Pues aquí, en Sevilla, no se han armado follones dignos de mención. Tan sólo he visto a un señor, representante de un piquete, hablar con bastante calma de los derechos de los trabajadores, y después, por la tarde, una acerba discusión entre unos manifestantes, jóvenes y debidamente uniformados con camisetas y banderas de la CGT (me parece), y una pareja madura, hombre y mujer, frente a una iglesia. Los insultos que pude oír mejor fueron los de los últimos, que gritaban con mayor fuerza. El hombre aseguró que vivíamos en un “fascismo”, aunque tampoco le entendí gran cosa. A la mujer sí la entendí, acusó a los jóvenes que se marcharon de ser vagos, drogadictos y gentuza. ¡Hombre, tanto como eso…! Sí es verdad que uno de ellos pareció querer darme el alto, pero como no tenía intención de entrar a misa (ni borracho, además), lo ignoré y seguí mi camino mientras observaba la escena.
En Politikon han decidido hacer lecturas de la caída de la demanda de electricidad para hacer una estimación del seguimiento de la huelga, y han deducido que esta huelga quizás haya sido menos seguida aún que la de septiembre de 2010, que tampoco es recordada como muy exitosa. Sí, no ha habido colegio en muchos sitios y las grandes superficies han tenido problemas para abrir, pero las tiendas de particulares han abierto. Aunque, como se ha comentado en los propios comentarios, el método usado no fuera el más fiable de todos, está claro que algo falla. En este otro artículo reflexionan acerca de las posibles causas y la tendencia del país. Debo admitir que coincido en un punto: si los sindicatos no son capaces de ganarse la confianza de los tres colectivos señalados por Roger (mujeres, jóvenes y temporales, en absoluto excluyentes), mal andamos.
Todavía, por otro lado, podemos decir que andamos. Lo peor es que mañana se diga que nos llevan del bozal.
jueves, marzo 29
martes, marzo 27
Cosas que han cambiado desde que soy pequeño.
•Geografía
Cuando yo era pequeño, había cincuenta provincias, diecisiete comunidades y cinco continentes. Ahora las dos primeras cifras son cincuenta y dos y diecinueve, o las mismas recordando en todo momento que Ceuta y Melilla son ahora ciudades autónomas, y se discute la última, aunque siete es el número más frecuente.
•Ortografía
En mis tiempos, la ch y la ll eran letras. Cuando llegué a la adolescencia, las declararon graciosamente dígrafos. Técnicamente ya lo eran, como la ñ, pero bueno.
También fueron alteradas ligeramente las normas para separar las palabras con guiones a final de línea. Ahora se considera válido escribir “nos-otros”, como “no-sotros” y “noso-tros”, porque las dos partes resultantes son palabras de sentido conocido.
Las reglas de acentuación también cambiaron recientemente, junto a la posibilidad de llamar a la i griega “ye”.
•Fisiología
Los sentidos son, para algunos, ¡once! O incluso diecinueve si uno decide incluir, como muchos hacen, los llamados sentidos internos, como tener hambre. El caso es que los cinco que estudié de pequeño ya no valen.
•Astronomía
¡Pobre Plutón! Ahora es un planeta enano. ¡Parece salido de un anuncio de zumos!
•Taxonomía
Los reinos eran cinco, pero ahora uno se llama Archaea, o arqueobacterias. ¡Pues sí! ¿Y ahora las algas ya no son vegetales? ¿Cuándo ha ocurrido esto?
•Química
La tabla periódica continuamente añade nuevos elementos, pero no siempre los nombra consistentemente. Así, el rutherfordio se llamó kurchatovio durante casi treinta años (en mi tabla, de hecho, se llama así) por polémicas políticas, las mismas que provocaron que el seaborgio se llamara, ¡rutherfordio!, durante tres años.
•Dinámica
La pobre fuerza centrífuga desapareció y se transformó en la fuerza centrípeta. Quizás era para combatir los nacionalismos centrífugos…
•Termodinámica
La famosa primera ley de la termodinámica se escribía como ΔU = Q – W, porque se consideraba que el trabajo ejercido sobre un sistema era negativo. Ahora se considera positivo, y se suma sin más: ΔU = Q + W (Nótese que la cantidad Delta U no cambia, lo que cambia es el signo de W).
Y más, supongo. Por otro lado, el número 3 siempre ha tenido cierta significación. En la mayor parte de los cuentos tradicionales, es el número de veces que se repite una escena antes de que el protagonista se salga con la suya. Aristóteles planteó que un argumento tiene tres partes, comienzo, nudo y desenlace. Varias religiones defienden que la divinidad se compone de tres personas, manifestaciones todas ellas del mismo ser omnipotente y omnisciente. Tres es el número de dimensiones de la geometría euclidiana y el número de componentes de un vector (módulo, dirección y sentido). Tres es el número de personas gramaticales y si bien hay dos números gramaticales, es a partir de tres cuando son multitud. Esto lo saben bien en mecánica cuántica, pues la resolución de la ecuación de Schrödinger para un sistema polielectrónico, esto es, como mínimo dos electrones y un núcleo, es inexacta. Lo mismo pasa con cualquier molécula poliatómica, que comienza con dos núcleos y un electrón. Por supuesto, protón, neutrón y electrón. Tres son los demostrativos, este, ese y aquel, o Fulano, Mengano y Zutano.
Pero, ¿qué del tres como decena? ¿Por qué sólo su posición como unidad? ¿Es que acaso no cuenta? Está la Guerra de los Treinta Años y mucho más, pero especialmente relacionado con la edad. ¡Ah, la edad! ¡El tiempo!
Y nada diré del cero, por razones obvias. Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra.
Cuando yo era pequeño, había cincuenta provincias, diecisiete comunidades y cinco continentes. Ahora las dos primeras cifras son cincuenta y dos y diecinueve, o las mismas recordando en todo momento que Ceuta y Melilla son ahora ciudades autónomas, y se discute la última, aunque siete es el número más frecuente.
•Ortografía
En mis tiempos, la ch y la ll eran letras. Cuando llegué a la adolescencia, las declararon graciosamente dígrafos. Técnicamente ya lo eran, como la ñ, pero bueno.
También fueron alteradas ligeramente las normas para separar las palabras con guiones a final de línea. Ahora se considera válido escribir “nos-otros”, como “no-sotros” y “noso-tros”, porque las dos partes resultantes son palabras de sentido conocido.
Las reglas de acentuación también cambiaron recientemente, junto a la posibilidad de llamar a la i griega “ye”.
•Fisiología
Los sentidos son, para algunos, ¡once! O incluso diecinueve si uno decide incluir, como muchos hacen, los llamados sentidos internos, como tener hambre. El caso es que los cinco que estudié de pequeño ya no valen.
•Astronomía
¡Pobre Plutón! Ahora es un planeta enano. ¡Parece salido de un anuncio de zumos!
•Taxonomía
Los reinos eran cinco, pero ahora uno se llama Archaea, o arqueobacterias. ¡Pues sí! ¿Y ahora las algas ya no son vegetales? ¿Cuándo ha ocurrido esto?
•Química
La tabla periódica continuamente añade nuevos elementos, pero no siempre los nombra consistentemente. Así, el rutherfordio se llamó kurchatovio durante casi treinta años (en mi tabla, de hecho, se llama así) por polémicas políticas, las mismas que provocaron que el seaborgio se llamara, ¡rutherfordio!, durante tres años.
•Dinámica
La pobre fuerza centrífuga desapareció y se transformó en la fuerza centrípeta. Quizás era para combatir los nacionalismos centrífugos…
•Termodinámica
La famosa primera ley de la termodinámica se escribía como ΔU = Q – W, porque se consideraba que el trabajo ejercido sobre un sistema era negativo. Ahora se considera positivo, y se suma sin más: ΔU = Q + W (Nótese que la cantidad Delta U no cambia, lo que cambia es el signo de W).
Y más, supongo. Por otro lado, el número 3 siempre ha tenido cierta significación. En la mayor parte de los cuentos tradicionales, es el número de veces que se repite una escena antes de que el protagonista se salga con la suya. Aristóteles planteó que un argumento tiene tres partes, comienzo, nudo y desenlace. Varias religiones defienden que la divinidad se compone de tres personas, manifestaciones todas ellas del mismo ser omnipotente y omnisciente. Tres es el número de dimensiones de la geometría euclidiana y el número de componentes de un vector (módulo, dirección y sentido). Tres es el número de personas gramaticales y si bien hay dos números gramaticales, es a partir de tres cuando son multitud. Esto lo saben bien en mecánica cuántica, pues la resolución de la ecuación de Schrödinger para un sistema polielectrónico, esto es, como mínimo dos electrones y un núcleo, es inexacta. Lo mismo pasa con cualquier molécula poliatómica, que comienza con dos núcleos y un electrón. Por supuesto, protón, neutrón y electrón. Tres son los demostrativos, este, ese y aquel, o Fulano, Mengano y Zutano.
Pero, ¿qué del tres como decena? ¿Por qué sólo su posición como unidad? ¿Es que acaso no cuenta? Está la Guerra de los Treinta Años y mucho más, pero especialmente relacionado con la edad. ¡Ah, la edad! ¡El tiempo!
Y nada diré del cero, por razones obvias. Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra.
viernes, marzo 23
Falacias químicas.
Se entiende como falacia naturalista un razonamiento como el siguiente:
Todo lo natural es bueno. El agua de este arroyo es natural. Luego, esta agua es buena.
Por supuesto, es una falacia porque olvida que la naturaleza tiene partes muy peligrosas, como setas venenosas. También olvida que la definición de natural puede ser, como mínimo, digno de debate. Una de las manifestaciones más corrientes hoy en día es la preocupación por la alimentación, especialmente por los aditivos.
Bien, la primera en la frente: no existe, por ejemplo, el pan natural, aunque Eduard Punset saliera en un anuncio televisivo hace tiempo asegurando que sí. Existen, eso sí, diversas maneras de prepararlo, con diferentes componentes, pero el pan ya es un alimento artificial, creado por la acción del hombre. Opinar que es natural porque no lleva tal o cual aditivo no deja de ser una mamarrachada, pues denota una falta horrorosa de vocabulario por lo que podría denominarse como “pan integral”. Ocurre como comentó un día Lansky en este humilde blog, que la palabra "natural" no significa nada por un exceso de uso.
Así, uno tiene que oír paridas como que es bueno fumar marihuana tomada directamente del campo porque “no tiene químicos”. Una más divertida es esta defensa de la apiterapia, aunque debo admitir que posiblemente es un malentendido. Eso, o que quiero creer que lo fue.
Así, la falacia naturalista anterior se transforma en la primera falacia química:
Lo natural está libre de aditivos artificiales. Este pastel tiene aditivos artificiales. Luego, este pastel no es natural.
Esta falacia se da de bruces tanto con el hecho de que lo natural es obviamente químico, como con que los aditivos tradicionales, como la sal, el azúcar y el vinagre, no son percibidos como tales. Probablemente, por ignorancia de los defensores de lo “natural”.
Por otro lado, el hecho de que todo lo que ocurre en el cuerpo humano es química puede llevar a otra falacia: como todo es química, todo vale. El ejemplo más habitual de este pensamiento se da con la legalización de drogas, cuando se critica la prohibición del uso recreativo de ciertas sustancias, alegando que diversos fármacos tienen la misma base química.
La segunda falacia química, pues, se formula como:
La salud son un conjunto de reacciones químicas. Las drogas son simplemente sustancias químicas que desencadenan reacciones. Luego, las drogas son saludables.
Científicamente, es cierto, pero éticamente no me parece lo mismo suministrar un tranquilizante para evitar graves sufrimientos después de un accidente, por ejemplo, que simple y llanamente para pillarse un colocón. No es que los tranquilizantes no dejen de tener cierto riesgo (la morfina puede causar adicción), sino que se considera menos malo que padecer grandes dolores.
Nótese que el error nace de confundir la verdad científica con la verdad ética. La primera sirve de base a la primera, pero no puede determinarla completamente, como la química no determina por sí sola la farmacia y la toxicología, aunque sea su base. Por ello, en estos dos ejemplos vemos cómo sendos comentaristas llegan a entender que, como los autores de los artículos cuestionan la base científica de algunas normas éticas, ambos están proponiendo abandonarse al nihilismo más descerebrado posible. Eso es otro tipo de falacia, por cierto.
Todo lo natural es bueno. El agua de este arroyo es natural. Luego, esta agua es buena.
Por supuesto, es una falacia porque olvida que la naturaleza tiene partes muy peligrosas, como setas venenosas. También olvida que la definición de natural puede ser, como mínimo, digno de debate. Una de las manifestaciones más corrientes hoy en día es la preocupación por la alimentación, especialmente por los aditivos.
Bien, la primera en la frente: no existe, por ejemplo, el pan natural, aunque Eduard Punset saliera en un anuncio televisivo hace tiempo asegurando que sí. Existen, eso sí, diversas maneras de prepararlo, con diferentes componentes, pero el pan ya es un alimento artificial, creado por la acción del hombre. Opinar que es natural porque no lleva tal o cual aditivo no deja de ser una mamarrachada, pues denota una falta horrorosa de vocabulario por lo que podría denominarse como “pan integral”. Ocurre como comentó un día Lansky en este humilde blog, que la palabra "natural" no significa nada por un exceso de uso.
Así, uno tiene que oír paridas como que es bueno fumar marihuana tomada directamente del campo porque “no tiene químicos”. Una más divertida es esta defensa de la apiterapia, aunque debo admitir que posiblemente es un malentendido. Eso, o que quiero creer que lo fue.
Así, la falacia naturalista anterior se transforma en la primera falacia química:
Lo natural está libre de aditivos artificiales. Este pastel tiene aditivos artificiales. Luego, este pastel no es natural.
Esta falacia se da de bruces tanto con el hecho de que lo natural es obviamente químico, como con que los aditivos tradicionales, como la sal, el azúcar y el vinagre, no son percibidos como tales. Probablemente, por ignorancia de los defensores de lo “natural”.
Por otro lado, el hecho de que todo lo que ocurre en el cuerpo humano es química puede llevar a otra falacia: como todo es química, todo vale. El ejemplo más habitual de este pensamiento se da con la legalización de drogas, cuando se critica la prohibición del uso recreativo de ciertas sustancias, alegando que diversos fármacos tienen la misma base química.
La segunda falacia química, pues, se formula como:
La salud son un conjunto de reacciones químicas. Las drogas son simplemente sustancias químicas que desencadenan reacciones. Luego, las drogas son saludables.
Científicamente, es cierto, pero éticamente no me parece lo mismo suministrar un tranquilizante para evitar graves sufrimientos después de un accidente, por ejemplo, que simple y llanamente para pillarse un colocón. No es que los tranquilizantes no dejen de tener cierto riesgo (la morfina puede causar adicción), sino que se considera menos malo que padecer grandes dolores.
Nótese que el error nace de confundir la verdad científica con la verdad ética. La primera sirve de base a la primera, pero no puede determinarla completamente, como la química no determina por sí sola la farmacia y la toxicología, aunque sea su base. Por ello, en estos dos ejemplos vemos cómo sendos comentaristas llegan a entender que, como los autores de los artículos cuestionan la base científica de algunas normas éticas, ambos están proponiendo abandonarse al nihilismo más descerebrado posible. Eso es otro tipo de falacia, por cierto.
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jueves, marzo 15
El ladrón y los cuarenta abogados.
En este blog, El tablero intelectual, apostamos por la puesta al día de los relatos ancestrales, pues si bien el mensaje permanece, la estética ha de adaptarse a nuestro mundo moderno.
Cassim y los cuarenta abogados
Érase una vez un señor llamado Cassim, poco aficionado a trabajar. Decidió meterse en política y llegó a ser funcionario del órgano de gobierno regional. Cassim tenía un hermano, llamado Alí Baba, que vivía de su trabajo, así que a efectos prácticos lo olvidaremos.
Estaba Cassim en su puesto de trabajo, ocupado en hacer pajaritas de papel, cuando vio por la ventana de su despacho a uno de sus compañeros dirigirse a una puerta, y llamar con la fórmula “¡Ábrete, subvención!”. Le dejaron entrar, lo cual extrañó a Cassim, pues le habían dicho que esa puerta no le era abierta a nadie.
Decidido, les preguntó a sus compañeros de trabajo y se enteró de que esa puerta sólo se le abriría si se ocupaba de un puesto de responsabilidad, tal como dedicarse a financiar el desempleo de camelleros, muchos de los cuales habían perdido su trabajo por la competencia desleal de los carromatos.
Aceptó, y probó fortuna. “¡Una subvención para esos paraditos!”, gritó, y la puerta se abrió. Entró y encontró una gran fortuna por doquiera que mirara, y no había ningún vigilante. Decidió tomar un poco de la fortuna y salió disparado. Le sorprendió comprobar que nadie le dijo nada, así que decidió volver más tarde con un saco enorme, donde metió todo lo que podía llevarse sin deslomarse. Como no le dijeron nada en esta nueva ocasión, decidió que no era mala idea llamar a unos cuantos camelleros, ya que se suponía que aceptaba las subvenciones para ellos.
Fue al centro del pueblo, donde encontró a varios camelleros manifestándose. La pancarta del grupo rezaba: “El hombre, como el camello, cuanto más feo más bello.” Cassim podía averiguar, gracias a su experiencia como sinvergüenza, quiénes de aquellos hombres eran sobornables. Para ello, entró en el bar más cercano, y mientras se tomaba lentamente un té, vio en el bar a uno de los manifestantes que, si bien no paraba de presumir del mérito del trabajo, dejaba pasar las horas muertas ahí dentro.
Cassim pagó todas las consumiciones del camellero, el cual se acercó a Cassim para agradecerle la invitación. Cassim respondió encargando una kachimba que tardaron en fumarse toda la tarde mientras le contaba su plan al camellero.
A la mañana siguiente, el camellero entró en el edificio donde “trabajaba” Cassim, y ambos se encaminaron hacia la famosa sala. Cassim recitó su acostumbrada fórmula, “¡Ábrete, subvención!”. Ambos entraron, y el camellero calculó que para llevarse todo aquello bien harían falta cien camellos. Cassim dio su visto bueno y todo se hizo en una sola mañana.
En un destello de lucidez, Cassim y su cómplice pensaron que la gente podría extrañarse de verlos con mucha pasta, así que decidieron repartir el tesoro que sacaron entre varios amigos suyos. Estos simplemente debían hacer ver que usaban el dinero en diversas iniciativas. Desafortunadamente, estos amigos eran un tanto zopencos cubrieron a sus familiares de oro, haciéndolos figurar en puestos de trabajo desde el día en que habían nacido o prejubilándolos con treinta años, pues ya se sabe que no es una edad para esos trotes.
Por esos últimos, acabaron pillando a todo el grupillo. El camellero acusó a Cassim de haberse gastado una importante suma en odaliscas y alcohol, cosa que negó y, mientras buscaba desesperadamente una salida, volvió a la famosa puerta donde empezó su destino, y gritó “¡Necesito ayuda!”. Otra puerta, situada no muy lejos, se abrió.
Cassim entró y vio que había varias tinajas. Por curiosidad, abrió una de esas tinajas y repentinamente salió un genio mágico, capaz de conceder deseos. El genio, no obstante, sólo podía conceder uno porque el precio de un bien típico se había incrementado desde los tiempos en que eran tres.
A Cassim poco le importaba la subida de los precios, así que pidió desesperadamente ayuda. El genio hizo aparecer un abogado. A Cassim le pareció insuficiente, así que abrió la siguiente tinaja, de donde salió un segundo genio, que le concedió a Cassim un segundo abogado.
Cassim fue recorriendo la habitación, abriendo tinajas y consiguiendo abogados. Cuando vio que no cabían en la habitación, tuvo una epifanía. Puso orden entre sus abogados, les contó para qué los necesitaba y, cuando le requirieron, fue al tribunal de justicia. A sus puertas, exigió que el dejaran entrar con todos sus abogados. En el edificio no tenían disponible una sala para todos, así que Cassim quedó libre. Diez meses después, aún no había sitio, y una reestructuración del órgano de poder regional permitió a Cassim volver a su trabajo, haciendo lo mismo que hacía antes.
Y colorín, colorado, este cuento ha acabado. O eso queremos creer…
Cassim y los cuarenta abogados
Érase una vez un señor llamado Cassim, poco aficionado a trabajar. Decidió meterse en política y llegó a ser funcionario del órgano de gobierno regional. Cassim tenía un hermano, llamado Alí Baba, que vivía de su trabajo, así que a efectos prácticos lo olvidaremos.
Estaba Cassim en su puesto de trabajo, ocupado en hacer pajaritas de papel, cuando vio por la ventana de su despacho a uno de sus compañeros dirigirse a una puerta, y llamar con la fórmula “¡Ábrete, subvención!”. Le dejaron entrar, lo cual extrañó a Cassim, pues le habían dicho que esa puerta no le era abierta a nadie.
Decidido, les preguntó a sus compañeros de trabajo y se enteró de que esa puerta sólo se le abriría si se ocupaba de un puesto de responsabilidad, tal como dedicarse a financiar el desempleo de camelleros, muchos de los cuales habían perdido su trabajo por la competencia desleal de los carromatos.
Aceptó, y probó fortuna. “¡Una subvención para esos paraditos!”, gritó, y la puerta se abrió. Entró y encontró una gran fortuna por doquiera que mirara, y no había ningún vigilante. Decidió tomar un poco de la fortuna y salió disparado. Le sorprendió comprobar que nadie le dijo nada, así que decidió volver más tarde con un saco enorme, donde metió todo lo que podía llevarse sin deslomarse. Como no le dijeron nada en esta nueva ocasión, decidió que no era mala idea llamar a unos cuantos camelleros, ya que se suponía que aceptaba las subvenciones para ellos.
Fue al centro del pueblo, donde encontró a varios camelleros manifestándose. La pancarta del grupo rezaba: “El hombre, como el camello, cuanto más feo más bello.” Cassim podía averiguar, gracias a su experiencia como sinvergüenza, quiénes de aquellos hombres eran sobornables. Para ello, entró en el bar más cercano, y mientras se tomaba lentamente un té, vio en el bar a uno de los manifestantes que, si bien no paraba de presumir del mérito del trabajo, dejaba pasar las horas muertas ahí dentro.
Cassim pagó todas las consumiciones del camellero, el cual se acercó a Cassim para agradecerle la invitación. Cassim respondió encargando una kachimba que tardaron en fumarse toda la tarde mientras le contaba su plan al camellero.
A la mañana siguiente, el camellero entró en el edificio donde “trabajaba” Cassim, y ambos se encaminaron hacia la famosa sala. Cassim recitó su acostumbrada fórmula, “¡Ábrete, subvención!”. Ambos entraron, y el camellero calculó que para llevarse todo aquello bien harían falta cien camellos. Cassim dio su visto bueno y todo se hizo en una sola mañana.
En un destello de lucidez, Cassim y su cómplice pensaron que la gente podría extrañarse de verlos con mucha pasta, así que decidieron repartir el tesoro que sacaron entre varios amigos suyos. Estos simplemente debían hacer ver que usaban el dinero en diversas iniciativas. Desafortunadamente, estos amigos eran un tanto zopencos cubrieron a sus familiares de oro, haciéndolos figurar en puestos de trabajo desde el día en que habían nacido o prejubilándolos con treinta años, pues ya se sabe que no es una edad para esos trotes.
Por esos últimos, acabaron pillando a todo el grupillo. El camellero acusó a Cassim de haberse gastado una importante suma en odaliscas y alcohol, cosa que negó y, mientras buscaba desesperadamente una salida, volvió a la famosa puerta donde empezó su destino, y gritó “¡Necesito ayuda!”. Otra puerta, situada no muy lejos, se abrió.
Cassim entró y vio que había varias tinajas. Por curiosidad, abrió una de esas tinajas y repentinamente salió un genio mágico, capaz de conceder deseos. El genio, no obstante, sólo podía conceder uno porque el precio de un bien típico se había incrementado desde los tiempos en que eran tres.
A Cassim poco le importaba la subida de los precios, así que pidió desesperadamente ayuda. El genio hizo aparecer un abogado. A Cassim le pareció insuficiente, así que abrió la siguiente tinaja, de donde salió un segundo genio, que le concedió a Cassim un segundo abogado.
Cassim fue recorriendo la habitación, abriendo tinajas y consiguiendo abogados. Cuando vio que no cabían en la habitación, tuvo una epifanía. Puso orden entre sus abogados, les contó para qué los necesitaba y, cuando le requirieron, fue al tribunal de justicia. A sus puertas, exigió que el dejaran entrar con todos sus abogados. En el edificio no tenían disponible una sala para todos, así que Cassim quedó libre. Diez meses después, aún no había sitio, y una reestructuración del órgano de poder regional permitió a Cassim volver a su trabajo, haciendo lo mismo que hacía antes.
Y colorín, colorado, este cuento ha acabado. O eso queremos creer…
domingo, marzo 11
Leyendas del mundillo friqui: Nobita estaba en coma. Shizuka, en la Costa del Sol.

