martes, mayo 22
Estos cómics quieren tu alma, ¡literalmente!
No obstante, no es imposible que un tebeo infantil contenga verdadera mala hostia proselitista, especialmente si el susodicho tebeo es religioso. Estos serán el tema de la presente entrada. Con todos ustedes, ¡los tebeos misioneros!
Jack T. Chick, el Hombre del Rostro Común.
Jack “Talking about Christ every damned second” Chick es, incuestionablemente, el rey del proselitismo vía cómic. Este señor lleva cincuenta años, más de los que lleva un servidor vivo, propagando la palabra del señor en un formato popular y apto para todos los públicos, incluidos los analfabetos, como se verá en nada.
A este señor lo conocí en ese foro llamado Manga a gritos, un foro de manga en el cual muchas veces no se hablaba de manga, como se demuestra con este caso. Concretamente, gracias a su obra Dark Dungeons, que en mi opinión es su obra maestra. Todos los tebeos de Chick van de gente que, incomprensiblemente, viven sin haber oído ni mu, que dirían en mi casa, del Nazareno y por ello viven en el pecado y adorando a Azathoth, más o menos. Dependiendo del tebeo, puede que deje su vida abominable y reconozca a Jesús como su salvador, o que continúe con sus maldades hasta que muera y vaya al infierno.
Antes de nada, es justo mencionar que Copépodo ha escrito varias críticas de tebeos de Jack T. Chick. Como están muy bien, los enlazo y aprovecho para montarme sobre ellos, porque lo que comentaré ahora son detalles que han quedado fuera porque se restringen a particularidades de este sujeto.
La primera pregunta, con toda seguridad, es, ¿por qué Chick se dedica a estas zarandajas? Pues por culpa de los chinos. No, no estoy borracho. Chick tuvo su inspiración para dedicarse al proselitismo por viñeta en lo que un misionero protestante le contó sobre los comunistas en la tierra de la antigua Catay: al parecer, publicaban historietas-panfletos en pro de las ideas de Mao. El dibujante Jack T. Chick se dio cuenta de que él podía hacer lo propio con la auténtica fe: el literalismo surgido de las tendencias más extremistas de la reforma luterana.
Así, con una misión noble, Chick cogió el lápiz y dedicóse a dibujar… ¡¡Y le dio forma a sus tratados!! ¡¡¡Al fin, unos tebeos que podían contar la aprobación del mismísimo Fredric Wertham!!!
Chick decidió que su modelo de negocio consistiría en lo siguiente: él dibujaba los tratados y las copias impresas serían compradas por aquellos deseosos de dar testimonio de que Jesús es el único camino si quieres tener sitio en esa zona residencial llamada Paraíso. Los tratados ganaron una rápida popularidad, pues un tebeo gratis entra fácilmente. Además, son aptos para los analfabetos por el uso de la imagen, como ya he comentado al principio.
Gracias a los tebeos de Jack T. Chick, este joven se ha visto cayendo al infierno. Jack T. Chick, un autor que deja huella.
Las creaciones de Chick no se limitan sólo a los tratados. También le gusta hacer libros de historietas un poco más largos. Uno de ellos trata del padre Alberto, un supuesto jesuita de origen español que sufre, según su testimonio, la persecución de la Iglesia Católica por denunciar su falsedad. Estas historietas tienen colorines y todo (¡Cómo se nota que aquí paga el lector!).
Por supuesto, alrededor de Chick hay mucha polémica. Jack tiene una visión no ya conservadora, sino reaccionaria. Como buen literalista bíblico, la defiende a muerte. Al parecer, hemos de agradecer a la fallecida esposa de Jack, Lola Lynn Priddle, que su marido se dedique a semejantes menesteres. Cuando ambos acudieron a la casa de los padres de ella, en Canadá, pillaron al pobre hombre a traición y lo convirtieron después de darle el coñazo con un programa de radio. La verdad es que me identifico con él: entiendo que uno se haga incluso de la Cienciología después de pasar por algo así.
Aparte de atacar el evolucionismo, Jack arremete contra los gays, la música rock, los ya mentados juegos de rol, las demás religiones, el laicismo y el consumo de drogas. Lo único que defiende es la familia, América y poco más. Chick se defiende alegando que todas las críticas en su contra no es sino corrección política.
Irónicamente, a pesar de ser un enemigo de lo “políticamente correcto”, Chick mismo lo es. Ha reescrito varios de sus tratados para el “público negro” (“Black audiences en el original), para las “damas”, y para las “damas negras”. Descojonante porque recuerda a la habitual acusación de que ciertas personas acceden a cargos de importancia sólo porque pertenecen a dos minorías discriminadas positivamente, lo cual se parodia con la recluta Angua de las novelas de Mundodisco, que entró en la guardia de Ankh-Morpork porque era mujer y licántropa. Jack T. Chick, con intención de quitarle el puesto a Terry Pratchett como el escritor humorístico en inglés más vendido. Bien mirado, no sé cómo no se le ha ocurrido antes.
También hay que destacar que Chick se corta a veces en las traducciones. En el famosísimo tebeo The Nervous Witch, un ataque la saga de Harry Potter, se puede ver si comparamos estas dos viñetas.
Normal, por otro lado: no puedes acusar a tu público de ir al infierno porque no sepa inglés. Concretamente, un dialecto casi medieval, aquel en el que está escrito la Biblia autorizada del rey Jacobo.
Debido a su enorme fama, Chick ha sido objeto de despiadadas críticas. Algunas de las más cachondas están en esta página, donde se le parodia con una mala leche diabólica (risas enlatadas). Personalmente, prefiero atacar a la fisonomía del hombre.
Este es un retrato del propio Chick, dibujado por otro literalista bíblico. No hay fotografías suyas debido a que lleva una vida recluida y no ha sido visto en público. Desde luego, poca gente puede llegar a encarnar un rostro tan común. Sus facciones son claramente las de un WASP, pero su expresión tampoco denota nada particular ni señalable. Es, en resumen, un tipo corriente con creencias corrientes convenientemente radicalizadas. Es el Hombre del Rostro Común. De hecho, me atrevería a afirmar que no es sino la encarnación del famoso hombre-masa de Ortega y Gasset si la idea no me llenara de tanto terror como de fascinación.
Por el momento, Jack T. Chick continúa con sus tebeos a pesar de su edad y de que cada vez le salgan peores. Desde aquí, le mando una petición de que, por favor, se retire y se dedique a vivir todo lo apaciblemente que pueda un hombre con su personalidad.
Nayzak, el rey moro de Deviant Art.
Antes de nada, he de admitir que es curioso. Si no me falla la memoria, tengo entendido que los países de tradición musulmana jamás han destacado en pintura ni escultura porque el Corán considera sacrílega la representación de la figura humana. Por supuesto, esto varía según la zona, como muestra la representación del rostro del profeta en la confección de alfombras persas, pero como regla general es innegable. Luego entonces, ¿es coherente promocionar la lectura integral del Corán con dibujos de personas? No lo sé, la verdad. Aún así, Nayzak lo hace y hasta se excusa de ello.
Este curioso individuo es un usuario de la famosa página de aficionados deviantART, donde expone su arte proselitista. Al igual que nuestro querido Jack, Nayzak tuvo una epifanía y decidió usar el poder de la viñeta para atraer al prójimo a su causa religiosa.
Nayzak se especializa en la caricatura ejemplar, como las que se pueden ver en los diarios, con un marcado estilo manga que es muy alabado por la comunidad de deviantART, estilo conocido por ser del agrado de los chavalines. La verdad sea dicha, hay que reconocer que es muy vistoso, y que Nayzak no pertenece al numeroso y nefasto grupo de los “yo sé dibujar [inserte estilo chachi]”, caracterizados porque no saben dibujar siquiera un gallo, como denunciara Cervantes acerca del pintor Orbaneja. Aquí se tiene la verdad en un pedestal, por lo cual reconozco que Nayzak tiene estilo. Eso no le impide ser horrorosamente kitsch, pero supongo que todo proselitismo lo es de algún modo u otro, incluso aunque intente huir de esta condición.
Los temas de Nayzak son variados. Empezaré por el ejemplo que nos ofreció de la universalidad racial del Islam.
Los colores unidos de Benetton.
Para apoyar la anterior afirmación, Nayzak nos avisa de que no todos los musulmanes son terroristas. Aunque tiene un estilo muy peculiar de hacerlo.
Un poquito exagerado, ¿no?
No puedo estar más de acuerdo, pero a ver quién es el guapo que lo difunde por según qué lares.
Las buenas maneras de vestir de la mujer musulmana, así como los buenos modales del esposo musulmán, se hacen inevitables de mencionar.
Pues claro, hija mía. ¿Quién soy yo para determinar la longitud de tus cadenas? Un piltrafilla, ¡claro está! Si Barney Gumble y Homer Simpson afirman que el alcoholismo es una forma de vida, la que ellos eligen para sí, lo tuyo todavía es tolerable.
Tengo para mí que no sólo los musulmanes deberían tomar ejemplo. Ya se sabe que incluso un reloj parado da la hora bien dos veces al día.
Dedicado con cariño a los que gusten de unas buenas costillas.
Una de las características más interesantes de Nayzak, que además comparte con “Jacko”, es su encendida defensa del creacionismo.
El libro que el chico porta es de Harun Yahya, el más famoso de los creacionistas islámicos. En esta página pueden contemplar los trabajos de su mente privilegiada, capaz de refutar más de un siglo de biología.
Aparte, Nayzak también trata asuntos tan importantes como el ecologismo, la historia del Islam, la verdadera sharia, la tolerancia entre credos o la paz mundial, pero sin descuidar consejos para que el buen musulmán lleve una buena vida, como no criticar por la espalda, exigir ser llamado “musulmán” en vez de “mahometano”, hablar del profeta y el Islam, apiadarse de los más débiles o amar al profeta Jesús.
Además de las viñetas, Nayzak crea cortos de semianimación, por llamarlos de alguna manera. Básicamente, vídeos en que se alternan diversos dibujos, una versión posmoderna y al alcance de cualquiera de los tebeos animados de la Marvel de los 60. El personaje, en la misma postura, parece moverse porque se suceden varios dibujos con la posición de las manos y la expresión del rostro alteradas. Desgraciadamente, estos cortos no destacan por su calidad, a pesar del dibujo, por carecer de un fluido desarrollo en las escenas. De esto hablaré más detalladamente con el siguiente bicharraco.
En general, Nayzak se dedica a mostrarnos una cara simpática y amable del Islam sin despreciar sistemáticamente a sus rivales. A este respecto se aleja de la doctrina de Chick, cuyos herejes son una pandilla de payasos risibles que adoran a Azathoth, como ya se ha dicho. No es aficionado a los hombres de paja, lo cual cuenta en su favor. Por supuesto, esto no lo libra de feroces críticas ni de tener unos cuantos rivales, entre ellos un buen amigo mío. Nayzak, todo hay que decirlo, no es un cínico que ignore la preocupación de la gente por el terrorismo islámico, aunque su interpretación caiga en un victimismo ligeramente exagerado.
Aún así, este extraño sujeto ocupará un lugar en mi atea alma por hacer proselitismo en uno de los lugares con menor sentido crítico del universo. Jamás pescar en un barril tuvo tanta gracia.
Serenity, el manga cristiano.
En Amazon, acerca del primer número de esta serie:
Teens worldwide love "manga" comics--"now you can give them this popular style with great Christian content!
¡En efecto, seguimos con el puñetero manga! Porque este es el caso de un tebeo que, en contra de toda expectativa racional, ha logrado ser editado por una editorial seria, que vende sus tomos a precios positivos. Al menos, Jack sube sus puñeteros tebeos por el internete y los vende para que el misionero de turno haga proselitismo con ellos. Nayzak sube sus monigotes a una web de acceso gratuito como es Deviant Art. Estos te cobran la broma, seas quien seas. ¡Mal, Buzz Dixon (guionista) y Min Kwon (dibujante)! ¡Mal!
Serenity es un cómic que trata de una epónima heroína de nuestra era moderna. Hija de padres divorciados, tal ruptura familiar ha provocado que Serenity sea una jóvena, que diría cierta diputada socialista, que va por mal camino: ha sido expulsada de varios centros educativos, se ha embriagado, ha practicado sexo y, aunque no venga en el tebeo, yo opino que con toda seguridad adora a Azathoth.
La epopeya de nuestra doncella de discutible doncellez comienza cuando llega a otro instituto. Nada más consultar su expediente, la directora se lo deja bien claro: a ella no le toma el pelo ni el famoso barbero de la historia que llevara Tim Burton al cine. Serenity se ríe en su cara.
Una vez afuera, la fiera es abordada por los miembros del club de la oración. Estos son (¿Hace falta decirlo?) guapos, educados y políticamente correctos, y, como no tienen nada mejor que hacer, se han propuesto como misión espiritual salvar a la pobre Serenity de su vida pecaminosa. La pregunta es, ¿lo conseguirán?
Nótese que estamos ante un cómic que lleva publicados diez tomos de historia continuada. Tanto los tratados de Chick como las viñetas de Nayzak llegan rápido a la palabra “fin”, pero aquí tenemos una historia que se desarrolla con calma, mostrándonos el camino que sigue Serenity. Eso sí, como ocurre con los tebeos de Jack T. Chick, los justos y los pecadores tienen enfrentamientos en los que dirimen sus argumentos acerca de los temas más candentes de la actualidad. Como también ocurre con los tebeos del Hombre del Rostro Común, los ateos son feos y groseros. Bueno, la única atea es la ya mencionada directora, porque la madre de Serenity es sospechosa de paganismo. Serenity, más que atea, es una “no creyente”. Es interesante constatar que los fanáticos suelen aplicar el principio chestertoniano de que cuando no se cree en Dios, se cree en cualquier cosa. Lo curioso es que los partidarios de la opción no cristiana (para generalizar) salen bien parados, tanto porque sus argumentos son buenos como porque los “buenos” no son lo que parecen.
Por ejemplo, resulta que nos enteramos que uno de estos mozos, llamado Eddie, esconde un interés por las mujeres bastante obsesivo (aunque en estas viñetas me parece un tipo bastante normal, ¡vaya!). Bien, pues al final se aclara que esta adicción nació porque una de sus canguros lo inició cuando tenía once años. ¡Hum, sexo con prepubescentes!
También tenemos a Kimberly, hija de un pastor muy estricto y muy dada a recordarle a Serenity su pasado lleno de drogas, folleteo y preces a Azathoth. Todo porque la primera está intentando robarle el novio… Hija, ya sabes: pon la otra mejilla. Bueno, en este caso la de tu novio.
Otra que tal baila es una tal Lori, que no reza sino que le suplica a Dios que le quite esa preferencia por su propio sexo y la haga sentirse atraída por el otro. Como decían el otro día en La Realidad Estupefaciente, cuando una obra es tan larga tiene que haber algún homosexual por ahí, aunque sea para hacer sitio.
Cuando ya la cagan es con la conversión de la protagonista, momento en el cual el señor Grand, un profesor de historia que aquí actúa como un Palpatine puritano, se alegra de que para la muchacha haya sido un verdadero lavado de cerebro porque “alguien tenía que hacerlo”. Gran frase para la posteridad, ¡vive el diablo!
Paradójicamente, hacen buena a la directora de la que hemos hablado, quien, en una de las historietas, afirma que la presión del grupo, sea cual sea el contexto, puede ser lesivo para la personalidad de un individuo, especialmente cuando no tiene muchas ilusiones en la vida, como es el caso de Serenity.
Una verdadera metedura de pata. Los herejes de Chick son unos bufones con los que nadie cuerdo se sentiría identificado, pero hacer a los malos razonables es querer tentar a la suerte. ¡Y peor cuando estamos viendo que los buenos samaritanos del club de la oración tienen bastantes historias siniestras por detrás! Lo que se llama en mi casa estar lleno de mierda hasta las orejas.
Habrá quien esté empezando a preguntarse cómo los autores han podido crear semejante grupillo de hipócritas como modelos de la bondad y el respeto a los derechos humanos. Pues miren, ha sido muy fácil: los autores han ignorado deliberadamente los defectos de estos para concentrarse en los de Serenity. Como la gente no es tonta, ha habido protestas hasta el punto de que los autores han prometido que estos fariseos tendrán que arreglar sus males tarde o temprano. ¡Lástima que no se haya visto todavía! Irónicamente, algunos cristianos han protestado porque todo lo anterior es, claramente, un mensaje contrario a su fe.
Además, artísticamente es un producto muy mejorable, especialmente en el fondo de las viñetas y en la narración. Mucho me sospecho que el dibujante sea del tipo que, por hacer dibujines resultones como la portada de más arriba, se cree capacitado para dibujar un tebeo, cuando es una habilidad diferente. Se puede entender que es la misma diferencia entre ser capaz de tomar estupendas tomas de cámara y hacer una película: no sólo basta con que demuestres pericia en cada una de ellas, sino que además todas deben interaccionar armónicamente. Además, no hay que olvidar que las viñetas varían de tamaño.
El tebeo ha sido objeto de la ira de 4chan y otros sitios web biliosos, haciendo manipulaciones pornográficas por doquier. Aunque en el caso de 4chan, ¿qué no han manipulado pornográficamente? Supongo que la diferencia estará en que sin cariño.En fin, ha acabado siendo un tiro por la culata. Si alguien tiene interés, el guionista tiene esta página.
Y, por hoy, basta. Quizás algún día haga una segunda parte.
domingo, marzo 11
Leyendas del mundillo friqui: Nobita estaba en coma. Shizuka, en la Costa del Sol.

