martes, junio 30

Bien...

¡Un mes sin actualizar! Dudo mucho que alguien siga por ahí, pero debo explicarme.
Durante unas semanas de pausa provocadas por el estudio y la búsqueda infructuosa de trabajo, me he planteado el futuro de esta bitácora. Hace poco alcancé las cien entradas; pero varias, creo, cuentan circunstancias de mi vida simplemente superfluas.
Mi ritmo de vida durante la universidad me obligaba a actualizar de tanto en tanto, y me lo tomé más como una obligación como un divertimento. Caí en las trampas de contar mi aburrida vida y de hablar de demasiadas cosas en una sola entrada. Incluso en tiempos más recientes, con entradas dedicadas a reseñas y mis propios relatos (supuestamente) humorísticos, seguí la costumbre de hablar de varias obras a la vez, o de publicar de un tirón una historia.
¿Conclusión? No creo que deba continuar. Primero, porque estoy seguro de que nadie me sigue. Segundo, porque el formato de otros servicios, como Wordpress, me agrada más. Tercero, porque estoy cada vez más decidido a hacer de las Hilaridades un cómic, aunque tenga que aprender a dibujar. Cuarto, porque sin lo anterior, ¿qué me queda?
No es definitivo, pero sólo pulir los detalles de mis obras me va a exigir mucho trabajo y, combinado con un posible empleo, me dejará poco tiempo libre. Así, oficialmente, esta bitácora está en un hiato que posiblemente se tranformará en cierre.

sábado, mayo 23

¡Centésima entrada! Séptima hilaridad

¡En efecto, con esta son cien las entradas publicadas en esta bitácora! No está nada mal, no señor...
Aunque la última vez dije que actualizaría pronto, he tardado más de dos semanas, a pesar de que tengo no una, sino dos historias terminadas. En fin, aquí tenéis la séptima hilaridad:

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Séptima hilaridad
Patada aérea, o dragones desdoblados

La humedad se condensaba en el exterior de las ventanas. Durante el fin de semana, había llegado una ola de frío siberiano, y los abrigos se reunían en las perchas. Los alumnos se frotaban las manos, para superar el frío del irregular habitáculo en el que aprendían.
-¿Has encendido el radiador, Caín?-preguntó Saray.
-Sí…-contestó él, volviendo a comprobar el enchufe de este-Aguanta, tarda un rato-miró la puerta, y frunció el ceño.
-Nos ha tocado la clase más pequeña, y la puerta más grande-sacudió la cabeza indignado-¡Así, es la que más tarda en calentarse!
-La clase de 4º Ç es aún más pequeña-dijo Dani.
-Sí, pero la entrada es de tamaño estándar-comentó Celsio.
-Además, está en la pared menos ancha, y el radiador está en la pared del fondo-añadió Andrés-Aquí, es justo al revés. Caín tiene razón-suspiró resignado, y entonces vio un pie que volaba hacia él.
Tras este, un chico delgado, con pelo moreno rizado y muy enfadado, se desplazaba por el aire.
-¡Ya verás, maldito!-gritó, atrayendo la atención de todos.
-¡Ah!-exclamó Andrés.
-¿Eh?-preguntó Clarisa, sentada en su sitio.
Los demás bien se quedaron boquiabiertos, bien con los ojos como platos, o bien de las dos formas. Sólo Caín siguió con curiosidad la trayectoria parabólica, que entonces estaba a medio metro del pecho de Andrés.
Él saltó entonces a su derecha, sobrepasando los pupitres y a Vilma, que estaba tras la fila delantera, chocando frente al de Celsio, quien sujetó su mesa. El muchacho siguió impulsado hasta estrellarse con la mesa del profesor. Su pierna izquierda, con la que apuntaba airado, quedó sobre la tabla de madera, mientras que la derecha, flexionada, golpeó una de las patas metálicas. El accidentado rebotó, cayendo aparatosamente al suelo.
-¡Ahí va, Dios!-exclamó Caín, consternado.
Tras un breve momento de pánico, Dani corrió hacia el chico.
-¿Estás bien, chaval?-le preguntó.
Pudo ver que el chico era algo menor que él. No respondía.
-¿¡Llamo a una ambulancia!?-consultó Saray, con el móvil en la mano.
-¡Espera, voy a avisar a los conserjes!-recomendó Caín, y enfrentó el umbral, pero no pudo salir. Shasha había llegado, y era ese tipo de persona que no dejaba salir, que tenía que entrar a toda costa. Para colmo, esta se quedó quieta al percibir la respiración agitada de sus condiscípulos.
-¿Te importa?-casi le rugió Caín.
-¿Qué pasa?
-¡Que tengo que pedir ayuda, coño!
Caín pudo cruzar la puerta, pero entonces chocó con José. Se disculpó, y empezó a andar a ancadas, pero se detuvo bruscamente cuando oyó a Dani.
-¡No vayas, que no hace falta! ¡Está consciente!
Todos se acercaron cuanto pudieron, excepto Andrés, que estaba de brazos cruzados.
-¡Eh, niño, no nos des estos sustos!-le riñó Clarisa, pero el chaval yacía sin importarle nada, aparentemente.
-¿Te duele algo?-Dani alargó el brazo para tocarlo, pero de pronto el chico se lo apartó de un manotazo.
-¡Quita, mariquita!-tras gritar, el chico se levantó de una voltereta. Miró a Dani con una sonrisa picaruela.
-¡Te descuidas un momento, y ya te quieren meter mano!-declaró, y rió de un modo extraño-¡Ujuy!
-¿¡Meterte mano, cabronazo!? ¡Encima de que nos preocupamos por ti, desagradecido!-lo acusó a la par que lo señaló Vilma.
José y Shasha se miraban el uno al otro, sin entender nada.
Clarisa se mordía el labio inferior, enfurecida, mientras con largas zancadas se acercaba al niño.
-¿¡Quién eres!?-interrogó.
El chico se asustó por la amenaza contenida, pero se repuso rápido.
-¡Me llamo Periquito! ¿Y tú quién eres?
Caín abrió la boca, dejando que su voz se asomara un momento, para luego volver con menor timidez.
-¿Periquito? ¿Cómo los pajaritos?
El muchacho estuvo a punto de saltarle encima.
-¡Ya estamos! ¡Es Periquito, de Perico!
Saray levantó los brazos, para dar a entender lo obvio.
-¡Ya, pero Perico es la abreviatura de Pedro! ¡Es como si te llamaras “Pedritito”!
-Se acepta también, Saray-comentó Clarisa.
A Dani le pareció muy risible, así que empezó a carcajear con ganas. Periquito, ante tal afrenta, quiso atacarlo, pero fue interceptado por Andrés, quien le puso la pierna derecha sobre el hombro izquierdo.
Todos tragaron saliva, excepto Celsio, a quien se le introdujo por las vías respiratorias y empezó a toser. Andrés negó con la cabeza.
-¡Periquito, estamos en el instituto! ¡No es lugar para jugar! ¡Espérame en el patio!
-¡Déjate de guasas, primo! ¡Conseguiré mi venganza!
-¿Aún estás con eso?-Andrés suspiró.
-¿¡Primo!?-preguntó Caín, estupefacto. Celsio seguía tosiendo.
Clarisa los comparó, a pesar de haber leído que era un acto odioso. No se parecían de cara, pero ambos tenían una complexión física similar, y eran delgados y fibrosos.
-¡Vaya, ahora que lo pienso, es la primera vez que conozco a uno de tus primos!-le dijo.
-Suelo ser yo quien lo visita él, Clarisa-explicó Andrés, que se arqueó ligeramente a su derecha, con la pierna aún en equilibrio. Luego hacia la izquierda, alarmado por la respiración agitada de Celsio.
El tal Periquito le echó una mirada significativa a Clarisa, interesado.
-¿Esta es tu novia?
Andrés estuvo a punto de precipitarse contra el suelo, y Clarisa mostró la mirada de un basilisco.
-¿Qué diablos le vas contando a tu familia? ¡Ya estoy hasta el… mismísimo de que todo el mundo nos empareje!
-¡Pero si hacéis mala pareja! Demasiado parecidos en gustos y manera de ser…-comentó Saray.
-Sí, no contrastáis… Quedaría muy soso en una serie-reflexionó José.
-¡Que no estamos en la tele!-les cortó Shasha. Ellos se disculparon sonriendo.
-¡Anda ya, niña!-Andrés saltó a su posición original, movimiento que a Caín le sonaba de un personaje de un videojuego de lucha-Tan sólo he hablado de ti. ¡No tengo la culpa de que mi familia sea tan simple!
Celsio dejó de toser, y rompió a aspirar ruidosamente por la boca. Todos se giraron para ver qué le ocurría, lo que aprovechó Caín para interrogar al mocoso.
-¿Cuál es el motivo de tu venganza?
-¡Él me violó!-Periquito señaló a su primo desde donde estaba, tumbado como un filósofo de la Edad Antigua.
-¡Mentira!-contestó Andrés-¡No es lo que os figuráis!
-¡Tranquilo, hombre!-dijo Dani-¡No vamos a creer al primero que pase!
-¡Es verdad! ¡Me violó!-insistía Periquito.
-¡Anda, anda, no mientas más!-lo amonestó Caín.
-Periquito, déjalo-dijo Andrés, y suspiró-No creo que esta gente entienda de qué hablamos.
-Vamos a ver, ¿a qué te refieres con que te violó?-preguntó Shasha.
-¡Me atacó a mí, en lugar de atacar al jefe final de fase!
La perplejidad dominó a Shasha, y se mostró en su rostro. Tan sólo Caín, Dani y Saray supieron a qué se refería.
-¿En qué juego?-preguntó el primero.
-¿Cómo fue?-solicitó el segundo.
-¿Te hizo daño?-quiso saber la última.
-¡Fue en el Dragon Duplex, mientras intentaba hacer una patada aérea en rebote desde la pared, y no sólo me hizo daño, también me mató!
Los tres se volvieron enfadados hacia Andrés.
-¡Hay que tener cuidado, hombre!-le espetó Caín, con una mueca de ira.
-¡Tío, no se puede ir por ahí pateando todo aquello que se mueva!-Dani suspiró, y sacudió la cabeza mientras se lamentaba.
-¡Si no sabes hacer la patada, no lo intentes! Déjaselo a un profesional-aconsejó Saray.
-¡Idos a tomar morcilla!-les espetó Andrés.
-Sí, claro, ¡cómo tú no eres la víctima!-dijo Caín, y él y los otros dos arroparon a Periquito.
-¡Bueno, tampoco es para esto…!-dijo Periquito, desacostumbrado a tener la razón y ser mimado.
Se los quitó de encima, y se despidió. Volvió corriendo a su clase, donde un chaval moreno y con cara de enfado lo estaba esperando.
-¡Al fin llegas, atontado!
-¡Perdona, estaba echándole a mi primo la culpa en su cara!
-¡Pero qué pesado eres!
-¡Y tú también, Tomasín!
-Te equivocas, el pesado eres tú, Periquito.
Se volvió, y vio a una muchacha bajita de pelo castaño corto.
-¡No me digas eso, Mariquilla!
-¡Pero si es verdad! ¿Quién se empeñó en que paraguas se escribe con diéresis sobre la u?
Tomasín señaló a Periquito.
-¿Quién creía que la regla conmutativa consiste en que el resultado no variaba si las cifras se disponían horizontal o verticalmente?
El muchacho apuntó nuevamente a su amigo.
-¿Quién insistió en que una pirámide de población es el tipo de vivienda donde residían los antiguos egipcios?
El dedo, inmisericorde, volvió a alzarse. Una media luna se dibujó en los rostros de Mariquilla y de Tomasín.
-¡Yo no podía saber que era una tumba!-contestó desesperado Periquito.
-¿Cómo que no? ¿No has visto nunca una película de momias?-preguntó Mariquilla.
-¡Pensaba que las pirámides eran un poco de todo, como centros comerciales de entonces! ¡“¿Para qué querían el oro y la comida, entonces?” es lo que pensaba cuando decían que era una tumba!
Mariquilla estuvo de acuerdo con él.
-Ya, vale, no tiene sentido...
-Bueno, vamos a sentarnos-ordenó Tomasín al ver al profesor.