Esta es una famosa leyenda, que se ha salido del mundillo del manganime y ha dado sus pasitos por el mainstream. Ya sabe, resulta que en el último episodio de Doraemon, esa famosa serie de dibujos basada en un tebeo, se descubre que Nobita es en realidad un niño comatoso y Doraemon un peluche suyo. ¡Qué grima, señores míos! ¡Qué grima!
Antes de nada, las verdades por delante: Doraemon no tiene un final, ¡¡¡tiene varios!!!. Todos los tebeos de Japón se publican en revistas, y en varias para el caso de esta historieta En concreto, acabó hasta tres veces en años consecutivos en una publicación llamada Shogaku 4-nensei. Estos finales, como son muy parecidos entre sí, los explicaré bajo el siguiente epígrafe.
1-Doraemon tiene que volver a filas.
Básicamente, en la época de Doraemon algo provoca que los viajeros del tiempo deban volver a su época.
a) En el ejemplar de Shogaku 4-nensei de marzo de 1971, se cuenta que los viajeros del tiempo causaban tales problemas que el gobierno de la época futura acabó prohibiendo el viaje en el tiempo. Doraemon se despide de Nobita.
b) En el de marzo de 1972, Doraemon debe volver por alguna razón no revelada, así que se hace el estropeado (recordemos que es gato-robot) para que Nobita lo deje marchar. Como Nobita lo cree y le promete esperarlo, Doraemon le cuenta la verdad y el chico acepta. Doraemon vuelve al futuro.
c) En el de marzo de 1973, Nobita vuelve a casa después de ser apaleado por Takeshi (alias Gigante o Gian, dependiendo de tu edad). Allí, Doraemon le cuenta que ha de volver al futuro. Nobita queda desolado después de oír esto e intenta convencerlo de que se quede, pero acaba aceptando la realidad después de hablarlo con sus padres y pasean los dos juntos por última vez. Mientras Doraemon hace las maletas, Nobita pelea de nuevo contra Gian. Como no quiere preocupar innecesariamente al gato-robot, lucha con todas sus ganas, hasta el punto de que Gian le concede la victoria por abandono. Doraemon encuentra a Nobita hecho trizas y lo lleva a casa, donde vuelve al futuro mientras el niño duerme.
Esta tercera versión habría sido el final oficial, pues la serie tenía una baja audiencia y el dúo Fujiko Fujio trabajaba en otros proyectos, pero volvieron a la carga al mes siguiente. Aún así, este final fue reimpreso en uno de los tomos y tuvo dos adaptaciones animadas, de lo que las dos primeras versiones carecen. Eso sí, estas últimas adaptaciones son más extensas e incluso tienen una doble lectura.
Aún así, a efectos prácticos es como si no tuviera final. Años después, el dúo Fujio Fujiko se separó, lo que dejó en suspenso una decisión definitiva y finalmente Fujiko F. Fujio, quien continuó el tebeo hasta 1996, falleció. La serie y las películas continuarán hasta que dejen de ser rentables, obviamente.
Vale la pena mencionar que estos finales se intentaron porque se sentía la necesidad de acabar una historia cuyos lectores iban creciendo.
2-Pero entonces, ¿Nobita era autista?
Por tanto, ya volviendo a la leyenda friqui, tanto vale preguntarse por el final de Doraemon como por el de Los pitufos. Aún así, durante mis prácticas de laboratorio llegué a discutirles a varios compañeros la veracidad de esta y en Japón llegó a haber una manifestación de fans enfadados. ¿Por qué se hizo famosa? ¿Por qué con Doraemon? Dejando a un lado la obviedad de que es muy conocida, no me chocaría que su origen nipón fuera la mayor razón de que le haya tocado llevar la cruz de la fantasía comatosa. Primero, todo el mundo puede alegar que el capítulo se estrenó en Japón pero que fue prohibido, del mismo modo que ocurriera con el episodio de Pokémon, caso comentado en la anterior entrega de esta serie. Segundo, todo el mundo sabe que los japoneses son capaces de hacer cracks como Akira o Urotsukidoji. ¿Que Doraemon resultó ser el sueño de un niño moribundo? Bastante más digerible que la superpolla que aparece en la segunda obra.

