¡Última parte!
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En el cuarto de baño, se lavó la cara, y viendo que seguía presentable, recogió su abrigo, y se despidió de todos.
-Vuelve pronto, chiqui-le dijo su hermana antes de que ella saliera.
Bajó las escaleras de madera, y se dirigió al punto donde se encontraría con Piñero. Esperó unos cinco minutos, durante los cuales sus labios actuaron de puertas de entrada desde el averno a espíritus informes. Aún hacía frío, y no era raro que el aliento se condensara. Dentro de una hora, ya estaría anocheciendo.
A la hora justa, vio a Piñero. Este corrió a su encuentro, saltando en gráciles zancadas.
-¿Llevas mucho esperando?-le preguntó él.
-No, en absoluto. ¿Te ha dado tiempo a hacer algo?
-¿De deberes?
-Sí.
-¡No, en absoluto!
Comenzaron a andar, mientras hablaban de música. Sin las maletas, fueron algo más rápidos, y a los veintitrés minutos ya estaban allí. Asombrados, vieron allí a Déisdrol.
-¿Cuándo has llegado?-le preguntó Piñero.
-A las seis menos cuarto-respondió él.
-¡Sí que tienes prisa por ir!-comentó Clarisa.
-¡No, es que tenía un amigo que se retrasaba siempre un cuarto de hora! A final tenía que engañarle y citarle un cuarto de hora antes. La costumbre, ya veis.
Rieron alegremente, y partieron hacia la parada del autobús. Allí, una mujer vieja estaba sentada cómodamente, como en un sillón.
-¿Hace mucho que espera?-le preguntó Piñero.
-¿Eh?-respondió la mujer-¡Oh, no, sólo estoy sentada, descansando!
-Bueno, entonces, ¿ha visto pasar un autobús hace poco?
-No, no he visto ninguno… Sólo llevo un rato aquí.
-Vale, ¡gracias!
Esperaron de pie, montando guardia, a la espera del autobús. Al principio, se movían mucho, para estirar sus inquietas piernas; pero conforme el tiempo pasaba, se quedaron inmóviles, asemejando estatuas. La mujer se despidió y reemprendió su paseo, y ellos seguían con la vista en la calzada, con esperanzas de que el autobús apareciera.
Al fin, tras veintitrés minutos, llegó.
-¿Hay que levantar la mano para que pare?-preguntó Clarisa.
-Tú, por si acaso, levántala-aconsejó Déisdrol.
El autobús se detuvo. Afortunadamente, a esa hora del día esa línea no llevaba muchos pasajeros, e incluso encontraron asiento. Clarisa se sentó al lado de la ventana, Piñero a su derecha, y Déisdrol enfrente de ella, en sentido opuesto al movimiento del vehículo.
-¿No te mareas, Déisdrol?-le preguntó Clarisa.
-¡No! ¿Por qué?
-¡A mí me marea sentarme así, ya ves!
Clarisa apoyó su pequeño codo en la repisa de la ventana. Déisdrol apoyó las palmas de las manos sobre los muslos. Piñero se cruzó de brazos.
En ese momento, entró un grupo de jovenzuelos. Hacían mucho ruido, y hablaban todos a la vez, creando la impresión de un público charlatán.
-¡Hostia, tronco, no veas la que le cayó al Chino el otro día!
-¿Qué, tío?
-¡Tío! ¡¿No lo sabes?!
-¡No, tío!
-¡Tío, su vieja descubrió la maría!
-¿¡Sí, tío!?
Siguieron conversando un rato acerca del tal Chino y su madre, de sus hábitos, consistentes básicamente en el consumo de estupefacientes; y del precio de la cocaína en la calle, y de cómo a un “coleguita” se la había vendido el camello de turno a 12 euros el gramo. A Piñero, que no acostumbraba a montar en autobús, lo dejó estupefacto la conversación, pero más estupor le produjo la indiferencia generalizada del resto de los pasajeros, cada uno era un mundo aislado. A Clarisa y Déisdrol, habituados a los asistentes a conciertos más granados, y a los de las discotecas, respectivamente, no los escandalizó.
Con el tiempo, los “narcopijos” empezaron a hablar aún más rápido, y sólo se entendía un “¡Tío, tío!” confuso y casi gutural, semejante a un concierto de ranas.
“Si los griegos hubiesen conocido a esta gente”, pensaba Clarisa, “hoy en día bárbaro se diría tiotío.”
De pronto, obedeciendo a una voluntad colectiva, se levantaron a la vez y bajaron del autobús, liberando a los presentes de tener que sufrir su estupidez.
-¡Buf…!-suspiró Piñero.
-¡Si tú fueras a según qué conciertos…!-dijo Clarisa.
-¿Es que es aún peor que lo de estos muchachos?-preguntó una mujer madura.
-¡Horroroso! A veces, he preferido cambiar de un buen sitio a otro peor, para no asfixiarme con humo de porro.
-¡Qué vergüenza, adónde vamos a llegar!-se quejó la mujer, quien siguió con un discurso poco original y monótono acerca de sus tiempos, los actuales y las diferencias generacionales.
El autobús giró a la izquierda, y en ese momento Piñero se incorporó sobre el asiento.
-¡Ya llegamos!-dijo.
Pulsó el botón de parada que tenía al alcance de la mano. Durante un momento permaneció sentado encorvado, listo para levantarse. A los diez segundos, los tres estaban ante la puerta, y bajaron. Enfrente de ellos, estaba el estadio del Pelotilla.
El estadio era de color blanco lechoso, y medía unos doce metros de altura, y ocupaba un área de aproximadamente diez mil metros cuadrados. Sus paredes estaban pintarrajeadas con grafitis infames, obra de los hinchas más radicales, y algún gamberro ocasional. Esta rodeado por una valla de ladrillo de cuatro metros de altura.
La zona de entrenamiento estaba relativamente cerca. En la valla, varios espectadores contemplaban a los jugadores del Pelotilla, célebres por sus derrotas. El público era un perezoso gris y triste en el atardecer lento. Dentro del cerco, unos títeres danzaban penosamente mientras realizaban acciones ridículas, llevados por unos hilos manejados sin habilidad.
-Bien, ¿qué hacemos ahora?-preguntó Déisdrol.
-¡Vaya, me has pillado…! No lo sé, esperemos un rato. Quedaría mal que nos pusiéramos a gritar tras llegar al primer momento-dijo Piñero.
-¡Pues a mí me parece bien!-rebatió Clarisa.
-¡Mujer, no es preciso gritar para mostrar tu desacuerdo! ¡Espera que se acerquen, o algo…!
-¡No estoy de acuerdo!
Discutieron durante unos minutos, cuando de pronto el aire se vio roto por una onda de baja frecuencia, modulada como un exabrupto. El foco de origen era un cuerpo de grasa y suciedad, que consumía un cilindro de papel con una mezcla de planta aromática molida y aditivos artificiales.
-¡Inútiles, idiotas!-volvió a decir el individuo.
El exabrupto provocó resonancias en otros puntos del espacio. Dichas resonancias eran sumamente constructivas, y la intensidad se multiplicó, aunque tras la valla se volvían destructivas. En el campo, las marionetas se agitaron, como si la muñeca de la que pendían hubiese cedido al cansancio.