Tras las dos primeras horas, en las cuales los alumnos aprendieron a usar un mapa y algunas características de las irregularidades de la conjugación de verbos en la lengua española, llegó el primer recreo.
-¡Se va a enterar!-gritó Periquito tan pronto se levantó, y salió por la puerta.
-¡Otra vez no!-lamentó Mariquilla-¡Eres un pesado!-le gritó mientras salía.
-¡Lo sé! ¡Y reconociéndolo, me hago más fuerte, transformando mi debilidad en mi fortaleza!
Mariquilla se cayó de culo en la silla al oír su respuesta.
-¡Ha subido de nivel! ¡Seguro que ahora podrá vencerlo!-exclamó Tomasín encantado.
-¡Déjate de payasadas! ¿Tú también?-gritó enfadada Mariquilla.
-¿No reconoces la cita? ¡Es de ese gran manga de peleas llamado…!
-La verdad, o no lo he comprado nunca, o he dejado de hacerlo… Prefiero gastarme el dinero en humor y comedias divertidas.
-¡Con lo flipante que es! ¡En el último número, ya se están enfrentando con el malo y…!
-No insistas, Tomasín, la verdad, no me interesa ahora. Vamos a buscar a ese idiota.
Salieron, y bajaron las escaleras hasta el aula de 4º Ñ, donde Periquito irrumpió.
-¡Fuera de aquí, coño!-aulló Caín desde dentro. Como no lo conocían, Mariquilla y Tomasín se temieron lo peor.
Periquito salió de espaldas, confrontando a Caín.
-¿Ya se ha ido mi primo?
-¡Sí! ¡Andrés es el primero en salir al recreo, y el último en volver! ¡Jamás he tenido que pedirle que se marche! ¡No como a otras!-voceó, volviéndose al interior del aula. Saray salió apurada.
-¡Chico, no se puede tardar ni un minuto contigo! ¡Qué prisa! ¡Cualquiera diría que el patio va a escaparse!
-¿Sabe alguno de vosotros dos dónde puede estar mi primo?
-Sí, de hecho, nos sentamos con él-respondió Saray.
-¡Perfecto! ¡Llevadme a él!
-¿Aún quieres la revancha? ¡Si ya le he hemos echado la bronca!-dijo Caín.
-¡Sí! ¡Necesito vengar mi honor! ¡No lo conseguiré hasta devolverle la patada que me dio!
-¡Pero niño, no se la des de verdad! ¡Devuélvesela en el videojuego!-sugirió Saray, levantando los brazos para resaltar la simpleza del asunto.
-¡Así le dolerá de verdad!-insistió Periquito.
Repentinamente, Mariquilla se abalanzó sobre él, apoyó las manos sobre su hombro izquierdo y balanceó las piernas sobre el cuerpo de Periquito para empujar su torso hacia el suelo. Tras derribarlo, lo aprisionó con una tijera mientras le retorcía el brazo izquierdo.
Saray y Caín se quedaron atónitos. “Un poco más”, pensaron, “y lo dejas en el sitio”.
-¡Vamos a comprar el bocadillo, y a desayunar, y después, si hay tiempo, podrás encargarte de tus piques! ¿Vale?
-¡Vale…!-respondió medio asfixiado Periquito. Tomasín miraba la escena entre horrorizado y divertido.
-¿Y a esa niña por qué coño le importará que quiera pelearse con su primo…?-se preguntaba en voz alta Caín, mientras bajaba las escaleras con Saray.
-Será su novia…-hipotetizó ella.
-No creo, son muy pequeños…-contestó él.
Cuando Tomasín lo oyó, entró en cólera.
“¿Pequeños? ¡Ya tenemos doce años! ¡Ya estamos en el instituto! ¡Maldito sea!”, pensó irritado.

En la cafetería, los hambrientos clientes guardaban turno a la española, esto es, en barullo.
-¡¿Qué diablos se ha creído ese estúpido?!-farfullaba Tomasín.
-¿Cuál estúpido? ¿Mi primo?-preguntó Periquito.
-¡No, el otro! El que tenía la cerrar la clase.
-Es algo brusco, pero estúpido… No lo creo-admitió Periquito.
-¡Dejaos de chorradas!-les gritó Mariquilla-¿Tú también te vas a picar?-le dijo, indignada, a Tomasín.
-¡Ha dicho que somos muy pequeños!
-¡Y la chica ha sugerido que soy la novia de este tarugo, y me da igual!-Mariquilla señaló a Periquito.
-¡Eh!-se quejó este.
-¡Pero eso tiene lógica! ¡No que seamos pequeños, cuando ya vamos al instituto!
-¡Ten en cuenta que somos el primer curso de 1º de ESO, normal que piensen así!
Llegaron al mostrador.
-¡Un bocadillo de sobrasada, por favor!-pidió Mariquilla.
-¡Otro de jamón serrano!-dijo Tomasín.
-Vegetal-dijo Periquito.
Fueron servidos, y salieron al patio, mientras comían.
-Lo que tenéis que hacer es pasar de esas cosas, miradme a mí, ¡vivo tan tranquila!
-¡Anda, claro! Por eso casi le pegaste el otro día a esta, a la locuela de Désirée-le recordó Tomasín.
-¡Eso fue porque es muy pesada! ¡Está empeñada en que quiero quitarle su novio, o yo quién sé!
-¿Su novio?-preguntó Periquito.
-Es ese chico de la clase vecina, Julián. Viene simplemente porque nos caemos bien, le gusta ese tebeo de humor del que os he hablado… Será que le había echado el ojo, o lo que fuera, porque la chica tiene unos celos que no hay quien la aguante. La semana pasada…
-¡Helo ahí, al malvado!-señaló Periquito, y allí estaba su primo Andrés, divirtiendo a sus amigos.
Mariquilla se tragó con rabia sus palabras con el pan.
-¡Ah, ahí está riéndose ese listillo!-Tomasín levantó el puño en señal de amenaza hacia Caín, quien, en efecto, reía.
Ambos fueron corriendo. Mariquilla lamentó su estupidez una vez más.
-¡Ahí voy!-gritó Periquito, y volvió a utilizar su patada voladora.
-¡Al ataque!-gritó Tomasín, mostrando mucha originalidad, mientras se preparaba para embestir con su cabeza.
El grupo de chicos, consternados, se dieron la vuelta a tiempo.
-¿Pero otra vez? ¡Qué pesado eres!-sermoneó Andrés antes de esquivar a su primo hábilmente, quien fue a parar al árbol.
-¿Hum?-musitó Caín, en el banco, viendo una cabeza negra hacia él.
“¡Ahora conocerás el dolor!”, pensó Tomasín, pero se detuvo de inmediato.
Caín lo paró sólo con la mano izquierda, mientras con la derecha comía el bocadillo.
-¡Ten cuidado, que casi te caes sobre mí!-protestó.
Tomasín se quedó helado, sin poder decir nada.
-¿Estás bien?-preguntó Caín-A ver si le he hecho daño…-le comentó a Dani, a su vera.
Tomasín se sintió aún más ofendido.
-¡No, claro que no!-gritó, mientras daba un salto hacia atrás.
-¡Pues ten más cuidado, hombre, que casi me das!
“¡Maldito! ¡Es increíblemente fuerte! ¡Será mejor que me ande con cuidado!”, pensó, antes de ser derribado al suelo.
-¡Pero otra vez ella! ¡Miradlos, si es que van a matarse como sigan jugando así!-exclamó Caín, aunque fue irrelevante. Cuando todos vieron a Mariquilla volar alrededor del cuello de Tomasín, supieron que no auguraba nada bueno.
-¿Por… por qué a mí?-balbuceó como mejor pudo el pobre diablo.
-¡Porque eres el único que se tiene en pie!-contestó Mariquilla.
Lo cual era cierto, porque Periquito seguía tirado en el suelo.
-¡¿No se habrá hecho daño tu primo, tío?!-preguntó Luisma, asombrado.
-No sé…-respondió Andrés, dubitativo.
De pronto, alguien levantó a Mariquilla del suelo.
-¿Pero no ves que así acabarás haciéndole daño a alguien?-regañó seriamente Saray a Mariquilla.
Mariquilla vio esos ojos del color meloso de las semillas de cacao, y no pudo responder nada.
-¡Oh, lo siento!-dijo tímidamente.
-¡Serénate, o mejor todavía, apúntate a algún equipo deportivo! Ahí aprovecharás toda esa energía que tienes.
Mariquilla saltó al suelo ruborizada. Tomasín, mientras tanto, recuperaba el color. Periquito continuaba inerte, pero de pronto saltó y empezó a retorcerse.
-¡Se me han metido hormigas por el cuerpo!-gritó, exasperado.
Mariquita, Tomasín y Andrés no pudieron evitar carcajearse, mientras los demás, incluyendo a quienes no pertenecían al grupo, disimulaban un poco.

Tras el divertido recreo, los muchachos volvieron a la extraña aula de la pared curva.
-¡Jajajajajaja! ¡Qué gracioso es tu primo!-reía Clarisa.
-¡Sobre todo cuando se hace daño!-añadió Dani.
-Siempre ha sido así, generoso-admitió Andrés.
Fuera, en la penumbra, un joven de pelo ensortijado se retorcía de rabia.
-¡Estas cosas te pasan por ser un impulsivo!-le riñó Mariquilla.
Del interior vinieron más risas.
-¡Pues a mí me ha hecho más gracia el otro, el grandote! Tiene toda la cara del personaje que recibe golpes de modo cómico, ¿no creéis?-comentó Caín.
Fuera, otro joven, de piel morena, también se retorcía de rabia.
-¡Y a ti, por mendrugo!-le riñó también Mariquilla.
Finalmente, las carcajadas fueron amainando.
-Ahora, la chica es muy mona, las cosas como son-concluyó Saray.
Fuera, una joven se ruborizó. Sus compañeros la miraron envidiosos, por lo que les dio sendos codazos en los riñones. Resuelta, se dirigió a clase.

