jueves, octubre 24

Los mitos contestatarios.

Mira que me lo propuse, pero nada: dejé de leer periódicos gratuitos porque cada vez que leo alguno me sulfuro horriblemente por cualquier gilipollez que llegue a mis ojos. Y como quise entretenerme un ratito en el bar, cogí un 20 minutos que había mi lado, sigo mi buena costumbre de leerlo a partir de la última página, ¡y pam! Allí mismo, el disparate, la tontería, la mamarrachada que, cortísima, se las ingenia para ser un insulto a la historia y a la lógica, y por ende a la verdad.

La noticia en sí podrán leerla aquí. Advierto que puede que se sulfuren como un servidor, porque la verdad es que se las trae. ¿Qué? ¿Ya? Supongo que ya verán la causa de mi cólera, pero voy a explicarlo. Veamos, la noticia trata de una adaptación cinematográfica de la famosa odisea del Kon-Tiki, una barca creada por el famoso Thor Heyerdahl con tecnología primitiva, con la que el noruego partió de la costa peruana y llegó a la Polinesia. Muy emocionante aventura, motivada no obstante por una idea desnortada: Thor Heyerdahl creía firmemente que los polinesios eran descendientes de pueblos precolombinos y no de asiáticos, la opinión más aceptada. Sí, ahora también. Y he aquí el primer error de la noticia, el atentado a la historia PRESENTE. Léase la primera frase:
Corrían los años 40 cuando el biólogo noruego Thor Heyerdahl, un hombre con ansias de aventura, planteó a la comunidad científica de la época una idea que por aquel entonces parecía increíble: que los primeros pobladores de la Polinesia provenían de Sudamérica y no de Asia, como se había creído hasta entonces.
Repasemos un poco esa gramática española: este verbo está en el llamado Pretérito Imperfecto, que viene a significar que la acción descrita del verbo era una acción que o bien se realizaba durante un momento dado del pasado, con carácter progresivo o rutinario. Aquí es lo segundo. Pero si la teoría del origen asiático sigue siendo aceptada, ¿a santo de qué presentar esto como si fuera algo del pasado? O sea, que tenemos una patada a los hechos históricos.

Por otro lado, y no me importa que en la película lo presenten así, el supuesto pique entre el profesor universitario y Heyerdahl no pasaría, en realidad, de ser una bravata y una estupidez, porque una declaración como esa, tomada en serio, supone confundir la plausibilidad con la realidad, matiz que causa ciertos quebraderos de cabeza. Pongamos un ejemplo. Miren esta fotografía:

 

Podemos ver a dos personas, a la derecha, frente a un bar. Estas personas, como poder, pueden ir a la barra y tomarse unas cervecillas, pongamos. Esto es la plausibilidad: que un hecho es posible de acuerdo con lo que dictan las ciencias naturales, sociales y de la lógica. En este caso, estos tipos sólo tienen que acercarse, hecho físico posible, pedir una cerveza, acto perfectamente legal y pagar, que es lo normal.

Claro que esto no significa que hayan ido hasta la barra alguna vez durante sus vidas. Eso es la realidad: demostrar que alguien ha hecho algo. Por ejemplo, en nuestro caso otra fotografía que mostrara a los mismos tipos en la barra serviría de suficiente prueba. No obstante, lo que hizo Thor Heyerdahl fue lo primero, con la salvedad de que su propuesta era mil millones de veces más difícil que entrar en un bar. No, en serio, miren ahora este mapa del Océano Pacífico.

   

¿A ustedes les parece razonable que desde la costa de Nazca unos marineros lleguen en barca hasta la Isla de Pascua, en el vértice derecho de ese triangulillo que he marcado sobre el mapa? ¿No les parece más probable que llegue alguien, aunque sea en sucesivas generaciones, desde Indonesia pasando por todas esas islas que se ven al oeste de la misma? ¿A que sí? Pues eso mismo consideran la mayoría de antropólogos, además de tener en cuenta pruebas derivadas de comparaciones genéticas, culturales y lingüísticas, que nos dan a entender que los ancestros de los habitantes de la Polinesia fueran asiáticos. A lo mejor un día se refinan estas teorías y vemos hasta de cuál zona asiática, pero eso ya es una especulación.