-¡Venga, por favor!-protestó entonces el entrenador, un hombre de un metro setenta, con bolsas en los ojos, calvicie y vestido con un chándal de color azul marino brillante.
-¿¡Qué “por favor”, ni nada!?-se oyó desde el público.
-¡Miren, señores! ¡Entiendo su decepción y los motivos que los han llevado aquí, pero no hacen ningún bien a los muchachos-el entrenador señaló a los jugadores, que intentaban seguir corriendo y hacían la vista gorda-llamándoles idiotas!
-¡Usted no puede prohibírnoslo!
-¡Por supuesto que puedo! Esto es propiedad del club, ¡faltaría más!
-¡Nos gustaría verlo!-resonó en diversos puntos entre el público.
Clarisa frunció el ceño.
-No puede echarlos-dijo.
-No, pero tampoco me parece justo que tenga que aguantar a estos idiotas-comentó Piñero.
Clarisa calló, y otorgó, como dice el refrán. No le resultada agradable tener que admitir que llevaba razón, y que su postura estaba equivocada.
En ese momento, un chico recién llegado se subió a la valla, para a continuación vociferar contra el equipo. Los títeres, ya superada su paciencia, rompieron los hilos y siguieron la voluntad de su euforia. Alrededor del joven se formó un tumulto.
-¡Vámonos, rápido!-ordenó Déisdrol, que era hábil para reconocer una situación realmente peligrosa.
Empezaron a caminar ligero, pero evitando echar a correr, por si acaso. Un hombre maduro, cerca, hacía lo mismo. Parecía la unión de las sombras de los tres.
-¡No hay derecho, la gente no es nada razonable!-se lamentaba.
-¡Qué gran verdad!-le comentó Piñero, y el hombre se volvió a ellos.
-¡Son unos exaltados! ¡No saben quejarse sin ser unos groseros!
-¡Yo quería quejarme, pero no así!-dijo Clarisa.
-¡Pues así es como se quejan! ¡A gritos, y con descalificaciones! ¡Subnormales!
-Yo quería gritar, pero para hacerles notar mi disgusto… No para insultar sin más…
-¡Y yo también! ¡Pero es imposible! ¡En esta ciudad, o eres tonto, o un energúmeno, por lo visto! ¡No hay término medio!
Ligeramente deprimidos, vieron cómo el hombre subía a su coche y se marchaba. Decidieron volver a sus casas dando un largo paseo. De todos modos, llegarían temprano a sus casas.
En las calles estrechas, la oscuridad era ya propia del crepúsculo, debido a la proyección de los edificios, y la inactividad de los minúsculos faros urbanos. Prefirieron por ello regresar por la avenida principal, por la cual aún se podía ver el final de la calle. En las ciudades, incluso en las pequeñas como la Ciudad del Churro, no puede hablarse de horizonte.
-¡En fin…! Esto ha sido perder el tiempo-comentó Clarisa.
-¡Oh, no creas!-dijo Déisdrol riendo-Yo lo habría perdido de todos modos, jugando con el ordenador o algo así.
-Yo tampoco puedo decir que sea muy trabajador-admitió Piñero.
El lucero del alba apareció, su haz constante contrastaba con la intermitencia de las estrellas.
-¡Oye, Déisdrol!
-¿Sí?
-¿Qué tal está Caín?
-¡Bien! ¿Por qué lo dices?
-¡No, por nada! Es que es algo distante…
-¡Bueno, es su forma de ser!
-¡Ya...! Lo digo para que no se margine.
-¡Qué va! Él es callado, pero se lleva bien con la gente. De hecho, va a dejarle un juego a Saray.
-¿Un juego…?
-Sí, el Tale of Snorf.
-Yo no entiendo de juegos…
-A mí tampoco me suena…-comentó Piñero-¿Es nuevo?
-¡No, de hecho salió en la Pega Pibe! Hace muchos años.
-No lo conozco. ¿Es muy bueno?
-¡Es graciosísimo! Te partes con el argumento.
-¿Es que es ridículo, o algo así…?-preguntó Clarisa.
-¡No, está pensado para provocar la carcajada! Como las comedias.
-¡Oh…! ¿Y cómo es… ese juego?
Entonces, Piñero y Clarisa pasaron el resto del paseo escuchando la narración de Déisdrol. Mientras tanto, el alumbrado artificial empezó a dotar el cielo de contaminación lumínica, y rescató de la sombra a las plantas primera y segunda de los edificios. Incluso llegó a alcanzar el suelo, formando oasis de claridad.
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Mientras tanto, Caín estaba haciendo los deberes, y estaba a punto de acabar. Los libros formaban ante él un arco iris de materias escolares.
“…Y el valor de x es 10”, pensó. “x=10”, escribió.
Punto y final. Tras repasar los ejercicios, recogió los libros, y metió algunos en la maleta delante de los cuadernos. Despejó la mesa, rodeada de material escolar, y decidió leer de nuevo un tebeo que le había gustado mucho. Este trataba de un joven que viajaba por un mundo fantástico donde buscaba las mandarinas del fénix, que podían conceder cualquier deseo (incluso los más perversos y delictivos). En su búsqueda, era ayudado por una muchacha tan espabilada como un pez de colores, y un chulo con tendencias suicidas.
“¡Un cachondeo!”, pensó él.
Leyó durante una hora, y tras acabar, decidió buscar un libro que tenía de pequeño. Hojeó durante un rato, pero no le apeteció al final. Volvió a la estantería, y encontró otro tebeo que también leyó. Entonces regresó al escritorio, y durante una media hora actuó así, como una abeja que recoge el polen para el panal, o como una hormiga que busca alimento para su hormiguero. Como un heminóptero, en resumen.
Entonces, decidió volver al salón, y encender el televisor. Aunque tenía uno en su habitación, lo reservaba para jugar. Era la hora de una serie de dibujos llamada Yu-Yu, que estaba adquiriendo cierta fama en el mundillo de los aficionados a la animación. Era una parodia amable de las series de ciencia ficción y de los relatos tradicionales del lejano Oriente.
Así, reía en la penumbra que cada vez lo envolvía más, hasta hacerse imperceptible en el sillón. Cuando la serie acabó, Caín percibió que había anochecido, y se levantó para encender la luz. La invasión fue tan súbita que sus ojos se rindieron durante unos instantes.
En las ondas no habría nada interesante durante el resto del día, pero decidió quedarse leyendo una revista en el salón, para cuando llegara la familia. Esta hablaba de las últimas novedades en videojuegos, aunque Caín se estaba planteando dejar de comprarla. En la red, uno podía encontrar todo, como si le preguntara al mismo Dios.
Aburrido de nuevo, decidió releer sus capítulos preferidos de un libro. En eso estaba, cuando oyó el portero automático. Se levantó de un salto, y arrojó el libro con habilidad sobre la mesa, dejándolo en la misma página en que lo tenía. Llegó hasta el interfaz, y tras comprobar que era su madre, abrió. Esta ascendió sin usar las piernas gracias al ascensor.
-¡Hola, mamá!
-¡Hola, Caín! ¿Qué tal la tarde?
-Provechosa.
-Bien… Ya estás mejor que yo. A la tienda ha ido poca gente. ¡Qué desastre!
Se sentó en el sofá y se quitó los zapatos.
-¡Buuuuf!-suspiró.
