio de pequeño una escena de violación en una película. Según él mismo, “En resumen, Giygas es algo que no puede entenderse, ¿sabes? Pero también hay una parte de él que es como un ser vivo que merece cariño. Esa parte es el pecho de Hisako Tsukuba en la película “The Military Policeman and the Dismembered Beauty.
(...)
Después de verla, volví a casa, callado y confundido. Me había impresionado tanto que preocupé a mis padres. Al fin y al cabo, Una mujer había sido violada. Cerca de un río. En la película. Cuando el tipo agarró su pecho tan fuerte, se distorsionó hasta tener la forma de esta pelota. Me chocó profundamente. Fue un ataque directo a mi cerebro.
(…)
En otras palabras, era esta sensación de terror con atrocidad y eroticismo codo a codo, y eso es lo que las últimas frases de Giygas son. Durante el final, él dice, “Duele”, ¿a que sí? Eso es… su pecho. Es como, cómo lo describo, una sensación de “ser vivo”.
”.

No hace falta un aborto para que todo esto ya sea siniestro. En consonancia con esta línea de un enemigo inaprehensible, como se puede observar con atención en los vídeos, la única manera de matar a Giygas pasa por rezar, pero literalmente: los conocidos de los protagonistas responderán a las plegarias de los protagonistas con otras, lo cual hará daño el malo. Bien mirado, es lógico: en este mundo, la magia funcional consiste en poderes psíquicos. Si Giygas ha llegado a ser tan poderoso que ha perdido su cuerpo y sólo es la manifestación de esos poderes llevados al máximo, el deseo de alguien por el bienestar de sus enemigos sólo puede hacerle daño. En el último momento, uno de los primeros ejemplos de interactividad argumental con el jugador, este empieza a rezar para que se salven los protagonistas, lo que fulmina al malhadado Giygas. También lógico, ¿pues qué no quiere el jugador, sino ganar a toda costa?

Este artículo, que es una de mis fuentes para esta entrada, presenta una tesis demoledora: las contradictorias frases de Giygas durante su batalla no son sino una alegoría de la pubertad del protagonista. Y para colmo, da a entender que el único responsable de la muerte de Giygas es el propio jugador, quien realiza el acto sin tener mayores pruebas en su contra que el testimonio de Pokey Minch, un mentiroso irredento, y no olvidemos que Giygas no es consciente de los actos, ¿luego es malvado? Hemos pasado de hablar sobre un supuesto aborto para hacerlo de la vida íntima de un chaval y de ser acusados de asesinato. Aquí hay algo podrido.

Es digno de mención que el terrible poder de Giygas ya era conocido. Earthbound, como sugiere el título original japonés, es la segunda parte de un juego que no se conoció en Occidente por su época, 1989: Mother, de la consola NES. En este juego, como en la primera parte, el malo era Giygas (aunque el nombre se suele transcribir como Giegue). Su aspecto era, simplemente, el de un alienígena gris con rabo. Sus ataques seguían siendo inaprehensibles.


Feo con cojones, eso sí.

En este juego, Giygas te contaba durante la batalla final que los bisabuelos del protagonista, Ninten, lo habían criado siendo pequeño, motivo por el cual estaba muy agradecido a su familia. Llegó a proponerle a Ninten que subiera a su nave para salvarse del holocausto terrícola que pretendía llevar a cabo (las órdenes, ya sabéis). Como los protagonistas nada pueden contra él, deciden atacarlo de un modo “personal”: se ponen a recitar una nana infantil que acaba haciendo estragos en la mente de Giygas. El pobre desgraciado sólo puede rogar que paren, pero finalmente se viene abajo psicológicamente y es incapaz de completar el ordenado holocausto. Esto sigue lo que comenta el autor del artículo de antes sobre si Giygas es malo o no. Se puede ver aquí.



Y bien, eso es todo. ¿Qué ocurre? ¿Falta algo? ¡Ah, sí! ¡El pokémon! Pues la relación es la siguiente: El equipo de programación sacó el tercer y último capítulo de la saga Mother, después de lo cual empezaron con otro RPG algo diferente. La idea inicial iba de un chico que iba reuniendo unos bichos muy raros que podía usar posteriormente en combates. Como es costumbre en las compañías, aprovecharon unos cuantos de los diseños de los juegos anteriores para, entre ellos el de Giygas del primer Mother para uno de esos bichillos, que luego se llamaron Pokémon.




