jueves, febrero 23

El peso de la mayoría absoluta.

Una de las peores consecuencias de la sociedad de masas es que todo aquello que es infrecuente pasa desapercibido, y lo que pasa desapercibido se considera inexistente. Bien lo saben en la Federación de Enfermedades Raras, que pide donativos ante la falta de financiación pública.

Otra, es que la necesidad de llegar a la mayor parte de la población puede ser, paradójicamente, un riesgo para la comunicación de ideas, porque, como expresó Joseph Goebbels, para llegar al más tonto de ellos hay que rebajar la idea a su nivel. De ahí, que muchas veces se lean en la prensa noticias cuya relación con el hecho ocurrido es tan lejana que parecen inconexos. Lo que ocurrió con Ofiuco es un buen ejemplo.

Muy relacionado con el anterior párrafo está el hecho de que la popularización de un artículo puede provocar que cada unidad del mismo sea menos elaborada que el mismo producto si fuera más minoritario, porque se prefiere la marca a la calidad. Véase el escándalo de los implantes PIP.

Pero lo peor es que hasta el individualismo se vende al por mayor, valga el oxímoron. Se puede comprobar yendo a cualquier página que presuma de ser revolucionaria o contraria al adocenamiento: todos reivindican, en líneas generales, que todo lo que hacen los demás es ilusorio y que el único, el auténtico, es uno mismo, simple y llanamente porque sí, porque es algo que lleva en sí mismo. Nada, al mismo tiempo, más falso y medio verdadero: la individualidad se trabaja y seguir la manada es también algo que llevamos dentro de nosotros.

Nadie vive sin aprender algo de los demás. Negar la realidad de los otros es caer en el narcisismo.

* No, el que lo más frecuente se identifique como lo normal es una de sus características.
* ¡Ya es desgracia que alguien así llevara razón!

2 comentarios:

Lansky dijo...

O como lo que le comento yo a CC en mi blog cunado afirma que cada vez se lee más:

Lo que abunda son lectores en estado infantil (lo compruebo mirando lo que lee la mayoría de la gente en el metro), que se han quedado ahí. Son los que convierten algunas novelas en best-sellers, todos leen lo mismo y son infinitamente peores, más vulgares y adocenados que mis amigos cabreros, que no leen nada porque son prácticamente analfabetos, pero piensan infinitamente más por su cuenta

Ozanu dijo...

Y no eres el único que lo dice. En La realidad estupefaciente, SuperSantiEgo se refiere a esa gente con el apelativo adultescente, pero además comenta su efecto en todas las artes, como cuando definió el remake de El planeta de los simios "La típica película con argumento para adolescentes de quince a cincuenta años, como Avatar.".