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domingo, abril 7

Coda: Stephenie Meyer y la Biblia molonista.


Quiero completar mi anterior entrada con un breve ejemplo. Recientemente se ha estrenado en los cines La huésped, título original The Host, basada en una novela (por llamarlo de alguna manera) de Stephenie Meyer, famosísima por haber escrito Crepúsculo. El argumento: unos alienígenas invaden la Tierra y poseen a la humanidad mediante una curiosa habilidad, consistente en parasitar sus cuerpos. Las víctimas presentan un peculiar color azulado en sus pupilas, pero fuera de ello son humanos. No obstante, aquellos con una excepcional fuerza de voluntad son resistentes a este parasitismo, aunque han sido señalados como enemigos y han tenido que formar la Resistencia. Meyer decide centrar su novela en la relación entre una poseída, su alienígena y su novio, miembro de la Resistencia.

Dejémoslo ahí. Veamos, pregunta: una, dos y tres, ¿a alguien le suena este guión? Excepto por la parte romántica, se parece mucho a La invasión de los ultracuerpos. Puede que alguno diga que no tiene que ser necesariamente esta película, pues las historias de monstruos que poseen o sustituyen a un ser humano, sin que exteriormente haya cambios más que por el comportamiento o algún pequeño detalle, son bastante típicas. Sin ir más lejos, es un argumento típico en varias series fantásticas que el malo suplante a un bueno, incluyendo su apariencia, y se cuele en la base hasta que los compañeros del suplantado empiezan a barruntar algo raro. Que como haber, podría haber varias fuentes de inspiración. No obstante, ¿qué ha respondido la autora más vendida del momento? Que un día, aburrida durante un viaje, se le ocurrió la idea.

En efecto, así son los best-selladores del momento: con un morro que se lo pisan. Bien mirado, puede que Meyer no mienta. Ya hubo quien destacaba de la saga de los vampiritos que Rebeldesin causa es muy posiblemente gran inspirador de la trama, así que no me extrañaría que la propia autora no se dé cuenta de que está haciendo pastiches.

Otro ejemplo, ilustrativo por sí solo, es el de esa curiosa súper-producción basada en La Biblia, estrenada en Antena 3 la semana pasada. Por curiosidad y porque me conozco el fenómeno del hype, decidí consultar IMDB, una famosa web de crítica cinematográfica. La primera crítica que encontré decía lo siguiente:

Let's just take the scene with Lot and his family, hiding the Angels from the angry mob. The Bible clearly states that Lot offers up his daughters to the mob (to be raped) in order to save the Angels, but instead we get a sword slashing kung-fu scene that wipes out the mob. Genesis 19:1-11“Basta con examinar la escena de Lot y su familia, protegiendo a los ángeles de la turba enfurecida. La Biblia dice claramente que Lot le ofrece a la turba sus hijas (para que las violen) con el objetivo de salvar a los Ángeles, pero en su lugar nos ofrecen una escenita de mandobles a lo kung-fu que dispersa la turba. Génesis 19:1-11”

Al leer esto, no pude evitar recordar una entrada de SuperSantiEgo sobre las adaptaciones de El señor de los anillos, en la que comentaba que Peter Jackson muchas veces era incapaz de darse cuenta de qué pretendía Tolkien en las novelas. Citaba, por ejemplo, que Jackson sólo añadía efectos especiales cuando Galadriel se sentía tentada por el Anillo Único y que en términos generales no había entendido palabra alguna de lo que podríamos llamar los momentos “mágicos” del libro. Los productores de esta serie, sin duda, no tienen ni pizca de imaginación para interpretar la escena, que es lo mismo que un lector sensible siente cuando lee las circunstancias de la muerte de la madre de Dionisio. No hace falta ser creyente para entenderlo: asombro absoluto ante la fuerza desatada de la naturaleza, ya sea como fenómeno externo (rayos y truenos), como humano (una ceguera colectiva). Es justo mencionar que nuestros conocimientos pueden hacer que lo que asustaba a un hombre de hace cien años sea ahora una minucia, pero la sensación de terror ante lo incomprensible puede seguir usándose en la medida de lo posible.