Esta es una famosa leyenda, que se ha salido del mundillo del manganime y ha dado sus pasitos por el mainstream. Ya sabe, resulta que en el último episodio de Doraemon, esa famosa serie de dibujos basada en un tebeo, se descubre que Nobita es en realidad un niño comatoso y Doraemon un peluche suyo. ¡Qué grima, señores míos! ¡Qué grima!
Antes de nada, las verdades por delante: Doraemon no tiene un final, ¡¡¡tiene varios!!!. Todos los tebeos de Japón se publican en revistas, y en varias para el caso de esta historieta En concreto, acabó hasta tres veces en años consecutivos en una publicación llamada Shogaku 4-nensei. Estos finales, como son muy parecidos entre sí, los explicaré bajo el siguiente epígrafe.
1-Doraemon tiene que volver a filas.
Básicamente, en la época de Doraemon algo provoca que los viajeros del tiempo deban volver a su época.
a) En el ejemplar de Shogaku 4-nensei de marzo de 1971, se cuenta que los viajeros del tiempo causaban tales problemas que el gobierno de la época futura acabó prohibiendo el viaje en el tiempo. Doraemon se despide de Nobita.
b) En el de marzo de 1972, Doraemon debe volver por alguna razón no revelada, así que se hace el estropeado (recordemos que es gato-robot) para que Nobita lo deje marchar. Como Nobita lo cree y le promete esperarlo, Doraemon le cuenta la verdad y el chico acepta. Doraemon vuelve al futuro.
c) En el de marzo de 1973, Nobita vuelve a casa después de ser apaleado por Takeshi (alias Gigante o Gian, dependiendo de tu edad). Allí, Doraemon le cuenta que ha de volver al futuro. Nobita queda desolado después de oír esto e intenta convencerlo de que se quede, pero acaba aceptando la realidad después de hablarlo con sus padres y pasean los dos juntos por última vez. Mientras Doraemon hace las maletas, Nobita pelea de nuevo contra Gian. Como no quiere preocupar innecesariamente al gato-robot, lucha con todas sus ganas, hasta el punto de que Gian le concede la victoria por abandono. Doraemon encuentra a Nobita hecho trizas y lo lleva a casa, donde vuelve al futuro mientras el niño duerme.
Esta tercera versión habría sido el final oficial, pues la serie tenía una baja audiencia y el dúo Fujiko Fujio trabajaba en otros proyectos, pero volvieron a la carga al mes siguiente. Aún así, este final fue reimpreso en uno de los tomos y tuvo dos adaptaciones animadas, de lo que las dos primeras versiones carecen. Eso sí, estas últimas adaptaciones son más extensas e incluso tienen una doble lectura.
Aún así, a efectos prácticos es como si no tuviera final. Años después, el dúo Fujio Fujiko se separó, lo que dejó en suspenso una decisión definitiva y finalmente Fujiko F. Fujio, quien continuó el tebeo hasta 1996, falleció. La serie y las películas continuarán hasta que dejen de ser rentables, obviamente.
Vale la pena mencionar que estos finales se intentaron porque se sentía la necesidad de acabar una historia cuyos lectores iban creciendo.
2-Pero entonces, ¿Nobita era autista?
Por tanto, ya volviendo a la leyenda friqui, tanto vale preguntarse por el final de Doraemon como por el de Los pitufos. Aún así, durante mis prácticas de laboratorio llegué a discutirles a varios compañeros la veracidad de esta y en Japón llegó a haber una manifestación de fans enfadados. ¿Por qué se hizo famosa? ¿Por qué con Doraemon? Dejando a un lado la obviedad de que es muy conocida, no me chocaría que su origen nipón fuera la mayor razón de que le haya tocado llevar la cruz de la fantasía comatosa. Primero, todo el mundo puede alegar que el capítulo se estrenó en Japón pero que fue prohibido, del mismo modo que ocurriera con el episodio de Pokémon, caso comentado en la anterior entrega de esta serie. Segundo, todo el mundo sabe que los japoneses son capaces de hacer cracks como Akira o Urotsukidoji. ¿Que Doraemon resultó ser el sueño de un niño moribundo? Bastante más digerible que la superpolla que aparece en la segunda obra.

