jueves, septiembre 29

Inversión.

Continuamos con la discusión de ayer, a la cual precederá una introducción. En términos generales, es cierto que hay una generación que está más familiarizada con Gokuh que con Superman. La llegada de las series japonesas a la parrilla televisiva de los ochenta y noventa familiarizó al público con el estilo nipón.

Sí, algún purista puede decirme con toda razón que antes de esa fecha estaban Heidi, Marco y Mazinger Z, y más. Pero la invasión fue entonces. Con el tiempo, las editoriales empezaron a publicar los originales en que se basaban algunas de esas series.

Ya pueden empezar a soltar lagrimitas por aquellos tiempos en que se hacían sus primeras gayolas.

Aquellas ediciones solían ser cómic-books. Pronto quedó comprobado que la lentitud de los mangas hacia un tanto inepto este formato y que lo más apropiado eran los tomos. Bueno, no en el quiosco (¡Por entonces yo aún compraba en quiosco!). Las editoriales necesitaron cierto tiempo para ser convencidas.

Con el tiempo, se probó con tomos de 96 páginas. Finalmente, llegó el día en que se probó con los tankōbon. Este es el formato corriente de publicación en Japón: un tomo de 22 cm x 15 cm y alrededor de 200 páginas. Cuando se vio su éxito, otros formatos menos usuales, reservados para obras muy exitosas acabaron por aparecer.

Pero no de cualquier manera. Además, se respetó el sentido de lectura oriental. Es decir, los mangas se publican al revés. A lo mejor, estimado lector, no sabías esto. Mi hermana tuvo que enseñarle uno de los míos, editado en recio castellano, a una amiga suya para convencerla.
¡Y no sólo eso! Además, ¡¡se dejan las onomatopeyas en japonés!! Esta es buenísima. Se practicó casi a la par que la solución anterior.

¿Te preguntas, lector, por qué? Pues hay buenas causas tras esta decisión. La primera y fundamental, ¿sabes cuánto cuesta adaptar las onomatopeyas? Un poco, porque en Japón la rotulación y el dibujo no van aparte, como sí ocurre en América. Segundo, ¿te das cuenta de que adaptar las viñetas al sentido de lectura occidental hace que el dibujo se invierta? Es decir, todo el mundo tiene dextrocardia, es zurdo… ¿Que si yo me fijo en todas esas cosas? Pues excepto un momento de la edición de Dragon Ball en que Gokuh se agarraba el lado derecho del corazón, jamás me he fijado.

Pero es mejor ser objetivos, y citar todo lo que ocurre cuando el dibujo es alterado.

• Todos los elementos asimétricos son alterados. Hay dos tipos:
•• Hechos anatómicos improbables, tales como que todo el mundo tenga el apéndice a la izquierda.
•• Los sistemas de escritura, señales de tráfico y demás lenguaje simbólico queda igualmente alterado.
• Las traducciones tienen una mayor probabilidad de error, pues desde el original japonés lo izquierdo y lo derecho intercambian sus lugares.

Eso sí, si decides publicar en el sistema oriental, tienes que:

• Leer hacia el lado inusual (¡Al principio cuesta!).
• Hay mayor probabilidad de que las onomatopeyas no sean traducidas.

Ni que decir tiene que todo depende del grado de japonés práctico que se conozca. Si no conoces la escritura, como que te dará lo mismo que esta se invierta o no en la adaptación. En el caso de que se invierta algún texto en alfabeto latino no debería ser difícil leerlos al revés o son detalles irrelevantes (anuncios, controles de un electrodoméstico, etc). Si se conoce un grado respetable, es probable que sí se prefiera leer al revés. Claro que, entonces, también podemos pensar que podría leerlo en japonés y prescindir de traducciones.

El origen de esta decisión es extraño. Se llegó a rumorear que todo nació del capricho de Shinji Makari, quien se habría negado a aceptar la publicación de su obra Yugo en sentido occidental. No obstante, la verdad es que, en lo que es España, el primer tebeo publicado hacia allá fue City Hunter de Tsukasa Hōjō por empecinamiento de su autor. La Wikipedia sólo comenta que los japoneses se opusieron a esta alteración de su trabajo, pero tampoco ofrece una cronología ni nada de eso.

No obstante, los fans casi han impuesto que lo normal es publicar los mangas en sentido oriental. Hasta les ha dado por dibujar sus propios tebeos así de entrada.

A mí, personalmente, ya me da igual porque estoy acostumbrado a ambos sentidos. Eso sí, es remarcable señalar que algunos jóvenes sólo leen tebeos cuya portada está donde los libros tienen la contraportada.

Sobre el tema del principio, pues ya entenderán: si el tebeo se lee a la izquierda, ¡es manga! Si no, pues será lo que toque según la nomenclatura. Mañana, de todos modos, quiero dar mi opinión particular.

miércoles, septiembre 28

El éxito mundial del manganime.

Sé que hace ya mes y medio de todo este lío, pero entre los preparativos de la venida del Papa, salió un manga de su vida.

Porque el manga es mucho más apto para la juventud que John Cassidy y Marvel, ¡coño ya!

Esta acción ha venido a confirmar lo que muchos ya saben: que el estilo japonés ha llegado a ser, por derecho propio, el referente mundial de la monería. O como lo llaman en el mundo anglosajón, el animu. Esta palabra se basa en la pronunciación impostada a la japonesa de “anime”, y es peyorativa. Básicamente, consiste en imitar las características más llamativas del manganime pero sin tener una sólida formación como dibujante. También, como se comenta en este hilo de discusión, se suele hacer que todos los personajes sean jóvenes o mucho más jóvenes de lo que deberían. Esa es la razón por la cual Benedicto tiene treinta años menos en la portada.

En realidad, el manganime no es el único que sufre de advenedizos. También el naïf está plagado de gente que ni siquiera sabe dibujar, como denuncia más de uno. Se confunde que el trazo sea sencillo con que sea fácil hacer algo parecido.

Eso, y la idea de distinción que da. ¿Dibujar tebeos, yo? ¡No, hombre! Yo dibujo manga/naïf/slice of life… En el fondo es eso, la idea de que un tebeo es un producto pueril (en ambos sentidos), empezando por la propia palabra.

Hace algunos años, un manifiesto firmado por quince personas protestaba por la organización de una exposición de Tintín. ¿Por qué? Porque los manifestantes temían que provocara que el tebeo siguiera estando asociado a un producto infantil. Aparte de la propia discusión entre profesionales y críticos, siguió en paralelo la de llamar cómics a los tebeos, decisión que fue discutida por Carlos Giménez, entre otros.

No mucho después, entraron los mangas. Se volvió a repetir el proceso, y si bien al principio fue por rechazo o curiosidad, al final también se transformó en otra manera de no decir tebeos a cosas que se componían de viñetas.

Entonces, los aficionados al cómic francobelga empezaron a llamar B(ande) D(essinée) a las obras galas por elitismo.

Por último, cómo no olvidarnos del término “novela gráfica”, creado para hablar de cierto tipo de tebeos que suelen tener las estructuras narrativas de las novelas (guión cerrado, publicado en un solo número…). Más o menos tenía una función clara, pero se fue al traste cuando se vio que se transformó en un sinónimo chic de “tebeo” en varias adaptaciones cinematográficas. Eso, y que se usa como un concepto incompatible a “tebeo” (¿Es un tebeo o una novela gráfica?).