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De momento, ya está. Dentro de algún tiempo, haré cierto anuncio importante. No sé cuándo será, pero ocurrirá.

lunes, mayo 4

¡Cuarto aniversario! Sexta hilaridad

Bueno, el aniversario fue hace una semana, y de hecho la historia estaba casi completa, pero no del todo. Debido a la ruptura consecutiva de mis dos viejos ordenadores, me quedé temporalmente sin el sexto capñitulo (ahora tengo copia de sefuridad). Sin más, allá vamos:

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Sexta hilaridad

Hijos de un vicio mayor, o víctimas de los propios

La civilización siempre se ha desarrollado cerca del agua. Este hecho pasa fácilmente desapercibido a las generaciones que han tenido la suerte de conocer el agua corriente, y que, por ello, han condenado al ostracismo las fuentes naturales de la misma más inmediatas. La Ciudad del Churro no era una excepción, desde tiempos remotos, pero no inmemoriales, la localidad se había alimentado de una laguna, llamada del Espejo, por la fuerte impresión que les causó a sus fundadores ver sus propios reflejos mientras descendían por la cuesta que se oponía a la actual urbe.
Al menos, eso decía la leyenda. En el momento de los hechos descritos en estas páginas, era difícil comprobar su veracidad, debido principalmente a la contaminación que quitaba lustre a la superficie del agua. Las orillas de la laguna estaban llenas de desperdicios, como botellas de plástico y vidrio, latas, bolsas e incluso un neumático de camión, que flotaba cuando nuestros protagonistas lo encontraron.
Al final, Shasha no pudo venir, y se fueron antes de lo esperado, a las cinco y veinte, por la puntualidad de Saray. Paseaban en silencio, dejando que el atardecer bañara sus rostros. No obstante, a Clarisa le pareció que Saray estaba demasiado separada del grupo, y se acercó a ella. Saray se dio cuenta, y se amoldó a su ritmo.
Los demás peatones eran viejos, sobre todo, y alguna madre con hijos pequeños. No había nadie más de la edad del grupo. Saray decidió aprovechar que Caín se había parado para observar a un niño que saltaba sobre baldosas del mismo color.
-¿Te puedo hacer una pregunta sobre el Bad Boy Rodríguez 3, ¡digo, Tale of Snorf!?-dijo ella cuando lo alcanzó. Él entonces volvió a andar al ritmo de las dos.
-Sí.
-Estoy en la Isla del Trueque con Truco, ¿hay algún modo de continuar sin tener que vender a alguno de los personajes?
-No, no puedes.
-¡Qué gamberrada! Con razón te dice el pillo de Klaus que “I’m a really bad boy, so I’m letting you decide it.”
-¡Ya te dije que es lo peor! Es uno de los protagonistas más sinvergüenzas de la historia del ocio. Si llega a salir al mercado hoy, el Tale of Snorf habría sido el centro de la polémica.
-¡Hombre, es que está mal!-dijo repentinamente Clarisa-¡Es esclavitud, es inmoral!
-¡Mujer, el juego es humorístico!-replicó Caín-¡Además, no es mucho peor que otros que hay en el mercado!
-¡Pero es que está mal!
-También está mal matar, y no por ello, cuando alguien ve una película, deja de alegrarse cuando el malo muere, a veces de forma muy cruel-argumentó Saray.
-¡Mujer, visto así…! Ocurre…
Clarisa dejó la frase interrumpida, y se quedó mirando algo rarísimo. En uno de los bancos del paseo, había alguien durmiendo. Era un niño, de pelo castaño claro, extremidades cortas, gran cabeza y horriblemente feo. Para colmo, el niño estaba cubierto por una sábana formada por latas de cerveza vacías.
-¡Oh, no!-gritó entonces Caín. Corrió hacia el chaval. Dani lo persiguió, pero para acompañarlo. Los demás no comprendían qué ocurría.
-¡Despierta, Penco!-gritó Caín cuando llegó al banco, y se subió al asiento para quitar a patadas todas las latas. Dani examinó al chico, le apartó el flequillo para verle la cara.
-¡Venga, Penco!-le dijo Dani. El resto del grupo se quedó parado.
-¿Soy yo, o le llaman Penco?-preguntó Clarisa.
-Eso parece…-comentó Andrés.
-¡Avisemos a una ambulancia!-propuso Saray.
No obstante, el muchacho despertó por las acciones de Caín y Dani. Abrió los ojos de una vez, y se incorporó de un salto. De pie, todos pudieron apreciar que además era pasicorto, y nervioso como pocos. Jamás mantenía la mirada en una dirección concreta más de un segundo, y ojeaba tan rápida y continuamente que provocaba mareo con sólo verlo.
Ese chico era el Niño Penco, como todos le apodaban, debido a su torpeza, causada por una absoluta falta de concentración cuyo origen era el consumo de alcohol y, ocasionalmente, otras sustancias. A pesar de esto, todos lo tenían como un juerguista y un chaval de puta madre, y es que el Niño Penco no se metía con nadie, e incluso tenía conversación y una opinión para todo (esta solía ser “¡Ergh!”).
-¡Señor, cuánto he dormido!-comentó, quizás risueño, aunque parecía tener una sonrisa torva. Su cabeza giró hacia Caín, y tras cambiar de dirección tres veces, le dedicó un ditirambo.
-¡Oh, Caín!-dijo entonces-¡Gracias por despertarme, te lo agradezco! ¡Dime que además tienes algo de comer, y te lo agradeceré de corazón!
-¿No has comido?-preguntó Saray.
El Niño Penco observó con extrañeza a la chica, pero tuvo una revelación.
-¿Es tu novia, Caín?-dijo, con total sinceridad.
Caín abrió los ojos asombrado, pero se echó a reír, como todos menos Saray, que seguía preocupada.
-¡En tu casa te echarán de menos!
-¡No, no creo! Mi madre está acostumbrada, y a mi padre le da igual. ¡Por cierto, Caín, ¿has visto a mi padre últimamente?!
Caín se sulfuró, y Clarisa pudo apreciarlo. ¡Todo se había ido al garete!
-¡Ni siquiera veo al mío desde hace semanas! ¡Como para preocuparme por el tuyo!-le espetó, y el Niño Penco saltó hacia atrás.
-¡Oh, lo siento!
-¡Mis padres se han separado! ¿No te ha contado eso el tuyo?
-¡Mmmm…!-el Niño Penco se cruzó de brazos al cruzar-¡No, para nada! Y mira que van siempre juntos…
-¿Se conocen… vuestros padres?-preguntó Clarisa.
-¡Sí, son compañeros de parranda!-contestó el Niño Penco.
-¡Di más bien que son compañeros de borracheras!-contestó Caín.
-¿No es lo mismo?-preguntó el Niño Penco.
-No necesariamente-dijo Saray.
El Niño Penco la miró como si hubiese dicho una herejía.
-¡Qué desastre! ¡Pobre chico! ¡No sabe divertirse sin alcohol!-lamentó Saray.
-¡Como la mayor parte de la gente de este país!-dijo Andrés, con tranquilidad.
-¡No, también está el fútbol, la música, la televisión…!-empezó Clarisa.
-Los videojuegos…-continuó Dani.
-La literatura, los tebeos, el internet…-siguió Caín.
-¡Y hacerse unas pajillas!-concluyó Luisma.
Todos lo miraron con reparo, y una señora se volvió hacia ellos de lado, pero reanudó su camino de inmediato, convencida de que había oído mal.
-Hombre, habría sido algo más elegante nombrar el dibujo, el teatro, los juegos de rol…-propuso Saray.
-¿Juegos de qué?-preguntó Clarisa.
-De rol.
-Es un tipo de juego en grupo, Clarisa-le explicó Caín.
Antes de que Clarisa pudiera aprender más, Andrés quiso saber algo más del Niño Penco.
-¡Hey, chaval!-le dijo amigablemente-¿Cómo te llamas?
El Niño Penco se volvió a él. Andrés creyó haberse dado cuenta de la razón por la cual era apodado así. Aunque estuviera frente a su interlocutor, el Niño Penco sólo lo miraba a los ojos una de cada siete veces, pues no paraba quieto. Se figuró que ese era el motivo.
-¿Y tú quién eres…?-inquirió extrañado el pequeño, dando muestras de una sana desconfianza.
-Yo me llamo Andrés, ¿y tú?
-Yo no.
Todos se quedaron impresionados por la falta de luces del infante.
-¡Tócate los huevos…!-le espetó Clarisa, pero calló al acordarse del pene de Caín. Se dio golpes en la frente, intentando olvidar el bulto. Luisma, perplejo, no entendía nada en absoluto.
-A ver, él se llama…-Dani lo pensó un buen rato.
-¿Tú tampoco lo sabes?-preguntó Andrés.
Dani siguió pensándolo, y al final respondió.
-¿Crisógono…?-probó.
El Niño Penco redobló su viraje ocular, alterado.
-¡Ergh!-clamó.
-Me da a mí que no…-se disculpó Dani, aunque no consiguió evitar que los demás lo consideraran algo gilipollas.
-¡Anda ya!-lo abroncó Caín-¡Ese era el chico nuevo que conocimos en quinto!
-¿Hay gente que se llama así?-preguntó Luisma, como si hubiese oído que llegaban los marcianos.
-Sí, era de un pueblo. Se cambió de colegio no por haberse mudado, ni por problemas en el anterior, sino porque cerró.
-¿Cerró?
-Sí-continuó Dani-Verás, su pueblo es de los que están siendo abandonados. Él era el habitante más joven, ahora que recuerdo… A los niños los tenían todos en la misma clase, en mesas según su curso-los demás no dieron crédito a lo que oían-, y así fue hasta que quedaron… ¿doce niños?
-No-corrigió Caín-, había doce el último año que asistió. Quedaron tres.
-¡Eso! En ese momento, tuvieron que cerrar ese colegio, y los alumnos se fueron a otros. El tío recorría tres kilómetros todos los días por esa mierda, ¿os lo podéis creer?
Efectivamente, no se lo podían creer.
-Bien, pues esa es la historia de Crisógono… A propósito, ¿a santo de qué hemos sacado este tema?-preguntó Dani.
-Yo quería saber el nombre del muchacho-respondió Andrés, y señaló al Niño Penco.
-¡Cierto! ¡Es curioso cómo hemos olvidado el tema, a pesar de tenerlo delante…!-comentó Saray, observando el frenético movimiento del protagonista de la charla.
-¡Jamás me ha hecho falta decir mi nombre!-declaró repentinamente el Niño Penco, con cierto orgullo-¡Se debe a mi carisma, que supera las fronteras de un vulgar nombre!
-¿Pero tú sabes qué significa “penco”?-le preguntó Saray.
-Torpe-respondió él.
-Más o menos, sí...
-¿No te molesta…?-preguntó insegura Clarisa.
-¡No! Tampoco es tan raro. Lo mismo podrían haberme llamado Niño Borrachín, o Niño Litrona.
-Visto así…
-Bueno… Ya puestos, creo que lo suyo es acompañarte a casa-le ofreció Caín al Niño Penco.
Este no lo esperaba.
-¿¡Ergh!? Estoy bien, no te molestes…
-¡No, no vaya a ser que te sientas mal por el camino! Has dicho que no has comido…-comentó Saray.
-¡Y además, ya damos el paseo!-dijo Luisma.
-¿Dónde vives?-preguntó Andrés.
-En La Costa Este.
-¡No puede ser!-dijo Luisma-Ahí, lo único que hay son chabolas… ¡Oh!
Todos se quedaron mudos.
-¡No os preocupéis, son buena gente!-dijo apresuradamente Caín.
-Sí, bueno, ya sabéis, gente… que no puede permitirse algo mejor por cobrar un sueldo de mierda-explicó Dani-El problema es que algunos son unos borrachos que no trabajan, ¡claro!-y miró por el rabillo del ojo al Niño Penco.
-¡Eh, mi padre sí trabaja! ¡Es perito cartonero!
-¡Ya, claro…!-dijo Caín con sarcasmo.
-¿Qué es eso de perito cartonero?-musitó Saray para que no la oyera el Niño Penco, quien discutía con Caín.
-Que recoge cartones, rebusca en basura y demás-le respondió Dani.
-Oye, ¿y tú cómo conociste a este chaval?-preguntó Luisma, también por lo bajo.
-No hace mucho, venía de vez en cuando a la casa de Caín. ¡La verdad es que es un personaje, apenas te aburres con él!