¡QUÉ TRANCA, TRON! (véase el artículo viruetil para más información)
Lo realmente curioso viene ahora: este final existe. Sólo que es de otra serie, de St. Elsewhere, una teleserie hospitalaria de origen americano emitida durante los ochenta. Una de las razones por la cual esta serie es tremendamente conocida, especialmente fuera de los Estados Unidos, es por su último capítulo (¡¡Ahora sí!!). En este, el escenario cambia del susodicho hospital a un edificio de apartamentos. En este, hablan uno de los doctores de la serie, en ese capítulo obrero, y su padre, un personaje ajeno a la serie. El primero le comenta al segundo que su hijo, presente en la misma habitación, es un autista cuya única actividad es contemplar un juguete: una bola de nieve que incluye una maqueta idéntica al edificio del hospital de la serie “per se”. Perturbador.
¿Cuál era la intención de los guionistas? ¿Epatar? ¿Echarse unas risas? ¿Vengarse por la cancelación? ¿Hablar de que la realidad es en verdad un sueño? ¿Criticar que la ficción sin mesura puede llevar a una fantasía que aísla al espectador? En verdad, no lo sé y aunque es hasta interesante, debo continuar con esta entrada. Sólo diré que el niño, llamado Tommy, es el supuesto “creador” de gran parte de la ficción norteamericana por los crossovers entre la teleserie donde apareció y otras, representado en una tabla que debe de circular por la red.
Sea como sea, este final es idéntico al pretendido para Doraemon. De todos modos, no me gustaría dejar de lado OTROS supuestos finales que no son tan populares pero existen.
3-Doraemon se quedó sin pilas.
Este final supone que, en algún momento dado (¡Cómo no!), Doaemon se descarga y deja de funcionar (recordemos que es un robot). Extrañado, Nobita consulta a la gente del futuro y descubre que la única manera de recuperar a Doraemon consiste en cambiarle la batería, pero es imposible en el caso de Doraemon porque no tiene orejas (Recordemos que se las comieron unos ratones, ¡qué barbaridad!). Entristecido, Nobita acepta la pérdida y se vuelve estudioso y trabajador. Con el tiempo, llega a ser un genio en robótica que repara a Doraemon. Todos viven felices y comen dorayakis.
Este final fue creado como fanfiction por un tal Nobuo Sato, y después fue publicado como un exitoso dōjinshi por un artista bajo el pseudónimo “Tajima T Yasue”, pero fue demandado por Shogakukan, tuvo que disculparse y pagar para hacer las paces.
4-La vida duele, la muerte no.
Este es un dramón: Nobita cae aparatosamente y queda en coma (¡Hum…!). Su estado es grave y la única cura es una operación tan costosa, que Doraemon se ve obligado a vender todos sus inventos menos uno. No obstante, la operación fracasa. Dolido, pero firme, Doraemon le cede a Nobita el anterior invento para que el criajo pueda ir adonde quiera una última vez antes de que la Parca corte su hilo. Nobita pide ir al Cielo. ¡Joder! Esto SÍ da grima.

Los de la Frikipedia también han propuesto su propia conclusión para el enorme trabajo artístico, filosófico y ético que es Doraemon. No obstante, a Japón no le ha interesado.
Sólo la fascinación del personal por las historias que acaban en “Todo era un sueño” explica que ninguno de estos otros finales, ciertos o falsos, sea más conocido. Aún así, no hay lugar para la discusión: no sólo no acaba Doraemon así, sino que han copiado el final de otra serie, ¡y hay más finales legendarios! Ante esta situación, yo sólo puedo citar el lema de Los inmortales: “Sólo puede quedar uno”.
Fuentes:
Doraemon (manga), Wikipedia
Enciclopedia de Doraemon
jueves, marzo 1
Me parto de la risa.