Y más o menos podríamos dejarlo ahí, porque aunque se hable del manhwa a veces, se ve como manga coreano. Al final hemos acabado con cinco términos para referirnos a más o menos lo mismo… Bueno, la mayor parte de la gente sólo usa dos o tres.

En el fondo, todo esto no nace sino de un enorme complejo por la palabra “tebeo”, o “cómic”, o “manga”, o… Menos la expresión “novela gráfica”, muy posiblemente encontrarás al menos a una persona que piense que los términos anteriores se relacionan unívocamente con creaciones infantiles. Y lo infantil, todo el mundo lo sabe, está unívocamente asociado a lo bobo, no a lo que hasta los niños pueden entender. Como si Astérix el galo ya empezara con un hándicap porque su público principal sean infantes.

Además, como ya he comentado, muchas veces se llega a discutir cómo llamar a una obra en concreto, lo que suele llevar a una logomaquia en el sentido más literal del término. Por ejemplo, hubo un tiempo en que hablar del “manga español” podía llevar en ciertos foros a airadas discusiones acerca del significado japonés de manga, de que algunos tebeos occidentales también tienen ojos grandes, de que el dibujo por sí solo no define a un tebeo. Porque si nos ponemos quisquillosos, The Authority podría ser un manga. ¿Por qué, si el estilo no lo es y además es de superhéroes? Pues porque su narrativa está cercana a este, que lo admite el propio guionista, Warren Ellis, que es lector de mangas. Después entró Mark Millar, quien también podría crear su propia definición de productos artísticos compuestos por viñetas si así lo quisiera (la labor de ambos en The Authority causó un fortísimo impacto en los tebeos de superhéroes).

No obstante, cierto detalle puede acallar la discusión al menos en el caso del manga. Mañana se verá cuál.

martes, septiembre 27

Nos tratan como palabras.

Colgué ayer una entrada acerca de la fobia numérica, particularmente estadística. Hoy quiero hablar de las palabras para demostrar de otra manera una de mis afirmaciones: el pensamiento común está más cercano a los métodos de la estadística de lo que quieren creer algunos.

La palabra se considera el don del hombre, como ustedes sabrán. De hecho, casi se considera divina: los cristianos suelen decir La palabra se hizo carne para describir la venida de Jesús de Nazaret. Tomar la palabra viene a significar que alguien puede hablar en una reunión. La mayoría suele creer, en cierto sentido, que el lenguaje es mágico y encierra la naturaleza de las cosas. Quédense con lo último.

No obstante, el número es considerado el detalle. Aunque nadie duda de la importancia de la palabra, el número no es tratado igual. Todos habremos oído el consabido “¡Es que nos tratan como números!”, ya citado anteriormente, que indica solapadamente el maltrato que sufren estos abstractos.

Ciertas personas pueden sentirse deshumanizadas si se les da un número de cita en un organismo público, aunque jamás en su vida vuelvan allí y nadie más, al menos durante ese día, fuese el número 7. Sin embargo, muy posiblemente estas mismas personas dirán con orgullo que son españoles, heavies, otakus o béticos.

Hay un relato de Borges que viene a la ocasión. Va de un sujeto que, debido a un accidente, pierde la capacidad de olvidar (sí, como suena). Nuestro protagonista obtiene un memorión sorprendente, y es capaz de recordar cualquier detalle. Puede, por ejemplo, reconstruir todo lo que hizo un día, de modo que la única diferencia con el día anterior sea la fecha.

Nuestro amigo, sin embargo, empieza a cuestionar el léxico español, ¡acusándolo de no ser rico! Por ejemplo, le incomoda que se llame “perro” a tantos animales que son claramente diferentes.

El narrador acaba confesando sus dudas acerca de la capacidad de pensar del protagonista. No obstante, fijémonos en el detalle. Al protagonista de la historia le fastidia que la individualidad de todos los perros sea eliminada por referirlos con un único vocablo, “perro”.

Es ficción, pero no creo que ande muy lejos de la verdad. Por ejemplo, la corrección política lleva años exigiendo que ciertos vocablos, muchos de ellos peyorativos, no sean usados porque en su opinión degradan a las personas.

Sin embargo, los propios propulsores de la corrección política dicen que existen otros modos de nombrar a la gente que están fuera de degradar a la gente. Hay un vocabulario que no es ofensivo, simplemente por definición: Negro es ofensivo, hombre de color no; maricón es ofensivo, homosexual no; etc.

¿Recuerdan lo que dije al principio? Que según los cristianos, “la palabra se hizo carne”. También, la entrada enlazada de Pseudópodo con la declaración de Feynman. Relaciónenlos con esto último.

¿No se podría decir que, del mismo modo que los cristianos dicen La palabra se hizo carne, los políticamente correctos dicen que la palabra se vuelve integración de minorías? En otras palabras, creen en el inverso del pensamiento mágico de Feynman: si nombramos las cosas de otro modo, estas cambiarán su naturaleza.

Concretamente, la peyorativa, pero no la clasificatoria. Desde el punto de vista del protagonista del relato de Borges, tanto da que llames a dos hombres negros que hombres de color, porque él seguramente dirá que no son exactamente iguales. A lo mejor uno de los dos sí tiene problemas graves de integración.

La corrección política demuestra que tampoco nos gusta vernos tratados como palabras. Aquí alguien pronunciará que lo que no le gusta a nadie es ser tratado con insultos, pero voy a demostrar que es el primer caso.

Hace algún tiempo, leí la protesta que una mujer envió a la sección de cartas al director. Esta había redactado con otros compañeros, todos ellos varones, un libro. Durante la presentación oficial del susodicho libro, el prologuista habló de los méritos, en absoluto escasos, de los creadores del libro, pero cuando llegó a la mujer, comentó que valía la pena comprar el libro sólo porque ella era muy guapa. A esta profesional no le gustó ni un pelo. No porque ser llamada guapa sea un insulto, sino por esa manera tan fuera de lugar de omitir sus méritos (únicos y definitorios de esta persona) por efecto del principio de la Pitufina.

Otro ejemplo fue todas esas protestas de feministas por la definición de mujer en la RAE.

mujer.
(Del lat. mulĭer, -ēris).
1. f. Persona del sexo femenino.


Según ellas, esta definición no comprendía la definición de “racional”, que sí aparece dentro de la definición de “hombre”:

hombre.
(Del lat. homo, -ĭnis).
1. m. Ser animado racional, varón o mujer.


(Creo que antes no aparecía “varón o mujer”)

Otras variaciones comprendían las acepciones más machistas de “femenino”:
femenino, na.
(Del lat. feminīnus).
3. adj. Que posee los rasgos propios de la feminidad.
4. adj. Dicho de un ser: Dotado de órganos para ser fecundado.
6. adj. Débil, endeble.


Yo, como soy un verdadero bastardo capaz de continuar por mi cuenta el razonamiento de alguien para ver si se estrangula, decidí buscar “varón”:
varón.
(Del lat. varo, -ōnis, fuerte, esforzado).
1. m. Ser humano de sexo masculino.


Por supuesto, decidí buscar “persona” y “humano”:

persona.
(Del lat. persōna, máscara de actor, personaje teatral, este del etrusco phersu, y este del gr. πρόσωπον).
1. f. Individuo de la especie humana.
humano, na.
(Del lat. humānus).
1. adj. Perteneciente o relativo al hombre.