¡QUÉ TRANCA, TRON! (véase el artículo viruetil para más información)
Lo realmente curioso viene ahora: este final existe. Sólo que es de otra serie, de St. Elsewhere, una teleserie hospitalaria de origen americano emitida durante los ochenta. Una de las razones por la cual esta serie es tremendamente conocida, especialmente fuera de los Estados Unidos, es por su último capítulo (¡¡Ahora sí!!). En este, el escenario cambia del susodicho hospital a un edificio de apartamentos. En este, hablan uno de los doctores de la serie, en ese capítulo obrero, y su padre, un personaje ajeno a la serie. El primero le comenta al segundo que su hijo, presente en la misma habitación, es un autista cuya única actividad es contemplar un juguete: una bola de nieve que incluye una maqueta idéntica al edificio del hospital de la serie “per se”. Perturbador.
¿Cuál era la intención de los guionistas? ¿Epatar? ¿Echarse unas risas? ¿Vengarse por la cancelación? ¿Hablar de que la realidad es en verdad un sueño? ¿Criticar que la ficción sin mesura puede llevar a una fantasía que aísla al espectador? En verdad, no lo sé y aunque es hasta interesante, debo continuar con esta entrada. Sólo diré que el niño, llamado Tommy, es el supuesto “creador” de gran parte de la ficción norteamericana por los crossovers entre la teleserie donde apareció y otras, representado en una tabla que debe de circular por la red.
Sea como sea, este final es idéntico al pretendido para Doraemon. De todos modos, no me gustaría dejar de lado OTROS supuestos finales que no son tan populares pero existen.
3-Doraemon se quedó sin pilas.
Este final supone que, en algún momento dado (¡Cómo no!), Doaemon se descarga y deja de funcionar (recordemos que es un robot). Extrañado, Nobita consulta a la gente del futuro y descubre que la única manera de recuperar a Doraemon consiste en cambiarle la batería, pero es imposible en el caso de Doraemon porque no tiene orejas (Recordemos que se las comieron unos ratones, ¡qué barbaridad!). Entristecido, Nobita acepta la pérdida y se vuelve estudioso y trabajador. Con el tiempo, llega a ser un genio en robótica que repara a Doraemon. Todos viven felices y comen dorayakis.
Este final fue creado como fanfiction por un tal Nobuo Sato, y después fue publicado como un exitoso dōjinshi por un artista bajo el pseudónimo “Tajima T Yasue”, pero fue demandado por Shogakukan, tuvo que disculparse y pagar para hacer las paces.
4-La vida duele, la muerte no.
Este es un dramón: Nobita cae aparatosamente y queda en coma (¡Hum…!). Su estado es grave y la única cura es una operación tan costosa, que Doraemon se ve obligado a vender todos sus inventos menos uno. No obstante, la operación fracasa. Dolido, pero firme, Doraemon le cede a Nobita el anterior invento para que el criajo pueda ir adonde quiera una última vez antes de que la Parca corte su hilo. Nobita pide ir al Cielo. ¡Joder! Esto SÍ da grima.

Los de la Frikipedia también han propuesto su propia conclusión para el enorme trabajo artístico, filosófico y ético que es Doraemon. No obstante, a Japón no le ha interesado.
Sólo la fascinación del personal por las historias que acaban en “Todo era un sueño” explica que ninguno de estos otros finales, ciertos o falsos, sea más conocido. Aún así, no hay lugar para la discusión: no sólo no acaba Doraemon así, sino que han copiado el final de otra serie, ¡y hay más finales legendarios! Ante esta situación, yo sólo puedo citar el lema de Los inmortales: “Sólo puede quedar uno”.
Fuentes:
Doraemon (manga), Wikipedia
Enciclopedia de Doraemon
martes, marzo 6
Leyendas del mundillo friqui: El episodio de Pokémon que alucinó a muchos niños.
Esta será la última sobre Pokémon, de verdad. Hace unos años, un extraño titular llenaba los medios de comunicación occidentales: ¡¡Setecientos niños habían sufrido ataques epilépticos mientras veían Pokémon!! ¡Terrible! ¡Horrible! ¿Qué habrá sido de esos niños? En serio, ¿qué ha pasado con ellos?
Pues miren, la respuesta es fácil: algunos fueron diagnosticados de epilepsia, pero muy poquitos. Sí es cierto que en 1997 casi 700 niños que estuvieron viendo un episodio de esa serie fueron hospitalizados con síntomas tales como mareos, picor de ojos y similares. Como también lo es que al día siguiente de aparecer la noticia, miles de niños acudieron a hospitales. Asimismo, pocos de los primeros pacientes resultaron siendo diagnosticados de epilepsia fotosensible.
¿Qué pasó en el caso del episodio de Pokémon? Bien, el episodio Dennō Senshi Porygon fue emitido el 16 de diciembre de 1997 en TV Tokyo. Durante la emisión del episodio, había varias escenas en las que la pantalla mostraba flashes que alternaban a rápida velocidad los colores rojo y azul. Como todo el que sienta cierta pasión por las obras audiovisuales sabe, los flashes de alta frecuencia cansan la vista, provocan mareos y, si se es susceptible, pueden provocar un ataque epiléptico. Se supone que una de estas tres posibilidades fue lo que les ocurrió a los casi setecientos niños que acudieron a urgencias aquel mismo día, tales como un chico de catorce años que cayó inconsciente. Sólo una minoría de estos chicos fueron diagnosticados de epilepsia, mientras que el resto es una mezcla entre diversos factores, como que los televisores japoneses suelen ser demasiado brillantes para el tamaño de los hogares, que la combinación de azul y rojo acentúa la posibilidad de afectar el nervio óptico y que el estrés fue parte del detonante.
Y ahora, ¿por qué, a la mañana siguiente del suceso, doce mil niños aseguraron estar enfermos? ¿Se marearon en diferido, como en Canarias? ¡Doce mil! La explicación oficial es histeria colectiva, esto es, la gente se escandalizó hasta el punto de creer que ellos mismos también estaban afectados. Ya se sabe que el terror aumenta el peligro hasta límites insospechados. El pánico moral suele aumentar cuando hay niños por medio, como Helen Lovejoy nos demuestra en la gran serie Los Simpson.

Por supuesto, en la actualidad los mayores voceros del pánico moral son los grandes medios de comunicación, capaces de publicar que el presidente de un país come sesos de niños huérfanos con tal de vender periódicos. Justo a la mañana siguiente del suceso, varios informativos comentaron el extraño suceso. Considérense los siguientes hechos: una serie conocida, la primera hora de la mañana, durante la cual las familias japonesas están sentadas delante del televisor, y el boca a boca. Al final, nada que ver con la historia original.

Pikachu intentó aclarar la verdad del asunto, pero no tuvo mucho éxito.
Por otro lado, una parte del asunto resulta, como mínimo, extraña. Flashes similares a los empleados en el infame episodio se han usado ya en varias series, tales como Sailor Moon, sin que fenómenos a la misma escala de este episodio hayan sido registrados. De ahí que algunos escépticos comenten que fue, mayormente, un episodio de histeria colectiva, basándose que una investigación posterior arrojaba un porcentaje de afectados similar al de personas afectas de epilepsia fotosensible.
Las consecuencias del asunto sí son claras: prohibición ad perpetuum del episodio, tanto en su tierra natal como en el extranjero, discusiones absurdas sobre toda la animación japonesa, una retirada de cuatro meses para la serie, negación del principal acontecimiento por parte de enteradillos, normas para los futuros dibujos animados, bajada de las acciones de los videojuegos y cachondeo por parte de parodiadores profesionales, como Trey Parker y Matt Stone.
Por tanto, el asunto es una leyenda de diccionario: un hecho real, pero exagerado lo suficiente.
Fuentes:
Dennō Senshi Porygon
Pokémon Panic
Pues miren, la respuesta es fácil: algunos fueron diagnosticados de epilepsia, pero muy poquitos. Sí es cierto que en 1997 casi 700 niños que estuvieron viendo un episodio de esa serie fueron hospitalizados con síntomas tales como mareos, picor de ojos y similares. Como también lo es que al día siguiente de aparecer la noticia, miles de niños acudieron a hospitales. Asimismo, pocos de los primeros pacientes resultaron siendo diagnosticados de epilepsia fotosensible.
¿Qué pasó en el caso del episodio de Pokémon? Bien, el episodio Dennō Senshi Porygon fue emitido el 16 de diciembre de 1997 en TV Tokyo. Durante la emisión del episodio, había varias escenas en las que la pantalla mostraba flashes que alternaban a rápida velocidad los colores rojo y azul. Como todo el que sienta cierta pasión por las obras audiovisuales sabe, los flashes de alta frecuencia cansan la vista, provocan mareos y, si se es susceptible, pueden provocar un ataque epiléptico. Se supone que una de estas tres posibilidades fue lo que les ocurrió a los casi setecientos niños que acudieron a urgencias aquel mismo día, tales como un chico de catorce años que cayó inconsciente. Sólo una minoría de estos chicos fueron diagnosticados de epilepsia, mientras que el resto es una mezcla entre diversos factores, como que los televisores japoneses suelen ser demasiado brillantes para el tamaño de los hogares, que la combinación de azul y rojo acentúa la posibilidad de afectar el nervio óptico y que el estrés fue parte del detonante.
Y ahora, ¿por qué, a la mañana siguiente del suceso, doce mil niños aseguraron estar enfermos? ¿Se marearon en diferido, como en Canarias? ¡Doce mil! La explicación oficial es histeria colectiva, esto es, la gente se escandalizó hasta el punto de creer que ellos mismos también estaban afectados. Ya se sabe que el terror aumenta el peligro hasta límites insospechados. El pánico moral suele aumentar cuando hay niños por medio, como Helen Lovejoy nos demuestra en la gran serie Los Simpson.

Por supuesto, en la actualidad los mayores voceros del pánico moral son los grandes medios de comunicación, capaces de publicar que el presidente de un país come sesos de niños huérfanos con tal de vender periódicos. Justo a la mañana siguiente del suceso, varios informativos comentaron el extraño suceso. Considérense los siguientes hechos: una serie conocida, la primera hora de la mañana, durante la cual las familias japonesas están sentadas delante del televisor, y el boca a boca. Al final, nada que ver con la historia original.

Pikachu intentó aclarar la verdad del asunto, pero no tuvo mucho éxito.
Por otro lado, una parte del asunto resulta, como mínimo, extraña. Flashes similares a los empleados en el infame episodio se han usado ya en varias series, tales como Sailor Moon, sin que fenómenos a la misma escala de este episodio hayan sido registrados. De ahí que algunos escépticos comenten que fue, mayormente, un episodio de histeria colectiva, basándose que una investigación posterior arrojaba un porcentaje de afectados similar al de personas afectas de epilepsia fotosensible.
Las consecuencias del asunto sí son claras: prohibición ad perpetuum del episodio, tanto en su tierra natal como en el extranjero, discusiones absurdas sobre toda la animación japonesa, una retirada de cuatro meses para la serie, negación del principal acontecimiento por parte de enteradillos, normas para los futuros dibujos animados, bajada de las acciones de los videojuegos y cachondeo por parte de parodiadores profesionales, como Trey Parker y Matt Stone.
Por tanto, el asunto es una leyenda de diccionario: un hecho real, pero exagerado lo suficiente.
Fuentes:
Dennō Senshi Porygon
Pokémon Panic
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jueves, marzo 1
Me parto de la risa.
En serio, de veras. Lean esta noticia.