¿Pero cuál es la solución de los guionistas de esta peculiar adaptación? Unos tipos lanzando espadazos. De quitar la parte de las hijas de Lot, ni hablo. Ambas anécdotas son ilustrativas, porque es imposible que nadie sepa, entre la enorme cantidad de colaboradores de cualquier producción televisiva, que ambas ideas fallan en lo fundamental. No obstante, se deja que los productos sigan adelante aunque sean espantosos y carentes de imaginación porque no se preocupan de la calidad. Se preocupan, por ejemplo, de la reacción de los padres antes las bazofias de Meyer, o por la opinión de las autoridades religiosas por la adaptación de La Biblia. Por memeces, en resumen.

Y no es culpa únicamente de la televisión. Todo el sistema cultural ha estado sufriendo bajo el yugo de lo que ambiguamente se llamaría políticamente correcto, por lo que yo prefiero llamarlo concretamente como la religión del “no ofenderás”. Como muchos clásicos (esto es, cualquier obra anterior al año 50 digna de ser recordada) incurren en visiones racistas o sexistas, hemos creado versiones modernas para el público sin señalar estos aspectos. Aunque sus intenciones eran nobles, está creando una generación que apenas conoce clásicos. Anteriormente, no todo el mundo leía La isla del tesoro o El principito, pero sabían que eran libros. Ahora, a lo mejor ni han oído hablar de estos libros, el primero por tener frasecitas acerca de una señora negra, y el segundo por ser demasiado corto para los cánones actuales de sagas de tropecientas mil  páginas.

Hay más productos artísticos/obras de arte*, pero significa poco un 99,99% de los mismos. El 0,01% restante se compone mayormente de obras correctas, pero que no son originales, y el resto quizás pasará a la historia.

*Pongo la barra porque yo, al no considerarme un experto en arte, me abstengo a discutir qué es arte y qué no, y si la palabra “producto” es adecuada.




domingo, marzo 11

Leyendas del mundillo friqui: Nobita estaba en coma. Shizuka, en la Costa del Sol.



Esta es una famosa leyenda, que se ha salido del mundillo del manganime y ha dado sus pasitos por el mainstream. Ya sabe, resulta que en el último episodio de Doraemon, esa famosa serie de dibujos basada en un tebeo, se descubre que Nobita es en realidad un niño comatoso y Doraemon un peluche suyo. ¡Qué grima, señores míos! ¡Qué grima!

Antes de nada, las verdades por delante: Doraemon no tiene un final, ¡¡¡tiene varios!!!. Todos los tebeos de Japón se publican en revistas, y en varias para el caso de esta historieta En concreto, acabó hasta tres veces en años consecutivos en una publicación llamada Shogaku 4-nensei. Estos finales, como son muy parecidos entre sí, los explicaré bajo el siguiente epígrafe.

1-Doraemon tiene que volver a filas.

Básicamente, en la época de Doraemon algo provoca que los viajeros del tiempo deban volver a su época.

a) En el ejemplar de Shogaku 4-nensei de marzo de 1971, se cuenta que los viajeros del tiempo causaban tales problemas que el gobierno de la época futura acabó prohibiendo el viaje en el tiempo. Doraemon se despide de Nobita.

b) En el de marzo de 1972, Doraemon debe volver por alguna razón no revelada, así que se hace el estropeado (recordemos que es gato-robot) para que Nobita lo deje marchar. Como Nobita lo cree y le promete esperarlo, Doraemon le cuenta la verdad y el chico acepta. Doraemon vuelve al futuro.

c) En el de marzo de 1973, Nobita vuelve a casa después de ser apaleado por Takeshi (alias Gigante o Gian, dependiendo de tu edad). Allí, Doraemon le cuenta que ha de volver al futuro. Nobita queda desolado después de oír esto e intenta convencerlo de que se quede, pero acaba aceptando la realidad después de hablarlo con sus padres y pasean los dos juntos por última vez. Mientras Doraemon hace las maletas, Nobita pelea de nuevo contra Gian. Como no quiere preocupar innecesariamente al gato-robot, lucha con todas sus ganas, hasta el punto de que Gian le concede la victoria por abandono. Doraemon encuentra a Nobita hecho trizas y lo lleva a casa, donde vuelve al futuro mientras el niño duerme.