Un tío publica un libro en blanco que llega a ser un best-seller. De veras que si hubiese llegado a saberlo anteayer, habría asegurado que eso es un chiste de un número de Zipi y Zape. Esto no debe hacernos desdeñar la colección de libros-objeto: todos ellos con 256 páginas (2 elevado a 8) y con un contenido que va desde un texto escrito sólo con gemidos hasta un libro que sólo contiene la palabra “gracias” las veces necesarias para llegar al total de páginas. Y se vende, que ya manda huevos la cosa.
Bien mirado, sí, no deja de ser una burla al mercado de la autoayuda, aunque tengo la sensación de que hay parodias mucho mejores. De hecho, lo de llenar 256 páginas de lo que sería un orgasmo inacabable me recuerda a esas historietas, en narrativa y en cómic, que servidor y sus amigotes del colegio hacían para pasar el rato, sólo que nosotros teníamos la decencia de procurar que tuvieran gracia. En una de las viñetas, incluso, se inspira cierto derivado de sainete que escribiría años después.
El libro en blanco, sin embargo, es mi favorito. En realidad, tal ocurrencia no es, ni mucho menos, una novedad; en Uruguay, valga el ejemplo, se publicó un libro similar llamado Inteligencia militar después de la dictadura militar. Bueno, entonces sí había una diferencia: aquello era una boutade legítima y seguro que sus compradores consideraban que aupar semejante idea era demostrar su rechazo a la barbarie. Esto no es más que una gracieta. Ha habido quien se ha quejado de que, claro, esto es una muestra del perverso feminazismo, pero en realidad su autor, Sheridan Simove, ya tuvo su polémica cuando comercializó un control remoto de mujeres. Eso sí, nadie se quejó del de hombres, que también se vendía en la misma tienda.
Volviendo al asunto, estoy bastante seguro de que hay tarjetas que resumen en una jocosa viñeta lo mismo que estos libros con mucha más gracia. Además, hay cuadernos. Luego entonces, ¿por qué la peña se gasta los cuartos en semejantes ideas? La noticia afirma bobamente que “El objetivo de los creadores es, evidentemente, el de hacer que nos riamos de nosotros mismos”, cuando esto lo hacen de sobras varias series, como Los Simpson. La respuesta auténtica es otra: el márketing. La verdadera razón es la misma que el Copépodo indicaba en esta estupenda entrada acerca de campañas publicitarias que demuestran verdadero talento artístico: lo importante no es que te vendan algo material que necesites o quieras, sino que te ofrezcan cierto concepto abstracto que desees. Nadie quiere, bien mirado, una cafetera como las de los bares (¿Tan útil es, leches?), lo que la gente quiere es esa sensación de exclusividad que conlleva la posesión del puñetero electrodoméstico.
Así, los libros-objeto no tienen mucha gracia, pero se venden porque su poseedor siente que soltar la guita en estas chorradas lo hará parecer un tipo chistoso, aunque el libro de sexualidad no sea mucho más ingenioso que las marranadas que escribía e/o ilustraba con mis cuates. El libro en blanco no hace sino aprovechar un viejo tópico en un formato ya usado, pero más de uno ha afirmado que es una idea brillante y meridiana, incluyendo personas que ya saben de los precedentes. Ya se sabe: es la misma Stacy Malibú, pero el sombrero es nuevo.
Lo más curioso, ya para acabar, es que mi mención al chiste de Zipi y Zape no estaba ni mucho menos tan desencaminada. Me vais a perdonar que me conforme con describirlo, pero es que no tengo ganas de buscar el tebeo entre mi montón y además dudo que pudiera escanearlo bien. El chiste era tal que así: los Zapatilla se encontraron con los Plómez, el matrimonio que les daba el coñazo con sus visitas, en plena calle. Los Plómez estaban vendiendo libros en un puesto, que don Pantuflo quiso leer. Ahí empieza la gracia.
Don Pantuflo: ¿Pero qué es esto? ¡Estos libros están en blanco!
Señora Plómez: ¡Pues claro que sí! ¿Quién los va a leer?
Don Pantuflo: ¿Perdone?
Señora Plómez: Le explico, don Pantuflo: nosotros no vendemos novelas ni libros de texto, nosotros vendemos las portadas. Lo que la gente quiere no es leer libros, sino llevarse los libros a su casa y colocarlos en las estanterías, porque hacen bonito, ¿comprende usted?
Don Pantuflo sólo puso cara de circunstancias. La misma que puse yo, ni más ni menos, cuando leí la noticia ayer. En el fondo, llevará razón el Copépodo: si estoy aquí y no forrándome, es porque no estoy en sintonía con la fórmula del éxito de los tiempos de ahora. Lo que no es malo, al menos no seré un Duchamp.
viernes, octubre 28
One Piece, espejo y tesoro del anarcocapitalismo.
Mientras mi hijo contemplaba la oferta televisiva de Boing (propiedad de TeleCinco, compañía privada), siempre más óptima que la de Clan, vi una extraña serie. Esta serie se llamaba ONE PIECE (no la escribo con mayúsculas porque sea gilipollas, sino porque en la propia serie pronuncian el título como si gritaran), y me sentí asombrado cuando oí el siguiente diálogo (no es exacto, pero el sentido se conserva):
-¡Alto ahí!-esto lo grita un sujeto con aspecto de delincuente peligroso, digo de funcionario-Para desembarcar en NUESTRA COSTA, se debe pagar un IMPUESTO.
-¿Ein? ¿Qué es un impuesto?-pregunta un chaval que parecía ya vestido para pasar el día tranquilamente en la playa.
-Pues es UN DINERO QUE HAS DE PAGAR, QUIERAS O NO-le contesta una chavala pelirroja.
¡Qué sorpresa me llevé! Nunca, pensé emocionado, había oído en una obra una denuncia más clara del carácter básicamente depredador del estado. ¡Y pensar que eran dibujos animados! Entonces, decidí consultar con mi socio esporádico no beneficiario (en palabras vulgares, amigo) Ozanúnest, propietario de este blog (un medio, como TeleCinco, privado, aunque esté publicado en un servicio gratuito). Desde que lo conocí, sé que Oza (para abreviar, ¡porque vaya pseudónimo, hijo mío en un sentido no legal!) ha sentido bastante debilidad por los dibujos animados, y además sé que tiene cierto conocimiento tangencial de otros sectores artísticos infrarrepresentados por las agencias de información parcialmente parasitadas y parasitarias de los cómplices del holocausto ministerial.
Como Oza siempre sugiere cuando queda con alguien, fuimos a un bar famoso por sus tapas de jamón. Después de sentarse en la mesa, cruzar las piernas sobre la misma y apoyar el codo izquierdo sobre el muslo del mismo lado, Oza se quedó mirándome con interés, y habló así:
-Bueno, decías que querías información que sólo yo puedo darte. Te advierto que ya no me dedico a las apuestas de gamusinos, que es un negocio muy sufrido.
Le expliqué brevemente el tema, y su rostro se iluminó por la sorpresa y la conmoción.
-¡Coño, eso va a ser One Piece! Esa escena, uno que va con un sombrero de paja, una tía pelirroja… Créeme, es lo más fácil que me han preguntado en la vida, excepto lo que aquel afeminado me preguntó en aquel pub. ¡Joder, qué pedo llevaba el muy cabrón!-se ríe, y echa un buen trago a mi salud, pues pago.
Yo le expliqué que tenía ganas de conocer todos los detalles de la historia. Ahí dejó de reírse y me miró muy serio.
-Pues empiezo ya, porque son cincuenta tomos y aún queda la mitad, ¡manda huevos la cosa! Bueno, empiezo por el origen.
Como resulta que es realmente muy largo, sólo comentaré que One Piece se basa en el tebeo (o el manga si, como dice Oza, “eres así de otaku”) de Eiichirō Oda, publicado en la revista Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997. Dentro del justo sistema de libre competencia japonés, basado en que si los lectores votan poco por tu serie, te vas a la calle. Oda no sólo consiguió el éxito, sino una adaptación animada, lo que es costumbre en ese territorio fuertemente empresarial si tienes mucho éxito. A partir de ahí, continuó ascendiendo. Según Oza, este dibujante gana la respetable cantidad de veinte millones de euros, dos terceras partes por derechos de autor (tebeo, serie, juegos…) y una tercera por derechos sobre los personajes (figuritas, etc). ¡Qué modelo a seguir!
¿En qué se basa este triunfo? ¡En los valores agoristas! Estos son representados por el protagonista, Monkey D. Luffy. Este chico, según Oza, forma parte del tipo de personaje llamado "plástico", un poder consistente en ser elástico. Estos personajes fascinan al público porque pueden adoptar cualquier forma y saltar cualquier barrera.
-¡Incluyendo las barreras fiscales!-exclamé.
-¡En efecto, en efecto!-dijo Oza, acabando con otro plato de jamón, alternando magistralmente la ingesta de alimento con la narración de las gestas de este joven. ¡Ah, lengua, máxima expresión de sabiduría popular!

Luffy, evadiendo al fisco.
Luffy no nació con este poder, me advierte Oza. Se volvió elástico cuando conoció al que sería su ídolo, el pirata Shanks, hecho que lo inspiraría para llegar a ser el Rey de los Piratas.
-¡Ah!-exclamé nervioso-¿Pero es un pirata?-esto podía ser contrario a la doctrina de la no agresión.
Pero Oza me tranquilizó. Aunque Luffy y sus amigos sean piratas, en realidad sólo se han dedicado a navegar por el mar en un barco, regalo del amigo de uno de sus tripulantes que ahora pertenece a toda la tripulación. La violencia siempre viene por parte de otros.
-¿De otros piratas?
-Y de la marina de ese mundo de fantasía, que también se las trae.
¡Ahí ya me siento emocionado! Empieza a explicarme que, hasta donde se sepa, ninguno de los piratas considerados buenos ha usado la expoliación de otros, a no ser que estos otros hayan aceptado esto como la libre competencia. Sin embargo, los malos piratas y el gobierno, prácticamente por sistema, usan la agresión y expolian al primero que pasa.
Así, Luffy es el empresario puro: ese que, por querer ser libre y buscarse la vida por su propia cuenta, acaba siendo perseguido por el totalitarismo. Su pureza se ilustra en el hecho fundamental de que no sabe qué es un impuesto. ¡Envidiable inocencia!
El resto de la banda de Luffy también se caracteriza por la ambición: todos tienen algún sueño personal que varias circunstancias, siempre opresoras, siempre obstaculizan. Eso ocurre hasta que Luffy llega y castiga al opresor, proponiendo siempre al nuevo miembro unirse a él bajo un contrato verbal no formalizado. ¿Hay alguna otra forma más pura de agorismo?
Un ejemplo de cómo se ilustran correctamente los principios austríacos es el siguiente: resulta que la chica pelirroja, Nami, había pertenecido anteriormente a otra banda de piratas. Pero resulta que estos otros piratas expoliaban cruelmente su pueblo, con el silencio cómplice de la siniestra garra estatal de ese mundo, cuyo funcionario local cobraba un soborno. ¡Ah, Babilonia, la más vieja de las meretrices, que corrompes a otros en tus artes!

El jefe de la susodicha banda es una especie de pescadilla mutante, lo que nos recuerda inevitablemente al nefasto Leviatán, de Thomas Hobbes. El estado, tomándola con una pobre chiquilla.
El caso es que la chica entró a formar parte de la banda obligatoriamente, sin que sus derechos en tanto que humana naturalmente nacida fueran respetados. Pero tan pronto como el protagonista la vio, le propuso ser de su banda. La muchachuela se lo tomó a broma, pero luego se sintió ilusionada… hasta que recordó sus cadenas.