Puede verse que el parecido es notable. Incluso los ataques del Pokémon, Mewtwo, son psíquicos, lo que casa con los ataques de forma ininteligible de Giygas.

En resumen, el debate continúa, pero en algunos vídeos de You Tube se ruega a los comentaristas que no nombren más la teoría del aborto, que ya huele. Conclusión: un éxito.

Fuentes:
Grasping the true form of Giygas’s attack
Enciclopedia de la saga Mother
Webcómic de Las paridas de la guarida que me dio a conocer esta leyenda

miércoles, febrero 8

El misterio tenebroso de Hamelín.

Comienza… LA HORA DE LA BRUJA MARUJA

¡Queridos telespectadores, bienvenidos a otro programa de La hora de la bruja Maruja! Esta noche viajamos a Alemania, concretamente a una ciudad de cuento… ¡Hamelín! ¿No es así, amigo Gómez del Foso?

¡En efecto! Hamelín es una ciudad misteriosa… Como todo el mundo sabe, es el lugar donde ocurre uno de los relatos de los hermanos Grimm: El flautista de Hamelín. En la historia original, una deuda impagada acaba en desgracia: todos los niños de la ciudad desaparecen… Poca gente sabe que, incluso hoy en día, hay una calle en la auténtica Hamelín donde está prohibido que se cante y se toque música: la Bungelosenstraße, la “calle sin tambores”.

¡Eso es muy interesante! Es justo decir que, según el cuento, el flautista fue contratado para desratizar la ciudad. Al parecer, se valía de la música… ¿Cómo es posible? ¿Estamos hablando de que, en plena Edad media, ya había una tecnología capaz de sintonizar con la mente ratonil?

¡Posiblemente se trataba de tecnología extraterrestre!

¿Cómo llegas a esta conclusión, Gómez del Foso?

Verás, Maruja: los documentos de la época hablan de alguien vestido de un modo extraño, con un traje compuesto de numerosos colores… Bien podría ser alguien con un traje brillante que hace juegos con la luz del sol. Un traje así es también insólito en nuestra época, lo que significa que estamos hablando de tecnología desconocida en nuestro planeta.

¡Fascinante! Cuéntanos, Gómez del Foso… ¿Cuál se supone que era el objetivo de esta misión, por llamarla de alguna manera, extraterrestre?

Bueno, los niños fueron secuestrados y llevados a los bosques de las afueras… No me extrañaría que fueran guiados a la base extraterrestre. Una vez allí, los niños fueron, quizás, objeto de experimentos.

¿Experimentos médicos?

Bien, podrían ser experimentos de todo tipo: sociales, psicológicos, e incluso de rastreo. Otros estudios afirman que en varias zonas de Polonia y otros países eslavos se extendieron los apellidos de los habitantes de Hamelín. Yo creo que los niños fueron devueltos a aquellas zonas para observar mediante algún marcaje, quizás radiactivo, cómo se extendía la descendencia de un ser humano típico.

¡Terrible! Pero dinos, Gómez del Foso, ¿cómo pudo un extraterrestre dejarse capturar por un grupo de habitantes del Medievo?

Es una buena pregunta, Maruja. Yo creo que alguien de su propia gente debió de entregarlo. Quizás cometió alguna falta ritual al secuestrar a esos niños, cuyo castigo era el abandono o la muerte. Otros opinan que el flautista era un extraterrestre ha que trabajó para los anunnaki, quienes lo entregaron cuando acabó su labor, en una maniobra similar a la del romano Quinto Servilio Cepión después del asesinato de Viriato.

Asesinato, secuestro, traición y misterio, sobre todo, un enorme misterio rodea el extraño caso de Hamelín… No cambien de canal: Después de la publicidad, más información sobre una de las partes de la historia que no nos han contado.

¡CHACHACHAN!

jueves, febrero 2

La opinión populachera.



Muchos han olvidado a esta mujer. Error.

Mi relación con la prensa ha sido tormentosa desde que empecé a notar, siendo chiquitín, que le tenían manía a varias de mis aficiones. Mientras iba creciendo, esa manía por mis aficiones acabó por ser medio disculpada para transformarse en un general aborrecimiento por el fenómeno del sensacionalismo.