Jadeó un poco, y puso en orden sus pensamientos.
-Caín.
Él levantó la vista del libro.
-Tu padre se ha ido de casa, y no quiere volver. Yo tampoco quiero impedírselo.
Enarcó el joven una ceja como si estuviera oyendo la lluvia.
-Entiendo.
-En consecuencia, tenemos que salir adelante con la papelería.
-¡Claro, porque ni estás divorciada, ni mi padre tiene trabajo! Y aunque ambas condiciones e cumplieran, dudo horrores que nos pagara en efectivo la pensión.
La mujer asintió.
-¿Necesitas ayuda?-le preguntó él.
La incredulidad se hizo soberana del rostro de la mujer.
-Quizás, no vendría mal. Pero ahora lo más importante-ella se acercó a él-es que no le digas nada a tu hermana, ¿de acuerdo?
-Sí.
La mujer lo observó como a un problema sin aparente solución.
“Se lo ha tomado realmente bien”, pensó. “¡Es tan frío…! Su padre siempre lo ignoró, pero me preocupa…”
Suspiró otra vez, y se levantó para ponerse cómoda.
Caín volvió a la jaula donde encerraba aquello que le hacía, según él, estar en el punto de mira. Fue a la única ventana, y se asomó. No lamentaba tanto la separación ni la situación familiar, como sí el hecho de que siempre tuvo la esperanza de entenderse con su padre.
“¡En fin, a tomar por culo!”, pensó.
Fuera, Orión se había apoderado del cosmos que le era visible.
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A la mañana siguiente, el sol volvió a reivindicar su trono celestial, y la luna, como si sintiera nostalgia por su dominio, permaneció visible. Debajo de ellos, los hombres continuaban con sus quehaceres, en el mundo transitorio.
Los estudiantes también continuaban con su rutina, sobre todo por inercia, ya que el interés de varios estaba por los suelos. No para dedicarse de mayores a fregarlos, precisamente. Entre estos estaban los alumnos de la clase de cuarto de ESO, grupo Ñ, y lo cierto es que eran los árboles de uno de los vergeles de esa zona desertizada llamada oficialmente instituto. A su conserjería llegó Caín, y le pidió a un hombre alto, calvo y severo en apariencia que le diera las llaves y el parte de su clase.
Fue por el pasillo al fondo, subió las escaleras, despejados a esa hora, y llegó a la puerta de la clase. Pensó que, como siempre, no había nadie. Entonces oyó el saludo.
-¡Hola!-le dijeron a la par Clarisa y Piñero.
Caín parpadeó.
-¿Os habéis caído de la cama?
-¡No, es que ayer quedamos rendidos tras ir al estadio del Pelotilla!-comentó Clarisa-Nos fuimos a dormir muy rápido.
-¡Ah, sí! ¿Y qué tal os fue?
-¡Espantosamente! ¡Había mal ambiente, y nos fuimos unos minutos después de llegar!-explicó Clarisa.
-Ha salido en las noticias, ¿no lo viste?-dijo Piñero.
-No me llama el fútbol, la verdad…-respondió Caín.
-¿Y tú qué tal estás?-preguntó Clarisa.
-¡Bien! Como siempre, vamos.
-¿Estás seguro? ¿No tienes preocupaciones?
-¡No…!-respondió Caín encogido de hombros.
-¡En serio, si hay algo que te preocupe, cuéntalo! Es mejor que lo sueltes.
-¡Venga, Clarisa! ¡Déjale estar! Caín es ese tipo de chaval que no deja que nada lo preocupe-comentó Piñero-¡Si no fuera así, no lo habría votado para ser delegado!
-Yo más bien creo que me votasteis para no tener responsabilidades-acusó Caín muy serio.
-¡Venga, venga! ¡No nos tendrás rencor!
Piñero rió. Caín esbozó una mueca malvada mientras movía las cejas con picardía.
-¡Ya te vale!-dijo Piñero.
-¿¡Ves!? ¡A eso me refiero! Si no te gusta, ¿por qué no te quejas?-preguntó Clarisa.
-¡Me quejé! Pero no me escuchasteis. Además, tampoco está tan mal. La verdad es que no es, sin duda, algo tan pesado como os imagináis. ¡Es que sois unos quejicas!-los señaló con el índice.
-¡Vale, vale! Ya veo que aguantas bien lo que te echen.
-¡Es que no le veo el sentido, la verdad! Entiendo que a la gente, algunos días, no le apetezca levantarse de la cama, ¡pero es lo que hay que hacer! Además, llorar no sirve de nada. El trabajo seguirá pendiente, lo roto seguirá igual, y tu padre no volverá si ya está decidido.
Clarisa se quedó boquiabierta.
-¿¡Tu padre se ha ido de casa!?
-Sí, ¡ya ves! No es que esté muy afectado ni nada de eso…
-¿Hace ya tiempo?-preguntó Piñero.
-¡No, ayer!-Clarisa y Piñero se quedaron asombrados-¡Bueno, ahora que pienso…! Ayer fue cuando me lo dijo mi madre, no cuando se fue… Hará casi dos semanas.
-¿Era frecuente que no estuviera en tu casa?-preguntó Piñero.
-Sí, de siempre, pero en los últimos tiempos ha ido a peor, con peleas con mi madre. ¡En fin, es lo que hay!
Clarisa y Piñero se miraron admirados. Desde luego, tenía narices y aguante. Caín, sin embargo, abrió la puerta.
-¡Ah, sí!-dijo tras entrar-No se lo contéis a nadie, por favor. No tengo ganas de cotilleos.
Ellos se lo prometieron. Caín fue a su mesa, en la absurda clase de la pared curva, y abrió la mochila, y miró dentro. Empezó a pasear impaciente.
-¿Qué te ocurre?-le preguntó Piñero.
Se aproximó a él y echó un vistazo a la bolsa de fabricación industrial.
-¡Oh, un juego de la Pega Pibe! ¿Tale of Snorf? ¡Anda, Déisdrol estuvo hablándonos de este juego a la vuelta!
Clarisa se acercó con curiosidad.
-¿Puedo verlo?
-Sí, toma-le dijo Caín.
-¿Es verdad eso de que puedes cambiar a alguien por cosas?
-Sí, cuando llegas a la Isla del Trueque con Truco.
-¡Jopé! Oye, pues no he oído hablar de este juego en mi vida-dijo Piñero, que lo cogió después de que Clarisa hubiese estado mirando la carátula por delante, por detrás y dentro.
-Es que no tuvo publicidad… ¡Una lástima, porque te ríes mucho!
-¿A quién se lo vas a dejar?-preguntó Piñero de nuevo.
-A Saray, que sí lo conoce.
-¿Me lo dejarás después?
-¡Mmm…! ¡Ya veremos!
Piñero le siguió rogando, pero Caín siguió a lo suyo. Recuperó el juego, para entregárselo a Saray cuando llegó, casi a la primera hora. La muchacha se alegró muchísimo, y reiteró su agradecimiento. Ella, Cáin y Déisdrol hablaron un rato amigablemente, mientras Clarisa pensaba que quizás no hacía falta preocuparse, aunque quería enterarse de los detalles del festival intergaláctico de monstruos. Piñero hablaba con Luisma y otro chico de lo ocurrido en el entrenamiento, y Shasha seguía a lo suyo.