Mientras continuaba la discusión, mediada por Andrés, siguieron el paseo en la misma dirección, hacia la Costa Este. Esta fue concebida como una zona de disfrute, y un lugar pintoresco para el turismo, pero hacía unos doce años esta fue “poblada” por desesperados que aprovecharon la laxidad de las leyes, y la tolerancia del gobierno de la ciudad, que se excusaba en la “solidaridad” (consistente, básicamente, en que este no hace nada, y los ciudadanos aguantan lo que hay) hacia los necesitados. Al parecer, no era “solidario” convencerlos de que las zonas públicas estaban fuera de la “especulación” (o invasión, que dicen otros).
Por otra parte, y aunque era un sitio de mala fama, realmente no sucedía nada demasiado grave. Lo más seguro, por si acaso, era ir con alguien conocido en el barrio.
Ya estaban cerca, cuando Penco señaló su casa.
-¡Ahí vivo yo!-declaró.
La chabola parecía a punto de venirse abajo en cualquier momento. La pared derecha estaba increíblemente inclinada de modo convexo. Una cortina corredera de color azul marino hacía la función de puerta, y los paneles negros del tejado daban la impresión de bambolearse sobre las paredes amarillentas, que en algún momento fueron blancas.
-¡Pasad, pasad!-invitó el Niño Penco.
-¡No hace falta, esperaremos fuera!-dijo Saray.
Al final entraron Caín, Andrés y Clarisa. Se vieron en una habitación pequeña, con un suelo de material prefabricado, unas cuantas sillas, y una mesita que hacía de comedor.
-¡¿Dónde has estado?!-rugió una madre pequeña, rubia, de piel morena. Rasgos juveniles, como una nariz y unas orejas pequeñas, se entremezclaban con otros maduros, como arrugas.
-¡Por ahí!-contestó, sin dejar de mirar a todas partes, el Niño Penco.
Si su madre no le pegó, fue porque vio a las visitas.
-¡Ah, me lo has traído tú, Caín! ¡Te lo agradezco! ¡Este niño sigue los pasos de su padre…! ¡Aprende de él!-le conminó al Niño Penco-¡Él no sigue el mal ejemplo paterno!
-¡Ergh!-respondió el Niño Penco.
-¡Oh, no es nada!-contestó Caín, humildemente.
-¿Qué tal les va a tus padres?-preguntó la mujer.
-Bueno, como se han separado…-comenzó Caín, pero fue interrumpido.
La madre del Niño penco se consternó.
-¿Se han separado…? ¡No… no lo sabía!
-¡Yo me he enterado hace poco, también!-comentó el Niño Penco-Por lo visto, o papá no se ha enterado, o no va con el de Caín desde hace tiempo…
-¡Un momento…! Entonces, ¿con quién anda mi marido?
Caín levantó las manos, dando a entender lo evidente.
-¡Este hombre va a acabar conmigo!-lamentó, llevándose las manos a la cabeza-Pero bueno, gracias por traérmelo… Y a vosotros dos también… ¿Cómo os llamáis?
-Clarisa.
-Andrés.
-Yo, Alejandra.
Caín hablaba aparte con el Niño Penco, parecía estar aconsejándolo.
-Bueno, me voy-anunció-Si quieres, Alejandra, puede venir a mi casa mañana-comentó, señalando al Niño Penco.
-Mira, es mejor que vaya contigo a que vuelva a estar todo el día perdido.
Se despidieron, y salieron del barrio chabolista.
-Desde luego, llevabas razón-le comentó Caín a Clarisa.
-¿En qué?
-En que no debería preocuparme tanto. Bien mirado, lo que ha ocurrido era lo mejor que podía pasar. Si hubiera tenido que seguir aguantándolo, habría acabado medio loco.
-Bueno, sí, pero me da lástima esa familia-dijo Clarisa.
-Es inevitable, la única manera de no hundirse uno mismo es saber que otros lo están por motivos iguales, o peores, que los nuestros-declaró Saray.
-No estoy de acuerdo con eso que dices-dijo Dani-, mucha gente tiene un día feliz, y se entristece cuando oye de algún suceso desagradable.
-Lo que quiero decir es que muchas personas sufren innecesariamente, porque creen que son las más desgraciadas.
-Saray, en eso consiste estar deprimido, en no poder pensar claramente-replicó Andrés.
-Eso es diferente, yo me refiero a quienes hacen un drama por costumbre.
-¿Por costumbre?-preguntó Caín.
-Mi vecina, por poneros un ejemplo, siempre está contándole al que pilla su vida desgraciada.
-¿Qué le ocurrió?-preguntó Clarisa.
-Pues cuenta que tenía un hijo muy bueno, estudioso y trabajador. No obstante, ese mismo hijo, debido a que frecuentaba malas compañías, acabó muy mal, por lo que no pudo llegar a la universidad en su año.
-¿Tanto tardó?-preguntó Caín.
-Un año.
-Tampoco es para tanto, simplemente se pasaría el último año del instituto haciendo el ganso con sus amigotes-dijo Clarisa.
-¡No, qué va! Lo que os he dicho es lo que cuenta, no lo que ocurrió.
-¿Qué pasó, pues?-preguntó Andrés.
-Simplemente se fue a cenar con una amiga suya pocos días antes de Selectividad, con tan mala suerte que la comida estaba en mal estado por un problema relacionado con una huelga de transportistas, creo. El pobre pilló una enfermedad horrorosa, que lo tuvo cinco meses en fiebres y delirios.
-¡Joder, qué mala suerte!-lamentó Dani-Vamos, que no pudo presentarse a Selectividad porque estaba fatal, simplemente. ¡Para colmo, le echa la culpa a la chica!
-Pues lo más sangrante es que la chica… ¡es la novia actual del hijo!
-¡Buf, qué mujer más insoportable debe de ser!-suspiró Clarisa.
-¡No te puedes hacer una idea! En realidad, esto lo sé por mis padres… Deberías verla cuando se acuerda de su hermano, el que se quedó inválido del servicio militar.
Andrés sacudió la cabeza.
-Pero sigue sin ser lo mismo: Esa mujer gusta de dramatizar, pero no está realmente hundida.
Saray pareció admitir su argumento.
-¿Os hacen unos recreativos?-preguntó Dani.
-¿Por qué no? ¡Es mejor que discutir acerca de las desgracias!-admitió Caín.
-¿Aún existen recreativos?-preguntó Saray, asombrada.
-Uno queda, que conocemos-explicó Dani.
-¿Pero con recreativas actuales, o de los que se quedan congelados en el tiempo?-preguntó Andrés
-¡No pidas tanto!-se quejó Caín.
Clarisa, sin embargo, apenas entendía algo. Luisma, por su parte, se despidió, pues había quedado con un amigo suyo.
Llegaron a un antro perdido en una callejuela del centro. En el interior, recreativas viejas y polvorientas formaban una orquesta estridente. Vieron a dos conocidos, Vilma y Rafael.
-¡Eh, qué tal! ¿Jugando al Pang?-saludó Dani a Vilma.
La chica rubia apenas se volvió, tenía los ojos fijos en la pantalla.
-Sí, a ver si consigo los récords.
-¿Los récords…?-preguntó Clarisa, con duda.
-¡Ah, hola!-dijo Vilma, quien dejó de mirar en un momento-Cada vez que vengo, marco el mejor récord. Sólo me falta uno más, y entonces en la pantalla de récords sólo saldrán mis tres primeras letras, ¡ja!
-¿Cuántos salen en la pantalla?-preguntó Clarisa, consternada.
-Cincuenta-respondió Andrés.
-¿Y tú, Rafael? ¿Qué, has podido llegar al fin a Sagat?-preguntó con sorna Caín.
-¡Déjame en paz!-respondió este, enfadado-¡Ya verás cómo llego, y lo venzo!
-¡Pobre diablo! Mira que no haber llegado aún a ese enemigo…
-Y eso que tiene cuatro botones-añadió Dani.
-¿Qué tiene que ver?-preguntó Clarisa.
-Verás, para jugar bien al Street Fighter II es aconsejable usar todos los golpes, para lo que necesitas seis botones. No obstante, las máquinas en España sólo tienen la mitad, o como Rafael, cuatro. Vamos, que juega con desventaja, pero mejor que lo habitual-explicó Caín.
-¡Oh…!-contestó Clarisa, sin más.
-¡Esa mesa está libre!-señaló Dani.
-¡Bien! Hace tiempo que no juego a esto-comentó Caín.
Era una tabla de hockey de aire. Las mazas colgaban de un lado de tablero de juego.
-¿Quién empieza?-preguntó Dani.
-¡Tú misma, Clarisa!-dijo Andrés.
-¡Vale! ¡Pero contra Caín!-respondió ella.
-¡Te vas a enterar!-contestó él, desafiante.
Tomaron las mazas, y se enfrentaron. Lucharon con denuedo, con el objetivo de marcar los siete goles que les daban la victoria.
-¡Maldita!-rugía él.
-¡Ahora verás!-amenazaba ella.
Los dos golpeaban el disco con furia, pero con control. Finalmente, un rebote inesperado le dio el primer tanto a Clarisa.
-¡Olé!
-¡Mierda!
Caín decidió no quedarse atrás, y cuando depositó el disco sobre el tablero, lo golpeó con saña. El disco, rápidamente, se dirigió al lado contrario. Clarisa intentó interceptarlo, pero le fue imposible. No obstante, no desesperó: sabía que el disco chocaría contra la pared, y no rozaría siquiera la portería.
-¡Ja!-rió ella.
Pero Caín estaba concentrado. El disco rebotó hacia la maza de Clarisa. Cuando Clarisa percibió el impacto, fue tarde. El disco había chocado contra su mano desde detrás, y se coló por su portería.
-¿Eh? ¿¡Será posible…!?-maldijo ella.
-Lo cierto es que desarrolló esta técnica tras jugar incesantemente contra mí-explicó Dani.
-Tienes buena mano, Clarisa-dijo él sarcásticamente.
Ella se airó.
-¡Vale, ahora voy en serio!-gritó, y golpeó el disco con rabia. Lamentablemente, la precisión no fue la mejor, y falló en trayectoria y velocidad. Caín le devolvió el disco con vigor.
-¡Para esa!-gritó él, entusiasmado. Clarisa lo obedeció, pero no pudo darle ninguna trayectoria al disco, que fue de un lado a otro con mientras describía problemas de trigonometría. Caín esperó pacientemente, y entonces volvió a golpear el disco de la misma manera.
Quedaba claro que Caín apostaba por la potencia para desconcertar a su adversario, mientras que Clarisa apostaba por la técnica, y le gustaba apuntar a las esquinas de las porterías.
Clarisa dio un golpe para reducir la velocidad del disco, y apuntó a una esquina.
-¡Ahora sí!-gritó ella, y volvió a golpear con impulso.
Aunque lo realizó perfectamente, Caín lo vio venir, y detuvo el gol, devolviendo el disco. Clarisa se dio por contenta.
“Era imposible que volvieras a golpearla del mismo modo”, pensó ella. “Es imposible golpear así sin calcularlo, y ahora no puedes.”
Clarisa movió la maza en un cuarto de círculo, y golpeó el disco para enviarlo a la otra esquina. Caín no pudo evitarlo, y ella volvió a marcar.
-¡Hurra!-clamó ella.
-Aún queda partido-dijo él, sonriente. Así, la victoria sería más divertida.
Decidió darle cancha, no usar toda su potencia para no quedar exhausto. Esperaba poder encontrar un hueco en su defensa que le permitiera atacar con todo su furor. No obstante, acabó dándose cuenta de que Clarisa era el tipo de persona con una gran resistencia.
“¡Aún así, es muy impulsiva! Debo engañarla… No se lo pensará dos veces.”, pensó él.
Así, de pronto rechazó el disco con energía hacia una esquina del tablero, descaradamente. Dicha esquina se situaba al lado derecho de Clarisa, donde sostenía el maza.
-¡Ahora no será igual!-anunció ella, y devolvió bien, hacia una esquina de su portería, ahora desprotegida. Caín, sin embargo, predijo su acción.
“¡Eres mía!”, pensó.
Rápidamente, giró la maza en el sentido de las agujas del reloj, y golpeó el disco, de modo que su trayectoria hizo un ángulo prácticamente recto. El disco se coló por la esquina de la portería de Clarisa. Ella no pudo evitarlo, Caín había adelantado su golpe unos treinta centímetros antes de lo habitual.
-¡Traidor!-gritó ella.
-¡Déjate de cuentos!-replicó él.
Los tantos siguieron aumentando, mientras los contendientes empezaban a usar trucos más descarados, como casi saltar sobre el tablero para llegar lo más lejos posible.
-¡Ríndete!-decía él, sudoroso.
-¡Jamás!-respondió ella, jadeando.
“¡Bien! Ha llegado mi hora, ha durado mucho más de lo que esperaba, pero al final se ha quedado sin fuelle.”, pensó él, y preparó el contraataque. Dio un golpe inesperadamente fuerte. Clarisa intentó evitarlo, pero no pudo.