Pues no sé, ¿no será que “persona” y “hombre” son enfoques distintos? La primera denota la individualidad y la segunda las capacidades latentes. Que en la definición de los heterónimos de la especie humana se emplee uno de los dos no quita que el otro sea aplicable: “mujer” es “ser humano de sexo femenino” y “varón” “persona del sexo masculino”. Por supuesto, esto es lo obvio. Pero no en el reino de la corrección política, donde temen ser tratados como palabras.

Y si no, ¿a qué tanta preocupación? Preocupación que se ve aumentada porque las palabras tienen varias acepciones y matices. Los números no tienen mayor peligro que una rima malsonante.

El fondo del problema no es ser tratado como números o como palabras. El problema es que somos ajenos a la monosfera de los demás. Y precisamente por ser ajenos, alguno de nuestros detalles pesará tanto para ellos que no tendrán en cuenta el resto de nuestra idiosincrasia, y seremos reducidos a un vulgar estereotipo: beatillo, gordo, baboso, friqui, mamón, rubia, listillo, empollón, futbolero, cachas, etc, etc, etc.

A todos nos gusta sentirnos tratados como individuos y que el médico, por ejemplo, tenga ese detalle. El mal está en que nos trate como si fuéramos tan insignificantes como un pasajero de un autobús para otro. Cuanto mejor sea la atención personalizada, mejor estaremos. Excepto si aceptamos a Brian como nuestro salvador, en cuyo caso todos somos muy especiales incluso aunque no lo creamos:

lunes, septiembre 26

Nos tratan como números.

En el libro El triunfo de los números, de I. B. Cohen, se resumen varias de las razones por las cuales el lenguaje numérico ha acabado imponiéndose en casi cualquier área más o menos seria. Una curiosidad es que el libro dedica todo un capítulo a las críticas de, entre otros, Dickens y Carlyle a la estadística. Concretamente:

(…) el descontento, la miseria real puede ser grande. Los sentimientos de los trabajadores, su noción de si los tratan con justicia o injusticia; su sana compostura, frugalidad, prosperidad en unos casos, su acre conflictividad, imprudencia, gestión de ginebra y ruina gradual en otros. ¿Cómo puede representarse todo ello mediante las cifras de la aritmética? (Thomas Carlyle)
No sé, señor Carlyle, ¿la ginebra no puede medirse en volumen como cualquier otro líquido? Y diría que la prosperidad o ruina lo calculaban muchas amas de casa, ¡en serio!

También se cita Tiempos difíciles, novela de Dickens, en al cual un joven comete un delito y hace que culpen a un trabajador honrado por la perniciosa influencia de la educación matemática de su padre, concretamente de que el último le contó al chico que la probabilidad de que alguien sea corrupto es muy alta. Por supuesto, señor Dickens, yo empecé aprendiendo aritmética de pequeño y al llegar al instituto era una mezcla del villano de Conan Baal-Pteor y del Indio de La muerte tenía un precio.

Lo realmente curioso es que la impresión que me da a mí es que ambos, más que odiar a la estadística por sí, odian el uso que se hacía de las estadísticas para no acometer reformas de seguridad laboral y otros avances humanitarios. Quizás, en el mejor de los casos, no entendían la necesidad de los promedios o, en el peor, eran pedantes de letras.

En el capítulo anterior a estas críticas, el libro comenta la enorme contribución de Quetelet, quien acuñó el término “física social”. Quetelet creía que se podían encontrar un equivalente a las leyes físicas en el estudio de la sociedad y, de hecho, que encontró regularidades en los recuentos anuales de varios tipos de delitos. No obstante, se le ocurrió definir al “hombre medio”, que es el “tipo” que puede representar la media de cualidades humanas de una población dada. Hay que entender que el hombre medio es, por tanto, una construcción teórica.

No obstante, el propio Quetelet se acabó convenciendo de que su hombre medio podía ampliarse al “homme type”, que es lo mismo pero para naciones, y que “las desviaciones del promedio eran accidentes”. Chungo, suena muy chungo. Ambos conceptos han sido atacados, pero sigue habiendo quien opina que la idea de que la estadística es deshumanizadora o, más exactamente, uniformadora. A veces, esta crítica puede extenderse a la información numérica.

Ahora bien, ¿es la estadística deshumanizadora? No, creo que no. De hecho, está más íntimamente ligada al pensamiento común de lo que a algunos humanistas les gusta pensar. Ahora, ¿ataca lo individual, como opinaba Dickens? Pues sí, pero no es culpa de la estadística olvidar al individuo. Mejor dicho, no es la herramienta adecuada.

Pongamos un ejemplo de la vida cotidiana. Yo sé que esta sugerencia hará que alguno se sienta ofendido, sobre todo aquellos que piensan que debatir es encerrarse en un cuarto a hablar ya no sólo de lo que ocurre a cien kilómetros de donde se está ricamente sentado, sino también de si los ángeles tienen sexo, y que sienten nostalgia por la filosofía bizantina.

Yo he adquirido un local, dicho en términos legales. Monto un negocio, digamos que una churrería. Antes de poder abrir el comercio, necesito poner una puerta. ¿Cómo ha de ser una puerta? Ortoédrica, dirá alguno. Cierto, pero además de ortoédrica, ¿qué cualidades debe tener? Pues tres:

1. Debe estar en un hueco lo suficientemente grande como para permitir el paso de los clientes (¡Cielos!, dirá algún pardillo).

2. Debe tener el sistema de apertura a la altura adecuada, que significa que uno pueda abrir la puerta moviendo sólo la mano sin levantarla demasiado, sin tener que agacharse o ponerse de puntillas para abrirla, y que sea fácil de accionar para todos.

3. No debe ser muy pesada ni muy liviana, para que los clientes puedan entrar pero sin que sea probable arrancarla involuntariamente.

Por supuesto, hay más, como que tenga bisagras y otros detalles, pero estos se definen en función de los tres anteriores. Si mi puerta es pesada, pondré bisagras fuertes. Ahora bien, ¿cómo cumplir todas estas características? Porque otra cosa no, pero variedad hay en el maldito género humano: los hay bajitos y altos y los hay fortachones y esmirriados. ¡Necesito una solución!

La solución puede ser la siguiente: “En la zona donde voy a abrir mi churrería, el noventa y cinco por ciento de los residentes miden entre 1,50 y 1,90 metros”. Nada, pues: El hueco de mi puerta medirá 2,10 metros. También sé que casi el 100% de los residentes pueden usar bien ambas manos. Pondré un pomo a un metro de altura. Por último, sé que el 95% de los residentes pueden empujar un objeto de 2 kg con gran facilidad con una mano pero tienen dificultades con objetos de a partir de 5 kg. Mi puerta pesará 3 kg.

Con estas medidas, voy al carpintero y le mando que me haga una puerta así y baratita. Este me la hace e inauguro el establecimiento, muy contento. De pronto, mi primer cliente resulta ser Shaquille O’Neal.



“Podría haber puesto un hueco de 2,30”, pienso, pero olvido el reproche cuando veo que detrás de él viene Sung Ming-Ming.



No me desanimo, pues pienso que estos dos están en la cola de la campana de Gauss y porque además me han comprado muchos cucuruchos de churros. Entonces, veo que va a entrar un chaval…

-¡Oiga, haga el favor de abrir! ¡Que me casqué el brazo jugando al fútbol y ya llevo dos bolsas!-me grita el chico.