Un tío publica un libro en blanco que llega a ser un best-seller. De veras que si hubiese llegado a saberlo anteayer, habría asegurado que eso es un chiste de un número de Zipi y Zape. Esto no debe hacernos desdeñar la colección de libros-objeto: todos ellos con 256 páginas (2 elevado a 8) y con un contenido que va desde un texto escrito sólo con gemidos hasta un libro que sólo contiene la palabra “gracias” las veces necesarias para llegar al total de páginas. Y se vende, que ya manda huevos la cosa.
Bien mirado, sí, no deja de ser una burla al mercado de la autoayuda, aunque tengo la sensación de que hay parodias mucho mejores. De hecho, lo de llenar 256 páginas de lo que sería un orgasmo inacabable me recuerda a esas historietas, en narrativa y en cómic, que servidor y sus amigotes del colegio hacían para pasar el rato, sólo que nosotros teníamos la decencia de procurar que tuvieran gracia. En una de las viñetas, incluso, se inspira cierto derivado de sainete que escribiría años después.
El libro en blanco, sin embargo, es mi favorito. En realidad, tal ocurrencia no es, ni mucho menos, una novedad; en Uruguay, valga el ejemplo, se publicó un libro similar llamado Inteligencia militar después de la dictadura militar. Bueno, entonces sí había una diferencia: aquello era una boutade legítima y seguro que sus compradores consideraban que aupar semejante idea era demostrar su rechazo a la barbarie. Esto no es más que una gracieta. Ha habido quien se ha quejado de que, claro, esto es una muestra del perverso feminazismo, pero en realidad su autor, Sheridan Simove, ya tuvo su polémica cuando comercializó un control remoto de mujeres. Eso sí, nadie se quejó del de hombres, que también se vendía en la misma tienda.
Volviendo al asunto, estoy bastante seguro de que hay tarjetas que resumen en una jocosa viñeta lo mismo que estos libros con mucha más gracia. Además, hay cuadernos. Luego entonces, ¿por qué la peña se gasta los cuartos en semejantes ideas? La noticia afirma bobamente que “El objetivo de los creadores es, evidentemente, el de hacer que nos riamos de nosotros mismos”, cuando esto lo hacen de sobras varias series, como Los Simpson. La respuesta auténtica es otra: el márketing. La verdadera razón es la misma que el Copépodo indicaba en esta estupenda entrada acerca de campañas publicitarias que demuestran verdadero talento artístico: lo importante no es que te vendan algo material que necesites o quieras, sino que te ofrezcan cierto concepto abstracto que desees. Nadie quiere, bien mirado, una cafetera como las de los bares (¿Tan útil es, leches?), lo que la gente quiere es esa sensación de exclusividad que conlleva la posesión del puñetero electrodoméstico.
Así, los libros-objeto no tienen mucha gracia, pero se venden porque su poseedor siente que soltar la guita en estas chorradas lo hará parecer un tipo chistoso, aunque el libro de sexualidad no sea mucho más ingenioso que las marranadas que escribía e/o ilustraba con mis cuates. El libro en blanco no hace sino aprovechar un viejo tópico en un formato ya usado, pero más de uno ha afirmado que es una idea brillante y meridiana, incluyendo personas que ya saben de los precedentes. Ya se sabe: es la misma Stacy Malibú, pero el sombrero es nuevo.
Lo más curioso, ya para acabar, es que mi mención al chiste de Zipi y Zape no estaba ni mucho menos tan desencaminada. Me vais a perdonar que me conforme con describirlo, pero es que no tengo ganas de buscar el tebeo entre mi montón y además dudo que pudiera escanearlo bien. El chiste era tal que así: los Zapatilla se encontraron con los Plómez, el matrimonio que les daba el coñazo con sus visitas, en plena calle. Los Plómez estaban vendiendo libros en un puesto, que don Pantuflo quiso leer. Ahí empieza la gracia.
Don Pantuflo: ¿Pero qué es esto? ¡Estos libros están en blanco!
Señora Plómez: ¡Pues claro que sí! ¿Quién los va a leer?
Don Pantuflo: ¿Perdone?
Señora Plómez: Le explico, don Pantuflo: nosotros no vendemos novelas ni libros de texto, nosotros vendemos las portadas. Lo que la gente quiere no es leer libros, sino llevarse los libros a su casa y colocarlos en las estanterías, porque hacen bonito, ¿comprende usted?
Don Pantuflo sólo puso cara de circunstancias. La misma que puse yo, ni más ni menos, cuando leí la noticia ayer. En el fondo, llevará razón el Copépodo: si estoy aquí y no forrándome, es porque no estoy en sintonía con la fórmula del éxito de los tiempos de ahora. Lo que no es malo, al menos no seré un Duchamp.

Un tío publica un libro en blanco que llega a ser un best-seller. De veras que si hubiese llegado a saberlo anteayer, habría asegurado que eso es un chiste de un número de Zipi y Zape. Esto no debe hacernos desdeñar la colección de libros-objeto: todos ellos con 256 páginas (2 elevado a 8) y con un contenido que va desde un texto escrito sólo con gemidos hasta un libro que sólo contiene la palabra “gracias” las veces necesarias para llegar al total de páginas. Y se vende, que ya manda huevos la cosa.
Bien mirado, sí, no deja de ser una burla al mercado de la autoayuda, aunque tengo la sensación de que hay parodias mucho mejores. De hecho, lo de llenar 256 páginas de lo que sería un orgasmo inacabable me recuerda a esas historietas, en narrativa y en cómic, que servidor y sus amigotes del colegio hacían para pasar el rato, sólo que nosotros teníamos la decencia de procurar que tuvieran gracia. En una de las viñetas, incluso, se inspira cierto derivado de sainete que escribiría años después.
El libro en blanco, sin embargo, es mi favorito. En realidad, tal ocurrencia no es, ni mucho menos, una novedad; en Uruguay, valga el ejemplo, se publicó un libro similar llamado Inteligencia militar después de la dictadura militar. Bueno, entonces sí había una diferencia: aquello era una boutade legítima y seguro que sus compradores consideraban que aupar semejante idea era demostrar su rechazo a la barbarie. Esto no es más que una gracieta. Ha habido quien se ha quejado de que, claro, esto es una muestra del perverso feminazismo, pero en realidad su autor, Sheridan Simove, ya tuvo su polémica cuando comercializó un control remoto de mujeres. Eso sí, nadie se quejó del de hombres, que también se vendía en la misma tienda.
Volviendo al asunto, estoy bastante seguro de que hay tarjetas que resumen en una jocosa viñeta lo mismo que estos libros con mucha más gracia. Además, hay cuadernos. Luego entonces, ¿por qué la peña se gasta los cuartos en semejantes ideas? La noticia afirma bobamente que “El objetivo de los creadores es, evidentemente, el de hacer que nos riamos de nosotros mismos”, cuando esto lo hacen de sobras varias series, como Los Simpson. La respuesta auténtica es otra: el márketing. La verdadera razón es la misma que el Copépodo indicaba en esta estupenda entrada acerca de campañas publicitarias que demuestran verdadero talento artístico: lo importante no es que te vendan algo material que necesites o quieras, sino que te ofrezcan cierto concepto abstracto que desees. Nadie quiere, bien mirado, una cafetera como las de los bares (¿Tan útil es, leches?), lo que la gente quiere es esa sensación de exclusividad que conlleva la posesión del puñetero electrodoméstico.
Así, los libros-objeto no tienen mucha gracia, pero se venden porque su poseedor siente que soltar la guita en estas chorradas lo hará parecer un tipo chistoso, aunque el libro de sexualidad no sea mucho más ingenioso que las marranadas que escribía e/o ilustraba con mis cuates. El libro en blanco no hace sino aprovechar un viejo tópico en un formato ya usado, pero más de uno ha afirmado que es una idea brillante y meridiana, incluyendo personas que ya saben de los precedentes. Ya se sabe: es la misma Stacy Malibú, pero el sombrero es nuevo.
Lo más curioso, ya para acabar, es que mi mención al chiste de Zipi y Zape no estaba ni mucho menos tan desencaminada. Me vais a perdonar que me conforme con describirlo, pero es que no tengo ganas de buscar el tebeo entre mi montón y además dudo que pudiera escanearlo bien. El chiste era tal que así: los Zapatilla se encontraron con los Plómez, el matrimonio que les daba el coñazo con sus visitas, en plena calle. Los Plómez estaban vendiendo libros en un puesto, que don Pantuflo quiso leer. Ahí empieza la gracia.
Don Pantuflo: ¿Pero qué es esto? ¡Estos libros están en blanco!
Señora Plómez: ¡Pues claro que sí! ¿Quién los va a leer?
Don Pantuflo: ¿Perdone?
Señora Plómez: Le explico, don Pantuflo: nosotros no vendemos novelas ni libros de texto, nosotros vendemos las portadas. Lo que la gente quiere no es leer libros, sino llevarse los libros a su casa y colocarlos en las estanterías, porque hacen bonito, ¿comprende usted?
Don Pantuflo sólo puso cara de circunstancias. La misma que puse yo, ni más ni menos, cuando leí la noticia ayer. En el fondo, llevará razón el Copépodo: si estoy aquí y no forrándome, es porque no estoy en sintonía con la fórmula del éxito de los tiempos de ahora. Lo que no es malo, al menos no seré un Duchamp.
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domingo, febrero 26
Leyendas del mundillo friqui: El cartucho negro de Pokémon.
Ya que la primera entrega citaba a Pokémon, continúo por esa línea esta entrada y la siguiente. En el mundo de los videojuegos no es raro encontrarse hacks “de marca”: modificaciones de un juego que lo alteran de tal modo que los jugones reconocen la nueva versión como válida. Algunas alteraciones frecuentes son incrementar el nivel de dificultad o cambiar ligeramente los gráficos y/o la jugabilidad (en este último caso, incluso se venden como juegos oficiales).
No tan frecuente es hacer una versión especial, cambiando el propio argumento y el final, aunque se parta de la misma base y los personajes se llamen igual. Un ejemplo legendario de este tipo es el cartucho negro de Pokémon.
Pero antes de nada, uno de los numerosos vídeos que relatan la fantasiosa historia:
Es un buen resumen de lo que acontece en el supuesto juego. Según la leyenda, este extraño cartucho, que se vendería clandestinamente en tiendas especializadas en productos pirateados, es de color negro (recordemos que las entregas de Pokémon tenían ediciones, distinguibles por el color del cartucho, con bichillos exclusivos para cada una). Una vez adquirido, el jugón se encontraría con una mecánica que le permitiría no sólo matar con un pokémon invencible, sino también sufrir el mismo destino a manos de este siniestro espécimen. Ya lo dijo aquel, quien a espada mata… Sin embargo, no todas las versiones de la leyenda incluyen la última maldición, dirigida al propio jugador.
La cuestión principal es si el juego existe. A priori, lo que se cuenta en el vídeo acerca de la experiencia de partida es perfectamente plausible, de hecho, conozco algunos juegos comerciales que tienen argumentos aún más duros. La venta de cartuchos piratas, pintados de negro para la ocasión, es también posible, como los famosos 32 en 1 (un amigo tenía uno y nos lo pasábamos teta). Así, hasta ahora afirmo que la historia podría ser real.
Lo que ya no cuela es la posibilidad de que hay un solo cartucho del que, por supuesto, no podemos ver ni una fotografía porque su poseedor lo perdió o se deshizo de este cuando se cagó en los pantalones. Además, se afirma que la adquisición se realizó en uno de esos mercadillos donde, como sabemos por el cine de terror, se venden objetos malditos para pardillos. Por último, vender el cartucho a un precio de ganga, que supondré menor al que le costó al narrador, recuerda a El diablo de la botella. Muy tópico. Además, en las primeras versiones no se cuenta la revelación de que el pokémon Ghost acaba maldiciendo al desafortunado jugador, sino que acaba con las reflexiones en torno a los motivos del bromista.
En el fondo, esto no deja de ser un caso de dramatización popular. Pokémon no destaca por la profundidad de su propuesta (me descoj….), por lo que es un candidato perfecto para este tipo de jugarretas. Alguien quiso epatar a los jugones con una historia siniestra que nos recuerda, como decía el proverbio latino, que vita incerta, mors certissima. Ya hay juegos así, pero siempre impresiona más con un producto infantil.
Otras leyendas por el estilo hablan de 151 cartuchos malditos, llamados así porque los niños que los poseyeron murieron. Pues podría ser, claro. Es más probable que mueran unos cien niños que tengan un juego de Pokémon que tantos otros que hayan leído La montaña mágica.
Por último, un grupo de graciosos está programando su propia versión de Pokémon basada en esta leyenda, aunque no se puede matar a nadie, pero todo se andará. No hay nada mejor para una leyenda que llegar a ser verdad, así que es todo un éxito.
No tan frecuente es hacer una versión especial, cambiando el propio argumento y el final, aunque se parta de la misma base y los personajes se llamen igual. Un ejemplo legendario de este tipo es el cartucho negro de Pokémon.
Pero antes de nada, uno de los numerosos vídeos que relatan la fantasiosa historia:
Es un buen resumen de lo que acontece en el supuesto juego. Según la leyenda, este extraño cartucho, que se vendería clandestinamente en tiendas especializadas en productos pirateados, es de color negro (recordemos que las entregas de Pokémon tenían ediciones, distinguibles por el color del cartucho, con bichillos exclusivos para cada una). Una vez adquirido, el jugón se encontraría con una mecánica que le permitiría no sólo matar con un pokémon invencible, sino también sufrir el mismo destino a manos de este siniestro espécimen. Ya lo dijo aquel, quien a espada mata… Sin embargo, no todas las versiones de la leyenda incluyen la última maldición, dirigida al propio jugador.
La cuestión principal es si el juego existe. A priori, lo que se cuenta en el vídeo acerca de la experiencia de partida es perfectamente plausible, de hecho, conozco algunos juegos comerciales que tienen argumentos aún más duros. La venta de cartuchos piratas, pintados de negro para la ocasión, es también posible, como los famosos 32 en 1 (un amigo tenía uno y nos lo pasábamos teta). Así, hasta ahora afirmo que la historia podría ser real.
Lo que ya no cuela es la posibilidad de que hay un solo cartucho del que, por supuesto, no podemos ver ni una fotografía porque su poseedor lo perdió o se deshizo de este cuando se cagó en los pantalones. Además, se afirma que la adquisición se realizó en uno de esos mercadillos donde, como sabemos por el cine de terror, se venden objetos malditos para pardillos. Por último, vender el cartucho a un precio de ganga, que supondré menor al que le costó al narrador, recuerda a El diablo de la botella. Muy tópico. Además, en las primeras versiones no se cuenta la revelación de que el pokémon Ghost acaba maldiciendo al desafortunado jugador, sino que acaba con las reflexiones en torno a los motivos del bromista.
En el fondo, esto no deja de ser un caso de dramatización popular. Pokémon no destaca por la profundidad de su propuesta (me descoj….), por lo que es un candidato perfecto para este tipo de jugarretas. Alguien quiso epatar a los jugones con una historia siniestra que nos recuerda, como decía el proverbio latino, que vita incerta, mors certissima. Ya hay juegos así, pero siempre impresiona más con un producto infantil.
Otras leyendas por el estilo hablan de 151 cartuchos malditos, llamados así porque los niños que los poseyeron murieron. Pues podría ser, claro. Es más probable que mueran unos cien niños que tengan un juego de Pokémon que tantos otros que hayan leído La montaña mágica.
Por último, un grupo de graciosos está programando su propia versión de Pokémon basada en esta leyenda, aunque no se puede matar a nadie, pero todo se andará. No hay nada mejor para una leyenda que llegar a ser verdad, así que es todo un éxito.
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jueves, febrero 23
El peso de la mayoría absoluta.
Una de las peores consecuencias de la sociedad de masas es que todo aquello que es infrecuente pasa desapercibido, y lo que pasa desapercibido se considera inexistente. Bien lo saben en la Federación de Enfermedades Raras, que pide donativos ante la falta de financiación pública.
Otra, es que la necesidad de llegar a la mayor parte de la población puede ser, paradójicamente, un riesgo para la comunicación de ideas, porque, como expresó Joseph Goebbels, para llegar al más tonto de ellos hay que rebajar la idea a su nivel. De ahí, que muchas veces se lean en la prensa noticias cuya relación con el hecho ocurrido es tan lejana que parecen inconexos. Lo que ocurrió con Ofiuco es un buen ejemplo.
Muy relacionado con el anterior párrafo está el hecho de que la popularización de un artículo puede provocar que cada unidad del mismo sea menos elaborada que el mismo producto si fuera más minoritario, porque se prefiere la marca a la calidad. Véase el escándalo de los implantes PIP.
Pero lo peor es que hasta el individualismo se vende al por mayor, valga el oxímoron. Se puede comprobar yendo a cualquier página que presuma de ser revolucionaria o contraria al adocenamiento: todos reivindican, en líneas generales, que todo lo que hacen los demás es ilusorio y que el único, el auténtico, es uno mismo, simple y llanamente porque sí, porque es algo que lleva en sí mismo. Nada, al mismo tiempo, más falso y medio verdadero: la individualidad se trabaja y seguir la manada es también algo que llevamos dentro de nosotros.
Nadie vive sin aprender algo de los demás. Negar la realidad de los otros es caer en el narcisismo.
* No, el que lo más frecuente se identifique como lo normal es una de sus características.
* ¡Ya es desgracia que alguien así llevara razón!
Otra, es que la necesidad de llegar a la mayor parte de la población puede ser, paradójicamente, un riesgo para la comunicación de ideas, porque, como expresó Joseph Goebbels, para llegar al más tonto de ellos hay que rebajar la idea a su nivel. De ahí, que muchas veces se lean en la prensa noticias cuya relación con el hecho ocurrido es tan lejana que parecen inconexos. Lo que ocurrió con Ofiuco es un buen ejemplo.
Muy relacionado con el anterior párrafo está el hecho de que la popularización de un artículo puede provocar que cada unidad del mismo sea menos elaborada que el mismo producto si fuera más minoritario, porque se prefiere la marca a la calidad. Véase el escándalo de los implantes PIP.
Pero lo peor es que hasta el individualismo se vende al por mayor, valga el oxímoron. Se puede comprobar yendo a cualquier página que presuma de ser revolucionaria o contraria al adocenamiento: todos reivindican, en líneas generales, que todo lo que hacen los demás es ilusorio y que el único, el auténtico, es uno mismo, simple y llanamente porque sí, porque es algo que lleva en sí mismo. Nada, al mismo tiempo, más falso y medio verdadero: la individualidad se trabaja y seguir la manada es también algo que llevamos dentro de nosotros.
Nadie vive sin aprender algo de los demás. Negar la realidad de los otros es caer en el narcisismo.
* No, el que lo más frecuente se identifique como lo normal es una de sus características.
* ¡Ya es desgracia que alguien así llevara razón!
domingo, febrero 19
Leyendas del mundillo friqui: El pokémon abortado.
Esta entrada inaugura, espero, una serie dentro de este blog: rumores o anécdotas de diversas subculturas etiquetadas de “friquis”, especialmente cuando sean chocantes o raras. Como tengo ciertas ganas de epatar al respetable, empecemos con una de las historias más retorcidas, cuya fama en la red ha crecido hasta que se ha transformado en una bola de nieve que lo arrolla todo.
La situación es la siguiente: En 1994 aparece un juego llamado Earthbound (título original japonés Mother 2) para una la entonces flamante consola de Nintendo, la Supernintendo. Este juego, un RPG japonés, se hace famoso por su argumento y sus villanos principales: Pokey Minch (en realidad, un Engrish de Porky), un niño gordo un poco hijo de puta, capaz de sacrificar a la chica del grupo de protagonistas a su religión inventada, la Feliz Iglesia del Felicismo (un claro precedente de Eric Cartman); y Giygas (¡Joder con el nombrecito!), que es... You can’t grasp the true form.

