jueves, mayo 16

Misión cinematográfica religiosa.


El mes pasado emitieron en Paramount la versión cinematográfica de La guerra de los mundos rodada en 1953 por Byron Haskin. Como sólo conocía la peculiar versión que Spielberg realizó, decidí verla con mi padre. En general, me causó una buena impresión, teniendo en cuenta la época en que se rodó. Sin embargo, hay escenas ridículas.

Una es cuando, dentro de una casa, el protagonista, el doctor Crawford, se carga una cámara de los marcianos y estos, en vez de hacer lo lógico, freírlos sin más ni más, va uno de ellos a investigarlo por su cuenta. Sin armas, que también es divertido.

Otra ocurre mucho antes y es la que motiva esta entrada. Cerca de la ciudad donde caen los infames cilindros marcianos, el sacerdote local se relaciona con las líneas de defensa, como representante de lo que en otros tiempos se llamaban fuerzas vivas. Al tipo no lo convence demasiado la idea de bombardear a los marcianos sin hablar primero, muy a pesar de que estos han freído previamente a tres hombres y han causado unos cuantos destrozos. Así que decide, sin advertirle previamente a nadie, presentarse ante los marcianos… PROVISTO DE UNA BIBLIA. El motivo es que, para el tipo, esa gente tan avanzada “debe conocer la palabra del señor”. Claro que sí, ¿y por qué no el Tao, o la naturaleza búdica? Su táctica merece ser recogida en la antología del disparate militar: recitar versículos mientras agita el libro. Bien mirado, casi, casi que comprendo a los marcianos.

Tengo una Biblia, ¡Y ESTOY DISPUESTO A LEERLA EN VOZ ALTA!
Que el tío hable en inglés, bueno, que asuma que los marcianos hablen ni lo comento por obvio. Al final, le disparan con el infame rayo de la muerte y queda vaporizado. Por algún motivo que mi pobre mente es capaz de alcanzar, luego es descrito como un héroe.

La pera. Luego dirán, a propósito de “pilículas” como Prometheus, que hay una especie de ola religiosa en la ciencia-ficción moderna. Claro, tonterías. Ya se ve por esta película que el principio antrópico ya era
conocido hace sesenta años, aunque no siempre por ese nombre. La novela original de Wells, aunque vista desde ahora tenga ciertos errores, no dejaba de ser una especulación muy curiosa en el aspecto biológico, con seres con aspecto de pulpo, asexuales y telépatas. La película cambia el aspecto de los alienígenas y los hace más humanos, sólo en el sentido de que tienen cuatro miembros, pues la “cara” estaría en el “tronco”, por llamarlos así. Además, tienen tres ojos dispuestos en círculo específicos para cada color, esto es, un ojo para cada tipo de color recogido por los conos oculares. Incluso hacen una simulación de cómo sería su visión y un comentario sobre su sangre. Vamos, que la película no carece de nivel. Al final, acaba como la novela de Wells, aunque esa escena, no diré cuál, en la película se oye con un oportuno toque de campanas procedente de una iglesia.


Pues en esta misma película, un tío decide echar un sermón religioso, como si los marcianos fueran rigelianos, ya saben, Kang y Kodos, que no hablan inglés, pero sí rigeliano, que por una casualidad del mismísimo carajo es exactamente igual al inglés. Aunque en ese caso, displicentemente, los dos habrían contestado que son presbiterianos cuánticos.


Luego criticarán el space opera.

martes, abril 9

El potlatch y la prima.


Decían el otro día en Politikon que hay gente que aún cree en el Buen Salvaje. Es llamativo que señalen el papel de la antropología, porque mis lecturas en esta disciplina me han llevado a darme cuenta de que se pueden trazar paralelismos entre los comportamientos de los pueblos sin estado y los estatales. Por otro lado, hay que reconocer que “salvaje”, como “primitivo”, es un término bastante ambiguo que lo mismo designa un grupo de cazadores-recolectores, un pueblo nómada o un asentamiento agrícola, que entre sí tienen claras diferencias. Hay mucho malentendido al respecto.