El victimismo es la forma de sensacionalismo más común y habitual. Es fácil y sencillo ponerse en el lugar de la víctima: muchos han sufrido alguna injusticia durante sus vidas, o al menos lo creen. Es sencillo, con nuestra parte bien definida, buscar al adversario, que será el malo de turno. Así, el victimismo conlleva siempre la demonización de otro. Lo difícil es intentar juzgar los hechos objetivamente, incluso hay quien afirma que eso es en cierto sentido imposible, porque “objetivamente” aquí significa estudiar el conflicto desde un punto de vista externo al mismo, lo que no deja de tener cierta subjetividad (la de alguien ajeno al problema).

Aunque más arriba esté expuesta una fotografía de la famosa madre de Rocío Wanninkhof, el caso más representativo de demonización ocurrió en Australia: la desaparición de Azaria Chamberlain, una niña de apenas meses que fue devorada por un dingo. Aunque varios testigos apoyaban esta versión, finalmente fueron condenados por el “asesinato”. La actuación de la prensa fue vergonzosa: acusaciones de libelo de sangre, de que la madre no mostraba mucho dolor (¿A que les suena?), y de que vestía a la niña de negro (¿?), entre otras subnormalidades.

Es decir, que un país tenga cierta tradición democrática no significa que pueda caer en errores propios de dictaduras bananeras, como dejar que la prensa haga juicios paralelos. Por eso me entran ganas de reír, por no llorar, cada vez que oigo esa famosa cantinela de que es inconcebible que en nuestra reciente democracia sigan ocurriendo según qué atrocidades: como si el hecho de tener presidentes electos sirviera para curar el resto de males del país, algunos de ellos anteriores a la II República. Pensamiento mágico como el de la película Excalibur.

Por eso mismo, y por mucho que no sea contrario a las leyes, no me gusta un pelo que el reportero del programa de Ana Rosa, acompañado de dos primos de la madre de los niños cordobeses desaparecidos, acose a un miembro de la familia del padre, en prisión por ser sospechoso de la ausencia de sus hijos. Entiendo que, si no tienen pruebas para llevarlos ante las leyes, realicen acciones como colgar todos esos carteles cerca del domicilio del individuo, pero aún así se arriesgan a ser denunciados, aunque crean que salir en la televisión equivalga a la inmunidad diplomática. Afortunadamente, ante los ojos de la ley, todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario.

lunes, julio 18

Moralistas.

Esta noticia tiene ya cierto tiempo:

Bob Esponja, ¡muy violento!

¡JESÚS! Estamos aviados si les parece muy violento. No sé qué dirán de cualquier otra cosa. De tanto en tanto, suele aparecer alguna organización, habitualmente compuesta por gente que se ha reproducido, para quejarse de que las obras de ficción atentan indudablemente contra la inocencia de sus indefensos retoños, y que deben ser retiradas.

Como aficionado a ciertos géneros de dudoso buen gusto, como los videojuegos de terror, siempre me ha llamado la atención la actitud de estos individuos. ¿Piensan EN SERIO que borrar la violencia de la ficción equivale a borrarla en la realidad? Una de las cosas mejores del colegio religioso donde estudié es que no estaba demasiado tocado por las ñoñerías pedagógico-políticas que empezaron a germinar por entonces, cerca de los noventa, muy a pesar de que algunas madres le insistieran a algunos profesores que aprender a dividir en cuarto era demasiado. Así, nos contaban historias, religiosas o seculares, valiosas por su moral y sin importar si estas pudieran resultar algo macabras o contuvieran detalles siniestros. Asimismo, solían recordarnos que en el mundo abunda la miseria.

No es que lo siniestro haga a una obra madura per se (tengo que decir al respecto, un día de estos), pero algunos efectos de esta manipulación benévola ya están teniendo efecto. Hace algún tiempo, leí una carta en un periódico escrita por un chico de trece años que aseguraba haber vivido los doce anteriores creyendo que todos los críos del mundo vivían como él: en una casa bien segura, bien alimentados y leyendo a Harry Potter. Comentaba que para él era desolador haber descubierto la verdad.