¡Y qué bien nacida!
Cuando Luffy oye la historia, su honor como empresario que viaja libremente por el mar sin pagar impuestos se siente ofendido ante el atropello de los derechos más fundamentales de esta joven trabajadora, que simplemente ambiciona hacer un mapa de todo el mundo (al parecer, esta hazaña sigue pendiente en este singular cosmos). Por supuesto, los rufianes que esclavizan a esta chica explotan su talento sin remunerarla como es debido. Finalmente, en un momento muy épico, Luffy acaba con el Leviatán y le grita a Nami “que tú te vienes conmigo”. La chica, con un simple asentimiento, acepta.
Esto demuestra la necedad de quienes dicen que, de no intervenir el estado en esta clase de conflictos, la muchacha pelirroja habría acabado en manos del más fuerte como un vulgar saco de patatas. De hecho, esta acción tan libertaria es el comienzo para Luffy de la persecución gubernamental. ¡Ah, la libertad!
Curiosamente, esta ética también es llevada a cabo en el sentido contrario: si bien Luffy y sus socios en la navegación libertaria rompen cadenas allá por donde pasan, también a veces parecen optar por lo contrario. Resulta que Shanks, el ídolo de Luffy, dejó que un energúmeno lo apaleara en una taberna (libertaria, pues no siguen los dictámenes gubernamentales de no relacionarse con piratas). Luffy lo puso de tonto y de cosas peores, pero el golpeado simplemente se rió. Más adelante, cuando este mismo energúmeno amenaza a Luffy, aún un chiquillo indefenso, el tal Shanks apalea al tipejo y a su cohorte de mamarrachos. El episodio impresionó tanto a Luffy, que él mismo se deja apalear más adelante. ¿Por qué hace tal? Muy fácil: por la libertad. Tanto Shanks como Luffy rechazaron el uso de la violencia porque en tales momentos no les apetecía, simplemente. ¿Acaso puede parecer contradictorio? No, porque ambos están dotados de resistencia sobrehumana y dos o tres mobiliarios destrozados contra sus cuerpos es poca cosa. Se pueden permitir ese lujo. Lo que jamás podrá permitirse es el lujo de romper sus espíritus.

Esto también ridiculiza a quienes dicen que la ausencia de policía nos llevaría al oeste, ¡ja! ¡Nos llevará a la filosofía de la otra mejilla, la filosofía de la libertad!
Pero donde se expone con grandes letras la competencia libre es en un número de episodios, que según Oza se llaman colectivamente como el arco de la banda Baroque. En este, los Sombrero de paja® ayudan a una princesa, llamada Nefertari Vivi, a recuperar su reino, un desierto llamado Alabasta. ¿Contradictorio con el espíritu de la serie? ¡En absoluto! Resulta que la princesa se metió en la mencionada banda cuando descubrió que son los responsables de una malvada conspiración que se cebó con el buen nombre de su padre. Ella entendió que esto iba en contra del principio de agresión y en vez de pedir ayuda al corrupto gobierno mundial, decidió luchar en el mismo terreno para recuperar su reino. ¿Qué diferencia a esto de la heredera de una empresa que lucha por mantenerla a flote? ¡Nada!

¡Ya podría aprender muchos aspirantes a coronas europeas!
Además, los Sombreros de paja® la ayudan a cambio de un intercambio económico, ¡faltaría más! Por si fuera poco, hay otro buen motivo para ayudar a esta princesa: el líder de la banda es un corsario, esto es, un pirata que trabaja a sueldo del corrupto gobierno para combatir a otros piratas, a cambio de entregar un cierto porcentaje de sus beneficios. “¡Un traidor entre nosotros!”, piensa Luffy, airado, y decide acabar con ese tipejo.

¡Esquirol!
Durante el largo periplo de la princesa, esta acaba llegando a un reino donde la seguridad social llegó a ser autoritaria hasta el punto de que el rey de aquellas tierras acabó por quedarse a todos los médicos para su uso personal, prohibiendo terminantemente que cualquier otro galeno trabajara por libre. La primera de las agoristas se escandaliza terriblemente ante este crimen criptosocialista. No obstante, llegada a su reino, la misma joven se entera de que el “bendido” (o “vandido”) de su rival se hace el héroe y rebela a las masas contra su padre. De pronto, la acomete el sincero deseo de evitar que la gente muera manipulada y decide intentar detener a los rebeldes, cosa que mosquea tanto a Luffy que ambos se enfrentan físicamente. Ante la pregunta de ella de si es malo no querer que muera la gente, él le responde firmemente que la muerte es parte de la vida. Ella descarga su rabia contra él, y cuando se tranquiliza, él simplemente le dice que ella debe hacer lo que pueda por recuperar lo suyo, que para eso ya la ayudará, pero que no servirá de nada detener a los rebeldes. ¡Pues claro que no! Ella llora cuando se da cuenta de la revelación. Se puede ser humanitaria, pero se empieza salvando a los demás sin su aprobación y se acaba expoliando la medicina. Tanto derecho tienen los rebeldes como ella de hacerse con el control de Alabasta, S.C.U.

¡La tierra para el que la trabaja!
Al final, cuando Vivi recupera la empresa familiar, Luffy le ofrece un puesto en la banda, pero ella declina cortésmente porque prefiere seguir con la tradición familiar. Ya se sabe que las mujeres son menos arriesgadas para los negocios y para cualquier cosa en la vida. Ni que decir tiene que el perverso estado mundial se adjudica el mérito de la captura del corsario y decide aumentar la recompensa por Luffy y sus socios por pura y dura envidia, ¡con dos narices!
En resumen, si es usted un campeón de la libertad, eduque a sus hijos con esta serie. Al menos, le saldrá más barato que a mí. Muchas gracias a Ozanúnest por dejarme usar el blog.
P.D de Ozanúnest: No hay de qué, majo. Para la próxima, me apetece irme de cañas.
viernes, octubre 14
viernes, septiembre 30
Cómic italiano.
-¿Manga español? ¿¿Manga español?? ¡Ven aquí, pequeño bast…!
¡Tranquilos! Sólo quiero discutir su existencia. Como se vio en la primera parte, mucha gente está empeñada en llamar a esos libros que cuentan historias a través de viñetas con varios nombres, en vez de conformarse con uno. Los otakus son uno de estos grupos. Un otaku viene a ser un friqui, pero que sólo se fija en lo japonés. Bueno, en lo que ellos consideran lo japonés: manganime.
-¡Perdona, pero eso es un tópico! En los salones del manga puedes encontrar talleres de shōgi, origami, caligrafía japonesa…
¡Vale, muy bien! Indiscutible. Sí, me parece bien. El caso es que se aplica la siguiente nomenclatura:
• Se lee hacia la izquierda, manga.
• Se lee hacia la derecha, cómic/tebeo/novela gráfica/…
Bueno, en realidad no, porque también hay una discusión relacionada con la estética. Hay quien dice que si una cosa con viñetas sigue los cánones del manga, el producto debería llamarse manga en vez de cómic, aunque se dibuje en la Resolana.
Y claro, la gente no se pone de acuerdo. ¡Cualquier logra aclarar algo! Como comentaba en el primer artículo, ¿que la narrativa de The Authority se acerque al manga lo hace definible como tal o no? ¿Dónde está la frontera?
¿Y qué se entiende por estilo manga? Habrá quien diga que cuando hay ojos grandes, pero es que eso también ocurre en Casper, en Betty Boop y en las películas de Disney. Además, dentro del estilo japonés hay un gradiente de detalle desde Shin-Chan hasta gente como Takehiko Inoue. Por lo general, cuanto más realista es una historia, tanto más probable es seguir una anatomía realista. Por supuesto, esto suele importarles un carajo a los practicantes del animu que mencioné en mi primer artículo, y te dibujan a Montag, el protagonista de Farenheit 451, como un chavalillo mono, a pesar de que, por la descripción dada en el libro, no es tan joven ni puede ser mono después de tantas quemaduras durante su faena diaria. En cierto sentido, esta gente piensa como Dan Brown: si para el escritor un buen personaje es alguien apuesto, para los del animu un buen personaje es necesariamente mono.
En realidad, no es la primera vez que se copia lo extranjero, pero sí que haya un debate respecto al nombre. El príncipe Valiente inspiró El capitán Trueno. Franquin marcó el camino de muchos dibujantes españoles, y nadie reclama que los tebeos de los seguidores sean llamados BD. Más que nada, porque a alguno le daría un ataque de ictericia como mínimo.
Pero en ADLO! llegué a leer cómo Hernán Migoya lo explica mejor en un artículo acerca de los fumetti (tebeos italianos):
Sólo la cultura italiana ha sido capaz durante el siglo XX de lanzarse al cultivo de su propia interpretación de la cultura estadounidense, proveniente y saqueadora a su vez, como muchos sabéis, de todas las demás mitologías. Mientras tanto, los españoles, mucho más tímidos y con un mayor sentido del ridículo y la hipocresía, nos hemos refugiado en la parodia de dicha mitología de raíz anglosajona, empresa donde el que tira el dardo siempre se queda a resguardo.
Y es verdad. Por supuesto, hay obras no paródicas, pero es posible afirmar que el cómic español, como el italiano, se basa en la interpretación propia de la mitología más popular de su momento. Tal como lo veo yo, el “manga español” sigue la tendencia observada desde siempre en España. Siguen siendo tebeos.
* O como dirían ellos, “kawaii”.
jueves, septiembre 29
Inversión.
Sí, algún purista puede decirme con toda razón que antes de esa fecha estaban Heidi, Marco y Mazinger Z, y más. Pero la invasión fue entonces. Con el tiempo, las editoriales empezaron a publicar los originales en que se basaban algunas de esas series.