Pero no se preocupen, porque no quiero dar el coñazo con el Buen Salvaje. Más bien es una entrada humorística. Como mi familia está por medio, reduciré la anécdota a lo esencial: mi hermana se casará en julio, por lo que estamos haciendo preparativos. Ustedes sabrán que uno de los problemas con las bodas son los invitados, porque a diferencia de lo que ocurre con los listados, además de que todos los que estén sean relevantes, todos los que son relevantes deben asimismo estar. En el fondo, es el clásico problema de quiénes son los auténticos amigos frente a los simples conocidos.
Nuestro modelo de familia se llama esquimal, por cierto.

Esto se complica cuando entran en escena los familiares lejanos: esa gente que puede ser el tío del padre, pero que los novios no conocen (¿Y acaso deberían?), luego no debería ser invitado. Pero, ¿qué ocurre cuando a alguien se le ocurre invitar a ese tío que hace años que esta misma persona no ve? En el caso de mi hermana y de mi cuñado, al ser ellos los organizadores, no debería importar. ¡Ja! Ojalá. Este sería el caso si habláramos de personas que tuvieran claro que estamos ante el nacimiento de una nueva familia.

Uno de los problemas más usuales en las familias es lo que podríamos llamar “síndrome del clan”, que puede entenderse como empeñarse en que TODOS los miembros de la familia son sólo los de una parte. Esta creencia es más frecuente entre solterones (o singles, si es usted un guanabí de los cojones), pero tampoco es imposible entre casados, especialmente cuando viven con sus padres o hermanos solterones. Esta actitud se manifiesta en la incapacidad de reconocer que la familia de los cónyuges de hijos y de hermanos también lo es para nietos y sobrinos.

Falta el primo Cosa.
Pues algo así ha ocurrido. A una de las partes se le ha ocurrido invitar a una prima que, para colmo, ni siquiera se habla con el proponente de esta idea. A la otra parte le ha sentado como un tiro. ¿Cuál es la razón para ello, pues? Una de las más simples es numérica: más gente en la boda, más luce. Como hay varias partes, cada una compite para ver cuántos familiares trae: la del novio contra la de la novia, en primer lugar, y dentro de cada una de estas, la paterna contra la materna.


Es como el potlatch, una celebración de los kwakiutl, hoy en día Kwakwaka’wakw, un pueblo con estamentos sociales de la costa norte canadiense. Este festival lo conocí por el retrato que hacía Marvin Harris en Vacas, cerdos, guerras y brujas, y básicamente consiste en que el grupo que haya tenido una mejor pesca de salmón (la base económica de estas gentes) obsequia a sus vecinos con diversos regalos: pescado, aceite, leña, mantas y hasta en algunos casos extraordinarios, el jefe manda quemar la choza donde están los invitados para dar un discurso elogiándose a sí mismo mientras el incendio prosigue. Los agraciados, no obstante, se dedican a menospreciar cuanto reciben, e incluso consta que se quejan del frío mientras la casa está ardiendo.

El novio, en plena despedida de soltero.
Por si alguien se pregunta el porqué de esta fiesta, el motivo real está en la redistribución de víveres de los mayores productores a los menores, debido a que las migraciones de los bancos de salmones son impredecibles. Asimismo, es una demostración de poder, como puedan serlo unas Olimpiadas, que le cuestan dinero al país organizador. Piénsese que nosotros tenemos el dicho “tirar la casa por la ventana” para decir que alguien está gastando una cantidad de capital importante.


Así, nosotros demostramos nuestro poder con los invitados de boda. Por un lado, con el ya dicho número, y por el otro, con la rareza de los mismos. Si son veinte primos, y con la mitad no te hablas por una mezquina discusión en torno a una herencia, demuestras un poder enorme por haber dejado a lado falta de contacto y vulgares querellas.

Estampa atípica, en la que vemos cómo hasta ese primo tan lejano
se integra perfectamente.
No hay más que ver la reacción dentro de mi familia: de sentirse ofendido, de amenazar con no acudir a la boda o de llorar por no poder invitar a los primos lejanos (de cada cual). Yo me lo tomé con humor antropológico y me costó una acusación de estar al lado del familiar invitaprimos (a falta de un término mejor), a la que respondí con sarcasmo. Mi hermana tuvo que ponerlos en su sitio y dejar claro que los invitados son conocidos suyos y/ o de mi cuñado, lo que rematé con una broma.

Mientras tanto, nuevas estrategias surgirán para demostrar el poder: decidir dónde se sienta cada uno, cuáles serán los regalos, y quién recita los versículos de la Biblia (que nadie oirá porque varias señoras tendrán a bien comentar el buen aspecto de los zapatos de alguna de las hijas de la Paquita*). Luego, a zampar como leones.