En efecto, no soy capaz.
En estos dos vídeos se puede ver la lucha final, durante la cual ambos villanos son derrotados. La parte del aborto se refiere a Giygas. Fijaos en lo siguiente:
-Los protagonistas tienen que viajar al pasado para esta lucha.
-El escenario que se ve al principio del vídeo, por donde se mueven esos robots, parece un material rugoso. Además, primero es un camino recto, luego torcido, y llega a un lugar más grueso donde yace un objeto esférico del que sale una carita.
-El tal Giygas es al principio un motivo gráfico que representa una cara haciendo una mueca, luego ese mismo motivo multiplicado, y por último multiplicado todavía más.
-Si uno se fija, a partir de 7:50 el motivo de la cara parece tener la forma de un bebé. Si no lo ves claro, sigue leyendo.

-Durante la pelea, Giygas dice cosas faltas de sentido, como quejarse de que le duele la paliza que le damos para inmediatamente declarar que se siente bien o ponerse a gruñir y a repetir el nombre del protagonista, Ness, unas cuantas decenas de veces. No tiene los sesos muy bien puestos o no es dueño de sí mismo.
Estos cinco elementos combinados ayudaron a crear la así llamada Teoría del aborto de Giygas: los protagonistas viajaron al pasado para abortar al terrible villano antes de que naciera. Tremendamente perturbador.

Ahora sí, contemplad el susodicho bebé. Lo de la violación viene ahora.
No obstante, Giygas nació de una perturbación. El guionista de Earthbound, Shigesato Itoi, respondió que se basaba en la mala experiencia que tuvo cuando vio de pequeño una escena de violación en una película. Según él mismo, “En resumen, Giygas es algo que no puede entenderse, ¿sabes? Pero también hay una parte de él que es como un ser vivo que merece cariño. Esa parte es el pecho de Hisako Tsukuba en la película “The Military Policeman and the Dismembered Beauty.
(...)
Después de verla, volví a casa, callado y confundido. Me había impresionado tanto que preocupé a mis padres. Al fin y al cabo, Una mujer había sido violada. Cerca de un río. En la película. Cuando el tipo agarró su pecho tan fuerte, se distorsionó hasta tener la forma de esta pelota. Me chocó profundamente. Fue un ataque directo a mi cerebro.
(…)
En otras palabras, era esta sensación de terror con atrocidad y eroticismo codo a codo, y eso es lo que las últimas frases de Giygas son. Durante el final, él dice, “Duele”, ¿a que sí? Eso es… su pecho. Es como, cómo lo describo, una sensación de “ser vivo”.”.
No hace falta un aborto para que todo esto ya sea siniestro. En consonancia con esta línea de un enemigo inaprehensible, como se puede observar con atención en los vídeos, la única manera de matar a Giygas pasa por rezar, pero literalmente: los conocidos de los protagonistas responderán a las plegarias de los protagonistas con otras, lo cual hará daño el malo. Bien mirado, es lógico: en este mundo, la magia funcional consiste en poderes psíquicos. Si Giygas ha llegado a ser tan poderoso que ha perdido su cuerpo y sólo es la manifestación de esos poderes llevados al máximo, el deseo de alguien por el bienestar de sus enemigos sólo puede hacerle daño. En el último momento, uno de los primeros ejemplos de interactividad argumental con el jugador, este empieza a rezar para que se salven los protagonistas, lo que fulmina al malhadado Giygas. También lógico, ¿pues qué no quiere el jugador, sino ganar a toda costa?
Este artículo, que es una de mis fuentes para esta entrada, presenta una tesis demoledora: las contradictorias frases de Giygas durante su batalla no son sino una alegoría de la pubertad del protagonista. Y para colmo, da a entender que el único responsable de la muerte de Giygas es el propio jugador, quien realiza el acto sin tener mayores pruebas en su contra que el testimonio de Pokey Minch, un mentiroso irredento, y no olvidemos que Giygas no es consciente de los actos, ¿luego es malvado? Hemos pasado de hablar sobre un supuesto aborto para hacerlo de la vida íntima de un chaval y de ser acusados de asesinato. Aquí hay algo podrido.
Es digno de mención que el terrible poder de Giygas ya era conocido. Earthbound, como sugiere el título original japonés, es la segunda parte de un juego que no se conoció en Occidente por su época, 1989: Mother, de la consola NES. En este juego, como en la primera parte, el malo era Giygas (aunque el nombre se suele transcribir como Giegue). Su aspecto era, simplemente, el de un alienígena gris con rabo. Sus ataques seguían siendo inaprehensibles.

Feo con cojones, eso sí.
En este juego, Giygas te contaba durante la batalla final que los bisabuelos del protagonista, Ninten, lo habían criado siendo pequeño, motivo por el cual estaba muy agradecido a su familia. Llegó a proponerle a Ninten que subiera a su nave para salvarse del holocausto terrícola que pretendía llevar a cabo (las órdenes, ya sabéis). Como los protagonistas nada pueden contra él, deciden atacarlo de un modo “personal”: se ponen a recitar una nana infantil que acaba haciendo estragos en la mente de Giygas. El pobre desgraciado sólo puede rogar que paren, pero finalmente se viene abajo psicológicamente y es incapaz de completar el ordenado holocausto. Esto sigue lo que comenta el autor del artículo de antes sobre si Giygas es malo o no. Se puede ver aquí.
Y bien, eso es todo. ¿Qué ocurre? ¿Falta algo? ¡Ah, sí! ¡El pokémon! Pues la relación es la siguiente: El equipo de programación sacó el tercer y último capítulo de la saga Mother, después de lo cual empezaron con otro RPG algo diferente. La idea inicial iba de un chico que iba reuniendo unos bichos muy raros que podía usar posteriormente en combates. Como es costumbre en las compañías, aprovecharon unos cuantos de los diseños de los juegos anteriores para, entre ellos el de Giygas del primer Mother para uno de esos bichillos, que luego se llamaron Pokémon.

Puede verse que el parecido es notable. Incluso los ataques del Pokémon, Mewtwo, son psíquicos, lo que casa con los ataques de forma ininteligible de Giygas.
En resumen, el debate continúa, pero en algunos vídeos de You Tube se ruega a los comentaristas que no nombren más la teoría del aborto, que ya huele. Conclusión: un éxito.
Fuentes:
Grasping the true form of Giygas’s attack
Enciclopedia de la saga Mother
Webcómic de Las paridas de la guarida que me dio a conocer esta leyenda
La situación es la siguiente: En 1994 aparece un juego llamado Earthbound (título original japonés Mother 2) para una la entonces flamante consola de Nintendo, la Supernintendo. Este juego, un RPG japonés, se hace famoso por su argumento y sus villanos principales: Pokey Minch (en realidad, un Engrish de Porky), un niño gordo un poco hijo de puta, capaz de sacrificar a la chica del grupo de protagonistas a su religión inventada, la Feliz Iglesia del Felicismo (un claro precedente de Eric Cartman); y Giygas (¡Joder con el nombrecito!), que es... You can’t grasp the true form.

En efecto, no soy capaz.
En estos dos vídeos se puede ver la lucha final, durante la cual ambos villanos son derrotados. La parte del aborto se refiere a Giygas. Fijaos en lo siguiente:
-Los protagonistas tienen que viajar al pasado para esta lucha.
-El escenario que se ve al principio del vídeo, por donde se mueven esos robots, parece un material rugoso. Además, primero es un camino recto, luego torcido, y llega a un lugar más grueso donde yace un objeto esférico del que sale una carita.
-El tal Giygas es al principio un motivo gráfico que representa una cara haciendo una mueca, luego ese mismo motivo multiplicado, y por último multiplicado todavía más.
-Si uno se fija, a partir de 7:50 el motivo de la cara parece tener la forma de un bebé. Si no lo ves claro, sigue leyendo.

-Durante la pelea, Giygas dice cosas faltas de sentido, como quejarse de que le duele la paliza que le damos para inmediatamente declarar que se siente bien o ponerse a gruñir y a repetir el nombre del protagonista, Ness, unas cuantas decenas de veces. No tiene los sesos muy bien puestos o no es dueño de sí mismo.
Estos cinco elementos combinados ayudaron a crear la así llamada Teoría del aborto de Giygas: los protagonistas viajaron al pasado para abortar al terrible villano antes de que naciera. Tremendamente perturbador.

Ahora sí, contemplad el susodicho bebé. Lo de la violación viene ahora.
No obstante, Giygas nació de una perturbación. El guionista de Earthbound, Shigesato Itoi, respondió que se basaba en la mala experiencia que tuvo cuando vio de pequeño una escena de violación en una película. Según él mismo, “En resumen, Giygas es algo que no puede entenderse, ¿sabes? Pero también hay una parte de él que es como un ser vivo que merece cariño. Esa parte es el pecho de Hisako Tsukuba en la película “The Military Policeman and the Dismembered Beauty.
(...)
Después de verla, volví a casa, callado y confundido. Me había impresionado tanto que preocupé a mis padres. Al fin y al cabo, Una mujer había sido violada. Cerca de un río. En la película. Cuando el tipo agarró su pecho tan fuerte, se distorsionó hasta tener la forma de esta pelota. Me chocó profundamente. Fue un ataque directo a mi cerebro.
(…)
En otras palabras, era esta sensación de terror con atrocidad y eroticismo codo a codo, y eso es lo que las últimas frases de Giygas son. Durante el final, él dice, “Duele”, ¿a que sí? Eso es… su pecho. Es como, cómo lo describo, una sensación de “ser vivo”.”.
No hace falta un aborto para que todo esto ya sea siniestro. En consonancia con esta línea de un enemigo inaprehensible, como se puede observar con atención en los vídeos, la única manera de matar a Giygas pasa por rezar, pero literalmente: los conocidos de los protagonistas responderán a las plegarias de los protagonistas con otras, lo cual hará daño el malo. Bien mirado, es lógico: en este mundo, la magia funcional consiste en poderes psíquicos. Si Giygas ha llegado a ser tan poderoso que ha perdido su cuerpo y sólo es la manifestación de esos poderes llevados al máximo, el deseo de alguien por el bienestar de sus enemigos sólo puede hacerle daño. En el último momento, uno de los primeros ejemplos de interactividad argumental con el jugador, este empieza a rezar para que se salven los protagonistas, lo que fulmina al malhadado Giygas. También lógico, ¿pues qué no quiere el jugador, sino ganar a toda costa?
Este artículo, que es una de mis fuentes para esta entrada, presenta una tesis demoledora: las contradictorias frases de Giygas durante su batalla no son sino una alegoría de la pubertad del protagonista. Y para colmo, da a entender que el único responsable de la muerte de Giygas es el propio jugador, quien realiza el acto sin tener mayores pruebas en su contra que el testimonio de Pokey Minch, un mentiroso irredento, y no olvidemos que Giygas no es consciente de los actos, ¿luego es malvado? Hemos pasado de hablar sobre un supuesto aborto para hacerlo de la vida íntima de un chaval y de ser acusados de asesinato. Aquí hay algo podrido.
Es digno de mención que el terrible poder de Giygas ya era conocido. Earthbound, como sugiere el título original japonés, es la segunda parte de un juego que no se conoció en Occidente por su época, 1989: Mother, de la consola NES. En este juego, como en la primera parte, el malo era Giygas (aunque el nombre se suele transcribir como Giegue). Su aspecto era, simplemente, el de un alienígena gris con rabo. Sus ataques seguían siendo inaprehensibles.