-¿Te lo pasaste bien en el estadio?-le preguntó de pronto.
Clarisa se quedó sorprendida. Shasha sonrió.
-¡Fue horrible!-y le relató punto por punto su odisea.
Había empezado otro día más en el instituto.
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Y se acabó. Como comenté, el último relato que tengo preparado es para Draug, así que él lo recibirá antes que nadie. De todos modos, como no tengo demasiado que hacer, es probable que en poco haya otro nuevo.
¡Hasta entonces!
miércoles, abril 30
martes, abril 29
¡Tercer aniversario! Cuarta hilaridad (II)
En efecto, aquí se puede leer a continuación:
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Las horas de clase transcurrieron monótonamente. Al acabar el colegio, cada uno se fue por su camino. Déisdrol y Caín volvieron juntos, según acostumbraban.
-Bueno, pues a hacer los deberes, y luego a buscar el juego-comentó Caín.
-Antes comerás, ¿no?
-Pues no sé…
-¿Estás a régimen?
-No, es que mis padres se pasan el día discutiendo últimamente, y cuando el ambiente se caldea, suelo preferir mi cuarto.
-¡Oh…!-exclamó Déisdrol-Lo siento, tío.
-No te preocupes, tampoco llega la sangre al río. De hecho, a mi padre le ha dado ahora por no estar casi nunca, ¡ya ves!
-Y tu madre, mientras tanto, ¿qué hace?
-Pues seguir a lo suyo, en la tienda. Me ha dejado encargado de todo, así que estoy como antes, pero moviéndome un poco más. Yo lo prefiero así, la verdad.
-¡Huuuuuum!-suspiró resignado Déisdrol, quien había barruntado el siguiente acontecimiento.
Como se comentó en otra ocasión, Caín vivía muy cerca del instituto. Vivía en un bloque de pisos llamado hasta hace unos pocos años La casa de los Chisposos, ya que se edificó para las familias de los antiguos operarios de la compañía eléctrica. En la actualidad, dichos trabajadores estaban ya jubilados, y en la mayoría de los pisos vivían sus herederos. El bloque era de ladrillos, de veinte pisos, con dos alas que se repartían dos de las fachadas para sus balcones. Una de las fachadas asomaba los balcones a la calle en sí, pero la otra apuntaba a las ruinas de un antiguo economato. En verdad, el edificio presentaba otros detalles, aparte de los balcones orientados del modo contrario al esperado, que revelaban cierta falta de atención durante la obra de construcción. Por ejemplo, habitaciones individuales justo al lado de la puerta del rellano, en vez de la cocina. Quizás era un intento de habitación para invitados. Los propios balcones, en el ala correctamente orientada, estaban construidos a continuación de la cocina. Quizás el arquitecto quiso innovar en su tiempo, pero a Caín le parecían detalles extrañísimos.
Una vez llegaron a la puerta del bloque, se despidieron. Caín pulsó el botón de su piso en la superficie metálica del interfaz denominado portero automático.
-¿Sí?-oyó decir a su madre.
-¡Abre, soy yo!
Un segundo de silencio, y entonces se oyó el zumbido. La puerta cedió simplemente con su peso. Subió por bloques de piedra tallados y ornamentados, apoyándose en un fragmento largo de madera barnizada. Su casa estaba en el piso noveno, y aunque había ascensor, no le gustaba usarlo. Tres minutos después, vio la entrada abierta, y pasó cerrándola.
-¡Hola, mamá!-saludó. La madre estaba sentada en la mesa, tomando el almuerzo.
-Hola, Caín. ¿Cómo te ha ido hoy?
-Como siempre-respondió él, y depositó la mochila blanca sobre la silla más cercana-, muy aburrido. Los ejercicios son muy fáciles.
-Ten cuidado, que sueles confiarte demasiado… Sé que eres muy capaz, pero todo el mundo necesita trabajar un mínimo para lograr resultados.
-¡Ya, ya!-dijo, y miró a su alrededor-¿Hoy tampoco está?
-¡No, hijo, no está!-la madre suspiró, haciendo un malabar con el tenedor que iba a amerizar en la sopa. Sus ojos se asomaron en los rabillos más lejanos a Caín-Hoy tampoco.
-¡Ajam…!-dijo Caín, muy tranquilo.
La madre se quedó mirándolo. La sopa seguía enfriándose.
“Esto no puede continuar así”, pensó ella. “Con la chica aún debo esperar, pero parece que él ya ha asumido las circunstancias.”
-Caín, ¿vas a sentarte?-quiso preguntar ella.
-¡Sí, ya, ya voy a sentarme!-dijo él-Pero antes cogeré la comida, ¿no?
La madre observó cómo fue a la cocina y se sirvió él mismo. Rápidamente, volvió y se sentó frente a ella, y sin decir nada más, empezó a almorzar.
“Ahora no”, pensó ella. “No quiero arruinar la comida. Demasiadas veces se ha ido al garete.”
-¿Cómo te va en clase?-decidió preguntar, sin mucho interés.
-Bien, ya te lo he dicho.
-¿Y con los compañeros?
-Mejor que el año pasado, son formales. Hay algún payaso, pero no les dan cancha. De momento, ningún gamberro.
-¿Y son aplicados?
-En eso, cada uno es un mundo. ¡Pero vamos, más que el año pasado, desde luego!
-Me alegro. Me has quitado otro peso de encima.
-¿Otro…?
-¡Eh, quiero decir que me alegra que sean formales, y también que sean aplicados! Me preocupaba que tuvieras que pagar por un nivel bajo, como en el anterior curso.
-¡Ah…!
Siguieron comiendo.
“Quizás debería decirle ahora mismo que su padre se ha desentendido de nosotros, y que estamos separados”, pensó la madre.
No obstante, siguieron comiendo sin dialogar más. Así, como dos desconocidos en un comedor, sentados el uno frente al otro. Cuando acabaron, se levantaron y llevaron los platos al fregadero. Antes de lavarlos, la madre se quedó un rato sentada, descansando. Caín la acompañaba, dejando reposar la comida.
-¿Cómo te ha ido a ti en la tienda?-preguntó él, de pronto.
La madre se sorprendió.
-Regular, hijo. He vendido, pero no demasiado. La verdad es que estoy más cansada de aburrimiento, que de esfuerzo.
-¡Ajam…!-dijo él, mirando tranquilo el techo.
La madre volvió a observarlo, y se prometió a sí misma que le contaría (o confirmaría) su nueva situación marital ese mismo día, pero le pareció mejor decírselo por la noche, cuando hubiese vuelto de trabajar. Para entonces, Caín ya habría echado la tarde, y su hija Mercedes aún estaría en casa de una amiga.
Media hora después, se levantó para lavar los platos. Solo, Caín recordó el trato con Saray, y fue a su habitación. Esta estaba a la derecha del pasillo, y era pequeña, pero suficiente. A la derecha, había una estantería con libros, tebeos, y juegos. A la izquierda, el armario de la ropa. Ambos muebles creaban a quien entraba el espejismo de que pasaba por el espacio dejado por dos columnas geminadas. Un poco más adelante, una cama de colcha azul y sábanas blancas. El diseño era modesto, con patas cuadradas, y una cabecera rectangular. Al fondo había un escritorio, consistente en una simple mesa y una silla móvil, que originariamente, formó parte de una oficina donde trabajó el padre de Caín. En una esquina, había un televisor pequeño, de pantalla de catorce pulgadas. En principio, era también de su hermana, pero él disfrutaba de la mayor parte del usufructo por su afición a los videojuegos. Estaba situado en una cómoda. Debajo, había un par de consolas.