*Personaje mítico sevillano, al que se le atribuyen varias hijas ya adultas, caracterizadas por su buen acierto al elegir zapatos y presentes en cualquier boda, reunión de vecinos o asunto más o menos serio en el que yo haya estado presente, como mínimo.



domingo, abril 7

Coda: Stephenie Meyer y la Biblia molonista.


Quiero completar mi anterior entrada con un breve ejemplo. Recientemente se ha estrenado en los cines La huésped, título original The Host, basada en una novela (por llamarlo de alguna manera) de Stephenie Meyer, famosísima por haber escrito Crepúsculo. El argumento: unos alienígenas invaden la Tierra y poseen a la humanidad mediante una curiosa habilidad, consistente en parasitar sus cuerpos. Las víctimas presentan un peculiar color azulado en sus pupilas, pero fuera de ello son humanos. No obstante, aquellos con una excepcional fuerza de voluntad son resistentes a este parasitismo, aunque han sido señalados como enemigos y han tenido que formar la Resistencia. Meyer decide centrar su novela en la relación entre una poseída, su alienígena y su novio, miembro de la Resistencia.

Dejémoslo ahí. Veamos, pregunta: una, dos y tres, ¿a alguien le suena este guión? Excepto por la parte romántica, se parece mucho a La invasión de los ultracuerpos. Puede que alguno diga que no tiene que ser necesariamente esta película, pues las historias de monstruos que poseen o sustituyen a un ser humano, sin que exteriormente haya cambios más que por el comportamiento o algún pequeño detalle, son bastante típicas. Sin ir más lejos, es un argumento típico en varias series fantásticas que el malo suplante a un bueno, incluyendo su apariencia, y se cuele en la base hasta que los compañeros del suplantado empiezan a barruntar algo raro. Que como haber, podría haber varias fuentes de inspiración. No obstante, ¿qué ha respondido la autora más vendida del momento? Que un día, aburrida durante un viaje, se le ocurrió la idea.

En efecto, así son los best-selladores del momento: con un morro que se lo pisan. Bien mirado, puede que Meyer no mienta. Ya hubo quien destacaba de la saga de los vampiritos que Rebeldesin causa es muy posiblemente gran inspirador de la trama, así que no me extrañaría que la propia autora no se dé cuenta de que está haciendo pastiches.

Otro ejemplo, ilustrativo por sí solo, es el de esa curiosa súper-producción basada en La Biblia, estrenada en Antena 3 la semana pasada. Por curiosidad y porque me conozco el fenómeno del hype, decidí consultar IMDB, una famosa web de crítica cinematográfica. La primera crítica que encontré decía lo siguiente:

Let's just take the scene with Lot and his family, hiding the Angels from the angry mob. The Bible clearly states that Lot offers up his daughters to the mob (to be raped) in order to save the Angels, but instead we get a sword slashing kung-fu scene that wipes out the mob. Genesis 19:1-11“Basta con examinar la escena de Lot y su familia, protegiendo a los ángeles de la turba enfurecida. La Biblia dice claramente que Lot le ofrece a la turba sus hijas (para que las violen) con el objetivo de salvar a los Ángeles, pero en su lugar nos ofrecen una escenita de mandobles a lo kung-fu que dispersa la turba. Génesis 19:1-11”

Al leer esto, no pude evitar recordar una entrada de SuperSantiEgo sobre las adaptaciones de El señor de los anillos, en la que comentaba que Peter Jackson muchas veces era incapaz de darse cuenta de qué pretendía Tolkien en las novelas. Citaba, por ejemplo, que Jackson sólo añadía efectos especiales cuando Galadriel se sentía tentada por el Anillo Único y que en términos generales no había entendido palabra alguna de lo que podríamos llamar los momentos “mágicos” del libro. Los productores de esta serie, sin duda, no tienen ni pizca de imaginación para interpretar la escena, que es lo mismo que un lector sensible siente cuando lee las circunstancias de la muerte de la madre de Dionisio. No hace falta ser creyente para entenderlo: asombro absoluto ante la fuerza desatada de la naturaleza, ya sea como fenómeno externo (rayos y truenos), como humano (una ceguera colectiva). Es justo mencionar que nuestros conocimientos pueden hacer que lo que asustaba a un hombre de hace cien años sea ahora una minucia, pero la sensación de terror ante lo incomprensible puede seguir usándose en la medida de lo posible.