Esta tercera versión habría sido el final oficial, pues la serie tenía una baja audiencia y el dúo Fujiko Fujio trabajaba en otros proyectos, pero volvieron a la carga al mes siguiente. Aún así, este final fue reimpreso en uno de los tomos y tuvo dos adaptaciones animadas, de lo que las dos primeras versiones carecen. Eso sí, estas últimas adaptaciones son más extensas e incluso tienen una doble lectura.

Aún así, a efectos prácticos es como si no tuviera final. Años después, el dúo Fujio Fujiko se separó, lo que dejó en suspenso una decisión definitiva y finalmente Fujiko F. Fujio, quien continuó el tebeo hasta 1996, falleció. La serie y las películas continuarán hasta que dejen de ser rentables, obviamente.

Vale la pena mencionar que estos finales se intentaron porque se sentía la necesidad de acabar una historia cuyos lectores iban creciendo.

2-Pero entonces, ¿Nobita era autista?

Por tanto, ya volviendo a la leyenda friqui, tanto vale preguntarse por el final de Doraemon como por el de Los pitufos. Aún así, durante mis prácticas de laboratorio llegué a discutirles a varios compañeros la veracidad de esta y en Japón llegó a haber una manifestación de fans enfadados. ¿Por qué se hizo famosa? ¿Por qué con Doraemon? Dejando a un lado la obviedad de que es muy conocida, no me chocaría que su origen nipón fuera la mayor razón de que le haya tocado llevar la cruz de la fantasía comatosa. Primero, todo el mundo puede alegar que el capítulo se estrenó en Japón pero que fue prohibido, del mismo modo que ocurriera con el episodio de Pokémon, caso comentado en la anterior entrega de esta serie. Segundo, todo el mundo sabe que los japoneses son capaces de hacer cracks como Akira o Urotsukidoji. ¿Que Doraemon resultó ser el sueño de un niño moribundo? Bastante más digerible que la superpolla que aparece en la segunda obra.


¡QUÉ TRANCA, TRON! (véase el artículo viruetil para más información)

Lo realmente curioso viene ahora: este final existe. Sólo que es de otra serie, de St. Elsewhere, una teleserie hospitalaria de origen americano emitida durante los ochenta. Una de las razones por la cual esta serie es tremendamente conocida, especialmente fuera de los Estados Unidos, es por su último capítulo (¡¡Ahora sí!!). En este, el escenario cambia del susodicho hospital a un edificio de apartamentos. En este, hablan uno de los doctores de la serie, en ese capítulo obrero, y su padre, un personaje ajeno a la serie. El primero le comenta al segundo que su hijo, presente en la misma habitación, es un autista cuya única actividad es contemplar un juguete: una bola de nieve que incluye una maqueta idéntica al edificio del hospital de la serie “per se”. Perturbador.

¿Cuál era la intención de los guionistas? ¿Epatar? ¿Echarse unas risas? ¿Vengarse por la cancelación? ¿Hablar de que la realidad es en verdad un sueño? ¿Criticar que la ficción sin mesura puede llevar a una fantasía que aísla al espectador? En verdad, no lo sé y aunque es hasta interesante, debo continuar con esta entrada. Sólo diré que el niño, llamado Tommy, es el supuesto “creador” de gran parte de la ficción norteamericana por los crossovers entre la teleserie donde apareció y otras, representado en una tabla que debe de circular por la red.