-¡Ah! ¡Espera!-y entonces pienso, y aquí no tengo excusa, que una de estas puertas que siempre están abiertas habría sido mejor para todos.

Vuelvo a vender muchos churros, y me vuelvo a alegrar, pensando que estas escenas son por lo general raras, estadísticamente hablando. Además, llega un nuevo consumidor que… ¡NO!



Me quedé sin puerta. Este ejemplo basado en algo tan trivial nos enseña cómo la estadística no es sólo una cosa rara que los políticos usan para tratarnos como números (se conoce que estos viven humillados), es algo que se aplica al día a día. ¿La dosis a partir de la cual un producto es nocivo para la salud? Es una media, cada individuo tiene su límite. ¿La velocidad a partir de la cual un conductor tiene nula visibilidad de la carretera? Ídem. Cualquier asunto que afecta a un mínimo de cuatro personas tiene ya una alta probabilidad de incluir promedios.

Y nótese que digo personas, esto es, humanos. Si la gente, motu proprio, suele generalizar, ¿por qué criticar el uso expresivo de números para zanjar disputas? La estadística es la expresión numérica de las generalizaciones.

Ahora bien, el individuo sale claramente perdiendo. Las particularidades acaban difuminándose en la vastedad, a lo que Dickens asentiría. Popularmente, mis problemas parecen más pequeños cuando los comparo con la extensión del mundo.

Ahora, ¿esto invalida la estadística? Pues mire, depende de cómo se plantea el problema, qué muestreo se realiza y cómo se interpretan las conclusiones. Es decir, de si la estadística es una herramienta o una excusa para la dejadez.

El propio Dickens daba un buen ejemplo, hay que reconocerlo, pero en el libro de Cohen pueden ver ustedes otro mucho mejor de Henry Morley, socio de una de las revistas del escritor. Les presento el primero y ya buscan ustedes el segundo en el libro si quieren.

Esta gente de mente estadística, según Dickens, <> diciéndole que <>.
Pues sí, señor Dickens, lleva usted toda la razón. Pero permítaseme hacer hincapié en algo: quien da esa respuesta, ¿quién es? ¿El ministro inglés de trabajo o el equivalente local? Porque si es el primero, puedo entenderlo hasta cierto. Si es el segundo, es para pegarle. Vamos a ver, señor mío: usted debe fijarse en lo que ocurra en su zona. La media nacional está fuera de sus competencias.

La única manera de compensar el vacío que reciben los individuos es que el análisis estadístico se haga a varios niveles: nacional, autonómico, municipal, dentro del distrito, en cada comunidad de vecinos, en cada casa. Cuanto más pequeño es el tamaño de una población, más probable que el caso particular reciba al fin la solución que merece.

Por supuesto, siempre que tengamos funcionarios honrados. Si estos son corruptos o, peor, paternalistas, es para echarse a temblar. Y tenía la intención de hablar del lenguaje publicitario, pero sería repetir.

En fin, el problema es que nada funciona:



Mañana, la segunda parte de esta entrada.

martes, septiembre 20

Otra oferta de empleo mal escrita.

Tipo de Oferta: EMPLEO TÉCNICO ESPECIALISTA EN ELECTRICIDAD CON MÍNIMO DE 12 MESES DE EXPERIENCIA Y FP II DE ELECTRICIDAD. EMPRESA RELACIONADA CON LA TRANSFORMACIÓN DE ENVASES, PLÁSTICOS Y ENVASADOS. DOMINIO DE IDIOMAS (INGLÉS, CHINO, HINDÚ) NECESARIOS PARA ABRIR MERCADO EN ESA ZONA. CONTRATO INDEFINIDO. SALARIO 1500 EUROS.

A mí, este anuncio me deja algo perplejo. Por un lado, supongo que quiere decir que se pide el dominio de uno de esos idiomas, aunque me extrañaría un poco que, excepto inmigrantes, alguien supiera chino o hindú sin saber inglés. También me extraña que haga hincapié en “abrir mercado en esa zona”. ¿Significa que el candidato pasará de ser electricista a director de sucursal extranjera? ¿Que será trasladado en el mismo puesto si llega el momento?

De todos modos, esto hace que vuelva a plantearme el aprender chino.

domingo, septiembre 18

Disección de la presentación de un magufo.

Concretamente, esta.

Hola,soy un transcendental,guru o que se yo.
Magnífico: nuestro hombre no sabe qué es, pero está seguro de ser extraordinario, algo que no puedes encontrar mientras compras tebeos en tu librería favorita. Esta autoidentificación es el comienzo de todo magufo: la idea de que él es especial, como John Locke en Perdidos. Él lo vale (sea lo que sea ese “lo”).

Tengo 28 años,3 hijos y sin trabajo pues me a llegado de nuevo el fin de otro ciclo.
Una vez definido él mismo como alguien especial, es hora de hacer lo propio para referirse a los hechos de su vida. Nuestro hombre no está en el paro, le ha llegado de nuevo el fin de otro ciclo. Es como ese joven bosquimano tan conocido, no porque reconociera su pifia cuando vio que su huevo de avestruz perdió toda el agua, sino porque no quiso explicarles el hecho a sus amigos por sentirse avergonzado. Su silencio al respecto asombró tanto al resto de la tribu que llegó a ser considerado un sabio.

¡Vamos, que si no haces nada demasiado interesante, échate el rollo!

Ahora estoy madurando mucho espirutualmente,no creo en nada material
Decía George Orwell en su excelente 1984 que una de las características del lenguaje propagandístico es la eliminación de matices: con tal de evitar que los potenciales seguidores se muestren críticos, se suele hacer que estos no se paren a pensar en que el discurso que estén escuchando sea una tontería. Por lo tanto, las palabras serían desprovistas de varios de sus significados. Así, nuestro hombre afirma que él es muy “espiritual” pero en absoluto “material”. Esto es, ¿no cree en aquello que ve frente a sus ojos? ¿Qué diablos significa esto?

Es frecuente entre los iluminados acabar atacando lo material. Normal, por otro lado. Los seres humanos somos muy malvados y tenemos costumbres desagradables, como preguntar. Por ejemplo, en el párrafo anterior nos enteramos de que nuestro hombre está en el paro, lo cual puede despertar nuestro interés. ¿Por qué está parado? ¿Es por la crisis? ¿No quiere trabajar? ¿Carece de cualificaciones? ¿Sufre discriminación?

Podríamos también realizar más baterías de preguntas para el resto del mensaje. ¿La solución? Es algo “espiritual”. Traducido al lenguaje convencional, es lo que me sale de los cojones, sin importar las circunstancias, los hechos o el lugar, que son materiales. ¡Y a otra cosa!

busco asesoramiento para unirme o como guiarme para luchar con el sistema.
Un saludo a todos y animo.

Una famosísima cita es la siguiente:

No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada. Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra; y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.

Jesucristo es una figura histórica muchas veces discutida, pero no me cabe duda que esa cita es una verdad como un templo. Pues sí, mire: si uno va a causar un impacto cultural, puede estar seguro de que nacerá el conflicto, y que posiblemente llegue a dividir familias, amigos, vecinos de escalera.

No obstante, nuestro hombre quiere luchar contra el sistema, pero pide asesoramiento y manda un saludo a todos. Podemos entender que se refiere sólo a los que le sigan en su lucha, pero me da a mí que no. Quiere parecer un revolucionario, pero no dar la impresión de ser agresivo.