¿Pero cuál es la solución de los guionistas de esta peculiar adaptación? Unos tipos lanzando espadazos. De quitar la parte de las hijas de Lot, ni hablo. Ambas anécdotas son ilustrativas, porque es imposible que nadie sepa, entre la enorme cantidad de colaboradores de cualquier producción televisiva, que ambas ideas fallan en lo fundamental. No obstante, se deja que los productos sigan adelante aunque sean espantosos y carentes de imaginación porque no se preocupan de la calidad. Se preocupan, por ejemplo, de la reacción de los padres antes las bazofias de Meyer, o por la opinión de las autoridades religiosas por la adaptación de La Biblia. Por memeces, en resumen.

Y no es culpa únicamente de la televisión. Todo el sistema cultural ha estado sufriendo bajo el yugo de lo que ambiguamente se llamaría políticamente correcto, por lo que yo prefiero llamarlo concretamente como la religión del “no ofenderás”. Como muchos clásicos (esto es, cualquier obra anterior al año 50 digna de ser recordada) incurren en visiones racistas o sexistas, hemos creado versiones modernas para el público sin señalar estos aspectos. Aunque sus intenciones eran nobles, está creando una generación que apenas conoce clásicos. Anteriormente, no todo el mundo leía La isla del tesoro o El principito, pero sabían que eran libros. Ahora, a lo mejor ni han oído hablar de estos libros, el primero por tener frasecitas acerca de una señora negra, y el segundo por ser demasiado corto para los cánones actuales de sagas de tropecientas mil  páginas.

Hay más productos artísticos/obras de arte*, pero significa poco un 99,99% de los mismos. El 0,01% restante se compone mayormente de obras correctas, pero que no son originales, y el resto quizás pasará a la historia.

*Pongo la barra porque yo, al no considerarme un experto en arte, me abstengo a discutir qué es arte y qué no, y si la palabra “producto” es adecuada.




lunes, marzo 25

Mary Frith, la Belén Esteban a la que citó Shakespeare.

Habrá quien se haya asombrado de este encabezamiento. Más o menos, me figuro que ha ocurrido principalmente con dos tipos de personas:
  1. El ignorante simpático, consciente de no saberlo todo (al contrario que el necio), habrá pensado si ya por aquel entonces había friquis.
  2. El pedante biempensante, que se habrá preguntado cómo es posible que ya ocurrieran estas cosas sin la caja tonta.
El caso es que es verdad: la mujer de la que vengo a hablar hoy llegó a ser increíblemente famosa en la Inglaterra de principios del siglo XVII. Principalmente, por el motivo que llevó al dramaturgo a referenciarla en la obra La duodécima noche, o noche de Epifanía:
Wherefore are these things hid? Wherefore have these gifts a curtain before’em? Are they like to take dust, like Mistress Mall’s picture?
¿Por qué esconden estas cosas? ¿Por qué tienen estos dones una cortina delante? ¿Quizás cogen polvo, como el retrato de la señora Mall?
En la edición que yo leí, tuvieron el amable detalle de aclarar quién era esta señora, pero en este blog de habla con más detalle de este personaje:
El verdadero nombre de mistress Moll, famosísimo en aquella época, era Mary Frith. Su apodo completo fue Moll Cortabolsas. Durante muchos años Londres se ocupó de su persona y sus hazañas. Era a la vez prostituta, proxeneta, ladrón a mano armada, matón muy diestro en la esgrima, encubridora de robos... y hermafrodita. Siempre fue vestida como hombre. Algunos autores escribieron comedias sobre su vida y hazañas. En el frontispicio de una de ellas, publicada en 1611, figura el retrato de mistress Moll vestido de hombre y fumando una larga pipa. Su vida completa apareció en 1662. Moll Cortabolsas nació en 1584 y murió en 1659. A pesar de sus robos, el populacho de Londres sentía por ella un interés novelesco. Además, sus dobles órganos sexuales fueron un motivo de curiosidad.
Continúen ustedes, porque seguro que no los defrauda, pero vayamos al retrato:
El retrato al que se refiere Shakespeare estaba expuesto en una tienda de Londres, y el público lo veía pagando unos cuantos chelines. Como representaba desnuda a la pícara heroína para que todos pudieran apreciar su doble naturaleza, el cuadro estaba cubierto por una cortina que sólo era descorrida luego que el exhibidor se daba cuenta de la edad y cualidades de los visitantes. Shakespeare se burla de esta cortina fingiendo creer que es para librar de polvo el retrato.
En su día, yo aluciné. Nótese cómo antes de la aparición de los grandes medios de comunicación, algunos ya se prestaban a la atención de los morbosos mediante las chorradas más tremendas. Con un simple retrato, esta mujer logró mayor revuelo que muchos con Photoshop.