Giró a la derecha, y entre las murallas ilustradas no le costó encontrar su objetivo. Caín era bastante ordenado. Los juegos de la ya entonces vieja consola Pega Pibe estaban en la repisa inferior, y la carátula llamada Tale of Snorf estaba situada la primera a la izquierda, en representación de una línea apoyada a la derecha.
Era el último juego de dicho sistema con el que había jugado, que no el último que había comprado. Lo cierto es que la Claymotion tenía una buena oferta, pero de momento no se había reído tanto como con ese juego. Los gráficos palidecían incluso para la época en que salió, y el sistema de juego en sí era muy simple, de hecho, demasiado. Pero el argumento era sencillamente desbordante, una parodia clara de los juegos de rol clásicos, con un grupo de antihéroes singulares: Un protagonista perezoso y nada voluntarioso, su feo y simple amigo de la infancia, una muchacha medio loca y un coro de secundarios desquiciados. Cada situación estaba claramente inspirada en los tópicos del género.
Abrió la carátula, y examinó el manual de instrucciones. “No está demasiado arrugado”, pensó tras sacarlo. En su día, lo releyó por lo menos cuatro veces, y otras tantas en posteriores. Se alegró de que no sufriera “efecto otoñal”, metáfora empleada por un foro de la red poblado por ingeniosos usuarios para describir la caída de las hojas de los tomos de tebeos.
En ese momento, su madre entró en su cuarto.
-Caín, te veo esta noche-le dijo ella.
Él asintió sin mirarla. Ella se acercó silenciosamente, y le puso la mano en el hombro.
-Tengo que contarte una cosa importante luego. Te lo digo porque prefiero que para entonces hayas hecho todo lo que debas y quieras hacer, ¿de acuerdo?
-¡Vale!-respondió él, consternado.
-Bueno, ya es hora-su madre miró el reloj.
Salió de la habitación acompañada. Antes de salir, la madre le dio un beso. Él la vio bajar, y cuando la perdió de vista, cerró la puerta. Se asomó por la ventana, la siguió con la mirada hasta que estuvo lejos. La tienda de su madre estaba cerca, a sólo dos calles.
“¿Qué querrá contarme?”, pensó él. “No creo que sea por los estudios. ¿Algo familiar? ¿Algún bautizo o comunión?”
Por lo que dijo, parecía que iban a hablar largo y tendido.
“Será mejor que haga los deberes antes que nada”, concluyó, y volvió a su cuarto tras recoger la mochila de la silla donde la dejara antes.
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Por su parte, Clarisa también volvió acompañada. Piñero y ella vivían en el mismo barrio, y al poco de encontrarse en la nueva clase, cogieron la costumbre de volver juntos.
-¿Se ha enterado bien Déisdrol?-preguntó ella.
-Sí, no te preocupes.
-¡Se ha ido tan rápido…!
-Cosas de Caín, que le gusta salir pronto.
-También le gusta llegar pronto.
-¡Ya ves!
Caminaron. Su barrio estaba situado a media hora a pie. Era un área en la cual había bloques de pisos escasamente agrupados, haciendo que un peatón se sintiera por la zona como un campista cuando llega a un claro del bosque. Por ello, gran parte del terreno era zonas comunes, permitiendo el juego libre de los niños, sin temer el tráfico rodado.
-Tú conoces a Caín, ¿no?-preguntó ella.
-Bueno, del curso pasado. Sé cómo es, pero no demasiados detalles de su vida.
-Oye… ¿Crees que le ha sentado muy mal que lo hayamos elegido delegado?
-No, ¿por qué preguntas eso?
-Bueno, es tan arisco…
-¡No, no te preocupes! Se comporta así por lo que le pasó el año pasado.
-¿Tan mala era tu clase?
-¿Mala? ¡Era lamentable! Figúrate que en esa clase, yo era buen alumno.
-¡Hombre, tan malo no eres…! Si estudiaras algo más…
-Lo que quiero decir es que la mayor parte de los alumnos no hacían nada. Nada de nada. Pura dejadez.
-¡Joder! ¡Pues entonces yo tuve suerte! En mi clase éramos normalitos, pero como mínimo avanzábamos. Había un gandul, pero a mitad de curso se desentendió-dijo ella, y calló un momento-Bueno, la verdad es que antes de irse, tampoco causaba problemas…-concedió ella.
-Sí, y este año has vuelto a tenerla. Y nosotros la hemos tenido.
-Déisdrol, Caín, y tú, ¿no?
-Y también este chico… Este…
-¿Quién?
-Ese que está a la izquierda de Celsio…
-No me acuerdo… Creo que no sé cómo se llama. ¿Estuvo contigo el año pasado?
-Sí, pero nadie lo llamaba por el nombre. Tenía un mote por algo que ocurrió en el negocio de su padre, o algo así… ¡Mira, da igual! Pues este muchacho, también.
-¡Ajá!
-Y ya que lo he nombrado, Celsio y Saray también han tenido suerte.
-Y Shasha, ahora que pienso. ¡Jolines, ¿han juntado a todos los que valían la pena en una sola clase?!
-No lo sé, la verdad…
Siguieron andando sin hablar, mientras pasaban por dos semáforos. Clarisa entonces se mordió el labio.
-¿Y qué pasó entonces, la tomaron con Caín?-preguntó ella.
-Más que eso, fue una putada concreta que le hicieron. Verás, fue en el festival intergaláctico de monstruos…
-¿El qué?-preguntó ella, con la boca torcida.
-¡El concurso intergaláctico de monstruos!
-¿De qué puñetas hablas?
-¿No os enterasteis en vuestra clase?
-¡No!
-¡Con razón decían que estabais en la parra!
-¡No estábamos en la parra, estábamos estudiando!
-¡Seguro que tampoco estuvisteis en el día de las torturas!
-¡Joder, mira que erais raritos, todo el día haciendo el imbécil!
-¡Da igual!-Piñero alzó los brazos, y retomó su explicación-Mira, se celebró un concurso con representantes de otros mundos, para determinar cuál era el más horrendo.
-¡No… no lo sabía! ¿Seguro que no era gente de otro instituto disfrazada de payasos?
-¡No! Verás, de nuestra parte fue Caín…
-¡Caín no es feo! No es que esté buenorro, pero…
-¡Ya, ya! Si fue por sus ojos. Ese año tenía unas ojeras horribles, ya que no podía dormir entre la tensión que le causaba el patetismo del resto de la fauna de nuestro curso y las peleas de sus padres, y daba lástima verlo. Tenía ataques de agresividad, y con esos ojos tan irritados, flanqueados por orzuelos y ojeras parecía un zombi. Acojonaba lo bastante para que todos nos fuéramos al otro lado.
-¡Jo, el pobre!