“¡No pasa nada, va al tablero!”, reflexionó ella.
Pero Caín no esperó que Clarisa no contraatacara, y el disco volvió con mucho vigor hacia su portería. La sorpresa le impidió pararlo.
Clarisa empezó a reírse, mientras Caín maldecía furiosamente. El público se quedó pasmado.
-¡Ahora voy en serio!-rugió él.
-¡Aquí estoy!-invitó Clarisa, risueña.
Caín lanzó el disco con ira, y Clarisa lo paró como tuvo. Rápido como una serpiente, el brazo de Caín interceptó el disco con un golpe seco, y este despegó de la superficie de juego.
Caín se quedó absorto mientras veía el disco volar, y Clarisa sólo pudo apartarse, estupefacta. El disco salió volando hacia un chaval que jugaba en una recreativa del Peggen 4.
-¡Cuidado!-le gritó Andrés, y el chico se volvió a tiempo para ver el disco. Se quedó aterrado, pero Andrés lo salvó del golpe.
-¡Lo siento, de veras!-se disculpó Caín.
-¡Falta! ¡Exijo penalti!-reclamó Clarisa.
-¡No te pases!-dijo él.
-No sé, Caín, pero me parece que lleva razón-dijo Saray.
-Sí, la falta es falta aunque sea involuntaria-afirmó Dani.
-¡Putos! ¡Va, da igual, no me das miedo!-aceptó Caín.
Andrés puso el disco en el centro exacto entre el medio tablero y la portería de Caín. Clarisa se adelantó para poder tirar. Ambos se concentraron: Ella, porque sabía que si fallaba, podía salirle caro. Él, porque era difícil.
Clarisa tiró bien, pero mejor interceptó Caín. De nuevo, el disco despegó. Pero ahora, no tocó el tablero hasta que entró por la portería de Clarisa.
-¡No lo puedo creer!-lamentó Clarisa.
-Si te soy sincero, yo mismo tampoco-admitió Caín, consternado.
-¿Cuál será la probabilidad de que ocurra algo así?-preguntó Saray.
-Ni idea… ¿Una entre un millón?-sugirió Dani.
-¡Fascinante…! ¡Tengo que jugar contigo, Caín!-comentó Andrés, consternado.
-Me refiero a ambos tiros volantes seguidos, más que entre justamente en la portería-añadió Saray.
-Ya lo sé-dijo Dani-Hay mucho burro por ahí suelto, y basta que el disco se deteriore por un lado para que esto pase con mayor facilidad.
Volvieron a ponerse en juego, se disputaban los últimos tantos. De pronto, Clarisa perdió la maza.
-¡Oh, no!-lamentó. Caín golpeó el disco antes de darse cuenta, y se quedó mirando con cara de circunstancias. Clarisa tuvo que actuar rápido. Se balanceó sobre la esquina del tablero hacia el mango, y lo cogió con la mano izquierda. El disco estaba cerca de la portería. Sabedora de que no podía pararlo, lo desvió desde detrás, desde el sentido de su contrario. El disco fue con un impulso mayor a la esquina del tablero.
Así, el disco llegó cerca de Caín, y Clarisa recuperó su sitio. Caín dio un primer golpe para reducir su velocidad, y volvió a hacerlo para dirigirlo a la esquina izquierda de la portería de Clarisa.
“¡Leches, no ha cambiado de mano!”, pensó, asombrado.
Ella golpeó, y Caín experimentó la sensación de luchar contra un zurdo. Desacostumbrado, perdió el control y el juego. Clarisa le había ganado por sólo dos goles.
-¡Hurra!-gritó ella.
-Sí, has jugado muy bien-dijo Caín-Ha sido divertido, pero la segunda vez no será igual.
-¡Jujuju! ¡No creas, yo también he aprendido de ti!
-¡Ahora yo!-dijo Andrés.
-Tengo el brazo molido-dijo Clarisa.
-Gracias, pero tengo sed. Voy a comprar algo-dijo Caín.
-¡Invítame a algo!-exigió Clarisa.
-¡Bah…!-dijo él, y discutieron.
-¿Quién, entonces?-preguntó Andrés.
-¡Yo!-contestó Dani-¿No te importa?-añadió a Saray.
-¡No, jugad!-indicó ella.
El partido que disputaron no fue tan divertido como el anterior, ya que la diferencia entre Andrés y Dani era demasiado obvia. El momento más señalado fue cuando Dani logró confundir a Andrés, y le coló un gol por el borde tras usar intencionadamente la esquina.
Finalmente, Andrés lo venció con gran diferencia.
-Has empeorado desde que empezamos el curso-dijo Caín-Demasiadas juergas.
Sorbió un refresco de cola.
-¡Qué poca habilidad ha demostrado! ¿Seguro que es tu gran rival?-preguntó Clarisa.
Bebió un refresco mineral de naranja.
-¡Callaos! No sabéis lo difícil que es recuperar fuerzas en sólo cinco horas de sueño para estar de marcha toda la noche.
-¡Ya…!-ironizó Caín.
-¡Si tú lo dices…!-dijo Clarisa de falsete.
Saray parecía sentirse aparte.
-¿Seguro que no quieres jugar?-le preguntó Andrés.
-Es que no me gusta demasiado-contestó ella-Prefiero el billar-señaló una mesa que iba a quedar libre.
-Pero somos impares, para jugar por equipos no vamos bien-dijo Dani, y entonces vio que Rafael deambulaba cerca.
Caín se giró para verlo mejor.
-¿Qué tal te ha ido?-le preguntó Caín.
-¡He ganado! ¡Ha habido un noqueo doble, pero le he ganado!
-¡Mola!-dijo Dani.
-Bison es, si lo llevas bien, más fácil de vencer-comentó Caín.
-¿Te apuntas a jugar, Rafael?-ofreció Andrés-Nos falta uno para hacer un equipo.
-¡Me gustaría, pero no me queda ni un pavo!-dijo él, desolado.
-¡Te invito, hombre!-comentó Dani-¡Como premio por haber ganado al fin!
-¡Muchas gracias!
-Bien, veamos… ¿A quién se le da bien jugar?-preguntó Andrés.
Sólo Saray y Dani levantaron la mano.
-¡Vale, pues cada uno en un equipo!-concluyó.
-¡Yo voy con Dani!-dijo Rafa.
-Yo prefiero ir con Saray-dijo Clarisa-¡Únete tú también, Caín!
-¡Vale!-gritó este, entusiasmado.
-Yo me voy con vosotros dos, pues-dijo Andrés.
Echaron a suertes quién empezaba con el relativamente desconocido método de lograr que un chicle se quedara pegado al techo. Clarisa era hábil en ese arte, y ganó, pero dejó que sacara Caín.
-¡Ten cuidado, ¿eh?!-le advirtió Clarisa-No te pases, que eres capaz de meter la negra antes que ninguna.
-¡Tranquila!-dijo él, sacando la lengua. Clarisa volvió junto a Saray.
-¿No te parecen curiosas las personas que sacan la lengua antes de hacer nada?-preguntó Clarisa.
-En mi opinión, es un instinto que viene de la parte más primitiva del ser humano, como el que los niños se lleven las cosas a la boca…-respondió Saray.
Caín tiró con energía, pero moderadamente. Las bolas se desperdigaron velozmente, con resultado dispar: entraron dos bolas lisas y una rayada.
-¡Bien, puedes tirar de nuevo!-celebró Clarisa.
-¡Nanay, ha metido una de las otras!-se quejó Dani.
-Se compensa porque ha metido después una bien-comentó Saray, y señaló las tres bolas introducidas. La rayada estaba entre las otras dos.
-¡Dita sea su estampa! Vale, ¡pero que no vuelva a hacerlo!-admitió Andrés.
Caín volvió a tirar, y se las arregló para poner varias bolas de su color cerca de huecos.
“¡Maldito, tiene la suerte del principiante!”, pensó Dani, fastidiado.
Fue su turno, y se las arregló para meter una bola con carambola, de modo que apartó una bola de los contrarios al otro lado. Dani sonrió, complacido.
“¡Hala, qué hábil es!”, admitió Clarisa.
Caín no se sorprendió, sabía de su habilidad. Saray tampoco pareció impresionada.
-¡Mirad y llorad!-de un tiro, Dani fue capaz de introducir una bola más, y preparar otra para el turno siguiente.
-¡Mola!-exclamó Andrés, contentísimo.
-¡Sigue, sigue!-lo animaba Rafael.
Dani metió otra más, pero tuvo las cosas más difíciles en el siguiente tiro, y sólo pudo ver cómo su bola se quedó cerca del hueco.
-¡Os toca!-comentó, sin más.
Clarisa fue la siguiente, y no pudo meterla, pero pudo tener turno. Andrés, a continuación, tuvo buena suerte y metió otra. En su siguiente turno, la perdió.
“¡Vamos ganando! Ellos han metido dos, y nosotros, cinco”, reflexionó ufano Rafael.
Saray tomó el taco de manos de Clarisa. Examinó la situación de las bolas, midió ángulos con el taco, y pareció reflexionar. Finalmente, se dispuso a golpear la bola blanca.
“¡Bah, se va a limitar a lo fácil, a esa bola!”, pensó Dani. Una de las bolas enteras había quedado libre para entrar tras el tiro de Andrés.
Sorprendentemente, la bola blanca pasó al lado.
-¡Falló!-gritó Dani, sin evitar su regocijo. Pero su regocijo se fue de inmediato.
Una hábil carambola introdujo dos bolas enteras en sendos huecos inmediatos. Saray volvió a estudiar la situación, y entonces metió otra bola difícil. Finalmente optó por la más fácil. Con los dos turnos sobrantes, decidió mejorar la situación a su favor como pudo.
Caín estaba asombrado, y Clarisa ya cantaba victoria. Rafael se quedó espantado, Andrés patidifuso, y Dani disimuló su preocupación.
“¡Mejor así, con una buena rival!”, quiso convencerse.
Quedaban dos bolas que meter a su equipo, así que se concentró para su turno.
“Basta con esperar. Ya hay pocas bolas y es fácil conseguir resultados. Basta que Rafael mueva las bolas, es difícil que pueda estar peor la situación”, decidió. Sabía que no tendría otra oportunidad, porque Saray podía sentenciar el resultado.
Rafael tiró al fin, pero lo hizo mal, y le dio a la bola ocho. No obstante, la trayectoria que siguió movió las dos bolas rayadas restantes del modo más adecuado.
Fue el turno de Caín, que miró su bola, y el que le pareció el hueco más razonable. Estuvo un buen rato mientras decidía cómo tirar, y se decidió. Falló, pero la carambola hizo que se metiera en otro hueco.
“¡Tiene una suerte diabólica…!”, pensó Dani. “¡Pero bueno…!”, se dio cuenta entonces.
-Caín…-empezó a decir Clarisa.
-¿Sí?-preguntó él.
-Tienes que meter la bola negra en ese mismo agujero.
Caín se quedó boquiabierto.
-¡Ah, sí! Ya no me acordaba.
Por supuesto, la bola ocho estaba bastante inaccesible en un solo tiro. Clarisa se llevó las manos a la cabeza. Saray mantenía la sangre fría.
Ufano, Dani se preparó bien, e introdujo las dos bolas, una tras otra. La bola ocho estaba difícil, pero él podía.
“¡Ya está!”, pensó, pero algo inesperado ocurrió. Una segunda bola blanca entró, dio un golpe a la ocho, y se coló antes de que nadie pudiera evitarlo. Todos se quedaron de piedra.
-¡Ahí va, qué mal le he dado!-gritó un individuo adulto, con cara de pardillo-¡Perdonad, ha sido un accidente! ¿Ha pasado algo?
Ninguno tuvo ánimos de responderle. Finalmente, el resultado fue empate por injerencia de un jugador de la mesa vecina. La bola ocho, quizás porque el destino es irónico, o el azar es un guasón, se coló justo por el hueco situado entre los objetivos de los jugadores.
-¿Alguien tiene ganas de más?-preguntó Andrés.
-La verdad, a mí me esperan en mi casa-dijo Saray.
-Yo tengo que cuidar a mis sobrinos-dijo Clarisa.
-Dentro de poco, me iré de juerga-comentó Dani.
-Yo, en principio, no tengo nada que hacer-dijo Caín.
-Yo tampoco, pero los dos solos será algo aburrido-comentó Andrés.
-¡Lo hemos pasado bien, que es lo que cuenta!-comentó Clarisa.
-¡Sí!-confirmó Saray.
-Pues nada, cada cual a su madriguera… Caín, mañana iré a tu casa, ¿vale?-dijo Dani.
-Sí, estaré con el niño Penco.
Se despidieron, así como de Rafael, que iba a ver a un amigo suyo. Mientras salían, vieron a Vilma.
-¿Has marcado el nuevo récord?-le preguntó Dani.
-¡Sí!-respondió, con los dedos en señal de victoria-¡A partir de ahora, sólo se leerán mis iniciales!
-No es por nada, pero los récords se borran cada tres meses… ¿Lo sabías?-le dijo Caín.
-Sí, lo he grabado con el móvil-respondió ella, pizpireta-A partir de mañana, me concentraré en el Snow Bros…
-¡No tiene remedio!-comentó Dani, impresionado.
Así, cada cual fue a su casa.