Lo realmente interesante de esta mujer es el buen ejemplo que supone de cómo es la gente. Muchas veces, cuando leo el periódico o algún blog, me encuentro con encendidas críticas a la programación televisiva. Nada que objetar cuando la crítica es justa, pero los rechazos a la televisión in tutto son más frecuentes que las que puede haber a las librerías, por poner un ejemplo. ¿Alguien pregunta si creo en serio que las librerías merecen un ataque? Mi respuesta es que no, pero existen excepciones. Conozco cierto caso, aparecido en el fanzine Hitler de pequeño leía mucho), páginas 6 y 7:
Si nos ponemos esnobs, se me ocurre traer a cuento a un amigo que yendo de paso se metió hace unos días en esa librería recién inaugurada en la Rambla de Catalunya, por buscar La vida de las abejas, el de Maeterlinck –que dicen que es bueno-, pero resultó que en la sección llamada de Zoología sólo encontró títulos tales que Tu perro y tú o Todo para tu poni, y que el resto del local eran palés del pijama a rayas y el secreto y si quieres puedes y yoga para todos y la catedral marina, el Planeta y hasta un pangolín que dice que el cáncer el lo mejor que le ha pasado en la vida, con dos cojones. Conciliación todo, literatura no había. Un océano de mierda, hombre, llamémoslo así que es como se llama. La librería esa la inauguró nuestro carismático alcalde, que para eso la calle es suya, con algo así como: “Menos crisis y más cultura”. Eso me contaron, que lo dijo. Con dos cojones también, el nota.


Esto afirma Rubén Lardín. Es decir, que se cree que el simple acto de leer es bueno, no el leer obras buenas. Esto creen algunos políticos: que leer un libro de Javier Sierra es lo mismo que leer uno de Stendhal. Luego nos quejaremos de los resultados electorales.

Esa librería, qué poca duda cabe, es innecesaria para la cultura. Merece incluso más condena que Sálvame, pues al menos este último no esconde tan descaradamente su vulgaridad bajo una capa de cultura (que lo ha hecho, pero no es el caso). Aplicando el principio orteguiano de que evitar al mundo los libros innecesarios es una obra de caridad, esta librería equivaldría a la mafia.

Para mí, a estas alturas, leer es por lo general mejor que ver la tele, pero porque la literatura tiene miles de años y la televisión un siglo. Muchos libros son buenos, algunos programas son asimismo buenos. Hay más de los primeros que de los segundos porque la literatura es mucho más antigua, pero también ocurre al contrario: la mala literatura es un enorme ejército. En sus días, ya hubo caballeros dedicados a combatirlo.

Tampoco me vale ya la excusa de los realities, aunque yo sea el primero en no verle gracia a un grupo de famosos dándose un chapuzón y que dos cadenas estén peleando para ofrecer los saltos más graciosos, pues no pasan de ser una simple anécdota que muchas veces se usa como falacia de reducción al absurdo. Como demuestra el revuelo alrededor del cuadro del hermafrodita, el morbo ya estaba ahí cuando Tele5 fue fundada. El verso shakespeariano dice que el cuadro tenía una cortina que ocultaba el cuadro hasta que se presentaba el número y tipo de personas “autorizados” a ver el cuadro, supongo que con algún pago monetario. Bien mirado, es la estrategia de Eric Cartman: basta con que pongas una cortina, o una valla, para despertar el interés del prójimo.

La verdadera novedad es que ahora es más fácil y cómodo. Hoy en día, tanto los feriantes de sí mismos y los espectadores deseosos de bufones lo tienen mucho más fácil. Los primeros sólo tienen que ir al casting del próximo Gran Hermano, a ver si, como dicen en mi casa, cae la breva y los segundos pueden estar cómodamente sentados mientras toman un refresco para ver un desfile de patanes. De haber nacido hoy en día, Mary Frith lo habría tenido fácil para asombrar al mundo con sus excentricidades.