-En esas estábamos cuando llegó la noticia del concurso, y tuvimos la brillante idea de enviarlo para ver si ganaba el premio, que era muy cuantioso. Cuando oyó que podía ganar dinero fácilmente, se alegró, y aceptó enseguida. Incluso acordamos que nos los repartiríamos entre los implicados, dándole a él una parte diez veces mayor.
-¡Qué generosos!
-Pues empezó el concurso, ¡y no veas qué candidatos! Pero Caín los superó a todos, como el feroz insomne que era (lo usó incluso como nombre artístico). ¡Pero no ganó! ¡Cuánto lo lamentamos!
-¿Por qué?-preguntó Clarisa, viendo que Piñero se tapaba la cara.
-¡Por el jurado! La mayoría de miembros eran del instituto, ¡y votaron en contra!
-¿¡Por qué!?
-Porque le iba a dar mala imagen al instituto-dijo Piñero, y Clarisa se quedó boquiabierta.
-¡Qué chorrada!
-Supongo que por eso quedó ocultado al público-siguió Piñero.
-¿Y tú cómo lo sabes? ¿Te lo contó Caín? ¿La historia?
-¡No qué va! Fue ese chico que también estuvo con nosotros el año pasado, de cuyo nombre no consigo acordarme, también estaba en el ajo. Yo sospeché algo cuando leí el nombre del ganador, fui a preguntarle a él, y nos lo confirmó. Yo estaba con el grupo hablando, y nos quedamos sorprendidos. No nos esperábamos semejante final.
-¡Joder, qué corruptos, eso es trampa!-se quejó Clarisa-Bueno, ¿y quién ganó?
-Pues no lo sé bien, la verdad, el asunto me dio asco y no quise saber más. Caín tuvo la impresión de que tanto sufrimiento no le valió para nada, y quedó algo traumatizado.
-Entiendo…-dijo Clarisa, y reflexionó.
En ese momento llegaron a su barrio, y se pararon un rato.
-Quizás deberíamos haberlo invitado o algo, ya sabes… Romper el hielo-propuso ella.
-¡Déisdrol lo ha intentado, pero no estaba para nadie! Estaba hablando con Saray, creo…
-¡Oh! Pues entonces, para la próxima vez.
-No sé, no le gusta el fútbol…
-¡Vaya!
-Bueno, mira, ya veremos en otra ocasión. Me voy a comer, te veré después.
-¡Venga! A las seis y veinte.
-¡De acuerdo!
Cada uno se fue a su casa. Clarisa entró en su bloque con su propia llave. La portería era espaciosa, con una planta en una maceta. Había cristaleras que dejaban que el sol dotara de vida la estancia. Clarisa subió por las escaleras. Su piso estaba en la tercera planta.
Abrió también la puerta de su casa. Dentro, cuatro personas miraban la puerta.
-¡Hooola!-los saludó ella.
-¡Hola, Clarisa!-saludó un hombre de estatura media, complexión normal y moreno.
-¡Hola, chiqui!-le dijo una mujer parecida a Clarisa.
-¡Hola, tía!-dijeron a la par dos niños.
-¡Hola, sobrinos!-dijo Clarisa, y besó a ambos, y a la mujer.
-¿Qué tal te ha ido?-le preguntó la mujer.
-Como siempre, Tania: Más o menos entretenido.
-¡Ajam…! Bueno, luego llamaremos a papá y mamá, ¿vale?
-Sí, vale… ¿Y a ti cómo te ha ido, cuñado?-le preguntó Clarisa al varón.
-¡Bien, he vuelto muy pronto, ya ves!
-¡Venga, que sólo faltas tú en la mesa!-le dijo Tania.
Clarisa fue a su cuarto, y dejó la maleta sobre la cama. Volvió a la mesa tras lavarse las manos. Cogió la silla sobrante, y se acercó en la mesa.
-¡Siempre me dejáis la silla que está floja!-se quejó al sentarse.
-¡Si llegaras antes…!-le dijo Tania.
-¡Eh, que salgo a las tres de la tarde, y estoy a media hora!
-¡Pues no te pares con nadie, y vuelve corriendo! Así llegas en diez minutos.
-¡Y con la lengua fuera!
-¡Pero empiezas a comer en siete minutos, desde la calle!
Siguieron picándose la una con la otra, mientras el resto reía alegremente.
-¡Bah, da igual…!
-¿Por qué da igual?-preguntó Tania.
-¡Esta tarde me voy al entrenamiento del Pelotilla!
Todos la miraron sorprendidos.
-¡Anda!-dijeron los niños.
-¿Vas a animar?-preguntó su cuñado.
-¡No, Juan! ¡Voy a quejarme de lo mal que juegan!
-¡Sí, es cierto! El partido de ayer fue un desastre, hoy lo estaban comentando en el trabajo.
-¡Yo he querido defender el Pelotilla en el colegio, pero casi nadie me ha ayudado!-dijo el niño, llamado Rodrigo por el abuelo de Juan.
Tania los miró a todos, y no pudo contenerse.
-¡No me puedo creer lo que os gusta el fútbol! ¡No sé lo que veis! ¿Verdad, Dunia?-le preguntó a su hija, llamada así por la abuela de Tania y Clarisa.
-Bueno, la verdad es que veo muchos partidos últimamente…-dijo ella.
Tania se quedó asombrada, y los miró a todos.
-¡Únete a nosoooooooootroooos…!-le dijo Clarisa agitando los brazos delante de ella.
-¡Úúúúúúúúneteeeee…!-dijeron los niños a la par.
-¡Payasos!-se quejó Tania.
Estaban imitando la escena de la película de vampiros que tanta gracia les había hecho la semana anterior. Juan se echó a reír.
-¡Bueno…!-continuó Tania-Dime, ¿vas a ir sola?
-¡No, con dos amigos!-respondió ella.
-¿Vas con Piñero?
-Sí, y otro chaval.
Tania se quedó callada, reflexiva.
-Te llevas muy bien con él, ¿eh?-le comentó entonces con camaradería, tocándola con el codo en el antebrazo.
-¡Ya estás otra vez!-se quejó Clarisa-¡Cuántas ganas tienes de librarte de mí!
-¡Anda, anda! Sólo estaba bromeando.
-¡Ya, pero el año pasado quisiste liarme con ese chaval…! ¿Cómo se llamaba…?
-¡Estás imaginándote cosas!-le dijo Tania burlonamente, señalándola con la cuchara.
-¡No, sabes que es cierto! También decías cosas como que iba a morrearme con él…
-¡Ah, sí!-dijo Juan-Ese muchacho tan escuálido… No le vendría mal engordar…
-¡Qué raro! No consigo acordarme de su nombre… ¡Si hablé mucho con él…!-dijo entonces Clarisa.
-¡Si no te acuerdas tú, figúrate nosotros!-le comentó Tania-Bueno, es igual. ¿Quién es el otro chaval?
-Déisdrol.
-No me suena…
-Lo he conocido este año.
-¿Cómo es?
-Parece un juerguista, jamás está serio.
-¡Vaya…! Se habrá juntado con todos los graciosos de la clase.
-¡Pues no, precisamente todo lo contrario! Habitualmente está con un chico llamado Caín, muy serio y callado, con ojeras… Parece un tristón, desde luego…
-Como el símbolo del teatro, ¡qué buen contraste!-comentó Juan.
Todos lo miraron con una interrogación.