Eso no quita que la hazaña de Heyerdahl, aunque revele una tremenda cabezonería, pueda ser admirable como demostración de coraje. No obstante, lo que no se puede es escribir una hagiografía del tipo y ya suponer que revolucionó una disciplina académica. Y antes de que nadie diga que en la película dicen eso mismo, pues me da igual: puede seguir siendo buena aunque se tome según qué libertades con los hechos exactos, pero un periodista debe ser serio y no publicar falsedades; y si se dedica a escribir de cine, debe saber mejor que el resto de los mortales que los directores suelen ser dados a realizar versiones románticas de lo que sea. … Si es que es simple ignorancia, y no estamos hablando de un intento de mito contestatario, que amenaza con llegar a ser una plaga. ¿Qué quiero decir con eso? Les pondré un ejemplo. En su blog, Imperator se quejó cierta vez a propósito de la película V de Vendetta, basada en un tebeo de Alan Moore, concretamente, de una costumbre nacida por esta: la famosa careta de Guy Fawkes que llevan diversos manifestantes, como los de Anonymous.



Estos tipos. Quería describirlo con mis propias palabras, pero Imperator lo hace mejor:
No importa quién era Guy Fawkes. No importa que esa máscara simboliza al equivalente católico de un mujaidín que se ata explosivos al pecho, adelantando a los de AlQaeda unos cuantos siglos. No importa que lo que se celebra en la fiesta es que el terrorista fracasó y fue capturado, de modo que los protestantes pudieron seguir oprimiendo a los católicos unos cuantos años más. No importa que esa máscara se quema en efigie en la fiesta, que es algo a destruir.
En efecto. No obstante, añadiré que no sólo es cosa de Hollywood, como dice Imperator, sino que ya el dibujante del tebeo original fue el que propuso que el anarquista de Moore fuese con una careta de Fawkes, porque es “nuestro gran revolucionario histórico” y que habría que celebrar su intento de volar el parlamento. A Moore también le agrada que la mascarita haya pasado a simbolizar el anarquismo. De nuevo cito a Imperator:
Guy Fawkes no es un símbolo de libertad, ni de anarquismo. Sólo puede ser concebido así por gente que lo ha vaciado previamente para convertirlo en un eslogan de la identidad que quieren transmitir. Guy Fawkes quería matar al rey y acabar con el Parlamento para poner otro rey y otro parlamento en su lugar, eso sí, afines a su secta preferida. Y luego llevar a cabo su propia represión, claro. No hay nada admirable en ese tipo, y lo que se celebra es que lo pillaron con las manos en la masa y lo ahorcaron.
Pero bueno, seamos justos: ninguno de los dos debería figurar ni mucho menos como el responsable de haber hecho de Guy Fawkes una especie de luchador por la libertad, sino que ya lo hicieron otros mucho antes:

   

Si ambos crecieron leyendo este tipo de cosas y jamás se interesaron por la figura histórica, pues me parece normal que hayan acabado pensando eso. En España, para mucha gente el Cid no es un personaje medieval, sino un símbolo íntimamente ligado al franquismo. Bien, pues esto es lo que yo llamo “mitos contestatarios”: consiste en coger a un personaje histórico cuyas ideas lo llevaron a enfrentarse bien a las fuerzas del orden, bien a las autoridades académicas que correspondan, lavarle la cara para quitarle los hechos menos presentables (en Fawkes, que era un radical católico; en Heyerdahl, que no le hicieron ni caso), inventarse lo que sea necesario y ya así, presentarlo como ejemplo de molonidad. ¡Con dos cojones!

Nótese que la religión contestataria no es una novedad en lo que hace, como se demuestra por ejemplo con las diversas interpretaciones hechas a partir de Nerón o Bruto; sino en el objetivo y en la forma. Cuando alguien manipulaba los hechos de las vidas de algún personaje histórico, lo hacía con el objetivo de justificar sus propias ideas sociopolíticas en la historia, intentando crear un verdadero mito fundacional basado en un personaje conocido dentro de la cultura a la que iba destinada el cambio. En la religión contestataria, personajes tan particulares como Fawkes, geográficamente, o Heyerdahl, académicamente, llegan a espectadores (pues suelen aparecer en películas) ajenos a esa cultura o no entendidos en una determinada especialidad académica con el simple objetivo de recaudar entradas de cine.