De hecho, en su descripción insiste mucho en ser especial, pero lo cierto es que gran parte de lo que ha dicho es tópico. Hasta los vocablos lo son: ciclo, espiritual, gurú… Quiere luchar y quedar bien al mismo tiempo. Su rebeldía es de boquilla.

En resumen, que sintetiza todas las cualidades de un buen magufo.

viernes, septiembre 9

Anuncio de prensa delirante.

Y todo, por no querer puntuar como es debido. ¿Acaso les cobran por ello? Resulta que la descripción de cierta oferta nos dice:

Consistirá en potenciar la actividad comercial en el mercado de la zona asignada, ampliando la cartera de clientes para conseguir los objetivos establecidos por la dirección en la venta de los servicios de formación y LOPD. Desarrollo de negocio en la provincia, realizando visitas a clientes actuales y a prospectos para asesorarles en materia de formación Y lopd.- Incrementar las ventas y número de clientes en función de los objetivos marcados.- Identificar las necesidades formativas de los clientes, realización de propuestas y seguimiento posterior.- Analizar la situación del mercado y de la competencia.- Obtener la máxima satisfacción y fidelización de los clientes. Aptitudes: Buscamos una persona dinámica, con alto nivel de autonomía, organizada, acostumbrada a trabajar por objetivos y con alta orientación al cliente y motivada a responsabilizarse del desarrollo de su zona. Requisitos informática: word, internet, correo electronico experiencia: preferiblemente pero no es necesario sexo: indiferente carnet de conducir: si vehículo: si contrato laboral media jornada Cualificación necesaria Bup, bachillerato y COU Experiencia necesaria Menos de 2 años altos incentivos Bonus altos incentivos

Resalto que: no es necesario sexo

¡Menos mal! Ya me quito de encima el miedo de que esta empresa me dé por culo.

jueves, septiembre 8

Anarroseo.

Ana Rosa Quintana: "No hay televisión basura".

Y anarroseo de nuevo:

En una entrevista, Quintana asegura: "no hay telebasura, hay televisión que la gente ve y otra televisión que la gente no ve. Puedes verlo por la tremenda o con un ejercicio de ironía, que es como lo veo yo".

Y vuelvo a anarrosear:

Por eso, y ante las críticas que reciben determinados programas de Telecinco, la cadena en la que trabaja y con la que recientemente ha renovado su contrato laboral por tres años, la presentadora defiende la libertad de los espectadores.

¡Claro que sí, Ana Rosa! Si en el pasado mes de agosto he podido oír, varias veces y en contra de mi voluntad, que a una figura del mundillo que te da el pan le han hecho una paja, no es que haya un montón de telebasura, sino que es una elección mía por no ponerme tapones en los oídos.

Esta mujer es un caso, por otra parte, digno de estudio: siempre se ha proclamado una abanderada de las causas en pro de la mujer, pero intentó sacar tajada de un asunto tan preocupante como la violencia doméstica. El resultado fue el infame Sabor a hiel, escrito por un negro que plagió de otras novelas. Las consecuencias ya las conocemos, llegando al punto de formar el peyorativo “anarroseo” para hablar de la copia descarada del trabajo de otra persona. Sin embargo, algún tiempo después siguió abanderando el feminismo de baratillo con novedades tan grandiosas como una revista hecha sólo por mujeres.

En fin, es el epítome del carácter caprichoso y olvidadizo de la opinión pública.

jueves, septiembre 1

El poder de la sordidez.



Mi compinche McManus me pasó en pleno agosto esta portada de aquella publicación tan divertida que se llamaba Nueva Vale. Su observación, el calor de Sevilla y algunas ideas que iban rondando mi mente me han llevado a crear la mía propia.

lunes, agosto 29

Todo es un eutanásico en potencia.

Bien, pues volvemos a la rutina bloguera. La semana pasada, según las noticias, una pareja de irresponsables no tuvo mejor ocurrencia que preparar un bebedizo a partir de estramonio y repartirlo entre los asistentes de una fiesta rave. Como consecuencia, un par de muertos por intoxicación. Y ayer mismo, otra víctima ha caído en coma tras ingerir hojas de la misma planta.

Ahora, el alcalde del primer pueblo afectado pretende declararle la guerra al estramonio para evitar nuevas muertes. Como bien insinúa un experto en botánica citado en el artículo, eso es una actitud quijotesca, tanto porque el estramonio está demasiado difundido como para asegurar su extinción, como porque el mismo motivo habría que eliminar muchas plantas de efectos igualmente alucinógenos. Un buen ejemplo sería la belladona, que se supone usada por brujas y otros chamanes de la antigüedad.

Panorámix, no es el mejor momento.

En mi opinión, si el alcalde quiere hacer algo útil con el objetivo de evitar nuevas víctimas mortales, creo que podría hacer lo siguiente.

a) Financiar una campaña publicitaria cuyo lema fuese “Lo natural no es necesariamente bueno”. Hoy en día, muchos manifiestan su preocupación por los alimentos o el medio ambiente (lo que me parece legítimo y lógico), pero debido al consabido infantilismo que suele adquirir un discurso cuando este llega a un gran público, se ha llegado a la absurda idea de que lo natural es bueno per se. Este pensamiento puede encontrarse en discursos crudiveganos, defensores de la simpleza añorada (primitivistas, ludistas…) y apologetas de diversas pseudo-medicinas. Algunos de los asistentes a la fiesta rave aseguran, siempre de acuerdo a las noticias, que el traficante presentaba mercancía como “sólo compuesta por hierbas”. ¡Como si no hubiera hierbas venenosas! De hecho, el agua mata si se bebe a grandes cantidades. Como nos dicen a los químicos en las prácticas de la carrera, cualquier sustancia a la concentración suficiente es letal.

b) Dar información sobre las drogas y hacer especial hincapié en sus efectos. Insistir que lo que más se arriesga es la salud y que algunas son mortales. Sé que se hace, pero ante lo ocurrido no viene mal reiterar.

c) Apelar a la responsabilidad personal. La cuestión no es que te pillen, sino que seas consciente de que estás jugando con las vidas del prójimo. Sí, yo mismo sé que es muy utópico.

Cualquier otra alternativa podría llevarnos a la locura finalmente porque, en serio, ¿sabe el alcalde de esa localidad cuántas sustancias naturales son tóxicas? ¡Quizás algunos quieran ponerle puertas al campo, después de todo!

martes, agosto 16

Entradas facilonas durante las vacaciones (IV).

Me he contagiado de la inactividad veraniega, por lo que estoy reservando las entradas más jugosas para septiembre. Así, enlazaré cierta serie de artículos cómicos que descubrí hace ya algún tiempo.

¡Momentos eróticos en la historia de los videojuegos!

Un verdadero estudio pormenorizado de todos aquellos videojuegos que deciden ignorar la censura olímpicamente. Pero el mejor de todos los artículos es el décimo, dedicado a la justamente ignorada saga de los Cho Aniki. DO THE MUSCLE!!!!

viernes, agosto 5

Patrones artísticos.

Unos aficionados americanos de Pokémon han realizado un tráiler ficticio en imagen real y lo han colgado en You Tube.