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Dentro de poco, otro especial por un motivo diferente.

jueves, abril 30

Reseñas (VII)

Otra vez, series.



Kaiba Preciosista serie cuyo estilo de dibujo recuerda a Osamu Tezuka. En este extraño mundo, la gente puede formatear sus mentes como quien cambia de zapatos. La gente puede borrar los recuerdos de sus penurias, y descargarse las vivencias más tiernas, si es su deseo y tienen el dinero necesario. Nuestro protagonista epónimo despierta un buen día con la mente en blanco, sin ningún recuerdo. Sólo lleva un colgante, dentro del cual hay una fotografía de una chica sonriente. Tras ser atacado por unos robots que expulsan un líquido corrosivo, Kaiba conoce a un muchacho llamado Popo, quien lo ayuda a viajar en búsqueda de la chica, a quien supone una amiga. Así comienza una historia dramática, al principio de la cual Kaiba encuentra a varios personajes que le hacen reflexionar acerca de las injusticias de este mundo. Posteriormente, Kaiba va descubriendo su pasado.
El argumento trata del amor, pero también de la identidad personal cuando esta es tan frágil que se puede incluso comercializar. La memoria, esto es, nuestras experiencias anteriores forman los cimientos de nuestra vida, son la guía que nos ayudan a seguir adelante. Los primeros episodios presentan el mundo no sólo al espectador, sino también a Kaiba, y es a la mitad cuando la premisa original vuelve a aparecer.
Con sólo doce episodios, cada personaje tiene un papel completamente ajustado y medido con escalímetro. Kaiba cumple como héroe trágico, obligado a luchar por designios que ni siquiera puede barruntar. Los secundarios tienen su función, incluyendo los personajes más, a priori, insignificantes.
Altamente recomendable.



Vaca y pollo Siempre he sentido debilidad por esas series clásicas norteamericanas, donde los personajes recibían castañazos capaces de destruir el Empire State sin sufrir más que unos minutos de vendaje. VyP se retroinspira en el cartoon más clásico para ofrecer diversión salvaje en cortos de apenas diez minutos, como es costumbre.



Janguru wa Itsumo Hare nochi Gû Anime surrealista que puede matar de ataques de risa. Básicamente trata de los sinsabores que Hale, el protagonista, debe sufrir por culpa de Guu, un ser que podría pasar por la hija perdida del malo de Poltergeist y de la bruja de El viaje de Chihiro. No obstante, y en un acto de generosidad, el argumento también trata acerca de la madre de Hale (una mujer de veinticinco años que no está muy bien de la cabeza que digamos), y de los problemas que tuvo por el nacimiento de su retoño.
En general, es una serie más centrada en el absurdo, en las malvadas ideas que tiene Guu para hacerle la puñeta a Hale, que rozan en más de una ocasión el maltrato psicológico y físico. Guu es capaz de lo que sea por poner a Hale en un aprieto, que sólo de tanto en tanto resulta edificante para el muchacho. El guión, curiosamente, tiene continuidad, a pesar de los sucesos tan estrafalarios que tienen lugar en cada capítulo.
Acerca de los personajes, Hale es perfecto como pupas, Weda es la perfecta tía boba, y Guu es simplemente la mejor, la sádica que todos adoran, verdaderamente imprevisible. Los secundarios tampoco están mal, no se salen demasiado de su papel, evitando acabar siendo Poochies.
La serie tiene dos temporadas más, llamadas Haré+Guu DELUXE y Haré+Guu FINAL. Por lo general no están mal, aunque tiene la maldita costumbre de acabar con el mismo secundario en el último episodio.
Sumamente divertida.



Tengen Toppa Gurren Lagann Serie que podría haberse titulado ¡A huevos! perfectamente. Sigue la vida de Simon, un jovenzuelo algo tímido que, de vivir en una aldea subterránea ganándose la vida como excavador, llega a liderar a los hombres en su lucha por la supervivencia.
Pertenece al género de mecha, y también al shônen como mandan los cánones, basado en la confrontación sucesiva con rivales más y más poderosos. El argumento presenta cuatro sagas, siendo las dos primeras mejores y más atractivas. El tema no es sólo la evolución, sino también el riesgo que supone el poder ilimitado. La espiral y la hélice representan la fuerza y el impulso vital, a través de motivos como las cadenas antiparalelas del ADN o los taladros.
Respecto a los protagonistas, usa y abusa de personajes chulescos, lo que se compensa por ser secundarios prácticamente todos. Kamina es el original, y por ello merece mejor consideración. Simon comienza como un muchacho inseguro y débil para llegar a ser un líder tras un camino de sufrimiento, aunque se pasa de buenazo. Yoko es la fémina aventurera de atuendo mínimo (me suena...), y tiene la virtud del equilibrio entre el coraje y el sentido común. Nia resulta algo sosa por su exceso de educación en un entorno de testosterona mezclada con macarrismo. Respecto a Rossiu, no sé cómo puede parecer un personaje más imbécil.
Sobre los malos, prefiero a los de las dos primeras partes, aunque sólo sea porque el diseño tridimensional de los de las dos últimas se nota demasiado. Viral acaba sufriendo el síndrome de Vegeta (o de Enkidu, según se mire).
En resumen, una serie recomendable para disfrutar, sin mayor pretensión que satisfacer a los aficionados.



Dexter La segunda temporada nos obsequia con un Dexter al límite, cuyo mundo se deshace prácticamente a sus pies. Lástima que las exigencias del status quo hagan volver la serie a su inicio, con sólo una renovación en los juegos de nuestro antihéroe. Espero impaciente la tercera temporada.



Mi3DOS Serie mexicana de terror, en la línea de la norteamericana Masters of Horror. Como suele pasar, cada historia tiene un tema diferente, basado en alguna angustia específica. Como suele ser haitual en estas series, cada capítulo tiene un guión diferente, y no existe mayor conectividad entre ellos. Por ello, sólo haré el juicio general de que no está mal como comienzo en el género, aunque algún capítulo presenta un error argumental enorme (nada excepcional, también se da en Más allá del límite y similares).



Galáctica, Estrella de Combate Ahora que he podido verla, puedo comentarla. En pocas palabras, es el tipo de serie que parte de una idea interesante, pero no siempre se cuenta bien.
La premisa es llamativa: nos encontramos con que la humanidad ha evolucionado lo suficiente como para colonizar sistemas estelares completos. La supervivencia de la humanidad está asegurada... o lo estaría, de no ser por los cylones, una nación de máquinas cognoscitivas. Al principio de nuestra historia, las sociedades humanas viven gran regocijo tras la firma de un acuerdo de paz con los cylones, pero todo se trunca cuando los androides rompen el trato como está mandado. Los únicos supervivientes deciden entonces dirigirse a La Tierra, planeta de donde proviene la humanidad, para lograr su salvación.
Básicamente, la serie tiene un a mitología muy interesante, pero no siempre la veo bien contada. El problema principal que le veo es un Deus ex machina de libro, completamente descarado, que incluso se repite. Fuera de eso, la serie es simpática.
Los personajes son simples pero funcionales, los héroes Apollo y Starbucks (intepretado por un Dirk Benedict ya encasillado) sufren el síndrome de John McClane, y tan sólo encuentro al hijo adoptivo del primero y a su perro mecánico empalagosos.
En resumen, es destacable, pero no la veo de primera categoría.