Ya pueden empezar a soltar lagrimitas por aquellos tiempos en que se hacían sus primeras gayolas.
Aquellas ediciones solían ser cómic-books. Pronto quedó comprobado que la lentitud de los mangas hacia un tanto inepto este formato y que lo más apropiado eran los tomos. Bueno, no en el quiosco (¡Por entonces yo aún compraba en quiosco!). Las editoriales necesitaron cierto tiempo para ser convencidas.
Con el tiempo, se probó con tomos de 96 páginas. Finalmente, llegó el día en que se probó con los tankōbon. Este es el formato corriente de publicación en Japón: un tomo de 22 cm x 15 cm y alrededor de 200 páginas. Cuando se vio su éxito, otros formatos menos usuales, reservados para obras muy exitosas acabaron por aparecer.
Pero no de cualquier manera. Además, se respetó el sentido de lectura oriental. Es decir, los mangas se publican al revés. A lo mejor, estimado lector, no sabías esto. Mi hermana tuvo que enseñarle uno de los míos, editado en recio castellano, a una amiga suya para convencerla.
¡Y no sólo eso! Además, ¡¡se dejan las onomatopeyas en japonés!! Esta es buenísima. Se practicó casi a la par que la solución anterior.
¿Te preguntas, lector, por qué? Pues hay buenas causas tras esta decisión. La primera y fundamental, ¿sabes cuánto cuesta adaptar las onomatopeyas? Un poco, porque en Japón la rotulación y el dibujo no van aparte, como sí ocurre en América. Segundo, ¿te das cuenta de que adaptar las viñetas al sentido de lectura occidental hace que el dibujo se invierta? Es decir, todo el mundo tiene dextrocardia, es zurdo… ¿Que si yo me fijo en todas esas cosas? Pues excepto un momento de la edición de Dragon Ball en que Gokuh se agarraba el lado derecho del corazón, jamás me he fijado.
Pero es mejor ser objetivos, y citar todo lo que ocurre cuando el dibujo es alterado.
• Todos los elementos asimétricos son alterados. Hay dos tipos:
•• Hechos anatómicos improbables, tales como que todo el mundo tenga el apéndice a la izquierda.
•• Los sistemas de escritura, señales de tráfico y demás lenguaje simbólico queda igualmente alterado.
• Las traducciones tienen una mayor probabilidad de error, pues desde el original japonés lo izquierdo y lo derecho intercambian sus lugares.
Eso sí, si decides publicar en el sistema oriental, tienes que:
• Leer hacia el lado inusual (¡Al principio cuesta!).
• Hay mayor probabilidad de que las onomatopeyas no sean traducidas.
Ni que decir tiene que todo depende del grado de japonés práctico que se conozca. Si no conoces la escritura, como que te dará lo mismo que esta se invierta o no en la adaptación. En el caso de que se invierta algún texto en alfabeto latino no debería ser difícil leerlos al revés o son detalles irrelevantes (anuncios, controles de un electrodoméstico, etc). Si se conoce un grado respetable, es probable que sí se prefiera leer al revés. Claro que, entonces, también podemos pensar que podría leerlo en japonés y prescindir de traducciones.
El origen de esta decisión es extraño. Se llegó a rumorear que todo nació del capricho de Shinji Makari, quien se habría negado a aceptar la publicación de su obra Yugo en sentido occidental. No obstante, la verdad es que, en lo que es España, el primer tebeo publicado hacia allá fue City Hunter de Tsukasa Hōjō por empecinamiento de su autor. La Wikipedia sólo comenta que los japoneses se opusieron a esta alteración de su trabajo, pero tampoco ofrece una cronología ni nada de eso.
No obstante, los fans casi han impuesto que lo normal es publicar los mangas en sentido oriental. Hasta les ha dado por dibujar sus propios tebeos así de entrada.
A mí, personalmente, ya me da igual porque estoy acostumbrado a ambos sentidos. Eso sí, es remarcable señalar que algunos jóvenes sólo leen tebeos cuya portada está donde los libros tienen la contraportada.
Sobre el tema del principio, pues ya entenderán: si el tebeo se lee a la izquierda, ¡es manga! Si no, pues será lo que toque según la nomenclatura. Mañana, de todos modos, quiero dar mi opinión particular.
miércoles, septiembre 28
El éxito mundial del manganime.