Feo con cojones, eso sí.
En este juego, Giygas te contaba durante la batalla final que los bisabuelos del protagonista, Ninten, lo habían criado siendo pequeño, motivo por el cual estaba muy agradecido a su familia. Llegó a proponerle a Ninten que subiera a su nave para salvarse del holocausto terrícola que pretendía llevar a cabo (las órdenes, ya sabéis). Como los protagonistas nada pueden contra él, deciden atacarlo de un modo “personal”: se ponen a recitar una nana infantil que acaba haciendo estragos en la mente de Giygas. El pobre desgraciado sólo puede rogar que paren, pero finalmente se viene abajo psicológicamente y es incapaz de completar el ordenado holocausto. Esto sigue lo que comenta el autor del artículo de antes sobre si Giygas es malo o no. Se puede ver aquí.
Y bien, eso es todo. ¿Qué ocurre? ¿Falta algo? ¡Ah, sí! ¡El pokémon! Pues la relación es la siguiente: El equipo de programación sacó el tercer y último capítulo de la saga Mother, después de lo cual empezaron con otro RPG algo diferente. La idea inicial iba de un chico que iba reuniendo unos bichos muy raros que podía usar posteriormente en combates. Como es costumbre en las compañías, aprovecharon unos cuantos de los diseños de los juegos anteriores para, entre ellos el de Giygas del primer Mother para uno de esos bichillos, que luego se llamaron Pokémon.