Sea como sea, este final es idéntico al pretendido para Doraemon. De todos modos, no me gustaría dejar de lado OTROS supuestos finales que no son tan populares pero existen.

3-Doraemon se quedó sin pilas.

Este final supone que, en algún momento dado (¡Cómo no!), Doaemon se descarga y deja de funcionar (recordemos que es un robot). Extrañado, Nobita consulta a la gente del futuro y descubre que la única manera de recuperar a Doraemon consiste en cambiarle la batería, pero es imposible en el caso de Doraemon porque no tiene orejas (Recordemos que se las comieron unos ratones, ¡qué barbaridad!). Entristecido, Nobita acepta la pérdida y se vuelve estudioso y trabajador. Con el tiempo, llega a ser un genio en robótica que repara a Doraemon. Todos viven felices y comen dorayakis.

Este final fue creado como fanfiction por un tal Nobuo Sato, y después fue publicado como un exitoso dōjinshi por un artista bajo el pseudónimo “Tajima T Yasue”, pero fue demandado por Shogakukan, tuvo que disculparse y pagar para hacer las paces.

4-La vida duele, la muerte no.

Este es un dramón: Nobita cae aparatosamente y queda en coma (¡Hum…!). Su estado es grave y la única cura es una operación tan costosa, que Doraemon se ve obligado a vender todos sus inventos menos uno. No obstante, la operación fracasa. Dolido, pero firme, Doraemon le cede a Nobita el anterior invento para que el criajo pueda ir adonde quiera una última vez antes de que la Parca corte su hilo. Nobita pide ir al Cielo. ¡Joder! Esto SÍ da grima.


Los de la Frikipedia también han propuesto su propia conclusión para el enorme trabajo artístico, filosófico y ético que es Doraemon. No obstante, a Japón no le ha interesado.

Sólo la fascinación del personal por las historias que acaban en “Todo era un sueño” explica que ninguno de estos otros finales, ciertos o falsos, sea más conocido. Aún así, no hay lugar para la discusión: no sólo no acaba Doraemon así, sino que han copiado el final de otra serie, ¡y hay más finales legendarios! Ante esta situación, yo sólo puedo citar el lema de Los inmortales: “Sólo puede quedar uno”.

Fuentes:
Doraemon (manga), Wikipedia
Enciclopedia de Doraemon

jueves, febrero 2

La opinión populachera.



Muchos han olvidado a esta mujer. Error.

Mi relación con la prensa ha sido tormentosa desde que empecé a notar, siendo chiquitín, que le tenían manía a varias de mis aficiones. Mientras iba creciendo, esa manía por mis aficiones acabó por ser medio disculpada para transformarse en un general aborrecimiento por el fenómeno del sensacionalismo.

El victimismo es la forma de sensacionalismo más común y habitual. Es fácil y sencillo ponerse en el lugar de la víctima: muchos han sufrido alguna injusticia durante sus vidas, o al menos lo creen. Es sencillo, con nuestra parte bien definida, buscar al adversario, que será el malo de turno. Así, el victimismo conlleva siempre la demonización de otro. Lo difícil es intentar juzgar los hechos objetivamente, incluso hay quien afirma que eso es en cierto sentido imposible, porque “objetivamente” aquí significa estudiar el conflicto desde un punto de vista externo al mismo, lo que no deja de tener cierta subjetividad (la de alguien ajeno al problema).

Aunque más arriba esté expuesta una fotografía de la famosa madre de Rocío Wanninkhof, el caso más representativo de demonización ocurrió en Australia: la desaparición de Azaria Chamberlain, una niña de apenas meses que fue devorada por un dingo. Aunque varios testigos apoyaban esta versión, finalmente fueron condenados por el “asesinato”. La actuación de la prensa fue vergonzosa: acusaciones de libelo de sangre, de que la madre no mostraba mucho dolor (¿A que les suena?), y de que vestía a la niña de negro (¿?), entre otras subnormalidades.