-¿Nunca habéis visto esas dos caras, una sonriente y la otra triste? ¡El símbolo del teatro! ¡La comedia y la tragedia, respectivamente! ¡Tenéis que leer más!-se defendió él.
-¡Miradlo! ¡El señor licenciado universitario! ¡Perdone que nuestra ignorancia lo sorprenda!-dijo Tania, juntando las manos como un plebeyo dirigiéndose a un señor.
-¡Pero si es algo básico!-se quejó él.
Siguieron comiendo, y estaban acabando cuando Tania preguntó por última vez.
-¿A qué hora te vas?
-A las seis tengo que estar enfrente del instituto-respondió Clarisa.
-No vuelvas muy tarde, ¿eh?
-¡No, no! Por eso me voy temprano.
-¡Y ten cuidado, que de vez en cuando se arman barullos en esos sitios!
-¡Bah, no creo! Los aficionados ya están muy acostumbrados…
-Bueno, en eso tienes razón, Tania: Es increíble ver cómo la gente se exalta por el fútbol-dijo Juan-Lo realmente curioso, eso sí, es que luego son personas normales y corrientes en su vida normal. ¡El fútbol los transforma!
-¡Pues yo no me vuelvo así! ¡A mí me gusta el fútbol porque me divierte, no porque quiera destrozar a nadie ni nada!-protestó Clarisa.
-¡Lo sé, lo sé…! Pero a esta gente sí los transforma, ¡de veras!
-¡Burros, los hay en todas partes! ¡No es exclusivo del fútbol!
-¡Sí, ya lo sé…! Ocurre que algunos sólo se comportan así cuando hay partido.
-¡Ya les vale…!
En ese momento, Clarisa cogió su plato y lo llevó a la cocina. Miró el reloj, eran las cuatro y cuarto. Le daba tiempo a acabar los ejercicios de lengua.
En su habitación, Clarisa tenía las paredes ocultas por la cantidad de pósteres presentes. Algunos eran de fútbol, otros de alguna película que le hubiese gustado en su momento, y de discos de música, especialmente de un grupo alternativo llamado El grito del maricón obtuso.
Aparte, había un armario de ropa, una estantería con discos y películas, sazonadas con algún libro, y un escritorio al lado de la cama, al lado de la pared del fondo. Sobre la silla descansaba la mochila, cargada de un saber que, aunque Clarisa no lo sabía, le parecería simple años después.
Tras retirarla, y sacar el material de lengua, Clarisa encontró mucho más simples los análisis sintácticos. Pudo acabarlos sin demasiadas dificultades en media hora. En la siguiente media hora hizo cuantos pudo de matemáticas. Ya eran las cinco y cuarto cuando detuvo su estudio.
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Mañana, la última parte.
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Las horas de clase transcurrieron monótonamente. Al acabar el colegio, cada uno se fue por su camino. Déisdrol y Caín volvieron juntos, según acostumbraban.
-Bueno, pues a hacer los deberes, y luego a buscar el juego-comentó Caín.
-Antes comerás, ¿no?
-Pues no sé…
-¿Estás a régimen?
-No, es que mis padres se pasan el día discutiendo últimamente, y cuando el ambiente se caldea, suelo preferir mi cuarto.
-¡Oh…!-exclamó Déisdrol-Lo siento, tío.
-No te preocupes, tampoco llega la sangre al río. De hecho, a mi padre le ha dado ahora por no estar casi nunca, ¡ya ves!
-Y tu madre, mientras tanto, ¿qué hace?
-Pues seguir a lo suyo, en la tienda. Me ha dejado encargado de todo, así que estoy como antes, pero moviéndome un poco más. Yo lo prefiero así, la verdad.
-¡Huuuuuum!-suspiró resignado Déisdrol, quien había barruntado el siguiente acontecimiento.
Como se comentó en otra ocasión, Caín vivía muy cerca del instituto. Vivía en un bloque de pisos llamado hasta hace unos pocos años La casa de los Chisposos, ya que se edificó para las familias de los antiguos operarios de la compañía eléctrica. En la actualidad, dichos trabajadores estaban ya jubilados, y en la mayoría de los pisos vivían sus herederos. El bloque era de ladrillos, de veinte pisos, con dos alas que se repartían dos de las fachadas para sus balcones. Una de las fachadas asomaba los balcones a la calle en sí, pero la otra apuntaba a las ruinas de un antiguo economato. En verdad, el edificio presentaba otros detalles, aparte de los balcones orientados del modo contrario al esperado, que revelaban cierta falta de atención durante la obra de construcción. Por ejemplo, habitaciones individuales justo al lado de la puerta del rellano, en vez de la cocina. Quizás era un intento de habitación para invitados. Los propios balcones, en el ala correctamente orientada, estaban construidos a continuación de la cocina. Quizás el arquitecto quiso innovar en su tiempo, pero a Caín le parecían detalles extrañísimos.
Una vez llegaron a la puerta del bloque, se despidieron. Caín pulsó el botón de su piso en la superficie metálica del interfaz denominado portero automático.
-¿Sí?-oyó decir a su madre.
-¡Abre, soy yo!
Un segundo de silencio, y entonces se oyó el zumbido. La puerta cedió simplemente con su peso. Subió por bloques de piedra tallados y ornamentados, apoyándose en un fragmento largo de madera barnizada. Su casa estaba en el piso noveno, y aunque había ascensor, no le gustaba usarlo. Tres minutos después, vio la entrada abierta, y pasó cerrándola.
-¡Hola, mamá!-saludó. La madre estaba sentada en la mesa, tomando el almuerzo.
-Hola, Caín. ¿Cómo te ha ido hoy?
-Como siempre-respondió él, y depositó la mochila blanca sobre la silla más cercana-, muy aburrido. Los ejercicios son muy fáciles.
-Ten cuidado, que sueles confiarte demasiado… Sé que eres muy capaz, pero todo el mundo necesita trabajar un mínimo para lograr resultados.
-¡Ya, ya!-dijo, y miró a su alrededor-¿Hoy tampoco está?
-¡No, hijo, no está!-la madre suspiró, haciendo un malabar con el tenedor que iba a amerizar en la sopa. Sus ojos se asomaron en los rabillos más lejanos a Caín-Hoy tampoco.
-¡Ajam…!-dijo Caín, muy tranquilo.
La madre se quedó mirándolo. La sopa seguía enfriándose.
“Esto no puede continuar así”, pensó ella. “Con la chica aún debo esperar, pero parece que él ya ha asumido las circunstancias.”
-Caín, ¿vas a sentarte?-quiso preguntar ella.
-¡Sí, ya, ya voy a sentarme!-dijo él-Pero antes cogeré la comida, ¿no?
La madre observó cómo fue a la cocina y se sirvió él mismo. Rápidamente, volvió y se sentó frente a ella, y sin decir nada más, empezó a almorzar.
“Ahora no”, pensó ella. “No quiero arruinar la comida. Demasiadas veces se ha ido al garete.”
-¿Cómo te va en clase?-decidió preguntar, sin mucho interés.
-Bien, ya te lo he dicho.
-¿Y con los compañeros?
-Mejor que el año pasado, son formales. Hay algún payaso, pero no les dan cancha. De momento, ningún gamberro.
-¿Y son aplicados?
-En eso, cada uno es un mundo. ¡Pero vamos, más que el año pasado, desde luego!