Una de las críticas más habituales a la globalización es la idea de que hacen de la cultura el equivalente de una pizza: van rellenando una masa de diversos componentes y lo que te sale al final es algo que puede estar rico, pero que no tiene en sí mucho estilo. Tal cual, a mí esta idea me parece un poco peligrosa porque ha llevado a ciertos rebotes puristas que no me gustan ni un pelo, pero podemos reformularla: un personaje histórico, un libro, un cuadro necesitan ser estudiados dentro de su contexto histórico. Fuera de ese contexto, puede quedar un personaje atractivo, un libro divertido o un cuadro bonito, pero los detalles pueden escaparse fácilmente.

Piénsese en Los Simpson. Es indudablemente una serie divertida, pero algunos de los temas que tratan están a veces muy enraizados en la cultura americana. Así, cuando en algunos capítulos Lisa habla en el equivalente inglés del lenguaje no sexista, en nuestro doblaje a veces parece una verdadera retrasada mental porque traducir el chiste exacto y darle pleno sentido se antoja imposible, como cuando creando un mundo de ficción con otra solitaria como ella, pusieron dos mary-sues como las gobernantes de una reinada. En español, “reinado” es un período de tiempo y no un lugar, pero es que “reino” ya parece el masculino de “reina” y no serviría para trasladar aproximadamente la gracia entre “kingdom” y el ficticio “queendom”. De hecho, parte de la crítica de que los últimos capítulos eran menos graciosos se deben, inconscientemente en el caso español, a que cada vez aprovechaban más el tirón de famosos que ocasionalmente no conocía ni el Tato fuera de los Estados Unidos. Lo que muchos espectadores admiran de las primeras temporadas no es sólo, ni mucho menos, la calidad, sino que empleaban exclusivamente arquetipos universales como el gordo idiota y calvo, la mujer relamida, la niña incomprendida y el gamberro cafre.

Un ejemplo que a mí me sulfuró en su día fue el famoso chiste de la camiseta del gordo de la tienda de tebeos. Años después, cuando fui a mirar qué cojones era tan gracioso, resultaba que había que conocer cierto libro infantil que era muy famoso por la anglosfera, como para nosotros lo es el de Petete.

Pues si estas cosas ocurren con la comedia, figúrense cuando hablamos de dramas con todas sus implicaciones sociales o, como en el caso de la película, de hechos reales. Los mitos contestatarios es una consecuencia tanto de la falta de ganas de entender implicaciones culturales más profundas que “era un tipo opuesto a las ideas de su época”, como una continuación de la mitología propia de Hollywood del héroe enfrentado al sistema que acaba triunfando a pesar de todo. Por ello, no puedo descartar si el autor de esta noticia ignora la historia verdadera de qué le ocurrió a Heyerdahl, sino que le da igual porque asume que al público le importan una mierda los hechos exactos. Que en Internet haya desinformados que te salen lo de “Recuerda el 9 de noviembre”, pues es inevitable. Que salga en la prensa profesional como hecho contrastado, es muy grave.

Por otro lado, la ignorancia siempre ha sido muy común. Habrá que ver quién es el próximo al que le toca ser un símbolo de lo contestatario. ¿Apuestas?

3 comentarios:

Lansky dijo...

En efecto, eso no merma la hazaña nautica de Heyerdal, pero esta no avala en absoluto su desprestigiada (ya por entonces, más ahora) teoría de conexión entre América y la Polinesia.

No dejes de leer prensa gratuita: deja de leer toda la prensa, al menos sin vacunarte antes

Ozanu dijo...

Pues precisamente tengo en reserva una declaración leída en un diario profesional.

Lu lú dijo...

Holaa soy nueva aqui, te importaria pasarte y decirme tu opinion? Gracias de antemano http://puedoynoquiero.blogspot.com.es/ :)