Es decir, que un país tenga cierta tradición democrática no significa que pueda caer en errores propios de dictaduras bananeras, como dejar que la prensa haga juicios paralelos. Por eso me entran ganas de reír, por no llorar, cada vez que oigo esa famosa cantinela de que es inconcebible que en nuestra reciente democracia sigan ocurriendo según qué atrocidades: como si el hecho de tener presidentes electos sirviera para curar el resto de males del país, algunos de ellos anteriores a la II República. Pensamiento mágico como el de la película Excalibur.

Por eso mismo, y por mucho que no sea contrario a las leyes, no me gusta un pelo que el reportero del programa de Ana Rosa, acompañado de dos primos de la madre de los niños cordobeses desaparecidos, acose a un miembro de la familia del padre, en prisión por ser sospechoso de la ausencia de sus hijos. Entiendo que, si no tienen pruebas para llevarlos ante las leyes, realicen acciones como colgar todos esos carteles cerca del domicilio del individuo, pero aún así se arriesgan a ser denunciados, aunque crean que salir en la televisión equivalga a la inmunidad diplomática. Afortunadamente, ante los ojos de la ley, todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario.

martes, diciembre 13

Santiago Segura y la médium.

Le comenté a Miguel Baquero que Anne Germain iba a aparecer en este pequeño blog, y aquí está después de haberlo confirmado. Finalmente, Telecinco va a atreverse a emitir el programa en que Santiago Segura fue entrevistado.

Antecedentes: por agosto se supo que Santiago Segura, escéptico, recibió una invitación para acudir frente a la nigromante más popular de España en el momento en que escribo esto. Dicha invitación suponía que el actor recibiría 12.000 € para ir al plató, oír lo que le contaba la charlatana y declarar después cuál era su opinión. Segura contestó que todo era una engañifa porque Anne Germain le decía vaguedades que podían entenderse de diversas maneras, además de cuestionar en todo momento a la espiritista.

Tal fue su actitud que a los directivos de la cadena no les gustó ni un pelo y no se han atrevido a emitir el programa hasta ahora, justo después del tirón de Santiago Segura en Antena 3. La pregunta es, ¿realmente fue la actitud escéptica de Santiago Segura la que impidió la emisión del programa? En cierta ocasión leí que Antonio Gala, al ser entrevistado, fue despedido rápidamente porque se mostraba nada convencido. ¿O es la falta de sentimentalismo? Al fin y al cabo, el único gancho del programa es ver a famosetes llorando por algún familiar querido. Bueno, también los ha habido que se han emocionado por familiares que apenas conocieron, como Kiko Rivera sintiendo “frío” cuando le aseguraron que Germain había contactado con el ectoplasma de su padre, Paquirri, muerto cuando él era un niño de pecho.

Como no nací ayer, soy consciente de que esto puede ser una estratagema para atraer a ese público al que tanto la fama como los espíritus no impresionan en absoluto. Nada hay más llamativo que el hecho de que un personaje conocido por ser algo gamberrete ponga a caldo a un reconocido sinvergüenza.

En fin, de todos modos dentro de 39 horas le echaré un vistazo.

lunes, abril 4

Ediciones B y el fan.

Diversas distracciones me llevaron a no poder actualizar el viernes. La principal, estar ocupado con un trabajo, y que surgió un tema nuevo, pero no tuve tiempo de acabar esta entrada. A ver si esta semana publico cuatro entradas.

Concretamente, es el siguiente caso:

-Tenemos un tebeo conocidísimo en este país llamado España.



-Tenemos una editorial que tiene la exclusiva venta del mismo.



-Tenemos a un irredento seguidor que lleva años no sólo leyendo las historietas del tebeo, sino publicando por la red guías y diccionarios del mismo.

-Tenemos que la editorial y el seguidor no se habían puesto en contacto.

-Tenemos que la editorial ha decidido publicar una obra que parece similar a la labor hecha durante años por el seguidor.

-Tenemos que la editorial conoce la labor del seguidor, pero decide demandarlo por apropiación indebida de imágenes.