Todo hay que decirlo, da bastante bien el pego. Tanto que, como ocurriera con la malograda Dragon Ball Evolution, ya ha habido quien se ha quejado. En el hilo de comentarios se puede ver cómo otros seguidores de la serie han criticado a los protestones, acusándolos de ser “fanboys”. No negaré que mis simpatías están por los últimos.

Sin embargo, sigue enervándome ver cómo en la animación no se quiere ver más allá de lo que vio uno de pequeño o aquellas obras recién estrenadas en cine. Es raro curiosear dentro del mundillo, y más por obras que no vienen de Norteamérica o Japón.

Del mismo modo que en la literatura, el cine y el resto de artes se define el concepto de clásico, en la animación también existen obras que han marcado un hito altísimo difícil de igualar. Por ejemplo, La mano de Jiří Trnka.





Sublime.

jueves, julio 28

El cáncer del integrismo.

Cuando yo era pequeño, mi padre me contaba más de una vez la historia de un profesor suyo, que al parecer solía tener la costumbre de explicar, a pesar de no ser parte del programa oficial, cómo funcionaba un frigorífico y otras máquinas. Era un profesor con ideas, según mi progenitor. También tenía otra curiosa particularidad, este profesor: sugerir que nos hubiese ido mejor si la Reconquista no hubiese triunfado.

¿Por qué añadía esto último? Porque odiaba con fervor a la Iglesia Católica, supongo. ¿Y la mejor solución contra esta institución es hacerse musulmán, conociendo la historia del Islam? Lo dudo mucho.

Cuando supe del atentado terrorista de Oslo, yo tuve mis dudas de la presumida autoría islámica. Yo consideraba que era obra de anarquistas simplemente por un motivo: me parecía muy extraño que unos radicales islámicos atacaran con tanta precisión la clase política de un país. Desde su punto de vista, todos los europeos somos perros infieles. Es posible que se me puedan poner mil contraejemplos, pero mi observación de que había odio específicamente antigubernamental no era errada.

Anders Behring Brevik ha causado sorpresa. Nadie se esperaba que el causante de semejante daño a un país nórdico, multicultural y buenrollista fuera un nativo local. Bueno, cuando digo nadie, me refiero a quienes creen que en el extranjero se ata a los perros con longanizas y, como un personaje de El decamerón, que en algún lugar del mundo corre un río de vino tinto, del mejor que el paladar pueda figurarse.

A mí no me causó demasiada. Como tampoco me sorprendí que el Alakrana fuera secuestrado por piratas. Ya me enteré de la persistencia de estos bandidos, que el vulgo de hoy relaciona con Jack Sparrow y otros personajillos simpáticos, años antes en el suplemento dominical de un diario. Del mismo modo, ya conocía noticias que informaban de la presencia en toda Europa de peculiares defensores de la identidad europea, cuya idea es rechazar todo lo que hace realmente característico a este continente en la actualidad y volver a unas costumbres cuya diferencia con el Oriente Medio se basa sólo en la forma de los símbolos venerados.

En realidad, gran parte del vídeo-resumen del pantagruélico manifiesto de Brevik me suena. A las mismas ideas que leo en según qué blogs cuyos autores se consideran revolucionarios por leer el Mein Kampf. Sin embargo, el perfil que los medios nos presentan de Brevik me suena más a mí mismo. Un joven (un hombre de mediana edad, para algunos), interesado en la política, aficionado a la literatura, las series televisivas y los videojuegos, que odia lo políticamente correcto y a varios colectivos políticos por considerarlos enemigos de la cultura (europea). Bueno, en mi caso quizás sea mejor decir que siento desdén, pero una de las características de la corrección política es solapar conceptos para eliminar matices.

Su cortometraje empieza hablando en de los tópicos de la izquierda, que siempre anda conspirando para acabar con todo lo bueno y honrado. Continúa con un retrato de la Umma que hace que mi amigo McManus, que se autodenomina islamófobo, "cristianófobo" y "religiófobo" general, se escandalice.

Cuando habla del Cid, Brevik nos presenta una visión parecida a la franquista: El Cid jamás fue un mercenario que luchó tanto para moros como para cristianos, sino un guerrero de Dios. Nada dice el texto de la tirantez entre el rey y el Campeador, e incluso Brevik pasa por alto la etimología de “cid”, “çid” en castellano medieval, de origen mozárabe.

Generalizando sobre la tercera parte, para Brevik equivalen las guerras en suelo patrio a las cruzadas, e ignora sin más las causas económicas de estas últimas, como los hidalgos sin herencia, que estuvieron tras la decisión.

Concluye afirmando que él y otros europeos han adoptado una identidad. La identidad cristiana defendida por los Caballeros Templarios de Europa, cuya adopción no precisa creer en Cristo, sino defender y practicar las costumbres cristianas europeas. Nos llama a la guerra santa contra los invasores multiculti-islamo-marxistas. Cosa que ha hecho, a diferencia de los blogueros de los que hablaba antes.

Ni que decir tiene que el espanto de sus acciones ha hecho que alguien haya declarado que Brevik está loco. Incluso llegó a ser declarado así en contraposición a “(terrorista) islamista”. Eso sería muy tentador, nos libraría de tener que analizar los porqués de sus acciones, de considerar si su delirante pastiche está basado en el miedo de muchos europeos, de distinguir la sensatez de alguien mediante el estudio de sus ideas en vez de a través de etiquetas.

Las autoridades han respondido: más democracia. Otra respuesta que, como la locura de Brevik, suena fácil porque se asocia con otras ideas, ya defendibles. Lo mismo puede significar “vamos a seguir por el mismo camino, sin preocuparnos de otros como Brevik, pues es un loco y los habrá siempre”. Lo mismo puede ser “tomemos medidas para evitar que algún otro iluminado nos bendiga con sus asesinatos, del mismo modo que las vallas impiden la entrada de alimañas”.

En fin, se ha acabado confirmando que el nuevo peligro de la Europa secular no proviene de enemigos que han inmigrado, sino de otros que han nacido y se han criado allí. Yo, cada día, soy menos optimista.

P.D: Referenciado en El peso del armiño.

viernes, julio 22

“Prólogos” y “extras”.

Resulta que he pedido Frankenstein o el moderno Prometeo en una biblioteca. Leo la información de la contraportada hasta donde es posible, porque el sello de identificación tapa una parte del texto.

Decido, como buen lector, empezar por el principio, por el prólogo, obra de Alberto Manguel. ¡Sesenta páginas! Extenso prólogo, ¡carape! De pronto, la sorpresa. Me doy cuenta de que este prólogo es poco habitual. En vez de hablar de la obra, de su autora, de las circunstancias que acompañaron a la creación y publicación o la historia de las interpretaciones críticas, habla de una de sus adaptaciones cinematográficas: La novia de Frankenstein.

Escamado, decido reservarlo para más tarde, y leo la novela. Vuelvo al “prólogo” y confirmo que estaba en lo correcto: es un ensayo de esa película. Escamado, vuelvo a leer la contraportada y entiendo que la parte oculta indicaba que en el “prólogo” se hablaba de las adaptaciones cinematográficas. Yo, ante lo poco que tenía a la vista de las últimas líneas, pensé que simplemente se indicaba que la susodicha novela había dado origen a la famosa saga de películas.

No es que me parezca ilógico ni fuera de lugar, pero yo no llamaría a eso prólogo cuando de la novela sólo se habla para contrastarla con la película, y que a Frankenstein se refieren como Henry en vez de como Victor.