A mí, debo confesarlo, me cuesta creerlo. ¿Cómo pudo vivir hasta entonces sin darse cuenta de ello? Claro que mi experiencia está sujeta a mi punto de vista: yo me crié en un barrio lindante a unas chabolas, estudié en ese colegio religioso donde día sí y día también estaban con el tema de la caridad, y los informativos de aquella época aún no emitían anuncios pero sí hablaban de la pobreza, el hambre y la guerra de los Balcanes.

También está la ficción. Aunque la critiquen, la violencia y otros motivos desagradables de la actualidad poco son comparada con la de algunos cuentos tradicionales, donde niños asesinaban brujas, fieras devoraban abuelas y pobres víctimas acababan mutiladas.

Lo más chocante es cuando un moralista llega, en su impulso por evitar lo malo, llega a algo peor. Un ejemplo que se me viene a la cabeza es el de un videojuego, Final Fight. Este juego era un beat’em up, que en castizo podría verterse como “A hostias contra todo lo que se menee”. En el susodicho, los protagonistas se pelaban contra todos los miembros de una mafia por el secuestro de una moza, hija de un protagonista y novia de otro (acababan los ochenta). Durante el transcurso del rescate, salían a escena para recibir punkies de ambos sexos, heavies, un rastafari, gigantones y hasta un tío en silla de ruedas que recuerda a Chiquito de la Calzada.

¡ALTO!

¿Dije punkies de AMBOS sexos?


Sí.

Pues eso es inaceptable. Cuando comercializaron la versión americana de la adaptación de Super NES, se objetó que los jugadores les sacudieran a personajes femeninos, a lo que los japoneses contestaron rápidamente alegando que Poison era un transexual (o transgénero, he leído ambos términos). En la versión americana no quedaron muy convencidos, así que masculinizaron los sprites. Quede, no obstante, la parida de Capcom para el recuerdo: es más aceptable partirle la cara a un transexual que a una mujer. Y claro, un transexual no es una mujer realmente. Yo estoy de broma, pero da que pensar.

Un caso bien conocido es la remasterización de la primera de las películas de La guerra de las galaxias: que no puede ser Han Solo un mercenario cuyo pellejo es el que más valora, y tampoco cargarse al esbirro de Jabba que lo está apuntando con una pistola. Hay que darle la excusa al héroe de que el otro, aparte de posiblemente malvado, es gilipollas disparando primero y FALLANDO A MENOS DE UN METRO.



Otro, que fue anunciado a bombo y platillo hará cosa de un año, fue el de la asociación de psicólogos americanos, muy preocupados por el mal ejemplo que, según ellos, daban las adaptaciones cinematográficas de superhéroes, que eran muy malotes y/o muy chuletas. Que se había perdido el candor que en otros tiempos (mejores, ¡claro!) tenían Superman y Spiderman, por ejemplo. Risible a todas luces, porque estos superhéroes pudieron tener épocas controvertidas (como casi todos los superhéroes, huelga decir, por la longitud de las series). Léase la primera historieta de Superman como ejemplo de lo que quiero decir.

Dejo de listar ejemplos, porque esta entrada puede hacerse farragosa. Lo que caracteriza a un moralista es su negativa a aceptar lo que no le gusta. No critica que un detalle desagradable de una obra de ficción sea frivolizado, simplificado u objeto de burla, critica que se hable de este. Los moralistas no discuten si la realidad está bien o mal representada, si se trata de un retrato fiel o inexacto, mandan callar. Sólo se preocupan de mantener las apariencias.

Eso sí, no sé si es que confunden la realidad con la apariencia o son sólo cínicos.

lunes, mayo 9

Penates generacionales.

Recientemente, en You Tube he visto una tendencia, que ilustraré en estos dos enlaces. Lo importante no son los vídeos, sino las barritas de “Me gusta – No me gusta”.

En ambos casos gana “Me gusta” abrumadoramente. Sin embargo, vean estos comentarios:

80 ppl got their ass whoped by luffy
pokewolfpuphace 18 horas 4

38 cretinos no tuvieron infancia.
gonthalionhace 1 mes 4


Y si ustedes buscan, encontrarán más comentarios en la misma onda, siempre que exista la posibilidad de una legión de fans. Una legión a la que no le basta con haber encontrado algo que los divierte, ni que sean muchos, sino que además no puede soportar la disensión. Aunque sean cuatro gatos.