-Tenemos que la editorial tiene preparada una una obra parecida en tema a todo el trabajo del seguidor.

-Tenemos que la editorial estuvo ya metida en líos por un tema similar, sólo que en lugar de un tebeo conocidísimo en España, tenemos una saga de libros infantiles celebérrima en el globo. Ahora reconocen no estar autorizados.

-Tenemos que la editorial está bajo las riendas de un nuevo responsable desde hace poco, y que no tiene que estar relacionado con el punto anterior.

No sé qué conclusión sacar. ¿Son genuinamente torpes o unos cínicos de mucho cuidado?

No dejan de darme tema últimamente, ¡de veras!

miércoles, marzo 17

Saltar en el tiempo o saltar el tiburón, ¿qué más da?

Al final Cuatro ha incumplido lo prometido: Por cuestiones de audiencia, retiran Perdidos temporalmente. El estreno a una semana después de la emisión estadounidense ha durado poco más de un mes.

De todos modos, los primeros episodios no han aclarado mucho, y ya han añadido nuevas intrigas. Desde luego, sólo sigo viendo la serie porque me enganchó, porque temo su final. Los finales no siempre son, al contrario de lo que algunos simplones piensan, decepcionantes. De hecho, no deberían. Son la única manera efectiva de impedir que una idea brillante se vaya a tomar por saco por un alargamiento excesivo.

Sin embargo, todo lo que he oído hasta ahora sobre la última temporada de la serie me acojona: que los guionistas rogaron a Fox acabar la serie, que Disney quiere explotar el chollo en nuevos formatos o que el último episodio será un musical al estilo Bollywood. ¡Brrrrrrrrrrrrrrr!

Los estadounidenses han acuñado un término específico para estas series que duran demasiado: saltar el tiburón (jumping the shark). El término es una referencia a la telecomedia familiar Happy Days, que triunfó en los EEUU desde 1974 hasta 1984. Hubo un doblaje sudamericano llamado Días felices. Esta contaba las vivencias de una familia bien y de un italoamericano gamberrete llamado Fonzie.

Fonzie, en su pose más conocida mientras grita ¡¡Eeeeeeeyyyyyyyy!!, su interjección personal.

Como ocurriera años después con Steve Urkel, el tal Fonzie acabó siendo el personaje más carismático de la serie, y se volvió el pilar de los guiones. Debido a ello, Fonzie fue abandonando su vida de delincuente juvenil, especialmente en el último capítulo de la cuarta temporada, cuando casi se mató en una carrera de coches. El susto lo escarmentó lo suficiente para volverse más formalito, llegando al punto de bautizarse.

No obstante, poco después (el segundo episodio de la quinta temporada), Fonzie, nuestro héroe, practicaba el esquí acuático. Hasta este punto, nada extraño. El problema surgió cuando Fonzie, por una apuesta, saltó por encima de un tiburón.


Afortunadamente, el tiburón era uno de los que aparecían en los tebeos de Vázquez, y estaba resignado a perder presas humanas.

El público y la crítica no pasaron por alto la bravata, y se creó la expresión para definir ese momento en que una serie alcanza su clímax por un hecho sumamente inesperado, y ya todo va cuesta abajo. Tan pronto como se salta el tiburón por primera vez, es necesario volver a hacerlo para mantener el interés de la audiencia.

Por supuesto, existe una página web, que ha clasificado todos los recursos en 18 categorías diferentes. Huelga decir que Perdidos ya ha explotado varias de las categorías. Sólo espero que los guionistas no sean arrojados a tiburones verdaderos.

miércoles, febrero 3

Rumiko, ¿qué te pasa?

Rumiko Takahashi, en algún momento de su vida
Si hay una serie que introdujo el manga y el anime en todo el mundo, esa fue Ranma 1/2. Hubo otras series, como Dragon Ball o Captain Tsubasa (Campeones: Oliver y Benji), sí, pero no incidieron tanto como la anterior en el fanservice.