También en ese mismo lugar pedí hace un tiempo Nosferatu, la adaptación libera de Drácula, de Bram Stoker. Me quedo a ver los extras, especialmente deseoso de conocer los detalles de la demanda de la viuda del irlandés. Me encuentro un par de reportajes, uno comienza hablando del director, F. W. Murnau, para acabar hablando de la influencia que tuvieron los grupos ocultistas en la factura artística del largometraje, porque Albin Grau, productor y diseñador de producción de la misma, era miembro de uno de estos y aprovechó la ocasión para usar la simbología que se empleaba en el suyo. Se extienden en este tema y casi nada se comenta de la demanda de plagio.

Veo el segundo reportaje, que se concentra en la faceta artística y en la realización de la película, y se habla de la influencia de las sociedades ocultistas. Por aquel entonces tenía yo ya una extraña sensación de déjà vu. Al final, del plagio sólo sé lo que se lee en los textos, poca cosa. Y es una lástima, porque habiendo cuenta de que la decisión del tribunal fue destruir todas las cintas y que las pocas supervivientes fueron pasadas de incógnito, debe de ser muy interesante.

Seguro que la encuentro por ahí.

lunes, julio 18

Moralistas.

Esta noticia tiene ya cierto tiempo:

Bob Esponja, ¡muy violento!

¡JESÚS! Estamos aviados si les parece muy violento. No sé qué dirán de cualquier otra cosa. De tanto en tanto, suele aparecer alguna organización, habitualmente compuesta por gente que se ha reproducido, para quejarse de que las obras de ficción atentan indudablemente contra la inocencia de sus indefensos retoños, y que deben ser retiradas.

Como aficionado a ciertos géneros de dudoso buen gusto, como los videojuegos de terror, siempre me ha llamado la atención la actitud de estos individuos. ¿Piensan EN SERIO que borrar la violencia de la ficción equivale a borrarla en la realidad? Una de las cosas mejores del colegio religioso donde estudié es que no estaba demasiado tocado por las ñoñerías pedagógico-políticas que empezaron a germinar por entonces, cerca de los noventa, muy a pesar de que algunas madres le insistieran a algunos profesores que aprender a dividir en cuarto era demasiado. Así, nos contaban historias, religiosas o seculares, valiosas por su moral y sin importar si estas pudieran resultar algo macabras o contuvieran detalles siniestros. Asimismo, solían recordarnos que en el mundo abunda la miseria.

No es que lo siniestro haga a una obra madura per se (tengo que decir al respecto, un día de estos), pero algunos efectos de esta manipulación benévola ya están teniendo efecto. Hace algún tiempo, leí una carta en un periódico escrita por un chico de trece años que aseguraba haber vivido los doce anteriores creyendo que todos los críos del mundo vivían como él: en una casa bien segura, bien alimentados y leyendo a Harry Potter. Comentaba que para él era desolador haber descubierto la verdad.

A mí, debo confesarlo, me cuesta creerlo. ¿Cómo pudo vivir hasta entonces sin darse cuenta de ello? Claro que mi experiencia está sujeta a mi punto de vista: yo me crié en un barrio lindante a unas chabolas, estudié en ese colegio religioso donde día sí y día también estaban con el tema de la caridad, y los informativos de aquella época aún no emitían anuncios pero sí hablaban de la pobreza, el hambre y la guerra de los Balcanes.

También está la ficción. Aunque la critiquen, la violencia y otros motivos desagradables de la actualidad poco son comparada con la de algunos cuentos tradicionales, donde niños asesinaban brujas, fieras devoraban abuelas y pobres víctimas acababan mutiladas.

Lo más chocante es cuando un moralista llega, en su impulso por evitar lo malo, llega a algo peor. Un ejemplo que se me viene a la cabeza es el de un videojuego, Final Fight. Este juego era un beat’em up, que en castizo podría verterse como “A hostias contra todo lo que se menee”. En el susodicho, los protagonistas se pelaban contra todos los miembros de una mafia por el secuestro de una moza, hija de un protagonista y novia de otro (acababan los ochenta). Durante el transcurso del rescate, salían a escena para recibir punkies de ambos sexos, heavies, un rastafari, gigantones y hasta un tío en silla de ruedas que recuerda a Chiquito de la Calzada.

¡ALTO!

¿Dije punkies de AMBOS sexos?


Sí.

Pues eso es inaceptable. Cuando comercializaron la versión americana de la adaptación de Super NES, se objetó que los jugadores les sacudieran a personajes femeninos, a lo que los japoneses contestaron rápidamente alegando que Poison era un transexual (o transgénero, he leído ambos términos). En la versión americana no quedaron muy convencidos, así que masculinizaron los sprites. Quede, no obstante, la parida de Capcom para el recuerdo: es más aceptable partirle la cara a un transexual que a una mujer. Y claro, un transexual no es una mujer realmente. Yo estoy de broma, pero da que pensar.

Un caso bien conocido es la remasterización de la primera de las películas de La guerra de las galaxias: que no puede ser Han Solo un mercenario cuyo pellejo es el que más valora, y tampoco cargarse al esbirro de Jabba que lo está apuntando con una pistola. Hay que darle la excusa al héroe de que el otro, aparte de posiblemente malvado, es gilipollas disparando primero y FALLANDO A MENOS DE UN METRO.



Otro, que fue anunciado a bombo y platillo hará cosa de un año, fue el de la asociación de psicólogos americanos, muy preocupados por el mal ejemplo que, según ellos, daban las adaptaciones cinematográficas de superhéroes, que eran muy malotes y/o muy chuletas. Que se había perdido el candor que en otros tiempos (mejores, ¡claro!) tenían Superman y Spiderman, por ejemplo. Risible a todas luces, porque estos superhéroes pudieron tener épocas controvertidas (como casi todos los superhéroes, huelga decir, por la longitud de las series). Léase la primera historieta de Superman como ejemplo de lo que quiero decir.

Dejo de listar ejemplos, porque esta entrada puede hacerse farragosa. Lo que caracteriza a un moralista es su negativa a aceptar lo que no le gusta. No critica que un detalle desagradable de una obra de ficción sea frivolizado, simplificado u objeto de burla, critica que se hable de este. Los moralistas no discuten si la realidad está bien o mal representada, si se trata de un retrato fiel o inexacto, mandan callar. Sólo se preocupan de mantener las apariencias.

Eso sí, no sé si es que confunden la realidad con la apariencia o son sólo cínicos.

miércoles, julio 13

Pitorreo.

Sigo desentrenado y preparando entradas más largas, así que mientras tanto, allá vamos con esta entrada corta. Hace cuatro años, la gente se cabreó con el resultado de cierto concurso. Ayer mismo conocimos la opinión del protagonista de la función y, ¡demonios!, en algunas partes debo darle la razón.

Me quedo con la parte del final, donde dice que puedes estar esforzando en algo toda tu vida para que el premio se lo lleve otro con la primera tontería que se le ocurra. Tremendo.

P.D: Para quienes no sepan catalán, traducción al castellano:

Cómo ganarse la vida durante un año haciendo tiras cómicas

No cuelgo paso estas tiras porque que esté excesivamente orgulloso, no os penséis, sino porque todo lo que rodea su creación hace reflexionar profundamente.