Hasta aquí, extraemos la famosa conclusión de que los fans son unos pesados. Pero yo quiero llegar más allá, ¡diablos! He de decir que esto me divierte un poco. Porque demuestra algo claro: que un fan sigue siendo un pesado, tenga 15, 30 ó 50 años.

Pensarán ustedes que estoy diciendo una perogrullada, pero elaboraré por qué me divierte. Yo soy un seguidor irredento de la animación, esto es, de los dibujos animados y técnicas relacionadas como el stop-motion. Y cuando digo dibujos animados, me refiero a todos: los primeros cortos de la Warner, la primera serie de Félix el Gato, las películas de Disney, las comedias modernas americanas, las series japonesas, las adaptaciones de tebeos franco-belgas, los intentos españoles y hasta las creaciones de un autor checoslovaco que conocí el año pasado. Obviamente, tengo mis criterios de afinidad y filtros de calidad. Simplemente dejo constancia de que no tengo prejuicios, de que no vivo en el gueto de animación de mi generación.

Por eso, siempre he visto con asombro esa manía de discriminar una serie por motivos tan triviales como que no esté basada en un tebeo japonés o que no se hiciera durante la infancia de alguien. Y claro, más pasmo me causan las luchas que entre estos guetos se dan, lo que me hace sentir como, permítanme que me ponga shakespeariano, si navegara entre Escila y Caribdis. Se ha dado la circunstancia de que entre los otakus, gueto ya bastante endogámico por sí, hay guerritas entre colectivos de fans de series populares. Sin embargo, mientras que estoy dispuesto a perdonar a los anteriores por su edad, no es así cuando veo a los pseudonostálgicos, esos melindrosos que no pueden vivir tranquilos sin manifestar su desprecio por cualquier animador posterior a que le salieran pelos en el ombligo y muestran poco menos que idolatría a las series de Su Infancia (con mayúsculas, por favor).

Estos fan-toches llegaron a uno de sus puntos álgidos de bochorno cuando se estuvo rodando Dragon Ball: Evolution. Lo cierto es que esta película no la he visto, y es muy probable que me parezca horrorosa en el mejor de los casos, pero mi desdén es amable comparado con la reacción de los mitoplastas, como los llama José Viruete. Peticiones para que no se estrenara, protestas por la red, un montón de tiras en el WEE acerca de lo mala que era… Aquello parecía Los dos minutos de odio, pero en ridículo.

Y claro, me regocija comparar los dos comentarios anteriores porque ambos revelan el mismo grado de cerrilidad. Tanto los unos, que se creen muy especiales por ver lo que en Japón es populachero, como los otros, que han decidido hacer un baluarte mental para refugiarse del hecho inexorable de que todo cambia, y de que sólo queda el recuerdo.

Y el recuerdo sirve para avanzar.

lunes, marzo 28

Elogio al valor.

Una de las cosas que más echo de menos de mi habitación era que podía estar a salvo de según qué tipo de programas de la televisión. Ahora, en este piso provisional, tengo el ordenador en la sala principal. Y el otro día, en la serie Hospital central, oigo uno de los argumentos más delirantes de mi vida. Resulta que, por varias explosiones, llegan al hospital un montón de heridos. Entre ellos, un militar cuyo padre, también militar, está disgustado porque su hijo se dejó llevar por el pánico, a lo que uno de los protagonistas le replica:

¿Sabe? Mi hijo está naciendo ahora mismo en una sala de este hospital, y cuando crezca le diré que no tiene que ser valiente. (aproximadamente)

Pues eso dice el médico, ¡y tan pancho! Recuerdo que decía Pérez-Reverte que no le perdonaba a la izquierda que hubiera dejado que la derecha se apropiara de la palabra España. Bien, yo no perdonaré que los movimientos extremistas se apropien de la palabra "valor".

El valor no es sólo, como algún pacifista inocentón supondrá, ir a matar a cuantos se pueda en una guerra. También es saber cómo actuar durante una crisis, ser capaz de hacer algo arriesgado por salvar al prójimo, o incluso mantener tus convicciones a pesar de que podrías ceder a la presión de la mayoría.