Puede verse que el parecido es notable. Incluso los ataques del Pokémon, Mewtwo, son psíquicos, lo que casa con los ataques de forma ininteligible de Giygas.
En resumen, el debate continúa, pero en algunos vídeos de You Tube se ruega a los comentaristas que no nombren más la teoría del aborto, que ya huele. Conclusión: un éxito.
Fuentes:
Grasping the true form of Giygas’s attack
Enciclopedia de la saga Mother
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miércoles, febrero 15
Este blog, un paraguas binario.
Mi amigo JSainz se ha enterado de la lista que redacté a comienzo de año y me ha hecho una crítica porque le ha gustado mucho.
En un pedazo de inmensidad cibernética compuesto por fractales alfanuméricos, el sevillano Ozanúnest ha compilado una lista around-15M con los, en su opinión-nacida de lecturas nada virtuales-mejores posts del año de la Spanish Revolution. La ecuación incluye términos positivos, negativos y hasta algún elemento neutro, pero su inexistente resolución nos recuerda que la red de redes carece de última página, muy a pesar de lo que cierta bufonada pueda hacernos creer. E incluyendo diversos temas debajo del mismo paraguas binario nos hace recordar que la realidad es poliédrica, pero en absoluto platónica.
En un pedazo de inmensidad cibernética compuesto por fractales alfanuméricos, el sevillano Ozanúnest ha compilado una lista around-15M con los, en su opinión-nacida de lecturas nada virtuales-mejores posts del año de la Spanish Revolution. La ecuación incluye términos positivos, negativos y hasta algún elemento neutro, pero su inexistente resolución nos recuerda que la red de redes carece de última página, muy a pesar de lo que cierta bufonada pueda hacernos creer. E incluyendo diversos temas debajo del mismo paraguas binario nos hace recordar que la realidad es poliédrica, pero en absoluto platónica.
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lunes, febrero 13
Les chauvinistes, ce sont les français toujours!
Sigo, con asombro creciente, la reacción que ha seguido a cierta canción de los guiñoles del Canal + francés, en la que se acusaba humorísticamente (o eso dicen) a los deportistas españoles de dopaje. ¡Pues vaya novedad! No será la primera vez que un galo mira con desprecio hacia el sur de los Pirineos, pues al fin y al cabo no siempre están mirando al sureste, al este, al norte y al noroeste. En algún momento nos tiene que tocar y entonces tendremos que apechugar con la maldad gabacha. No en vano, el término chauvinismo (o chovinismo, para fastidiar) proviene de aquella tierra.
La respuesta usada; una camioneta que, mientras daba vueltas alrededor de la embajada francesa, cargaba una pantalla gigante donde se alternaban diversos tweets de españoles mosqueados con el programa franchute; me parece un poco ñoña. Parece, con perdón, la respuesta que daría un niño en el patio de un colegio si un compañero lo acusa de tramposo: ¡Yo soy bueno! ¡Yo no hice trampa! Y respecto a ir a la embajada para protestar, vamos a ver, eso es demostrar poco más juicio que aquellos musulmanes que montaron la de Dios no es Cristo (en este caso) cuando se publicaron las famosas caricaturas de Mojama, el árabe cósm… ¡De Mahoma, de Mahoma! No puedes culpar al gobierno de un país, ni siquiera al de Francia, de lo que hacen los medios de comunicación locales. ¡A no ser que te importe una mierda reseca de gato cojitranco el concepto de libertad de prensa! Es un consuelo, al menos, que no hayan quemado la embajada.
¡Ojo, que yo no digo que no se pueda criticar el chiste! La excusa de “Sólo es humor” es una chorrada. La libertad de expresión existe en los dos sentidos, tanto para los del programa en el momento que emitieron la cancioncita de marras, como para los parodiados de levantar el dedo medio para enviar a los anteriores a tomar por culo. A mí, a título personal, el chiste me parece una puta mierda porque, según entiendo, acaban bromeando con gente como Gasol y Nadal, cuya única relación con Contador es que son españoles, deportistas y conocidos internacionalmente. También yo podría, en base a la misma lógica, acabar bromeando con un Sarkozy violador, pues Strauss-Kahn fue acusado de lo mismo. Si este chiste se hubiera hecho porque, y he aquí el quid, los parodiados hubiesen defendido a Contador más allá de cualquier razón, y siempre mentando el honor del deporte español, pues me habría parecido lo más apropiado y, para qué negarlo, gracioso.
Por otro lado, si sospechas que el chiste es parte de la conjura gabacha contra los honrados españolitos, pues también hay maneras de contestar más elegantes. Los organizadores de la respuesta española parecen ignorar ese dicho de que el culpable se defiende incluso antes de ser acusado realmente. Y es cierto: sin pruebas, todo el mundo es inocente. Si sospechas de que algunos sectores galos te acusan entre dientes, pues aprovecha para poner a parir al primero que diga alguna borricada sin tener mejores pruebas que “Me lo dijo un contacto” o “Lo sabe todo el mundo”. Exígele una demostración y déjalo estar ahí: el otro es un bocazas y tú quedas como alguien dispuesto a lavar tus posibles trapos sucios. Además, no se obtendrá más, pues la única conjura existente es como la de la famosa novela: una de necios.
El país también ha hablado bastante bien del asunto, que pasará al grueso libro de las desavenencias deportivas. Citius? Sólo para pedir explicaciones. Altius? Sí, hasta dos ministros están protestando. Fortius? Los lloriqueos, seguramente.
La respuesta usada; una camioneta que, mientras daba vueltas alrededor de la embajada francesa, cargaba una pantalla gigante donde se alternaban diversos tweets de españoles mosqueados con el programa franchute; me parece un poco ñoña. Parece, con perdón, la respuesta que daría un niño en el patio de un colegio si un compañero lo acusa de tramposo: ¡Yo soy bueno! ¡Yo no hice trampa! Y respecto a ir a la embajada para protestar, vamos a ver, eso es demostrar poco más juicio que aquellos musulmanes que montaron la de Dios no es Cristo (en este caso) cuando se publicaron las famosas caricaturas de Mojama, el árabe cósm… ¡De Mahoma, de Mahoma! No puedes culpar al gobierno de un país, ni siquiera al de Francia, de lo que hacen los medios de comunicación locales. ¡A no ser que te importe una mierda reseca de gato cojitranco el concepto de libertad de prensa! Es un consuelo, al menos, que no hayan quemado la embajada.
¡Ojo, que yo no digo que no se pueda criticar el chiste! La excusa de “Sólo es humor” es una chorrada. La libertad de expresión existe en los dos sentidos, tanto para los del programa en el momento que emitieron la cancioncita de marras, como para los parodiados de levantar el dedo medio para enviar a los anteriores a tomar por culo. A mí, a título personal, el chiste me parece una puta mierda porque, según entiendo, acaban bromeando con gente como Gasol y Nadal, cuya única relación con Contador es que son españoles, deportistas y conocidos internacionalmente. También yo podría, en base a la misma lógica, acabar bromeando con un Sarkozy violador, pues Strauss-Kahn fue acusado de lo mismo. Si este chiste se hubiera hecho porque, y he aquí el quid, los parodiados hubiesen defendido a Contador más allá de cualquier razón, y siempre mentando el honor del deporte español, pues me habría parecido lo más apropiado y, para qué negarlo, gracioso.
Por otro lado, si sospechas que el chiste es parte de la conjura gabacha contra los honrados españolitos, pues también hay maneras de contestar más elegantes. Los organizadores de la respuesta española parecen ignorar ese dicho de que el culpable se defiende incluso antes de ser acusado realmente. Y es cierto: sin pruebas, todo el mundo es inocente. Si sospechas de que algunos sectores galos te acusan entre dientes, pues aprovecha para poner a parir al primero que diga alguna borricada sin tener mejores pruebas que “Me lo dijo un contacto” o “Lo sabe todo el mundo”. Exígele una demostración y déjalo estar ahí: el otro es un bocazas y tú quedas como alguien dispuesto a lavar tus posibles trapos sucios. Además, no se obtendrá más, pues la única conjura existente es como la de la famosa novela: una de necios.
El país también ha hablado bastante bien del asunto, que pasará al grueso libro de las desavenencias deportivas. Citius? Sólo para pedir explicaciones. Altius? Sí, hasta dos ministros están protestando. Fortius? Los lloriqueos, seguramente.
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Y este objeto es la encarnación de nuestra deidad local
viernes, febrero 10
¡Madriz! ¡Madriz! ¡Madriz!
miércoles, febrero 8
El misterio tenebroso de Hamelín.
Comienza… LA HORA DE LA BRUJA MARUJA
¡Queridos telespectadores, bienvenidos a otro programa de La hora de la bruja Maruja! Esta noche viajamos a Alemania, concretamente a una ciudad de cuento… ¡Hamelín! ¿No es así, amigo Gómez del Foso?
¡En efecto! Hamelín es una ciudad misteriosa… Como todo el mundo sabe, es el lugar donde ocurre uno de los relatos de los hermanos Grimm: El flautista de Hamelín. En la historia original, una deuda impagada acaba en desgracia: todos los niños de la ciudad desaparecen… Poca gente sabe que, incluso hoy en día, hay una calle en la auténtica Hamelín donde está prohibido que se cante y se toque música: la Bungelosenstraße, la “calle sin tambores”.
¡Eso es muy interesante! Es justo decir que, según el cuento, el flautista fue contratado para desratizar la ciudad. Al parecer, se valía de la música… ¿Cómo es posible? ¿Estamos hablando de que, en plena Edad media, ya había una tecnología capaz de sintonizar con la mente ratonil?
¡Posiblemente se trataba de tecnología extraterrestre!
¿Cómo llegas a esta conclusión, Gómez del Foso?
Verás, Maruja: los documentos de la época hablan de alguien vestido de un modo extraño, con un traje compuesto de numerosos colores… Bien podría ser alguien con un traje brillante que hace juegos con la luz del sol. Un traje así es también insólito en nuestra época, lo que significa que estamos hablando de tecnología desconocida en nuestro planeta.
¡Fascinante! Cuéntanos, Gómez del Foso… ¿Cuál se supone que era el objetivo de esta misión, por llamarla de alguna manera, extraterrestre?
Bueno, los niños fueron secuestrados y llevados a los bosques de las afueras… No me extrañaría que fueran guiados a la base extraterrestre. Una vez allí, los niños fueron, quizás, objeto de experimentos.
¿Experimentos médicos?
Bien, podrían ser experimentos de todo tipo: sociales, psicológicos, e incluso de rastreo. Otros estudios afirman que en varias zonas de Polonia y otros países eslavos se extendieron los apellidos de los habitantes de Hamelín. Yo creo que los niños fueron devueltos a aquellas zonas para observar mediante algún marcaje, quizás radiactivo, cómo se extendía la descendencia de un ser humano típico.
¡Terrible! Pero dinos, Gómez del Foso, ¿cómo pudo un extraterrestre dejarse capturar por un grupo de habitantes del Medievo?
Es una buena pregunta, Maruja. Yo creo que alguien de su propia gente debió de entregarlo. Quizás cometió alguna falta ritual al secuestrar a esos niños, cuyo castigo era el abandono o la muerte. Otros opinan que el flautista era un extraterrestre ha que trabajó para los anunnaki, quienes lo entregaron cuando acabó su labor, en una maniobra similar a la del romano Quinto Servilio Cepión después del asesinato de Viriato.
Asesinato, secuestro, traición y misterio, sobre todo, un enorme misterio rodea el extraño caso de Hamelín… No cambien de canal: Después de la publicidad, más información sobre una de las partes de la historia que no nos han contado.
¡CHACHACHAN!
¡Queridos telespectadores, bienvenidos a otro programa de La hora de la bruja Maruja! Esta noche viajamos a Alemania, concretamente a una ciudad de cuento… ¡Hamelín! ¿No es así, amigo Gómez del Foso?
¡En efecto! Hamelín es una ciudad misteriosa… Como todo el mundo sabe, es el lugar donde ocurre uno de los relatos de los hermanos Grimm: El flautista de Hamelín. En la historia original, una deuda impagada acaba en desgracia: todos los niños de la ciudad desaparecen… Poca gente sabe que, incluso hoy en día, hay una calle en la auténtica Hamelín donde está prohibido que se cante y se toque música: la Bungelosenstraße, la “calle sin tambores”.
¡Eso es muy interesante! Es justo decir que, según el cuento, el flautista fue contratado para desratizar la ciudad. Al parecer, se valía de la música… ¿Cómo es posible? ¿Estamos hablando de que, en plena Edad media, ya había una tecnología capaz de sintonizar con la mente ratonil?
¡Posiblemente se trataba de tecnología extraterrestre!
¿Cómo llegas a esta conclusión, Gómez del Foso?
Verás, Maruja: los documentos de la época hablan de alguien vestido de un modo extraño, con un traje compuesto de numerosos colores… Bien podría ser alguien con un traje brillante que hace juegos con la luz del sol. Un traje así es también insólito en nuestra época, lo que significa que estamos hablando de tecnología desconocida en nuestro planeta.
¡Fascinante! Cuéntanos, Gómez del Foso… ¿Cuál se supone que era el objetivo de esta misión, por llamarla de alguna manera, extraterrestre?
Bueno, los niños fueron secuestrados y llevados a los bosques de las afueras… No me extrañaría que fueran guiados a la base extraterrestre. Una vez allí, los niños fueron, quizás, objeto de experimentos.
¿Experimentos médicos?
Bien, podrían ser experimentos de todo tipo: sociales, psicológicos, e incluso de rastreo. Otros estudios afirman que en varias zonas de Polonia y otros países eslavos se extendieron los apellidos de los habitantes de Hamelín. Yo creo que los niños fueron devueltos a aquellas zonas para observar mediante algún marcaje, quizás radiactivo, cómo se extendía la descendencia de un ser humano típico.
¡Terrible! Pero dinos, Gómez del Foso, ¿cómo pudo un extraterrestre dejarse capturar por un grupo de habitantes del Medievo?
Es una buena pregunta, Maruja. Yo creo que alguien de su propia gente debió de entregarlo. Quizás cometió alguna falta ritual al secuestrar a esos niños, cuyo castigo era el abandono o la muerte. Otros opinan que el flautista era un extraterrestre ha que trabajó para los anunnaki, quienes lo entregaron cuando acabó su labor, en una maniobra similar a la del romano Quinto Servilio Cepión después del asesinato de Viriato.
Asesinato, secuestro, traición y misterio, sobre todo, un enorme misterio rodea el extraño caso de Hamelín… No cambien de canal: Después de la publicidad, más información sobre una de las partes de la historia que no nos han contado.
¡CHACHACHAN!
jueves, febrero 2
La opinión populachera.
Muchos han olvidado a esta mujer. Error.
Mi relación con la prensa ha sido tormentosa desde que empecé a notar, siendo chiquitín, que le tenían manía a varias de mis aficiones. Mientras iba creciendo, esa manía por mis aficiones acabó por ser medio disculpada para transformarse en un general aborrecimiento por el fenómeno del sensacionalismo.
El victimismo es la forma de sensacionalismo más común y habitual. Es fácil y sencillo ponerse en el lugar de la víctima: muchos han sufrido alguna injusticia durante sus vidas, o al menos lo creen. Es sencillo, con nuestra parte bien definida, buscar al adversario, que será el malo de turno. Así, el victimismo conlleva siempre la demonización de otro. Lo difícil es intentar juzgar los hechos objetivamente, incluso hay quien afirma que eso es en cierto sentido imposible, porque “objetivamente” aquí significa estudiar el conflicto desde un punto de vista externo al mismo, lo que no deja de tener cierta subjetividad (la de alguien ajeno al problema).
Aunque más arriba esté expuesta una fotografía de la famosa madre de Rocío Wanninkhof, el caso más representativo de demonización ocurrió en Australia: la desaparición de Azaria Chamberlain, una niña de apenas meses que fue devorada por un dingo. Aunque varios testigos apoyaban esta versión, finalmente fueron condenados por el “asesinato”. La actuación de la prensa fue vergonzosa: acusaciones de libelo de sangre, de que la madre no mostraba mucho dolor (¿A que les suena?), y de que vestía a la niña de negro (¿?), entre otras subnormalidades.
Es decir, que un país tenga cierta tradición democrática no significa que pueda caer en errores propios de dictaduras bananeras, como dejar que la prensa haga juicios paralelos. Por eso me entran ganas de reír, por no llorar, cada vez que oigo esa famosa cantinela de que es inconcebible que en nuestra reciente democracia sigan ocurriendo según qué atrocidades: como si el hecho de tener presidentes electos sirviera para curar el resto de males del país, algunos de ellos anteriores a la II República. Pensamiento mágico como el de la película Excalibur.
Por eso mismo, y por mucho que no sea contrario a las leyes, no me gusta un pelo que el reportero del programa de Ana Rosa, acompañado de dos primos de la madre de los niños cordobeses desaparecidos, acose a un miembro de la familia del padre, en prisión por ser sospechoso de la ausencia de sus hijos. Entiendo que, si no tienen pruebas para llevarlos ante las leyes, realicen acciones como colgar todos esos carteles cerca del domicilio del individuo, pero aún así se arriesgan a ser denunciados, aunque crean que salir en la televisión equivalga a la inmunidad diplomática. Afortunadamente, ante los ojos de la ley, todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario.
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lunes, enero 30
Mentiras.
Yo creo que existen, básicamente, tres clases de mentiras: las objetivas, las subjetivas y las calumnias. Las primeras me molestan desde el punto de vista estrictamente intelectual porque ocultan la verdad a quien carezca de los suficientes conocimientos o, para qué negarlo, son vulgares excusas para vanos intentos de boutades. Las terceras me molestan desde el punto de vista emocional porque, incluso aunque no suelen caer encima de mí, sí lo hacen encima de otros.
Las segundas, en contraste, no me afectan. ¿Que Paco me cuenta que es un hacha en inglés y que lo habla como si hubiera nacido en Edimburgo? ¡Mola! ¿Que resulta que Paco me ha contado una trola y no sabe conjugar ni el verbo to be? ¡La madre que lo parió! Pero ahí queda la cosa. No pienso perseguirlo ni, pongamos el caso, denunciarlo. Muy posiblemente comentaré la anécdota cuando venga a bien mencionar a un mentiroso descarado, pero ya está.
Por el mismo motivo, no malgasto mi tiempo en pensar si lo que Juan dice de esas tres noruegas que se tiró aquella noche en la discoteca es verdad. Si lo que cuenta está en clara contradicción con la lógica, pues me daré cuenta, pero entonces se puede pensar que se ha debido principalmente a un error del embustero.
Esta entrada viene a santo de que me molestan algunos individuos no sólo preocupados con estas posibles mentiras, sino que también vienen a irritarme con cábalas acerca de las verdaderas intenciones del sospechoso de ser embustero. No preocupados porque, pongamos el caso, de la palabra del otro dependan su bien o su mal, sino porque se sienten ofendidos. No entienden que si el otro dice mentiras que no me perjudican, a mí me importa una mierda. ¿Por qué? Porque creo en la verdad. No digo que yo tenga la verdad absoluta (de hecho, estoy lejos de tenerla), pero creo que existe. Y este tipo de mentiroso puede engañar (o engañarse a sí mismo) por un tiempo, pero al final se daña a sí mismo.
Y no es raro que algunos de estos descubridores, a la hora de la verdad, sean incapaces de reconocer la mentira objetiva de la que he hablado al principio, pero sí capaces de mantenerse en una opinión absolutamente disparatada porque creen que estar a la defensiva y agresivos equivale a un buen argumento. Cuando tú veracidad sólo depende mucho del buen hablar y apenas de lo demás, eres vulnerable a los lenguaraces.
Las segundas, en contraste, no me afectan. ¿Que Paco me cuenta que es un hacha en inglés y que lo habla como si hubiera nacido en Edimburgo? ¡Mola! ¿Que resulta que Paco me ha contado una trola y no sabe conjugar ni el verbo to be? ¡La madre que lo parió! Pero ahí queda la cosa. No pienso perseguirlo ni, pongamos el caso, denunciarlo. Muy posiblemente comentaré la anécdota cuando venga a bien mencionar a un mentiroso descarado, pero ya está.
Por el mismo motivo, no malgasto mi tiempo en pensar si lo que Juan dice de esas tres noruegas que se tiró aquella noche en la discoteca es verdad. Si lo que cuenta está en clara contradicción con la lógica, pues me daré cuenta, pero entonces se puede pensar que se ha debido principalmente a un error del embustero.