De hecho, la propia televisión quizás no tenga toda la culpa en sí. Hay quien destaca que la televisión de hace unos años era diferente. Imperator destacaba en esta entrada, que, por lo general, la televisión de hace cincuenta años estaba en manos de gente que, como Concha Velasco o Alfredo Landa, había trabajado mucho para estar ahí, independientemente de que a él gran parte de su trabajo le parezca mala. Personalmente, yo creo recordar que los telediarios que yo veía de pequeño eran más sustanciales, que realmente informaban sobre un acontecimiento, mientras que hoy en día se dedican a resumir la noticia en tres anécdotas y a ofrecer cortes publicitarios. Hasta las comedias, que antiguamente duraban poco menos de una hora, se han extendido hasta noventa minutos, con argumentos cada vez más laxos y repletos de anécdotas poco constructivas.

El nivel de la televisión, por tanto, ha bajado, acusación frecuente en el mundo académico acerca de la enseñanza. No tengo los datos en la mano, pero me gustaría ver cifras sobre la popularización de los televisores y especialmente el número de televisores por hogar frente a años.

También el caso contrario es posible: en realidad, dicho nivel no ha bajado, pero sólo recordamos lo memorable. Lo mediocre ha quedado olvidado o, si es añorado por el suficiente número de personas, sólo sale en el programa de María Teresa Campos. Es lo mismo que en La realidad estupefaciente SuperSantiEgo comenta cuando, a veces, hace una crítica de una película o un libro por los que ha pasado algún tiempo y no son tan recordados. Al fin y al cabo, El Quijote (ya mencionado antes) y Viajes de Gulliver nacieron como parodias de las caballerías y de los viajes exóticos, respectivamente, géneros literarios que en su día eran Las sombras de Grey y los Harry Potter de la época.

Es lo que de hecho ocurre con esta mujer: nadie la recuerda. Simple y llanamente se ha transformado en una anécdota que recogió Shakespeare. A nadie medianamente inteligente le importa si una choriza de hace cuatrocientos años tenía pito: le importa saber si lo tiene Anne Igartiburu.

lunes, febrero 25

Cuando Colón estuvo desnortado.


En primer lugar, mis disculpas por no haber subido nada en dos meses, aunque sepa que tengo pocos lectores. Explicaré las razones de mi ausencia dentro de poco. A decir verdad, escribo, pero estoy preparando entradas largas que no sé cuándo subiré.

Por ahora, me ha animado a escribir esta entrada de Vanbrugh que relata sus divertidas luchas contra una registradora de la propiedad que no tiene claro hacia dónde cae el norte, concretamente acerca de una anécdota también relacionada con este punto cardinal.

Cuenta el historiador H. H. Houben en uno de sus libros que Cristóbal Colón, durante su primer viaje hacia lo que él creía las Indias, aconteció un fenómeno que lo dejó patidifuso:
El 13 (de septiembre de 1.492) él escribe en su cuaderno de navegación: “Hoy, durante todo el día, la aguja (de la brújula) señala el Noroeste”. Era un extraño fenómeno. La aguja marcaba el Noroeste en vez hacerlo hacia el norte. Si la brújula mentía o las estrellas derivaban, ¿qué hacer en esta inmensidad del mar?
 (…)
 Colón escribe en su diario. “Los pilotos toman el Norte pero notan que las agujas marcan con claridad el Noroeste, con lo que están muy asustados y desconcertados. Ordené hacer nuevas orientaciones a la mañana siguiente, y esta vez los pilotos encontraron que las agujas marcaban correctamente el Norte”.
Hoy en día, sabiendo tanto qué esel magnetismo como qué es el norte magnético, es fácil deducir qué ocurrió. Pero Colón y su gente estaban totalmente inquietos, muy a pesar de que el primero tenía una sólida formación para su tiempo. Para la tripulación, el hambre y la muerte en medio del mar eran una pesadilla. Colón mismo no sabía qué hacer, así que decidió sacarse de la manga una explicación bastante llamativa:
El día 30 (de septiembre) el extraño fenómeno se reprodujo de nuevo. Esta vez, Colón se inventó una explicación: ¡es la estrella polar la que varía de posición!”
No obstante, he leído que Colónse dio cuenta de que la brújula apuntaba a un punto invisible de la Tierra y noa la Estrellar Polar, así que eso de que “la estrella polar varía de posición” puede referirse a eso. En otros libros he leído, sin embargo, que lo decía literalmente. De todos modos, fue su reputación como astrónomo lo que hizo que la tripulación se dejara convencer.

