domingo, abril 7

Coda: Stephenie Meyer y la Biblia molonista.


Quiero completar mi anterior entrada con un breve ejemplo. Recientemente se ha estrenado en los cines La huésped, título original The Host, basada en una novela (por llamarlo de alguna manera) de Stephenie Meyer, famosísima por haber escrito Crepúsculo. El argumento: unos alienígenas invaden la Tierra y poseen a la humanidad mediante una curiosa habilidad, consistente en parasitar sus cuerpos. Las víctimas presentan un peculiar color azulado en sus pupilas, pero fuera de ello son humanos. No obstante, aquellos con una excepcional fuerza de voluntad son resistentes a este parasitismo, aunque han sido señalados como enemigos y han tenido que formar la Resistencia. Meyer decide centrar su novela en la relación entre una poseída, su alienígena y su novio, miembro de la Resistencia.

Dejémoslo ahí. Veamos, pregunta: una, dos y tres, ¿a alguien le suena este guión? Excepto por la parte romántica, se parece mucho a La invasión de los ultracuerpos. Puede que alguno diga que no tiene que ser necesariamente esta película, pues las historias de monstruos que poseen o sustituyen a un ser humano, sin que exteriormente haya cambios más que por el comportamiento o algún pequeño detalle, son bastante típicas. Sin ir más lejos, es un argumento típico en varias series fantásticas que el malo suplante a un bueno, incluyendo su apariencia, y se cuele en la base hasta que los compañeros del suplantado empiezan a barruntar algo raro. Que como haber, podría haber varias fuentes de inspiración. No obstante, ¿qué ha respondido la autora más vendida del momento? Que un día, aburrida durante un viaje, se le ocurrió la idea.

En efecto, así son los best-selladores del momento: con un morro que se lo pisan. Bien mirado, puede que Meyer no mienta. Ya hubo quien destacaba de la saga de los vampiritos que Rebeldesin causa es muy posiblemente gran inspirador de la trama, así que no me extrañaría que la propia autora no se dé cuenta de que está haciendo pastiches.

Otro ejemplo, ilustrativo por sí solo, es el de esa curiosa súper-producción basada en La Biblia, estrenada en Antena 3 la semana pasada. Por curiosidad y porque me conozco el fenómeno del hype, decidí consultar IMDB, una famosa web de crítica cinematográfica. La primera crítica que encontré decía lo siguiente:

Let's just take the scene with Lot and his family, hiding the Angels from the angry mob. The Bible clearly states that Lot offers up his daughters to the mob (to be raped) in order to save the Angels, but instead we get a sword slashing kung-fu scene that wipes out the mob. Genesis 19:1-11“Basta con examinar la escena de Lot y su familia, protegiendo a los ángeles de la turba enfurecida. La Biblia dice claramente que Lot le ofrece a la turba sus hijas (para que las violen) con el objetivo de salvar a los Ángeles, pero en su lugar nos ofrecen una escenita de mandobles a lo kung-fu que dispersa la turba. Génesis 19:1-11”

Al leer esto, no pude evitar recordar una entrada de SuperSantiEgo sobre las adaptaciones de El señor de los anillos, en la que comentaba que Peter Jackson muchas veces era incapaz de darse cuenta de qué pretendía Tolkien en las novelas. Citaba, por ejemplo, que Jackson sólo añadía efectos especiales cuando Galadriel se sentía tentada por el Anillo Único y que en términos generales no había entendido palabra alguna de lo que podríamos llamar los momentos “mágicos” del libro. Los productores de esta serie, sin duda, no tienen ni pizca de imaginación para interpretar la escena, que es lo mismo que un lector sensible siente cuando lee las circunstancias de la muerte de la madre de Dionisio. No hace falta ser creyente para entenderlo: asombro absoluto ante la fuerza desatada de la naturaleza, ya sea como fenómeno externo (rayos y truenos), como humano (una ceguera colectiva). Es justo mencionar que nuestros conocimientos pueden hacer que lo que asustaba a un hombre de hace cien años sea ahora una minucia, pero la sensación de terror ante lo incomprensible puede seguir usándose en la medida de lo posible.

¿Pero cuál es la solución de los guionistas de esta peculiar adaptación? Unos tipos lanzando espadazos. De quitar la parte de las hijas de Lot, ni hablo. Ambas anécdotas son ilustrativas, porque es imposible que nadie sepa, entre la enorme cantidad de colaboradores de cualquier producción televisiva, que ambas ideas fallan en lo fundamental. No obstante, se deja que los productos sigan adelante aunque sean espantosos y carentes de imaginación porque no se preocupan de la calidad. Se preocupan, por ejemplo, de la reacción de los padres antes las bazofias de Meyer, o por la opinión de las autoridades religiosas por la adaptación de La Biblia. Por memeces, en resumen.

Y no es culpa únicamente de la televisión. Todo el sistema cultural ha estado sufriendo bajo el yugo de lo que ambiguamente se llamaría políticamente correcto, por lo que yo prefiero llamarlo concretamente como la religión del “no ofenderás”. Como muchos clásicos (esto es, cualquier obra anterior al año 50 digna de ser recordada) incurren en visiones racistas o sexistas, hemos creado versiones modernas para el público sin señalar estos aspectos. Aunque sus intenciones eran nobles, está creando una generación que apenas conoce clásicos. Anteriormente, no todo el mundo leía La isla del tesoro o El principito, pero sabían que eran libros. Ahora, a lo mejor ni han oído hablar de estos libros, el primero por tener frasecitas acerca de una señora negra, y el segundo por ser demasiado corto para los cánones actuales de sagas de tropecientas mil  páginas.

Hay más productos artísticos/obras de arte*, pero significa poco un 99,99% de los mismos. El 0,01% restante se compone mayormente de obras correctas, pero que no son originales, y el resto quizás pasará a la historia.

*Pongo la barra porque yo, al no considerarme un experto en arte, me abstengo a discutir qué es arte y qué no, y si la palabra “producto” es adecuada.




2 comentarios:

Lansky dijo...

Frente a la simpleza de la Meyer, Alba acaba de editar una antología de S.F. rusa titulada 'Pioneros de la ciencia ficción rusa' estupenda, porque en efecto, eran pioneros, con relatos escritos entre el final del siglo XIX y comienzos del XX. Recomendables.

Ozanu dijo...

Le echaré un vistazo.