Porque el manga es mucho más apto para la juventud que John Cassidy y Marvel, ¡coño ya!
Esta acción ha venido a confirmar lo que muchos ya saben: que el estilo japonés ha llegado a ser, por derecho propio, el referente mundial de la monería. O como lo llaman en el mundo anglosajón, el animu. Esta palabra se basa en la pronunciación impostada a la japonesa de “anime”, y es peyorativa. Básicamente, consiste en imitar las características más llamativas del manganime pero sin tener una sólida formación como dibujante. También, como se comenta en este hilo de discusión, se suele hacer que todos los personajes sean jóvenes o mucho más jóvenes de lo que deberían. Esa es la razón por la cual Benedicto tiene treinta años menos en la portada.
En realidad, el manganime no es el único que sufre de advenedizos. También el naïf está plagado de gente que ni siquiera sabe dibujar, como denuncia más de uno. Se confunde que el trazo sea sencillo con que sea fácil hacer algo parecido.
Eso, y la idea de distinción que da. ¿Dibujar tebeos, yo? ¡No, hombre! Yo dibujo manga/naïf/slice of life… En el fondo es eso, la idea de que un tebeo es un producto pueril (en ambos sentidos), empezando por la propia palabra.
Hace algunos años, un manifiesto firmado por quince personas protestaba por la organización de una exposición de Tintín. ¿Por qué? Porque los manifestantes temían que provocara que el tebeo siguiera estando asociado a un producto infantil. Aparte de la propia discusión entre profesionales y críticos, siguió en paralelo la de llamar cómics a los tebeos, decisión que fue discutida por Carlos Giménez, entre otros.
No mucho después, entraron los mangas. Se volvió a repetir el proceso, y si bien al principio fue por rechazo o curiosidad, al final también se transformó en otra manera de no decir tebeos a cosas que se componían de viñetas.
Entonces, los aficionados al cómic francobelga empezaron a llamar B(ande) D(essinée) a las obras galas por elitismo.
Por último, cómo no olvidarnos del término “novela gráfica”, creado para hablar de cierto tipo de tebeos que suelen tener las estructuras narrativas de las novelas (guión cerrado, publicado en un solo número…). Más o menos tenía una función clara, pero se fue al traste cuando se vio que se transformó en un sinónimo chic de “tebeo” en varias adaptaciones cinematográficas. Eso, y que se usa como un concepto incompatible a “tebeo” (¿Es un tebeo o una novela gráfica?).
Y más o menos podríamos dejarlo ahí, porque aunque se hable del manhwa a veces, se ve como manga coreano. Al final hemos acabado con cinco términos para referirnos a más o menos lo mismo… Bueno, la mayor parte de la gente sólo usa dos o tres.
En el fondo, todo esto no nace sino de un enorme complejo por la palabra “tebeo”, o “cómic”, o “manga”, o… Menos la expresión “novela gráfica”, muy posiblemente encontrarás al menos a una persona que piense que los términos anteriores se relacionan unívocamente con creaciones infantiles. Y lo infantil, todo el mundo lo sabe, está unívocamente asociado a lo bobo, no a lo que hasta los niños pueden entender. Como si Astérix el galo ya empezara con un hándicap porque su público principal sean infantes.
Además, como ya he comentado, muchas veces se llega a discutir cómo llamar a una obra en concreto, lo que suele llevar a una logomaquia en el sentido más literal del término. Por ejemplo, hubo un tiempo en que hablar del “manga español” podía llevar en ciertos foros a airadas discusiones acerca del significado japonés de manga, de que algunos tebeos occidentales también tienen ojos grandes, de que el dibujo por sí solo no define a un tebeo. Porque si nos ponemos quisquillosos, The Authority podría ser un manga. ¿Por qué, si el estilo no lo es y además es de superhéroes? Pues porque su narrativa está cercana a este, que lo admite el propio guionista, Warren Ellis, que es lector de mangas. Después entró Mark Millar, quien también podría crear su propia definición de productos artísticos compuestos por viñetas si así lo quisiera (la labor de ambos en The Authority causó un fortísimo impacto en los tebeos de superhéroes).
No obstante, cierto detalle puede acallar la discusión al menos en el caso del manga. Mañana se verá cuál.
lunes, agosto 22
Entradas facilonas durante las vacaciones (V).
¡Seguro que Jack T. Chick está de acuerdo!
lunes, julio 18
Moralistas.
Bob Esponja, ¡muy violento!
¡JESÚS! Estamos aviados si les parece muy violento. No sé qué dirán de cualquier otra cosa. De tanto en tanto, suele aparecer alguna organización, habitualmente compuesta por gente que se ha reproducido, para quejarse de que las obras de ficción atentan indudablemente contra la inocencia de sus indefensos retoños, y que deben ser retiradas.
Como aficionado a ciertos géneros de dudoso buen gusto, como los videojuegos de terror, siempre me ha llamado la atención la actitud de estos individuos. ¿Piensan EN SERIO que borrar la violencia de la ficción equivale a borrarla en la realidad? Una de las cosas mejores del colegio religioso donde estudié es que no estaba demasiado tocado por las ñoñerías pedagógico-políticas que empezaron a germinar por entonces, cerca de los noventa, muy a pesar de que algunas madres le insistieran a algunos profesores que aprender a dividir en cuarto era demasiado. Así, nos contaban historias, religiosas o seculares, valiosas por su moral y sin importar si estas pudieran resultar algo macabras o contuvieran detalles siniestros. Asimismo, solían recordarnos que en el mundo abunda la miseria.
No es que lo siniestro haga a una obra madura per se (tengo que decir al respecto, un día de estos), pero algunos efectos de esta manipulación benévola ya están teniendo efecto. Hace algún tiempo, leí una carta en un periódico escrita por un chico de trece años que aseguraba haber vivido los doce anteriores creyendo que todos los críos del mundo vivían como él: en una casa bien segura, bien alimentados y leyendo a Harry Potter. Comentaba que para él era desolador haber descubierto la verdad.
A mí, debo confesarlo, me cuesta creerlo. ¿Cómo pudo vivir hasta entonces sin darse cuenta de ello? Claro que mi experiencia está sujeta a mi punto de vista: yo me crié en un barrio lindante a unas chabolas, estudié en ese colegio religioso donde día sí y día también estaban con el tema de la caridad, y los informativos de aquella época aún no emitían anuncios pero sí hablaban de la pobreza, el hambre y la guerra de los Balcanes.
También está la ficción. Aunque la critiquen, la violencia y otros motivos desagradables de la actualidad poco son comparada con la de algunos cuentos tradicionales, donde niños asesinaban brujas, fieras devoraban abuelas y pobres víctimas acababan mutiladas.
Lo más chocante es cuando un moralista llega, en su impulso por evitar lo malo, llega a algo peor. Un ejemplo que se me viene a la cabeza es el de un videojuego, Final Fight. Este juego era un beat’em up, que en castizo podría verterse como “A hostias contra todo lo que se menee”. En el susodicho, los protagonistas se pelaban contra todos los miembros de una mafia por el secuestro de una moza, hija de un protagonista y novia de otro (acababan los ochenta). Durante el transcurso del rescate, salían a escena para recibir punkies de ambos sexos, heavies, un rastafari, gigantones y hasta un tío en silla de ruedas que recuerda a Chiquito de la Calzada.
¡ALTO!
¿Dije punkies de AMBOS sexos?
Sí.
Pues eso es inaceptable. Cuando comercializaron la versión americana de la adaptación de Super NES, se objetó que los jugadores les sacudieran a personajes femeninos, a lo que los japoneses contestaron rápidamente alegando que Poison era un transexual (o transgénero, he leído ambos términos). En la versión americana no quedaron muy convencidos, así que masculinizaron los sprites. Quede, no obstante, la parida de Capcom para el recuerdo: es más aceptable partirle la cara a un transexual que a una mujer. Y claro, un transexual no es una mujer realmente. Yo estoy de broma, pero da que pensar.
Un caso bien conocido es la remasterización de la primera de las películas de La guerra de las galaxias: que no puede ser Han Solo un mercenario cuyo pellejo es el que más valora, y tampoco cargarse al esbirro de Jabba que lo está apuntando con una pistola. Hay que darle la excusa al héroe de que el otro, aparte de posiblemente malvado, es gilipollas disparando primero y FALLANDO A MENOS DE UN METRO.
Otro, que fue anunciado a bombo y platillo hará cosa de un año, fue el de la asociación de psicólogos americanos, muy preocupados por el mal ejemplo que, según ellos, daban las adaptaciones cinematográficas de superhéroes, que eran muy malotes y/o muy chuletas. Que se había perdido el candor que en otros tiempos (mejores, ¡claro!) tenían Superman y Spiderman, por ejemplo. Risible a todas luces, porque estos superhéroes pudieron tener épocas controvertidas (como casi todos los superhéroes, huelga decir, por la longitud de las series). Léase la primera historieta de Superman como ejemplo de lo que quiero decir.
Dejo de listar ejemplos, porque esta entrada puede hacerse farragosa. Lo que caracteriza a un moralista es su negativa a aceptar lo que no le gusta. No critica que un detalle desagradable de una obra de ficción sea frivolizado, simplificado u objeto de burla, critica que se hable de este. Los moralistas no discuten si la realidad está bien o mal representada, si se trata de un retrato fiel o inexacto, mandan callar. Sólo se preocupan de mantener las apariencias.
Eso sí, no sé si es que confunden la realidad con la apariencia o son sólo cínicos.
miércoles, julio 13
Pitorreo.
Me quedo con la parte del final, donde dice que puedes estar esforzando en algo toda tu vida para que el premio se lo lleve otro con la primera tontería que se le ocurra. Tremendo.
P.D: Para quienes no sepan catalán, traducción al castellano:
Cómo ganarse la vida durante un año haciendo tiras cómicas
No cuelgo paso estas tiras porque que esté excesivamente orgulloso, no os penséis, sino porque todo lo que rodea su creación hace reflexionar profundamente.
Un día llegué a casa Ana, para variar, y estaba con Nacho en la mesa del comedor dibujando encima unas hojas de papel. Yo les pregunté qué estaban haciendo y me contestaron que preparaban unas tiras cómicas para un concurso. Como yo no tenía nada que hacer decidí que también me presentaría con unos personajes que había creado cuando hacía el bachillerato tecnológico. Me avisaron de que si ganaba se iban a cabrear mucho conmigo.
Unos meses más tarde recibía una llamada en que se me anunciaba que había ganado el premio. Mi respuesta, y juro por Dios que es verdad, fue "Os habéis equivocado, vuelva a mirarlo porque seguro que se ha equivocado". Pues resulta que no, era cierto. Cuando el veredicto se hizo público incluso se abrió mi club de fans que podéis encontrar aquí. [ENLACE AL POST DE ADLO!]
Entiendo que se cabrearan porque si yo, en algún momento de la vida, hubiera tenido la mínima vocación de ser dibujante de tiras cómicas, me hubiera indignado muchísimo con el resultado. Pero a mí, evidentemente, me la peló. En realidad tuve el privilegio de poder mirar todos los trabajos presentados y eran todos una puta mierda pero de las gordas. O sea que si gané no fue porque fuera bueno, sino porque todos los demás eran malísimos.
Bueno, sobre Nacho y Ana, nada, ya les pedí perdón y no fue hasta que tuve los finalistas delante que comprendí que si ellos llegan a quedar segundos me hubiera metido en un lodazal importante. Suerte, suerte, que no fue así.
Todo esto me lleva a dos conclusiones:
Puedes pasarte la vida poniendo esfuerzo en algo y que entonces salga cualquier tonto y con una tontería te pase la mano por la cara. No te enfades, esto así. La próxima vez intenta ser tú el que sin quererlo se lleve el premio.
En segundo lugar, estuve un año entero cobrando por ello. No se me ocurre nada más: Humanidad 0 - Tòmpsen 1.
lunes, abril 18
Entradas facilonas durante las vacaciones (I).
martes, abril 12
Shogakukan y Bruguera, ¡son la repera!
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Realizar cualquiera de las acciones anteriores infringe los derechos de autor con independencia de si es con animo de lucro o sin el. Los que no respetan estas directrices están sujetos a ación legal, por favor, ténganlo en cuenta."
Estoy recordando esa escena de la película de Santiago Segura acerca de Vázquez, el gran pintamonas, en la cual el insigne deudor debe firmar un contrato según el cual se estipula que acepta entregarle la propiedad intelectual de sus personajes a Bruguera, a lo que el Vázquez virtual replica algo parecido a:
¡Por la eternidad, en el universo conocido y por conocer, el dibujante entregará su alma!
Pues tres cuartos de lo mismo. Me fascina el tono en que está redactado: Shogakukan prohíbe. ¿Y las leyes niponas qué dicen al respecto? ¿En Japón no hay derecho de cita o a la parodia? ¿Tampoco se puede reseñar ni criticar, aunque sea "Me ha gustado mucho"? ¿Shogakukan es el cacique? Las palabras de Eme A son clarísimas:
Por si no ha quedado claro: Shogakukan no puede prohibir nada, porque no somos ciudadanos del Estado de Shogakukanlandia. Los derechos de autor (y de explotación, porque lo que tiene Shogakukan NO son derechos de autor) están recogidos en las leyes de cada país, y Shogakukan no puede ampliarlos a voluntad para anular el derecho de cita, el fair use o el animus iocandi.
Pues sí. De todos modos, yo siento un sabroso Schaudenfrade al imaginar las caras de muchos otakus después de leer el comunicado. De estos, como decíamos los habituales del Manga a Gritos, que se creían que Japón era el mejor país del mundo y poco menos que Animelandia, y que querían ir a vivir a Japón y hacer el manga más guay del mundo. Bien, he aquí la realidad: en Japón, quienes cortan el bacalao son los editores.
viernes, abril 8
Mitsudomoe. Ejemplo de la disparidad y la evolución de los tabúes.
Esta es una serie graciosilla que trata de las desventuras de unas trillizas, basado en el tebeo homónimo de Norio Sakurai.
Los personajes son: Mitsuba, semejante a Cartman en que es una gorda hija de puta que disfruta haciendo daño, aunque en el fondo es buena chica.

En serio, lo es.
Futaba, idiota perdida con una obsesión perenne por las tetas y fuerte como Son Gokû.