La anécdota es también interesante por una cuestión que veo muchas veces: el uso de tecnologías sin entender claramente con qué fundamentos funcionan. La diferencia, por tanto, entre usuario, ingeniero e inventor. En tiempos de Colón el uso de la brújula y su relación con el magnetismo era bien conocido, pero parece ser que ignoraba el norte magnético hasta este viaje. Hay quien quiere atribuirle este descubrimiento, pero un tal Shen Kuo, un polímata chino del siglo XI, ya lo describió en sus obras.

Hoy en día, la situación es a la inversa y prácticamente todos los inventos modernos se hacen conociendo la base previamente, pero eso sólo es verdad para el inventor y el ingeniero. El usuario muchas veces conoce tan bien los fundamentos de un ordenador como cuáles especies neozelandesas están en peligro de extinción. De ahí que surjan tantos mitos alrededor de ciertos aparatos modernos, por ejemplo sobre las impresoras.

Las bases de la programación se enseñan durante varios años de carrera, como sabe mi hermana, pero pedir una solicitud on-line sólo lleva unos minutos. Por eso, aquellos con menos conocimientos informáticos no entienden que a veces el servidor no funcione por una masiva entrada de visitas, y culpan al aparato que usen sin pensar que el mejor edificio del mundo jamás podrá contener un millón de personas.

Es también interesante destacar que Colón, al principio, intentó callar el “error” de la brújula. ¿Contar que no había manera de encontrar el norte como estaba acostumbrado? De hecho, la tripulación estuvo a punto de amotinarse. Al final se les pudo convencer de un modo más o menos sencillo, pero porque Colón debía de ser muy convincente.

Finalmente, Colón encontró de nuevo el norte, pero murió sin saber que no había llegado a las Indias. Un poco irónico sí es...



lunes, diciembre 24

Mientras tanto, en el Vaticano...

Cuando los informativos abrieron su parrilla (¡Qué término más horrible, señor!) con la noticia de que el Papa negaba la presencia de la mula y el buey durante el nacimiento de Jesús, la verdad es que me hizo mucha gracia. La gente se pasmaba de lo que cualquier persona con cierta cultura debería saber: que todas las religiones sonsincretismos de diversas tradiciones y por ello el conjunto final sienta como leerse de una sentada todos los números que haya de una colección de superhéroes. Es decir, es la obra de varios autores en torno a cierta idea común, pero abunda en contradicciones, versiones alternativas y hasta personajes que reviven después de haber muerto.

Me lo pasaba pipa, en fin, con los noticiarios presentando, como si fuera la última novedad, que ese conjunto de libros llamados la Biblia no cuenta casi nada de lo que se da como hechos incontrastables, como la Santísima Trinidad, introducida en un versículo muy tardíamente, o el celibato de los sacerdotes, contradicho en otro. No pude evitar pensar en lo que comentaba Eduardo Robredo Zugesti en su blog, La revolución naturalista, sobre que los ateos suelen, de media, saber más que los creyentes de religión: tanto de teología, como de historia y de las relaciones con otras creencias (mitraísmo y zoroastrismo, sin ir más lejos). A esto se podría responder que los que se declaran oficialmente ateos son menos y suelen tener cierta formación frente a la poco clara masa de creyentes, muy heterogénea y que quizás de teología no entiende más que de evolución a nivel universitario.