Suzumiya Haruhi no Yuuutsu El celebérrimo serial sobre una joven que podría ser Dios (¡Fastídiate, Shinji Ikari!) me ha causado ambivalencia: la trama "seria" de esta serie (la discusión acerca de Haruhi y su supuesta divinidad) me parece sosa, aunque más comprensible que en otras series, mientras que la trama "graciosa" me ha resultado muy divertida.
Acerca de su protagonista, recuerdo cierto comentario de Draug en que afirmaba que la joven era gilipollas. Personalmente, creo que al mismo acierta y falla: Haruhi es tan boba, que casi pasa por brillante, en virtud de la la ley de la herradura. Y viceversa, claro. Es Kyon, con su actitud tan reservada, quien me gusta menos. Mikuru es simplemente material para fanservice, Yuki la novia perfecta de The Drummer (alias El Batería) de Planetary, y Koizumi el listo de turno. Dentro de los secundarios, me cae muy bien Tsuruya, siendo una lástima que sólo salga en tres episodios mal contados. Asakura me repatea un poco, el papel de la hermanita de Kyon es de juzgado de guardia, y los demás son un adorno.
Respecto a los dos maneras de ver la serie, hay que aclarar una cosa. Yo vi el llamado orden cronológico, es decir, vi la serie tal cual se plantea su guión de principio a fin. Esto puede haberme influido en mi desfavorable opinión sobre la trama "seria", pues los primeros episodios son los que la presentan. En el orden de emisión, que fue el contemplado por los telespectadores nipones en su día, los misterios más importantes de la serie no se desvelan hasta el final, con lo que supone.
Aún así, opino que pocas cosas he visto más divertidas que el capítulo donde Haruhi se apunta a un campeonato de béisbol, aunque sólo sea por admitir en el equipo a una niña de primaria como jugadora con la intención de que el equipo pierda. También son dignos de mención el especial de dos episodios paródico de las historias de detectives, así como el festival cultural.
En resumen, digna de un visionado, aunque no sea tan trascendente como se pueda pensar.

De momento, está bien. Quizás vuelva con libros, o con algún otro tema mientras escribo más reseñas.

sábado, abril 25

Reseñas (VI)

Vuelvo a la carga con reseñas de películas, y próximamente, de series.



El cabo del miedo Película canónica de psicópata suelto que odia a muerte a la persona que considera responsable de su encierro en la cárcel. Tiene un montaje brillante, con una banda sonora sobresaliente.
Es muy entretenida, y no es moralista: aunque Max Cady es un miserable, el héroe Sam Bowden tampoco es un santo, y cuenta con varios tonos de grises. Destaco al villano, interpretado por Robert de Niro, tanto por interpretación, como por encarnar al padre de todos los asesinos cuasi indestructibles.
El guión, en ese sentido, fue mejorado respecto al original, que era un claro enfrentamiento entre el bien y el mal, con un malo que, para colmo, era más pequeño que el héroe. También se muestra una evolución más sorprendente en Cady, que de analfabeto llega a poder representarse en un tribunal. La hija de la familia también se vuelve algo más creíble, pues en la película original era una niña buena incapaz de fechoría alguna.
Una película que justifica los remakes.



Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo (pero nunca se atrevió a preguntar) Siempre he mantenido la opinión de que hay que ver antes de juzgar, especialmente si es gratis. He aprovechado su emisión en Canal 2 Andalucía (cadena que se destaca por emitir filmes sin cortes) para echale un vistazo. El resultado ha sido parcialmente satisfactorio: algunos de los cortos; como el de la oveja, protagonizado por Gene Wilder; han sido un festival de risas, miestras que otros, como alguno protagonizado por el propio Allen, han sido más sosos.
Por lo general, la corta duración de los cortos es una ventaja para evitar pesadez en el espectador. No obstante, en algunos se nota que duran un poco más de lo necesario.
Ahora bien, es una película entretenida y digna de mención, pero tampoco es una obra maestra. Y no porque sea en realidad una recopilación de cortos, sino porque el conjunto me parece irregular. Ningún corto es digno de ser considerado como malo, pero no todos son brillantes.



Batman Begins Pues sí, al final he visto la comentadísima película del regreso del mayor héroe de todos los tiempos (¿O no es heroico no tener poderes sobrehumanos y ser aceptado en asociaciones superheroicas?). No está mal, aunque como algunos dijeron con sarcasmo, la base de la película está en explicar que Batman es un ninja. A estas alturas veo estúpido explicar el argumento, sólo diré que la reambientación del personaje no está del todo mal, con una puesta al día de Batman y todos los aspectos de Gotham City. La primera parte es, quizás, algo larga, pero se compensa por la trepidante acción de la secuencia final.



2001: Una odisea del espacio Intenté ver esa película de pequeño, pero no la aguanté, y he aprovechado su emisión íntegra sin cortes en Canal 2 Andalucía para grabarla.
En breve, la película me ha parecido ambivalente: el comienzo y el nudo me gustan, pero encuentro muy extraño el final. Comprendo que uno de los mejores aspectos de la película es que cada cual puede interpretarla a su manera, y que mostrar una secuencia de aproximadamente diez minutos sin diálogos es bastante innovador, pero puede ser muy confuso.
En otros aspectos, la banda sonora es excepcional, y es un acierto usarla para narrar escenas sin diálogos. El respeto a las leyes de la física no tiene precedentes, y HAL resulta más simpático y carismático que los seres humanos.
Una película de ambición excesiva.



Los chicos del coro Película dramática que tiene lugar en la Francia posterior a la Segunda Guerra Mundial. En un país que lucha por recuperarse, en más de un sentido, del trauma de la segunda guerra mundial, un centro especializado en la reeducación de jóvenes conflictivos tiene a un nuevo maestro entre sus trabajadores, quien confía más en la disciplina afectuosa que en el castigo castrante.
La película se muestra justa con los personajes, a quienes retrata con sus virtudes y defectos, con sólo un personaje presentado como malvado sin remisión. Destaco al profesor, Mathieu, como personaje que refleja la virtud de la confianza en los demás.
Eso sí, la película es previsible excepto por dos pequeños detalles del gran guión.



La peligrosa vida de los Altar Boys Película independiente también emitida en Canal 2 Andalucía sin cortes. Trata de unos muchachos, un poco gandules, que en lugar de estudiar en el prestigioso instituto católico donde están matriculados, deciden crear un grupo de superhéroes. Hasta aquí no es nada raro, si no fuera porque su grupo tiene demasiada influencia de The Authority, y los malos son los profesores (monjas y un sacerdote, claro) de su colegio, lo cual es arriesgado (aunque algunos entendemos bien la tentación...). Como es habitual en estas películas, se tratan con mayor familiaridad tabúes sexuales y de drogas, sin caer en el dramatismo barato e inútil. Aunque no es aburrida, me esperaba una película más entretenida, a pesar de los cortos de animación que muestra el cómic de los protagonistas.
En resumen, una película menos friqui de lo que me figuraba.



Un mundo de fantasía Aunque no he leído la novela de Roald Dahl, he podido disfrutar de esta película, sobre todo por Gene Wilder en el papel del singular chocolatero.
Es curioso darse cuenta de que el guión prescinde de una figura encarnadora del mal absoluto. Los otros niños acaban mal por culpa de sus propios defectos, entre los que se cuentan la vanidad y la agresividad. Por otra parte, me recuerda a las novelas de Charles Dickens: personajes pobres a quienes la vida acaba sonriéndoles por su bondad, gracias a un benefactor. Sólo que, claro, es más agradable en el tono.
Simplemente, entretenida.



Cars Aunque me entusiasma la animación, no soy demasiado aficionado a aquella de animales antropomorfos u objetos animados que tanto gusta a Pixar, pero aquí hago una pequeña excepción. Cuenta la historia de redención de McQueen, un vanidoso coche de carreras que aprende cuáles son las cosas importantes de la vida tras una lección de humildad. No obstante, encuentro el final moralista, en el sentido de que la opción que se le plantea al protagonista no es tal, podría haber hecho perfectamente todo. Simplemente opta por la más emotiva, para provocar absurdamente la lágrima fácil en el espectador. Una lástima.



Los Increíbles Esta es harina de otro costal. En este mundo, los superhéroes se dedicaban a ayudar a la población de amenazas, hasta que el pueblo se enfadó y pidió su retirada de la vida pública, so pena de represalias... No, no es Watchmen, porque esta película es mil veces más simpática.
Pixar casi nunca me atrae, pero esta película fue una excepción, que me llamó la atención desde que se estrenó. Sin embargo, no pude asistir. Quizás sea por los superhéroes y sus supervillanos con un origen, quizás porque en esta ocasión no había animales antropomórficos, o quizás porque la buena impresión entre el público me llegó.
La familia Parr sufre una transformación, pasan de tener que malvivir en el anonimato a poner su talento al servicio del bien común, a pesar de la prohibición. Un alegato en pro de la realización de los sueños, a pesar de las exigencias de la vida real, que obliga a la gente a aceptar un papel mediocre, pero necesario para mantenerse.
Particularmente, creo que la película merece una continuación, aunque la existencia del videojuego pueda complicar la trama.



Mortadelo y Filemón. Misión: Salvar la Tierra Tras el éxito de la primera, la productora se lanza y hace una segunda película... con distintos director y Mortadelo. No puedo decir que la película no me haya hecho reír, pero me ha gustado menos que la anterior. Si bien estoy dispuesto a defender la primera, no lo estoy tanto con esta.
El principal motivo es el abuso de cameos, práctica a la cual debería acuñársele un término por habitual en el cine español. La escena de la ficticia llamada del rey, por ejemplo, es el recurso más gratuito que he visto de un tiempo a esta parte. No es el caso de, por ejemplo, Pídele cuentas al rey, que es el MacGuffin de la historia. Para colmo, los detalles humorísticos enlazan peor la historia que en la entrega anterior (y ya fue criticada por el mismo motivo), sin que la novedad pueda justificar la falta de pericia.
En resumen, es mejorable. Demasiado.