Eso sí, su única neurona es altamente funcional.
Y Hitoha, que se parece a Sadako de The Ring y quiere mucho al hámster de la clase. Demasiado. Llega a sentir celos por él.

En serio, no le quitéis el hámster.
Aunque son trillizas, no se parecen en nada. Su relación es un tira y afloja.

Literalmente.
Por otro lado, muestran poco respeto por su profesor.

La vida de profesor es muy perra.
¿Cómo es la serie? Pues es una pregunta curiosa. Por un lado, tiene su gracia y no está mal. Por otro lado, tiene un lado ligeramente… pederasta. En términos técnicos, lolicon.
Muy bien explicado (de la simpar Frikipedia).
Hablaré de eso más adelante. Decía que la idea en sí no es mala, aunque ya está vista: un colegio donde ocurren burradas sin fin, unos alumnos desquiciados, sus padres y profesores que son, francamente, entre medio y totalmente gilipollas. pongamos de ejemplo a algunos secundarios: el guapetón de turno acosado por tres crías insistentes:


Han llevado a la literalidad el dicho español “beber los vientos por alguien”.
Un chaval más feo que Picio que envidia al guapo y desea, como buena tarántula nietzcheana, que sufra porque sí, y que sigue el camino de Quagmire.

Un alumno aventajado.
Una fanática del ocultismo que suele acabar metiendo la gamba por su credulidad.

Directamente, se ha confundido.

El tercer trío en discordia.
Y acaba con otro trío de crías: Sugisaki (centro), que compite con Mitsuba en ser aún más repelente; Yoshioka (derecha), que está obsesa por las historias de amoríos; y Miyashita (izquierda), que tiene el defecto de ser más o menos equilibrada. Piensen en Lisa de Los Simpson: la pobre siempre paga por ser la más racional.
El problema, amigos, es que el tebeo se compone de capítulos cortos de siete páginas. Y han querido imitarlo… del todo. Es decir, en un episodio puedes encontrar cuatro o cinco de estos capítulos, uno tras otro. En la segunda temporada, llamada Mitsudomoe Zôryôchû (Mitsudomoe creciendo), es incluso más escandaloso cuando uno ve que se repiten los capítulos relacionados con San Valentín o las Navidades en episodios distintos. Vamos a ver: si tienes dos o tres capítulos con un tema parecido, ¡que vayan todos juntos! Que en el original apareciera, pongamos por ejemplo, uno de esos capítulos de tema idéntico en el tomo cuatro y el otro en el seis porque convenía entonces no es motivo para que tú lo sigas al pie de la letra. Me parece bien que se tomen las características del original y sus tramas, pero eso no te impide recrearlo a tu manera. Como más de una vez se ha dicho, mucha gente vio las películas de El señor de los anillos sin leer los libros y les han gustado, ¡hey!
No es la primera vez que me encuentro con estas prácticas hechas de un modo algo torpe. Ciertas adaptaciones de los ochenta, digamos, Urusei Yatsura, tenían el acierto de subdividir un capítulo en un máximo de tres subcortos. Así, cuando adaptaban los capítulos originales, podían llegar a añadir más detalles, cambiar el final o directamente acortarlo, y a veces quedaba estupendo. Aquí uno tiene la sensación de ver un pastiche un poco especial, porque todos los pasajes provienen de la misma fuente, pero que da esa misma sensación de estar hecha al tuntún.
Respecto al diseño, se han basado en el original, pero han decido añadirle piños infantiles. A algún otaku le ha parecido horrible, pero a mí me recuerda a Mónica y sus amigos. La animación, la corriente en Japón, así que no hay alardes.
Respecto al tratamiento de personajes, quizás habría agradecido un poco de mayor aprovechamiento. Pongamos un ejemplo antes de que salte alguien con el sambenito de que sólo busca entretener: en South Park, el señor Garrison es un personaje que, como dijo mi padre al ver la primera temporada, está como una puta cabra. Esa misma definición sigue valiéndole, pero la cantidad de disparates en las que se ha visto actuar a este personaje es impresionante. Lo mismo es aplicable a gran parte del reparto: Cartman es un gordo hijo de puta tremendo, mucho más que el epígono femenino que tiene aquí, pero lo ha demostrado de muchas maneras. Stan es un buen chico, pero su ingenuidad lo ha llevado a meterse en muchos berenjenales de cuidado sin darse cuenta.
En realidad, el quid está en la situación: el mismo personaje, con dos o tres características bien definidas, pero en diversas situaciones. Aquí las situaciones son dos o tres que se repiten de diversas maneras.
Y aquí ya recupero lo dicho antes. El lolicon. ¡Oh, sí! ¡El lolicon! Es curioso este fenómeno, más que nada porque en Japón está prohibido representar los genitales incluso en obras pornográficas. No está prohibido dibujar niñas en poses sugerentes, pero sí lo está dibujar una polla adulta. Esta censura llevada al extremó derivó en lo que hoy se denomina hentai con tentáculos, cuyo primer exponente diseccionó con acierto el señor Viruete en este artículo, cuya lectura recomiendo.
No es que yo esté criticando que ver lolicon sea exclusivo de inmorales. Me consta que hay seguidores por lo general respetables, aunque otros sean indefendibles. Pero claro, una cosa es que no me escandalice y otra que me guste.
En el caso de Mitsudomoe, casi todo se centra en bromas alrededor de bragas, sostenes, tetas y las lorzas de la mayor de las trillizas, todo lo cual es reducir los personajes a objetos. Vale, alguno pensará que es aplicable a South Park cambiando bragas por cosas que entran o salen por el culo, pero al menos aprovechaban para hacer crítica social, tirando con mala uva. Aquí, las bragas y todo alrededor de ellas son el decorado y el fondo. No es que llegue directamente al infierno del verdadero lolicon, pues Mitsudomoe es una obra inicialmente pensada para el público juvenil, pero tiene cosas en común.

Por ejemplo.
No deja de llamar la atención de muchos occidentales la facilidad, casi regularidad, con que el dibujante nipón dibuja fanservice. Lo interesante es cómo lo interpretan. Hay quien piensa que es una forma de libertad de expresión, y en parte lleva razón. En su día, sí empezó como algo provocativo, pero el morro de los dibujantes ha hecho que se transforme en algo cotidiano. Hace no mucho, se dio la circunstancia de que se intentó hacer una ley para evitar esta práctica. Yo me lo tomé a pitorreo, tanto porque la censura no me gusta como porque el que los otros invocaran a la libertad de expresión me dio risa. Lo que defienden los últimos es poder rellenar páginas con chicha, que siempre cuela.
Yukito Kishiro, por ejemplo, sí puede decir que luchó por la libertad de expresión. Este autor, para quien no lo sepa, es el responsable de Hyper Dimension Gunnm, bella historia sobre una cyborg que buscaba su pasado y su identidad, y que está acabando de un modo bastante GENIAL! en su continuación Gunnm Last Order. Salen monstruos con pollas gigantes, por ejemplo.

Señores, para que vean que no los engaño.
Bien, en la misma Hyper Dimension, en los bocadillos se pudo leer que algunos de los malos de esta serie eran descritos con el término hakkyô, palabra japonesa que viene a significar “enloquecer”,, y el inglés “psycho”, referentes a enfermedades mentales, tabú en aquellas tierras. Los editores quisieron que cambiara ese bocadillo para una reedición, por considerarlo infame. Esto en una serie donde casi todos son cyborgs, mutantes o ponga-usted-algo-raro que se matan. Pues ahora es intolerable que se llame a un personaje de ficción… “loco”. Kishiro aceptó, pero luego se negó a seguir publicando y pasaron ocho meses hasta que han encontrado una solución.
Otro tanto ocurre cuando en Sayonara Zetsubou Sensei deciden hacer una pequeña pulla acerca de los affaires de la política exterior japonesa. Por ejemplo, con Kim Jong-Il, sólo que no lo nombran. Bueno, se atreven a escribir Kim. ¡Y gracias!
¡Viva la encarnación de nuestra deidad local! (De 8:59 hasta 5:46)
No duden que estos dos ejemplos le pueden parecer más polémicos al japonés típico que las nenas en braguitas. Porque lo último ya es algo habitual, que ha formado un propio género con reglas propias, donde participa cualquiera. Y es que este dato es el que nos ha asombrado a muchos. ¡Norio Sakurai es mujer!


Y no está mal, la jodía.
Pues no, no es un autor gordo y feo. No es la imagen que en Japón se hacen del otaku ob(s)eso con Do Re Mi. Es una joven de 25 años que triunfa con dibujos un poco lolicon, ya nada provocativo, pues, por lo que es algo bien asimilado dentro del manganime. Del mismo modo que, hace unos años, todos los famosos de Los Simpson acabaron haciendo que ver a una celebrity, como dice algún cateto, en dibujos animados fuera muy corriente, aunque alguno pretenda que Padre de familia es rompedora y arriesgada.
De hecho, Donald y Lucas ya hacían eso en sus buenos tiempos.
Aún así, habrá quien defienda esto como ejemplo de atrevimiento y lucha contra lo establecido… Ya, e insultar a los nazis.
* Cortos para el estándar japonés de 18 páginas. Escobar y Vázquez contaban incluso más una sola, a costa del decorado.
* Sí, ya sé que el cuadro Sueño de la mujer del pescador de Hokusai es anterior.



