Quizás hay quien piense que estoy descontextualizando a lo bruto un simple diálogo de una serie popular, pero no es así para quien sepa de la simpleza dicotómica que se hacen en estas series. Este tipo de ficción demuestra que gran parte de la población creee vivir siempre bajo amparo, sin tener valor... ¿Seguro? ¿Y si ocurre algún desastre? ¿Y si nadie puede ayudarnos? Piénsese en Japón. Ha habido muchos muertos, pero más debido al tsunami que al temblor. No sólo la buena calidad de los edificios ayudó, sino también la disciplina japonesa, que inculca que el deber de cómo superar un terremoto empieza en el propio individuo.

Todo esto resulta aún peor cuando uno piensa en la esquizofrenia cultural que ciertos habitantes del primer mundo sufren. Me refiero a esta gente que confunde la propia existencia de los ejércitos con la dictadura militar. Como denunciaba el dúo Trey Parker y Matt Stone en su película de marionetas Team America: La policía del mundo, no se dan cuenta de que, si bien es necesaria la crítica al ejército, este puede seguir siendo necesario para poder disfrutar de la libertad. Por muy duro que nos parezca.

(Hay destripe de la película)



Una analogía es el hecho de que mucha gente siente náuseas si contempla una operación, pero alguien tiene que practicarla cuando es necesario. Para hacerlo, debe ejecutar con frialdad este proceso. Si sintiera el dolor como suyo, no sería un buen cirujano. Sin embargo, los apóstoles del buenismo te presentan la simple empatía sin límites como el epítome de la bondad. Así, se confunde la cordialidad con el resto del mundo con ceder a todos sus caprichos.

Esta confusión se resume en la frase Más vale ser un cobarde un minuto que muerto todo el resto de tu vida. Frase estúpida en mi opinión, pues confunde el prudente con el cobarde. El primero sí puede tomar en consideración las dos opciones presentadas, pero al segundo lo domina de tal modo el miedo que es incapaz de encontrar algún modo de superar la situación. Ahora quieren igualar el valor con la temeridad.

Por supuesto, no os confundáis. Esto no es una beatificación de los ejércitos. Estoy totalmente de acuerdo con la crítica al mismo, del mismo modo con que lo estoy cuando se critica la corrupción. De hecho, yo diría que los más preocupados por la violencia de nuestra sociedad son los más responsables de esta posible beatificación.

El ejemplo que me viene a la cabeza es la protesta de una asociación de psicólogos americanos, quienes consideraban que los superhéroes eran un mal ejemplo para los niños por su violencia y su machismo. Más concretamente, denunciaban que algunos de ellos, como Hulk y Iron Man, tenían defectos. El primero es violento (¡Oooooooh!) y al segundo le gustan mucho las mujeres (¡Y a mí, coño!). No sé, es curioso, porque Hércules también tenía estos defectos (y era glotón, y hasta a algún efebillo llegó a conocer...). Sin embargo, exponían las cualidades de Superman y Spiderman, a los que consideraron más formales. En realidad, ellos dos también han sido violentos alguna vez, pero ese es otro asunto.

A mí lo que me preocupa es, ¿es peor que el poder sea fácilmente contaminado de la violencia, o que nos lo muestren? ¿Aún seguimos matando al mensajero? Un héroe con imperfecciones es humano (incluso en un cotexto fantástico), y como tal demuestra que su cualidad reside no sólo en sus admirables habilidades, sino en esforzarse o reconocer, llegado el momento, que se había equivocado.

Por supuesto, esta actitud es infrecuente. Siempre es más tentador caricaturizar a quien no gusta que enfrentarse a sus razones.

jueves, marzo 17

Papá censor no cuida tan bien de nosotros.

¡No paramos, señores, no paramos! Ayer hablaba de inexistente pornografía infantil, pero hoy sí hay infantes.

Una tele llena de rombos.

Léase con calma. Veamos, estoy de acuerdo con la crítica en sí. Sobre las soluciones:

Regulación de contenidos
Se comenta que es censura, pero es peor: es inservible. Veamos, pongamos un multazo a quien hable en horario infantil de la tal Carmen y su perrino, que diría mi abuela. ¿Y? ¿Acaso esto hará que el público deje de seguir interesado en este tema u otros similares? ¿Sería para el canal que "investiga" este suceso un freno a su cuestionable actividad? Pienso que lo peor es que es poco convincente: se debería criticar más el hecho en sí que quién pueda ser el espectador. Además, ya hay chicos que ven la televisión hasta muy tarde. No me extrañaría que la medida sólo incrementara su número.