Watchmen Los rumores acerca de Watchmen me han parecido justificados. La adaptación, aunque excesiva para los mortales, es increíblemente fiel. No obstante, la coreografía de las contadísimas escenas de acción puede hacer pensar a los menos avispados que todos los personajes tienen superpoderes.
Rorscharch se materializó en carne y hueso (incluso era bajito), mientras que Ozymandias ha dejado que desear tras haber perdido su encanto. El Doctor Manhattan es producto de los efectos especiales, así que lo dejaremos estar. El Comediante se ha metido muy bien en el appel, y Laurie y Daniel son aceptables.
La película me ha gustado. Es fiel, el cambio de final no altera el mensaje, y excepto por detalles como que nadie fuma, la brutalidad y la amoralidad se mantienen. Por ejemplo, la primera parte es prácticamente calcada, con las escenas desde el comienzo hasta la escena del cementerio prácticamente copiadas plano a plano.
El problema, ciertamente, es con el público desconocedor del original. No por el público, como sí por la película. En mi caso, fui a ver la película con mi padre, quien no lee tebeos desde los tiempos antiguos de Bruguera, y de los clásicos de Marvel, pero le gustan mucho los thrillers y las películas de tono oscuro. En verdad, la película le gustó, pero no pudo evitar reírse con la escena del comedor de la cárcel, o quedarse estupefacto por la maldad de los protagonistas. A su gusto, la película se hace pesada, y no es desde luego lo que esperaba en una "película de superhéroes", sino que hay un argumento denso y bastante pesimista (y yo le advertí varias veces de que era muy lúgubre). Snyder se ha pasado de purista (aunque a mí me ha gustado, ojo, pero como aficionado del original), y ha olvidado que un buen director puede verse obligado a cambiar los detalles de un libro con la intención de que la película sea lo más comprensible posible. Lo que se aplica a una novela, es aplicable a esta obra de tantos matices.
Esta situación no es anómala, ya la literatura, fuente de muchas películas legendarias (muchas veces mejores que los originales), se está volviendo muy difícil de adaptar. Una novela típica de hoy en día tiene quinientas páginas, mientras que tiempo atrás era considerada larga. Ha llegado el momento, posiblemente, de admitir que la fidelidad al original es sacrificable en pro del trabajo global. El purismo no ha de ser la norma, pues no todos tienen que entender que las pausas de la película corresponden a la división de números de la obra magna de Alan Moore y del cómic. Diferente es que algunos espectadores no entiendan el argumento, ya sea porque el género negro no les gusta, porque "para mí los superhéroes son más divertidos", porque el guión no sigue sus criterios de lógica, o porque no puedan dejar de pensar dónde dejó la ropa el Doctor Manhattan.
En resumen, buena historia que podría haber sido contada mejor, por lo cual el veredicto depende de si el espectador se define más como aficionado al cómic, o al cine. En mi caso, positivo.

Películas de Urusei Yatsura Concretamente, la primera, la segunda, la cuarta y la quinta.



Only You La primera, y una de la más fieles, películas de Urusei Yatsura. Básicamente complica la ecuación con una nueva extraterrestre enamorada de... ¡Ataru! Como dicha idea es la base de partida del original, se produce un caso de desplazamiento, y nace el conflicto entre Lamu y la recién llegada, Elle. La película fue la preferida de la autora, y personalmente la encuentro adecuada como primera introducción cinematográfica de UY. Es, de hecho, como un capítulo normal y corriente, pero más largo, antes de que Rumiko Takahashi empleara a fondo la continuidad de personajes.



Beautiful Dreamer Es la segunda película. Aunque la propia autora haya rechazado esta obra, considero que es bastante aceptable. BD nos cuenta la historia desde un punto de vista existencialista, lo que puede suponer a algunos motivo de quejas e incluso de intento de asesinato del director. La historia comienza con la preparación de una obra de teatro para el festival cultural, habitual en los institutos nipones. Las labores les llevan tanto tiempo a los chicos, que ya es tarde cuando vuelven a sus casas. Se dan cuenta entonces de que no pueden ir más allá de cierto círculo trazado alrededor del instituto. A partir de entonces, las cosas se vuelven más extrañas.
La película tiene la virtud de rescatar a dos secundarios de los que aparecieron en un solo capítulo, así como ser clara: El argumento es lógico, y no queda "abierto", ni contado en una yuxtaposición de imágenes oníricas. Lo poco que queda encriptado al espectador son detalles prescindibles.
Eso sí, su final, demasiado trillado, hace que el producto sólo sea justificable por lo divertido que resulta.



Lum the Forever Esta es la cuarta película, y todo lo contrario que la anterior. Si bien BD es comprensible, LtF se vuelve una locura a mediados de la película. También empieza con el festival cultural del instituto, en el cual, en efecto, hay una representación teatral. La obra elegida por Megane (alias Gafitas en España) es un clásico japonés, con Lamu como protagonista (¡Cómo no!). Para ello, se ven forzados a representar la escena de la tala de un cerezo gigante, el cual resulta tener poderes extraordinarios. A partir de aquí, podemos ver cómo el argumento se vuelve cada vez más críptico, una mezcla de The End of Evangelion con el Urusei Yatsura que conocemos.
No es que sea imposible sacar un significado de la película, pero es mucho más complejo, con lo que pueden obtenerse diversas interpretaciones. Además, se olvida el tradicional buen humor que caracteriza al original, con vanos intentos para convencer al público de que está viendo una película de UY. Entiendo que los directores cambian muchas veces un argumento original para hacer una película diferente, pero en este caso la película no tiene apenas referente. Es como el capítulo en que la madre de Ataru se queda inconsciente, pero más largo.
Una locura sin tapujos.



Lum: Final Chapter El final de la serie, adaptación de Boy Meets Girl. La historia comienza con los sueños premonitorios de Lamu respecto a un hombre negro que la persigue con aviesas intenciones, justo cuando su familia recupera al desaparecido bisabuelo de Lamu, que se perdió en una mudanza, mientras cambiaban la cápsula de ensueño donde estaba descansando (Ya sabéis, siempre se pierde algo...).
En general, es un trabajo sobrio, buen punto y final. Tras el horror existencialista de Lum The Forever, nos volvemos a encontrar enredos, amoríos y hormonas adolescentes que precisan de un buen achuchón.
En fin, un buen final oficial 8porque hay una película más).

¡Qué mal me ha sentado la Semana Santa! Casi un mes sin actualizar. ¡Hasta pronto!

sábado, marzo 28

Alienación.

Tras una citación infructuosa, volvía yo en autobús a mi casa, cuando vi de pronto algo insólito. Una mujer, que llevaba a una niña, estaba situada entre el carril exclusivo del transporte público y los de circulación normal, de sentidos contrarios. Por supuesto, en ambos carriles inmediatos había vehículos circulando. La mujer tironeó, además, de la chiquilla, para que se quedara sobre la línea longitudinal. Afortunadamente, en un acto de piedad, el chófer dejó pasar a las dos. Mientras se iban, sentí vivos deseos de hablarle a la mujer acerca de mi opinión acerca del trato a la niña, así como a realizar ciertas suposiciones acerca de la profesión de su madre.
Si a algunos os asombra este hecho, sabed que os envidio. En Sevilla, ver a peatones cometiendo actos arriesgados como este es frecuente. El tipo más común es el de peatón que cruza por el semáforo cuando quiere, es decir, aunque esté en rojo para él. No me refiero a esa persona que cruza mientras no pasa ningún coche, sino a quienes cruzan corriendo para pasar antes que un coche que viene conduciendo de modo normal. Es un espectáculo estar paseando con uno de estos individuos mientras les estás hablando, para de pronto tener que echar una carrera porque quiere pasar antes que ese coche que viene a toda pastilla. Además, cuando, tras la impresión, les echas en cara su imprudencia, o se parten de la risa, o te sueltan que la obligación del conductor es detenerse si hay peatones. De nada sirve que les digas que la cuestión no es esa, sino que pueden tropezarse y acabar muy mal. Una subespecie es tan descarada que cruza sin más, mirando con cara de cordero degollado al conductor para que pare.
El siguiente escalón es cruzar por donde se prefiera, pasando olímpicamente de los pasos de peatones. A lo mejor hay uno a no más de veinte metros, pero parece ser que no pueden perder ni un minuto. Por supuesto, la subespecie descarada también se presenta entre ellos.
Aún así, estos sujetos no son nada comparados con los que, como la mujer del principio, encima llevan a niños. ¿Tanto vale ahorrarse tres minutos de paseo hasta el semáforo más cercano? ¿Tanta prisa tenemos que queremos correr más rápido que un coche? Supongo que esto continuará, algún día ocurrirá algo que producirá una gran impresión, tendrá mucho seguimiento por los medios, todo el mundo se llevará las manos a la cabeza, alguien anunciará que tomará medidas para evitarlo, y se olvidará todo cuando haya nuevos temas.
Y así, hasta que la esta gente cambie o se cobren multas a los peatones. Yo espero que sea lo primero, de veras.

viernes, marzo 13

Moral friqui.

Ironías de la vida...
La semana pasada, en la reseña se me ocurrió comparar la crítica barata a los videojuegos con casos de hemorroides. Sé que no es el símil más brillante (y desde luego, no el más decoroso), pero parece que hay alguien que ha tenido la intención de demostrar que dije una verdad. En concreto, esta columnista, cuyo artículo carece de gran parte de las características del buen periodismo.
Varias páginas han criticado el asunto desde el punto de vista de los videojuegos, así que sólo añadiré mi opinión personal. Es curioso observar cómo, tras años de polémicas absurdas (e inútiles), los aficionados a los videojuegos se han vuelto a veces más sensibles a la calificación de edades que los propios defensores a ultranza de la infancia*. Más que nada, porque estoy seguro de que muchos de estos compañeros crecieron no sólo con Mario, Sonic y demás**, sino también con Harry Mason, Chris y Jill, y Snake, por mencionar a algunos. Dicho de otra manera, que jugaron con títulos con que no debían, si seguimos a pies juntillas las recomendaciones.
Este fenómeno se observa igualmente en el mundillo de los tebeos y la animación, con seguidores que dejarían con sus ideas a los ya arcaicos dos rombos como simplones. Por supuesto, estoy de acuerdo con ellos en lo que se refiere a rectificar a quienes ignoran que tenemos un sistema calificatorio de edades (de hecho, hubo varios), pero hablan como expertos (periodistas y/o columnistas, normalmente). Sin embargo, no puedo evitar tener dudas sobre si volvernos ultrasensibles es lógico. Posiblemente, el número de personas adultas que hayan llegado a la madurez sin disfrutar de aunque sea una sola obra no recomendada durante su infancia y adolescencia es muy bajo. No obstante, tampoco veo que haya un cataclismo social, más o menos los problemas actuales tienen precedentes históricos.
Para mí, la cuestión no es tan simple como confiar sólo en la clasificación de edades, como sí en nuestra opinión. Si, como he leído hace poquito, llevas a tu hijo pequeño a una película para mayores de 18, y después te pasas distrayéndolo cada vez que te sorprenda una escena fuertecilla de sexo, haces un ridículo espantoso, y actúas como un verdadero imbécil. Ahora bien, si crees que ello no repercutirá negativamente en tu hijo, porque estás seguro de estar dándole una educación necesaria, y que él sabe qué es ficción, ¡adelante! La base no es una clasificación hecha por unos terceros, quienes, inevitablemente, tendrán criterio distinto; como sí pensar en qué nos gusta, y qué no. Muchas obras catalogadas para todos los públicos pueden, por detalles para la mayoría insignificantes, molestar a ciertos individuos. Entre todas las obras de la historia, es posible que nadie se salve de sentirse molesto. Por tanto, es nuestra elección, del mismo modo que pensamos qué le gusta a un amigo cuando es su cumpleaños. Desde luego, no va pensar en nuestros gustos el autor de un tebeo, ni un programador de videojuegos, ni un escritor; y tampoco tienen la obligación.
Quienes sí hacen esto son los friquis, especialmente porque están acostumbrados a desoír los prejuicios. Por ello, me sorprende que a estas alturas de la vida le hagamos caso a la edad que viene en la caja.

* Habitualmente, esta gente es más pueril que la propia chavalada. Tanto, que ofenden a este sector de edad.
** Me veo obligado a recordar que algunas personas piensan que los juegos de Mario son tan violentos y nocivos como una partida de Mortal Kombat.