Esta obra hizo famosa a su autora, Rumiko Takahashi, en el mundo. Ella ya era famosísima en Japón gracias a Urusei Yatsura (Lamu/Lum, a veces con coletillas), que ya tocaba su gusto por las relaciones de amor-odio. De hecho, Ranma 1/2 se puede considerar como la última más combates de artes marciales.

A Rumiko se le daba muy bien este humor, aunque a veces reciclara algunos chistes. Junto a esas dos obras, hizo varias historias cortas que se han recopilado en varios tomos, así como la obra corta One Pound Gospel y Maison Ikkoku, de la cual se cuenta que es su mejor obra en guión. Todas estas seguían esta línea. Una excepción es Mermaid Saga, más dramática.

Inu-Yasha, su última y archivendida obra, sí siguió a la última, pero hubo un problema: se repetía más que el ajo. Algunos de los seguidores más críticos de Rumiko no pudieron ignorar el obvio parecido con la parte de acción de Ranma 1/2. Además, debido a que la historia es el clásico enfrentamiento entre el bien y el mal, la autora se limitaba a repetir luchas contra demonios cada vez más poderosos.

No obstante, llegó el fin de Inu-Yasha, por lo que hizo una pausa de diez meses en vistas de otro proyecto, Rin-ne. Bien, pues ya hay un personaje similar a Shippô en el quinto capítulo. Y resulta que su tema son los shinigamis. Vale, no tiene que estar precisamente basado en Bleach, pero podría haber propuesto algo más novedoso.

No digo que esta obra vaya a ser mala (o peor que Inu-Yasha, por ejemplo), porque Rumiko siempre ha demostrado talento y saber hacer, pero a estas alturas no creo que le pase nada por arriesgarse un poquito y hacer una cosa diferente. Va a ser que le pasa lo mismo que a Ibáñez, según comenta mi padre: "En lo suyo, es genial". A lo que suelo añadir: "Sí, pero está muy visto.". Por ello, haré lo mismo que hice con Ibáñez: dejarla a lo suyo.

jueves, noviembre 5

Haruhi. hARUHI. HAruhi. haRUHI. HARuhi. harUHI. haruhi. HARUHI.



Ya he visto la "segunda temporada" de Suzumiya Haruhi no Yuuutsu, y sólo puedo expresar mi impresión como nefasta. ¿Acaso los personajes han sido mal llevados? No, de hecho se mantienen en su papel. ¿Quizás la animación se ha resentido? No, sigue siendo igual de brillante. El problema es el guión.

En primer lugar, hay que aclarar que no estamos ante una verdadera segunda temporada, sino ante nuevos episodios que han sido intercalados en la temporada "anterior". Así, la serie pasa a tener veintiocho episodios, una mitad, antiguos, la otra, nuevos.

Pues bien, de esos catorce episodios, ¡se llevan ocho contando exactamente la misma historia! De ahí, el nombrar a la epónima en el título ocho veces. ¿Cómo puede ocurrir algo así? Básicamente, porque se produce un bucle temporal que obliga a los protagonistas a repetir las mismas acciones miles de veces, ¡manda narices! Para colmo, los ocho capítulos se llaman Endless Eight, ¡qué graciosos!

Los guionistas no pudieron contarlo todo en un solo episodio, ¡claro! Necesitaban tres horas para contar lo mismo que en una octava parte. Esta gente se pone al frente de Memento, y les sale una saga como La Guerra de las galaxias, incluyendo la trilogía inédita. Increíble.

Respecto a los episodios no reiterativos, también tengo cosas que decir. Cinco de ellos se desarrollan durante el rodaje de la película rocambolesca que Haruhi y sus siervos de la Brigada SOS presentaron en el festival cultural (episodio antiguo). Aquí no se daría el caso anterior si no fuera porque ya lo vi. Básicamente es el "cómo se hizo", con lo que supone. Es decir, se cuentan detalles obvios, sobre todo en los dos primeros. También es justo decir que en los tres últimos aparecen detalles significativos. Una vez más, se siente esa sensación de que podrían haberlo contado en menos episodios.