Efecto psicológico en los niños
Aquí me gustaría decir que el efecto psicológico no se limita a ellos. Tanto porque la neuroplasticidad se está comprobando como porque ver Sálvame durante horas no puede ser bueno. No niego que el daño sea mayor en los chavales, pero es como si avisaran de que los menores beban lejía cuando saben que los adultos también la beben.

De todos modos, me gustaría preguntarle algo al psicoanalista: ¿Qué considera usted un comentario con adultez? ¿Por qué la adultez es nociva? ¿Usted pasó de niño a joven sin período de transición, con pendiente infinita? Hablando de esta noticia con el amigo McManus, se le ocurrió decir lo siguiente, con lo que coincido plenamente:

Hablar a un niño del método científico es un mensaje que transmite adultez.

Del mismo modo que muchos cuentos tradicionales, tremendamente crueles (¡Y a veces guarretes!), contenían lecciones valiosas. Sí, los contenidos brutales y obscenos, pero no porque la brutalidad y la obscenidad sean valiosas en sí, sino porque existen y es mejor advertir de su existencia que negarlas sistemáticamente.

De hecho, es curioso, pero, según esta definición, yo mismo sufrí tensiones negativas cuando era pequeño, debido a las historias que nos contaban en clase. Desde cuentos que demuestran que el ser humano puede sobrellevar mejor sus penas si las del prójimo son mayores a aquellas que hacen lo propio con la maldad humana. Que mi colegio fuera religioso también tuvo que ver: la necesidad de inculcar la caridad lleva a hablar de la pobreza. También la televisión tuvo que ver: en aquella época, los telediarios, que aún no emitían publicidad, solían mostrar con frecuencia imágenes de la extrema pobreza del tercer mundo, y yo ya tenía uso de razón cuando estalló la guerra de Yugoslavia.

En contraste, llego a leer comentarios chocantes en la prensa actual. Hace ya unos años, una extraña carta publicada en un periódico me consternó. Era de un treceañero que, no me explico aún cómo, no sabía nada de cómo era realmente el mundo. Comentaba que él pensaba que todos los niñoss del mundo vivían como él, en un hogar seguro y leyendo a Harry Potter hasta el año anterior a la publicación de la misiva. No diré que yo comprendía el mal funcionamiento del mundo cuando fui al laico instituto, pero al menos sabía que el mundo no era bueno para todos.

Al menos, este señor admite que es como ponerle puertas al campo. Pero ya lo era antes de que todos tuvieran un ordenador, ¡ojo! Que los chicos no son sordos, y escuchan a sus mayores, incluso cuando los últimos creen no ser oídos. Ya no es tan acertado cuando dice no los miramos porque no estamos de acuerdo con ellos [esos programas]. Eso será cierto en su caso, en el de la mayor parte de mis conocidos y en el mío, pero fuera de este grupo...

Además, aún tengo otro comentario: lo insustancial puede ser incluso más nocivo que lo obsceno o lo brutal. Gran parte de las noticias relativas al mundo del cotilleo son, vistas con frialdad, nimiedades. Simplemente se habla de ellas porque el protagonista es famoso. Sin ir más lejos, en uno de estos programas hubo una discusión acerca de la venta de un pozo, que abastecía de agua a una finca, sin que los propietarios de la última lo hubieran sabido. Añada que todos los participantes son familiares y todas las propiedades fueron conseguidas en heredad de la misma persona, y como mucho tendremos una anécdota acerca de la avaricia. Pero no merece un debate. Si es legal, nada hay que decir. Me parecerá mal éticamente, pero no pasa de eso. Me importa tan poco como que Pepito Piscinas, fontanero, venda la casa de su abuela, heredada de su abuela, costurera, sin que lo supiera Jacinta Piscinas, su hermana. La acumulación de estas anécdotas podría llevar, ahora sí, a una discusión sobre la pérdida de los valores familiares.

Para mí, si el público no cambia sus gustos, nada se alterará. El público tiene que asumir su parte de la responsabilidad, de lo contrario actúa, ahora sí, como un puñado de críos.