No obstante, me han pillado. El Papa me ha sorprendido con otra declaración hasta tal punto que casi hizo que me cayera del susto: ¡¡Los Reyes Magos eran andaluces!! ¡¡¡Concretamente, de Huelva!!! Mientras intentaba recuperar la verticalidad, el telediario siguió con que, después del despido improcedente de las bestias del pesebre, el Papa volvía a consternar al mundo con otra de las revelaciones de su libro, La infancia de Jesús. A mí lo que me preocupaba era más bien otra cosa. Concretamente, ¿de dónde se había sacado el Papa esta idea? Dios me libre (¡Euh…!) de querer discutir de teología con Benedicto, porque para empezar me barrería en latín y griego, pero tampoco me impide preguntar cuáles fuentes emplea para hacer una revelación tan sorprendente. Desgraciadamente, el noticiario se limitó en el ya citado libro, así que la cosa quedó en un “el Papa ha dicho que los Reyes Magos eran de Huelva/Andalucía” y la cosa pasó a preguntarle a los viandantes del sur su opinión al respecto. Nada tengo en contra de que los diarios hagan este tipo de consultas, pero una noticia es más que eso, me parece. Como que esto debería ser la coda de la propia noticia, ¡vaya!

Defraudado, acudí a la prensa escrita para poder satisfacer mi curiosidad. ¡Ah, amigo! Los Reyes Magos eran de Tartessos (Tarsis), más bien la Provincia Bética por las fechas. Ya, Andalucía. La chanza, aunque hay que decir que nos prestamos bien a ello. Respecto a la fuente, Benedicto asegura que en el Libro de los Salmos se señala la civilización ibérica en vez de “Oriente” como la procedencia de los Reyes Magos. Como ya he dicho, será verdad. Mis conocimientos apenas llegan a entender todas las raíces latinas y griegas empleadas en tecnicismos, ¡como para dedicarme al estudio del Antiguo Testamento!

Lo que sí llego a dilucidar es que Benedicto parece dispuesto a ignorar la tradición navideña y se nos está poniendo un tanto literalista, que es uno de los buenos aspectos del catolicismo y no lo digo en broma: el mundo protestante está lleno de chalados que intentan buscar la respuesta a todo en la Biblia y que, en su insolencia, se enfrentan a intelectuales y expertos de cualquier ramo para decirles que el mundo es plano o cosas peores. El catolicismo admite que las escrituras son interpretables (como dicen ellos, eso sí) y no rechaza la compilación de otros saberes, aunque se arroga el derecho de qué se escribe y cómo. Sin ir más lejos, los varios religiosos que han realizado aportaciones científicas, humanísticas, artísticas y filosóficas no eran demasiado literalistas.

Además, el Papa habría de aclarar por qué los Libros de los Salmos es ahora la máxima autoridad. En el caso de la mula y el buey, pues entiendo que sea una invención posterior. De hecho, no es de lo más absurdo que haya oído en las religiones. En el mundo árabe, se cuenta que el nombre del yerno de Mahoma está escrito en la Luna1. En Oriente (ahora sí) se afirma que cuando Shiddarta Gautama (Buda) nació, declaró “Sólo yo soy digno en el cielo y en la tierra”2. Los chinos pensaban que el monarca del reino celestial, el Emperador de Jade, era un humano que se volvió inmortal por vivir muchos años y llegar a ser muy sabio3. El famoso talón de Aquiles fue también una invención posterior, inicialmente moría con el pecho ensartado a flechazos (bastante más prosaico).

En resumen, que aún es verosímil, dentro de lo que cabe. Como la identificación, de origen armenio, de los tres Reyes. Al menos no dice que hubiera un cuarto proveniente de Urano o algo similar. Para la próxima, me gustaría que el Papa aclare el famoso misterio de si la Virgen María sabía que Jesús iba a acabar en la cruz, duda que ya la tenía una antigua compañera del colegio pero no recibió respuesta por parte del profesor, quien aseguraba que era un enigma teológico. Quizás, con algo de suerte, al fin habrá una respuesta.

Sea como sea, ¡feliz Navidad/Fiestas/Lo que sea!

1 ¡Muérete de la envidia, Banksy!

2 Es un lema común entre las bandas de moteros japoneses.

3 Concretamente, alrededor de 300 millones de años (he encontrado dos cifras que varían en decenas de millones). Por cierto, que en Bola de dragón Dios fuera un namekiano verde seguramente se debió al nombre de este señor.

sábado, diciembre 22

Pues no se ha acabado el mundo, ¡leches!

Programé esta entrada hace más de dos años, el 13 de septiembre de 2010.

Hoy, en este preciso instante, según las tonterías de los agoreros del calendario maya, el mundo debería haber llegado a su fin.

Si estás viendo esto, el mundo no ha acabado, por lo cual:


¡FELIZ DÍA DEL SOMBRERO DE ESTAÑO A TODOS!