Por último, curiosamente el primero, que sí cuenta algo que no se vio ni se intuyó anteriormente. No está mal a pesar de ser de la trama "seria". Tampoco me apetece criticar el único episodio realmente nuevo.

En resumen, decepcionará a quien disfrutara de la anterior serie dentro de lo razonable. Podría haberse quedado en cinco episodios y sería mejor. Yo sólo me explico semejante jugarreta si considero la sobrevaloración que esta serie tiene entre los aficionados a la animación japonesa. No es mala, pero tampoco una obra maestra. Simplemente se deja ver y es simpática. Con un público ganado desde la publicación de las novelas ligeras, el estudio Kyoto Animation debió de pensar que colaría cualquier cosa. Lo bueno es que no ha colado, y no pocos han decidido tachar el nombre de Haruhi Suzumiya de su lista de pendientes.

Lo realmente jodido es que, como los capítulos se intercalan con los antiguos, los nuevos espectadores deben de haber pensado, con razón, que la serie es un truño. Si alguien quiere ver la serie ahora, le aconsejo que conculte la lista, en la Wikipedia, para evitar:

· La puñetera reiteración, excepto el último.
· Ver el episodio de la emisión de la película antes de los del rodaje. Opcional saltarse los dos primeros.

Una lástima. Aún así, es de señalar que de la broma podemos sacar una nueva definición irónica de otaku en su acepción peyorativa: Otaku es aquel que ha visto todas las reiteraciones de Endless Eight y le han parecido lo mejor de la historia, ¡ja!



Para acabar, diré que también he visto Suzumiya Haruhi-chan no Yuuutsu, la parodia que los de Kyoto Animation tuvo que sacar, principalmente para que dejaran de tirarles piedras por retrasar la auténtica segunda temporada durante tres años. Con franqueza, ¡me ha hecho más gracia que la serie original! También es de señalar que son veinticinco cortos de cinco minutos de duración, por lo que no les quedan más remedio que apostar por gags breves y dinámicos, y que se ríen de sí mismos.

P.D: Reseña de la emisión original en Reseñas (VII) (clicar sobre "reseñas").

lunes, octubre 19

Tras veintes años, tetas.

Que Los Simpson es un clásico, es indiscutible. Que tiene seguidores verdaderamente incondicionales, también. Que algunos de sus seguidores estamos hasta las narices de las últimas temporadas, no menos cierto. Bien, pues resulta que cerca del vigésimo aniversario, el equipo de Matt Groening ha decidido sacar a Marge en poses eróticas.

El verdadero dilema de Homer

¡Hala, qué fuerte! ¡Un personaje de dibujos animados se despelota! ¡Qué provocador!, todavía dirán algunos pardillos. No, en serio, ¿a santo de qué viene esto? Los Simpson se han mantenido durante veinte años (¡Veinte!) sin recurrir a más desnudez que culos, quitando la de Bart en la película, y menos aún al erotismo gratuito. Supongo que ya no quedaban más clichés que explotar.

Que nadie piense que a mí los desnudos me disgustan. Simplemente me parece absurdo que esta serie lo haga ahora, cuando ya hay pornografía de Los Simpson por la red y series que muestran este tipo de escenas alegremente.

Ranma chica, a punto de hacer el salto del tigre

Encima, para colmo, la declaración oficial de Marge, En realidad, es el cuerpo de Wilma Picapiedra, es más propio de Lois Griffin. Padre de familia es una serie que ocurre en un universo donde cualquier ficción es real, y no es raro encontrar al monstruo de las galletas desenganchándose de su vicio en una clínica. Parece, por tanto, que guionistas ya no sólo copian a esta, sino que se han decidido a meterse en el terreno de las series eróticas. Supongo que ahora volverá Maude Flanders para morir en cada episodio.

En fin, espero que el capítulo del aniversario sea bueno.