Un día llegué a casa Ana, para variar, y estaba con Nacho en la mesa del comedor dibujando encima unas hojas de papel. Yo les pregunté qué estaban haciendo y me contestaron que preparaban unas tiras cómicas para un concurso. Como yo no tenía nada que hacer decidí que también me presentaría con unos personajes que había creado cuando hacía el bachillerato tecnológico. Me avisaron de que si ganaba se iban a cabrear mucho conmigo.

Unos meses más tarde recibía una llamada en que se me anunciaba que había ganado el premio. Mi respuesta, y juro por Dios que es verdad, fue "Os habéis equivocado, vuelva a mirarlo porque seguro que se ha equivocado". Pues resulta que no, era cierto. Cuando el veredicto se hizo público incluso se abrió mi club de fans que podéis encontrar aquí. [ENLACE AL POST DE ADLO!]

Entiendo que se cabrearan porque si yo, en algún momento de la vida, hubiera tenido la mínima vocación de ser dibujante de tiras cómicas, me hubiera indignado muchísimo con el resultado. Pero a mí, evidentemente, me la peló. En realidad tuve el privilegio de poder mirar todos los trabajos presentados y eran todos una puta mierda pero de las gordas. O sea que si gané no fue porque fuera bueno, sino porque todos los demás eran malísimos.

Bueno, sobre Nacho y Ana, nada, ya les pedí perdón y no fue hasta que tuve los finalistas delante que comprendí que si ellos llegan a quedar segundos me hubiera metido en un lodazal importante. Suerte, suerte, que no fue así.

Todo esto me lleva a dos conclusiones:

Puedes pasarte la vida poniendo esfuerzo en algo y que entonces salga cualquier tonto y con una tontería te pase la mano por la cara. No te enfades, esto así. La próxima vez intenta ser tú el que sin quererlo se lleve el premio.

En segundo lugar, estuve un año entero cobrando por ello. No se me ocurre nada más: Humanidad 0 - Tòmpsen 1.

martes, julio 5

¡Por los pelos!

La verdad es que me ha pillado el día de hoy sin entradas nuevas, y entonces me enlazan esta noticia:

La operación SGAE es lo mismo que el intento de golpe de estado de Tejero

España, donde realizar acusaciones de ser criptofranquista está la orden del día.

viernes, julio 1

Música divertida.

Antes que nada, mi ausencia se ha debido a que un período de inactividad puede afectarme incluso tiempo después de haber estado ausente por obligaciones. Ha coincidido el fin del curso de Formador Ocupacional, que ha me ha exigido prepararme rápido sesiones en temas que no domino perfectamente, con la vuelta a mi piso, de donde fui desalojado, la cual ha sido larga por la cantidad de posesiones y porque tengo que deshacerme de algunas. También La montaña mágica ha tenido su parte. Tengo que hablar de algunas de las desdichas habidas en el curso, pero ya habrá ocasión.

Así que, para coger ritmo, voy a subir una entrada sencillita, sobre música. Vaya por delante que nunca me he identificado en ninguna tribu urbana por gustos musicales. De hecho, siempre me llamó la atención que la identificación por tipo de música estuviera más extendida que la que se puede dar entre lectores de cómic según la nacionalidad del autor o entre jugones según la compañía de la consola. No obstante, me gusta la música cómica.

Así pues, sin mayores preámbulos, una selección de canciones jocosas por diversos motivos.

La guapa y los ninjas



Fascinante canción rodada con cortos de una película sinojaponesa de bajo presupuesto (o de varias, lamento no ser un experto como Absence). Nótese cómo la guapa aparece sólo en una de las escenas, siendo el resto del montaje una curiosa advertencia contra las garras de los ninjas. Eso sí, lo de “honrados políticos” causa más bien estupor que risa.

El Internet



Encantador descubrimiento. No sé si es la profundidad de su letra, la cadencia de la sugerente danza, el ritmo imparable o las caretas de los bailarines (¿Quizás también cantantes?) lo que me ha enamorado del videoclip.

La fiesta medieval



Porque una guerra de muslos de pollo es muy tentadora. Casi tanto como las camareras pechugonas.

Internet is for the pr0n



Un clásico dentro del género.

I Just Had Sex



Brillante oda dedicada a todos aquellos que acaben de tener un orgasmo. El mismo grupo es responsable de otras canciones de tono similar.

Cualquiera de Venetian Princess



Parodiadora de los grandes cantantes comerciales.

Cualquiera de las dos series de Matt Groening



En cierto sentido, me iniciaron en esta afición.

Cualquiera de Trey Parker y Matt Stone



Porque aprendieron y superaron a las anteriores.

Algunas de Sayonara Zetsubou Sensei



Esta serie viene a ser una versión japonesa de Padre de familia. Por ello, alude a cosas bastante más desconocidas que las parodiadas por Seth McFarlane.

La letra, por cierto, dice lo siguiente (traducido del francés):
Un círculo ha aparecido, aparecido
Un círculo ha aparecido
Un círculo de la talla de mi hermano ha aparecido
Estaba demasiado bajo
Entonces todos se enfadaron conmigo (¡Ah! ¡Está bien! ¡Está bien!)

Un círculo ha aparecido, aparecido
Un círculo ha aparecido
Como un concierto de Haro Pro
Un círculo ha aparecido
Estaba demasiado alto
Como resultado, incluso aunque estoy hundido,
Estoy harto de esto (¡Ah! ¡Está bien! ¡Está bien!)


(Al final, lo que se lee en el móvil es que la canción no sirve para nivelar, que es como la presentan al principio)

Bobobo



¡ZANAHORIÓN!

lunes, junio 13

Cero en calidad.

Cuando yo estudié el máster de calidad, ya nos lo advirtieron. Que las normativas de calidad, presentes en la civilizada Europa, son como los manuales de instrucciones: son útiles mientras se lean. Un brote de Escherichia coli mutada ha demostrado lo poco que sirve actuar sin prudencia y prevención.

Para vender en Europa cualquier cosa que se coma, es necesario estar certificado en uno o varios sistemas de calidad, siendo los más famosos BRC, IFS y ISO.

Estos sistemas exigen un control de la trazabilidad, que en palabras simples es saber, dado un producto dado, tal como una lata de tomate frito, cuál ha sido su recorrido: cuándo llegó al comercio, quién lo llevó hasta allí, cuándo salió de fábrica, cuándo se empaquetó, cuándo se procesaron los tomates, cuándo llegó a recepción esta materia prima, quién la transportó, quién es el agricultor, dónde está la huerta…

Este tipo de requisitos fueron exigidos después de desastres alimentarios tanto a nivel europeo, como el síndrome de las vacas locas, como a nivel local, como el síndrome del aceite de colza en España. En teoría, a la hora de una emergencia ayudan a identificar con facilidad las muestras contaminadas, haciendo que el certificado de que la comida no nos va a sentar como un tiro a la hora de zamparla sigue siendo de fiar.

Hasta que ocurre algo inesperado, como ahora. Este sistema es incuestionablemente útil para poder identificar correctamente cuáles partidas son potencialmente peligrosas. Pero como la causa no siempre está clara, hay que investigar bastante para saber cuál es.

Lo que no es de recibo es esta situación, en la que ya se han señalado tres posibles fuentes sin estar seguros. El primero está causando una crisis tremenda en el sector agrícola español, y los dos siguientes han sido señalados en la propia Alemania.

Ha contado más el dedo acusador de alguien que las pruebas empíricas. Un cero en calidad, les doy.

* Hay varios más, como Global Gap.