Esta entrada viene a santo de que me molestan algunos individuos no sólo preocupados con estas posibles mentiras, sino que también vienen a irritarme con cábalas acerca de las verdaderas intenciones del sospechoso de ser embustero. No preocupados porque, pongamos el caso, de la palabra del otro dependan su bien o su mal, sino porque se sienten ofendidos. No entienden que si el otro dice mentiras que no me perjudican, a mí me importa una mierda. ¿Por qué? Porque creo en la verdad. No digo que yo tenga la verdad absoluta (de hecho, estoy lejos de tenerla), pero creo que existe. Y este tipo de mentiroso puede engañar (o engañarse a sí mismo) por un tiempo, pero al final se daña a sí mismo.
Y no es raro que algunos de estos descubridores, a la hora de la verdad, sean incapaces de reconocer la mentira objetiva de la que he hablado al principio, pero sí capaces de mantenerse en una opinión absolutamente disparatada porque creen que estar a la defensiva y agresivos equivale a un buen argumento. Cuando tú veracidad sólo depende mucho del buen hablar y apenas de lo demás, eres vulnerable a los lenguaraces.
miércoles, enero 25
El aire puro y otros malentendidos.
Cada vez tengo más claro, como más o menos insinuaban en un fanzine, que las autoridades deberían fomentar la lectura con seguridad. No lo digo en el sentido en el que hablaba Vanbrugh el otro día, sino en un sentido más amplio. Leer no sólo te acerca a grandes genios, sino que te deja expuesto a según qué comentarios semejantes a darse un golpe en la cabeza.
Concretamente, hoy mismo he leído un comentario que debería ser clasificado como de alto riesgo. Sólo diré que lo he visto en la revista Quo:
“¿El aire puro es aquel que es todo oxígeno?”
¿PERDONE? No entiendo la pregunta. ¿Qué significa aquí puro? ¿Químicamente puro? ¿EL AIRE? Está de broma o ignora que el aire es la mezcla de gases que rodea el planeta Tierra. Dependiendo de la zona de la Tierra y de la altitud, el aire tiene una composición determinada. Así pues, hablar de aire “puro” no tiene sentido, como mucho se podría decir que tal volumen de aire es inusual, porque presentara algún elemento inhabitual o careciera de uno típico. De todos modos, es harto interesante que el elegido para definir la pureza del aire sea el oxígeno, cuando cualquier persona medianamente culta sabe que el nitrógeno es su componente mayoritario (más o menos un 78%).
Los responsables de la revista Quo se vieron en la misma tesitura que yo: empezaron admitiendo que no sabían a qué porras se referían con el “aire puro” para dar una contestación basada en otro significado de “puro”, más popular. Respondieron con la idea de que “puro” se refería a “saludable”, y dijeron que por el mecanismo de intercambio del dióxido de carbono expirado por el oxígeno inspirado era perjudicial. No les diré yo que no, pero hay dos mejores argumentos:
a) Respirar “aire puro” en una habitación llena de tan maravilloso elixir puede ser perjudicial para la salud tan pronto como alguien encienda una cerilla.
b) Respirar “aire puro” en bombona puede ser muy caro, sólo al alcance de adinerados. De hecho, creo recordar que se puso de moda hace unos años entre snobs.
En resumen, a “puro” le ocurre como lo que Lansky comentó por aquí de la palabra “natural”, es usado tan pródigamente que ya significa cualquier cosa.
Concretamente, hoy mismo he leído un comentario que debería ser clasificado como de alto riesgo. Sólo diré que lo he visto en la revista Quo:
“¿El aire puro es aquel que es todo oxígeno?”
¿PERDONE? No entiendo la pregunta. ¿Qué significa aquí puro? ¿Químicamente puro? ¿EL AIRE? Está de broma o ignora que el aire es la mezcla de gases que rodea el planeta Tierra. Dependiendo de la zona de la Tierra y de la altitud, el aire tiene una composición determinada. Así pues, hablar de aire “puro” no tiene sentido, como mucho se podría decir que tal volumen de aire es inusual, porque presentara algún elemento inhabitual o careciera de uno típico. De todos modos, es harto interesante que el elegido para definir la pureza del aire sea el oxígeno, cuando cualquier persona medianamente culta sabe que el nitrógeno es su componente mayoritario (más o menos un 78%).
Los responsables de la revista Quo se vieron en la misma tesitura que yo: empezaron admitiendo que no sabían a qué porras se referían con el “aire puro” para dar una contestación basada en otro significado de “puro”, más popular. Respondieron con la idea de que “puro” se refería a “saludable”, y dijeron que por el mecanismo de intercambio del dióxido de carbono expirado por el oxígeno inspirado era perjudicial. No les diré yo que no, pero hay dos mejores argumentos:
a) Respirar “aire puro” en una habitación llena de tan maravilloso elixir puede ser perjudicial para la salud tan pronto como alguien encienda una cerilla.
b) Respirar “aire puro” en bombona puede ser muy caro, sólo al alcance de adinerados. De hecho, creo recordar que se puso de moda hace unos años entre snobs.
En resumen, a “puro” le ocurre como lo que Lansky comentó por aquí de la palabra “natural”, es usado tan pródigamente que ya significa cualquier cosa.
lunes, enero 23
Propuesta para mejorar la economía.
El aeropuerto de Castellón va a ser cerrado, así que yo propongo convertirlo en un parque de atracciones. Con todos ustedes, LA MECA DEL PELOTAZO.
La Meca del Pelotazo ® es un parque de atracciones con intenciones didácticas. Dentro, el visitante podrá pasear por polvorientas salas de espera vacías y ver cómo las pistas de aterrizaje se mueren de la risa. El parque tiene varias secciones:
-La sala de control, donde semejantes despilfarros no son vigilados.
-La facturación del equipaje, donde se intercambian cantidades obscenas de dinero público en fines realmente inútiles.
-El aparcamiento, donde están ahora escondidos los responsables del desconcierto.
-El control de seguridad, donde el dinero del contribuyente está en peligro.
-La estatua de Carlos Fabra, símbolo de la megalomanía.
¡Vengan con su familia y dígales a sus hijos: ¡”Así, hijo mío, funciona la economía española!”!
La Meca del Pelotazo ® es un parque de atracciones con intenciones didácticas. Dentro, el visitante podrá pasear por polvorientas salas de espera vacías y ver cómo las pistas de aterrizaje se mueren de la risa. El parque tiene varias secciones:
-La sala de control, donde semejantes despilfarros no son vigilados.
-La facturación del equipaje, donde se intercambian cantidades obscenas de dinero público en fines realmente inútiles.
-El aparcamiento, donde están ahora escondidos los responsables del desconcierto.
-El control de seguridad, donde el dinero del contribuyente está en peligro.
-La estatua de Carlos Fabra, símbolo de la megalomanía.
¡Vengan con su familia y dígales a sus hijos: ¡”Así, hijo mío, funciona la economía española!”!
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martes, enero 17
¿Partidarios contra escépticos o creyentes contra negacionistas?
Sé que este titular puede dar lugar a controversia, pero es el adecuado. Me parece que esta es la tercera vez, en menos de un mes, que menciono que yo estudié en un colegio religioso, pero es que fue ahí donde oí mejor resumen que jamás se haya hecho de la raíz del problema:
Tomás ve al Señor resucitado
24 Tomás, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 25 Después los otros discípulos le dijeron:
--Hemos visto al Señor.
Pero Tomás les contestó:
--Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer.
26 Ocho días después, los discípulos se habían reunido de nuevo en una casa, y esta vez Tomás estaba también. Tenían las puertas cerradas, pero Jesús entró, se puso en medio de ellos y los saludó, diciendo:
--¡Paz a ustedes!
27 Luego dijo a Tomás:
--Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado. No seas incrédulo; ¡cree!
28 Tomás entonces exclamó:
--¡Mi Señor y mi Dios!
¡Efectivamente! Lo malo es el final de la historia:
29 Jesús le dijo:
--¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!
Y así ha sido la cuestión hasta nuestros días. Antes de nada, aclaremos: cuando hablo de partidarios, me refiero a cualquier creencia en general. Esto incluye religiones, supersticiones populares, nacionalismos, teorías pseudocientíficas y teorías científicas (luego se explicará bien esta inclusión). Cuando hablo de escépticos, hablo de gente que duda de una idea mientras no tenga pruebas sólidas de que la misma es verdadera.
Nótese, sin embargo, que el escepticismo en exceso resulta un problema. Dicen que el fundador del escepticismo, Pirro, no se fiaba de lo que veía y era capaz de andar hacia un precipicio. Se supone con bastante criterio que lo más probable es que fuera una calumnia inventada por sus rivales, pero no deja de ser demostrativo de lo que se volvería el extremo del escepticismo: nihilismo absoluto. Quizás por ello, se suele confundir escepticismo con otro término: negacionismo, el negar por sistema.
Por el otro lado, los partidarios de una idea son muchas veces confundidos con los creyentes más fanáticos de una idea, esos que creen sin ver, como se muestra en la parábola, el creyente cree que el mayor problema del escéptico no es que no esté convencido, sino que no quiere creer.
Sin embargo, todo el mundo es partidario de unas ideas y escéptico de otras. Por ejemplo, es imposible creer al mismo tiempo que la Tierra es redonda y plana. Esto es algo que los defensores más acérrimos de una idea suelen olvidar: el hecho de que ellos mismos no creen en otras.
Nótese que las ideas científicas no se libran tampoco de tener sus campeones y enemigos. Un buen ejemplo fue el famoso hombre de Piltdown, defendido a capa y espada como el eslabón perdido entre el mono humano y los monos no humanos. Se llegó al extremo perverso de que se rechazaron las investigaciones de A.T. Marston, el que logró demostrar efectivamente el fraude, porque este hombre no era paleontólogo. El doctor odontólogo, pues esa era la profesión de Marston, no tendría mucha idea de esa ciencia, pero afirmó con creces que las mandíbulas del fósil no se correspondían con el resto de la calavera ni a tiros.
El otro extremo es la famosísima teoría de la evolución: gente que confunde los diversos mecanismos de la evolución como teorías que derriban a la anterior, literalidad religiosa, posmodernos despistados, etc. Sus negacionistas no son quizás tan numerosos como los de las diversas supercherías, pero sí mucho más ruidosos.
El problema surge cuando la realidad, los hechos, deja de ser el juez para que lo sea un partido o un grupo de presión. Entonces los creyentes y los negacionistas son los que se enfrentan del modo más sonoro posible para ganar, en vez de para llegar a la verdad. Y he aquí la verdadera razón de que se llegue a demonizar a la otra parte: cuando se juega el poder, todo vale. En los dos ejemplos anteriores, uno de ellos aún motivo de controversia, diversos grupos intentaron y siguen intentando imponer su voz sobre las demás.
Es entonces, cuando más se grita, cuando ocurre lo terrible: la infantilización que la popularización de una idea suele conllevar.
Tomás ve al Señor resucitado
24 Tomás, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 25 Después los otros discípulos le dijeron:
--Hemos visto al Señor.
Pero Tomás les contestó:
--Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer.
26 Ocho días después, los discípulos se habían reunido de nuevo en una casa, y esta vez Tomás estaba también. Tenían las puertas cerradas, pero Jesús entró, se puso en medio de ellos y los saludó, diciendo:
--¡Paz a ustedes!
27 Luego dijo a Tomás:
--Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado. No seas incrédulo; ¡cree!
28 Tomás entonces exclamó:
--¡Mi Señor y mi Dios!
¡Efectivamente! Lo malo es el final de la historia:
29 Jesús le dijo:
--¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!
Y así ha sido la cuestión hasta nuestros días. Antes de nada, aclaremos: cuando hablo de partidarios, me refiero a cualquier creencia en general. Esto incluye religiones, supersticiones populares, nacionalismos, teorías pseudocientíficas y teorías científicas (luego se explicará bien esta inclusión). Cuando hablo de escépticos, hablo de gente que duda de una idea mientras no tenga pruebas sólidas de que la misma es verdadera.
Nótese, sin embargo, que el escepticismo en exceso resulta un problema. Dicen que el fundador del escepticismo, Pirro, no se fiaba de lo que veía y era capaz de andar hacia un precipicio. Se supone con bastante criterio que lo más probable es que fuera una calumnia inventada por sus rivales, pero no deja de ser demostrativo de lo que se volvería el extremo del escepticismo: nihilismo absoluto. Quizás por ello, se suele confundir escepticismo con otro término: negacionismo, el negar por sistema.
Por el otro lado, los partidarios de una idea son muchas veces confundidos con los creyentes más fanáticos de una idea, esos que creen sin ver, como se muestra en la parábola, el creyente cree que el mayor problema del escéptico no es que no esté convencido, sino que no quiere creer.
Sin embargo, todo el mundo es partidario de unas ideas y escéptico de otras. Por ejemplo, es imposible creer al mismo tiempo que la Tierra es redonda y plana. Esto es algo que los defensores más acérrimos de una idea suelen olvidar: el hecho de que ellos mismos no creen en otras.
Nótese que las ideas científicas no se libran tampoco de tener sus campeones y enemigos. Un buen ejemplo fue el famoso hombre de Piltdown, defendido a capa y espada como el eslabón perdido entre el mono humano y los monos no humanos. Se llegó al extremo perverso de que se rechazaron las investigaciones de A.T. Marston, el que logró demostrar efectivamente el fraude, porque este hombre no era paleontólogo. El doctor odontólogo, pues esa era la profesión de Marston, no tendría mucha idea de esa ciencia, pero afirmó con creces que las mandíbulas del fósil no se correspondían con el resto de la calavera ni a tiros.
El otro extremo es la famosísima teoría de la evolución: gente que confunde los diversos mecanismos de la evolución como teorías que derriban a la anterior, literalidad religiosa, posmodernos despistados, etc. Sus negacionistas no son quizás tan numerosos como los de las diversas supercherías, pero sí mucho más ruidosos.
El problema surge cuando la realidad, los hechos, deja de ser el juez para que lo sea un partido o un grupo de presión. Entonces los creyentes y los negacionistas son los que se enfrentan del modo más sonoro posible para ganar, en vez de para llegar a la verdad. Y he aquí la verdadera razón de que se llegue a demonizar a la otra parte: cuando se juega el poder, todo vale. En los dos ejemplos anteriores, uno de ellos aún motivo de controversia, diversos grupos intentaron y siguen intentando imponer su voz sobre las demás.
Es entonces, cuando más se grita, cuando ocurre lo terrible: la infantilización que la popularización de una idea suele conllevar.
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martes, enero 10
El juego de las nacionalidades.
Desde que soy pequeñín, tengo la certeza de que soy un quisquilloso. A mis diez años, era capaz de exasperar a mis padres porque el nombre que se le diera a algo no encajara en mi lógica particular o con lo que me enseñaran en clase. Tuvo sus cosas buenas: se acabaron enterando por mí de que Castilla la Vieja y la Nueva tenían ahora otros nombres, o de que el símbolo de adición se escribía ahora al otro lado cuando se hacía la suma.
Por eso, cuando entra en escena lo políticamente correcto, soy capaz de acabar subiéndome a las paredes. La semana pasada tuve la ocasión de verlo no una, ni dos, sino tres veces gracias a nuestros perspicaces medios de información.
La primera fue cuando supe que habían detenido a un neoyorquino acusado de dedicarse a lanzar cócteles Molotov a viviendas de musulmanes, en la misma ciudad. Los medios se apresuraron a declarar que este hombre es xenófobo. Las autoridades se han apresurado a criticar los actos que empañaban la imagen de ciudad multicultural que le corresponde, en opinión de ellos, a Nueva York.
No obstante, y en contraste con la noticia anterior, tenemos el caso de otro detenido por incendios, este de nacionalidad alemana, que comenzó su actividad pirómana quizás por el mosqueo que le causó la posible deportación de su madre. Además, se dice que gritó “¡Odio América!” cuando fue detenido. ¿Fue llamado xenófobo? No, aunque sí está siendo calificado de terrorista, pues resulta que este sujeto nació en Chechenia y viajó allí.
¿Qué si esto me parece lógico? Podríamos pararnos a discutir hasta qué punto un ataque xenófobo pasa a ser terrorismo. Pero no deja de llamarme la atención que nadie se plantee que ambos individuos sean igual de xenófobos y terroristas, y la única razón para la diferencia está en que el primero es parte de la mayoría y el segundo de una minoría.
La tercera noticia reúne todos estos elementos llevados al absurdo. En el enlace no podréis leerlo, pero durante la semana pasada se habló en los siguientes términos de la víctima y de los imputados por su asesinato:
-Senegalés.
-Individuos de etnia gitana.
Como decían en un corto de Muchachada Nui, a lo mejor soy yo el anormal, pero esto no tiene ningún sentido. ¿Por qué no se identifica a los agresores como “gitanos” o, como alternativa, a la víctima como “individuo de nacionalidad senegalesa”? ¿Es que acaso el circunloquio “de etnia gitana” tiene como objetivo intentar eliminar las connotaciones negativas de “gitanos”? No creo a los racistas tan tontos, la verdad.
La tercera noticia fue continuada con otro despropósito similar. Antes de nada, quiero aclarar que la muerte del senegalés se sucedió con vandalismo por parte de algunos de sus compatriotas, lo que obligó a que representantes de las dos partes implicadas hicieran las paces delante de las cámaras en un intento de que las aguas volvieran a su cauce. Una vez más, no aparece en el enlace, pero os digo cómo se refirieron a las dos partes:
-Los senegaleses.
-El colectivo de etnia gitana (¡Otra vez!)
Cierto tiempo después, los senegaleses llegaron a convertirse en “colectivo senegalés” cuando denunciaron que los anteriores representantes no eran tales, sino unos impostores. Lo que jamás sabré es si eran senegaleses o de nacionalidad senegalesa.
Por eso, cuando entra en escena lo políticamente correcto, soy capaz de acabar subiéndome a las paredes. La semana pasada tuve la ocasión de verlo no una, ni dos, sino tres veces gracias a nuestros perspicaces medios de información.
La primera fue cuando supe que habían detenido a un neoyorquino acusado de dedicarse a lanzar cócteles Molotov a viviendas de musulmanes, en la misma ciudad. Los medios se apresuraron a declarar que este hombre es xenófobo. Las autoridades se han apresurado a criticar los actos que empañaban la imagen de ciudad multicultural que le corresponde, en opinión de ellos, a Nueva York.
No obstante, y en contraste con la noticia anterior, tenemos el caso de otro detenido por incendios, este de nacionalidad alemana, que comenzó su actividad pirómana quizás por el mosqueo que le causó la posible deportación de su madre. Además, se dice que gritó “¡Odio América!” cuando fue detenido. ¿Fue llamado xenófobo? No, aunque sí está siendo calificado de terrorista, pues resulta que este sujeto nació en Chechenia y viajó allí.
¿Qué si esto me parece lógico? Podríamos pararnos a discutir hasta qué punto un ataque xenófobo pasa a ser terrorismo. Pero no deja de llamarme la atención que nadie se plantee que ambos individuos sean igual de xenófobos y terroristas, y la única razón para la diferencia está en que el primero es parte de la mayoría y el segundo de una minoría.
La tercera noticia reúne todos estos elementos llevados al absurdo. En el enlace no podréis leerlo, pero durante la semana pasada se habló en los siguientes términos de la víctima y de los imputados por su asesinato:
-Senegalés.
-Individuos de etnia gitana.
Como decían en un corto de Muchachada Nui, a lo mejor soy yo el anormal, pero esto no tiene ningún sentido. ¿Por qué no se identifica a los agresores como “gitanos” o, como alternativa, a la víctima como “individuo de nacionalidad senegalesa”? ¿Es que acaso el circunloquio “de etnia gitana” tiene como objetivo intentar eliminar las connotaciones negativas de “gitanos”? No creo a los racistas tan tontos, la verdad.
La tercera noticia fue continuada con otro despropósito similar. Antes de nada, quiero aclarar que la muerte del senegalés se sucedió con vandalismo por parte de algunos de sus compatriotas, lo que obligó a que representantes de las dos partes implicadas hicieran las paces delante de las cámaras en un intento de que las aguas volvieran a su cauce. Una vez más, no aparece en el enlace, pero os digo cómo se refirieron a las dos partes:
-Los senegaleses.
-El colectivo de etnia gitana (¡Otra vez!)
Cierto tiempo después, los senegaleses llegaron a convertirse en “colectivo senegalés” cuando denunciaron que los anteriores representantes no eran tales, sino unos impostores. Lo que jamás sabré es si eran senegaleses o de nacionalidad senegalesa.
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