-Me alegro. Me has quitado otro peso de encima.
-¿Otro…?
-¡Eh, quiero decir que me alegra que sean formales, y también que sean aplicados! Me preocupaba que tuvieras que pagar por un nivel bajo, como en el anterior curso.
-¡Ah…!
Siguieron comiendo.
“Quizás debería decirle ahora mismo que su padre se ha desentendido de nosotros, y que estamos separados”, pensó la madre.
No obstante, siguieron comiendo sin dialogar más. Así, como dos desconocidos en un comedor, sentados el uno frente al otro. Cuando acabaron, se levantaron y llevaron los platos al fregadero. Antes de lavarlos, la madre se quedó un rato sentada, descansando. Caín la acompañaba, dejando reposar la comida.
-¿Cómo te ha ido a ti en la tienda?-preguntó él, de pronto.
La madre se sorprendió.
-Regular, hijo. He vendido, pero no demasiado. La verdad es que estoy más cansada de aburrimiento, que de esfuerzo.
-¡Ajam…!-dijo él, mirando tranquilo el techo.
La madre volvió a observarlo, y se prometió a sí misma que le contaría (o confirmaría) su nueva situación marital ese mismo día, pero le pareció mejor decírselo por la noche, cuando hubiese vuelto de trabajar. Para entonces, Caín ya habría echado la tarde, y su hija Mercedes aún estaría en casa de una amiga.
Media hora después, se levantó para lavar los platos. Solo, Caín recordó el trato con Saray, y fue a su habitación. Esta estaba a la derecha del pasillo, y era pequeña, pero suficiente. A la derecha, había una estantería con libros, tebeos, y juegos. A la izquierda, el armario de la ropa. Ambos muebles creaban a quien entraba el espejismo de que pasaba por el espacio dejado por dos columnas geminadas. Un poco más adelante, una cama de colcha azul y sábanas blancas. El diseño era modesto, con patas cuadradas, y una cabecera rectangular. Al fondo había un escritorio, consistente en una simple mesa y una silla móvil, que originariamente, formó parte de una oficina donde trabajó el padre de Caín. En una esquina, había un televisor pequeño, de pantalla de catorce pulgadas. En principio, era también de su hermana, pero él disfrutaba de la mayor parte del usufructo por su afición a los videojuegos. Estaba situado en una cómoda. Debajo, había un par de consolas.
Giró a la derecha, y entre las murallas ilustradas no le costó encontrar su objetivo. Caín era bastante ordenado. Los juegos de la ya entonces vieja consola Pega Pibe estaban en la repisa inferior, y la carátula llamada Tale of Snorf estaba situada la primera a la izquierda, en representación de una línea apoyada a la derecha.
Era el último juego de dicho sistema con el que había jugado, que no el último que había comprado. Lo cierto es que la Claymotion tenía una buena oferta, pero de momento no se había reído tanto como con ese juego. Los gráficos palidecían incluso para la época en que salió, y el sistema de juego en sí era muy simple, de hecho, demasiado. Pero el argumento era sencillamente desbordante, una parodia clara de los juegos de rol clásicos, con un grupo de antihéroes singulares: Un protagonista perezoso y nada voluntarioso, su feo y simple amigo de la infancia, una muchacha medio loca y un coro de secundarios desquiciados. Cada situación estaba claramente inspirada en los tópicos del género.
Abrió la carátula, y examinó el manual de instrucciones. “No está demasiado arrugado”, pensó tras sacarlo. En su día, lo releyó por lo menos cuatro veces, y otras tantas en posteriores. Se alegró de que no sufriera “efecto otoñal”, metáfora empleada por un foro de la red poblado por ingeniosos usuarios para describir la caída de las hojas de los tomos de tebeos.
En ese momento, su madre entró en su cuarto.
-Caín, te veo esta noche-le dijo ella.
Él asintió sin mirarla. Ella se acercó silenciosamente, y le puso la mano en el hombro.
-Tengo que contarte una cosa importante luego. Te lo digo porque prefiero que para entonces hayas hecho todo lo que debas y quieras hacer, ¿de acuerdo?
-¡Vale!-respondió él, consternado.
-Bueno, ya es hora-su madre miró el reloj.
Salió de la habitación acompañada. Antes de salir, la madre le dio un beso. Él la vio bajar, y cuando la perdió de vista, cerró la puerta. Se asomó por la ventana, la siguió con la mirada hasta que estuvo lejos. La tienda de su madre estaba cerca, a sólo dos calles.
“¿Qué querrá contarme?”, pensó él. “No creo que sea por los estudios. ¿Algo familiar? ¿Algún bautizo o comunión?”
Por lo que dijo, parecía que iban a hablar largo y tendido.
“Será mejor que haga los deberes antes que nada”, concluyó, y volvió a su cuarto tras recoger la mochila de la silla donde la dejara antes.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------
Por su parte, Clarisa también volvió acompañada. Piñero y ella vivían en el mismo barrio, y al poco de encontrarse en la nueva clase, cogieron la costumbre de volver juntos.
-¿Se ha enterado bien Déisdrol?-preguntó ella.
-Sí, no te preocupes.
-¡Se ha ido tan rápido…!
-Cosas de Caín, que le gusta salir pronto.
-También le gusta llegar pronto.
-¡Ya ves!
Caminaron. Su barrio estaba situado a media hora a pie. Era un área en la cual había bloques de pisos escasamente agrupados, haciendo que un peatón se sintiera por la zona como un campista cuando llega a un claro del bosque. Por ello, gran parte del terreno era zonas comunes, permitiendo el juego libre de los niños, sin temer el tráfico rodado.
-Tú conoces a Caín, ¿no?-preguntó ella.
-Bueno, del curso pasado. Sé cómo es, pero no demasiados detalles de su vida.
-Oye… ¿Crees que le ha sentado muy mal que lo hayamos elegido delegado?
-No, ¿por qué preguntas eso?
-Bueno, es tan arisco…
-¡No, no te preocupes! Se comporta así por lo que le pasó el año pasado.
-¿Tan mala era tu clase?
-¿Mala? ¡Era lamentable! Figúrate que en esa clase, yo era buen alumno.
-¡Hombre, tan malo no eres…! Si estudiaras algo más…
-Lo que quiero decir es que la mayor parte de los alumnos no hacían nada. Nada de nada. Pura dejadez.
-¡Joder! ¡Pues entonces yo tuve suerte! En mi clase éramos normalitos, pero como mínimo avanzábamos. Había un gandul, pero a mitad de curso se desentendió-dijo ella, y calló un momento-Bueno, la verdad es que antes de irse, tampoco causaba problemas…-concedió ella.
-Sí, y este año has vuelto a tenerla. Y nosotros la hemos tenido.
-Déisdrol, Caín, y tú, ¿no?
-Y también este chico… Este…
-¿Quién?
-Ese que está a la izquierda de Celsio…
-No me acuerdo… Creo que no sé cómo se llama. ¿Estuvo contigo el año pasado?
-Sí, pero nadie lo llamaba por el nombre. Tenía un mote por algo que ocurrió en el negocio de su padre, o algo así… ¡Mira, da igual! Pues este muchacho, también.
-¡Ajá!
-Y ya que lo he nombrado, Celsio y Saray también han tenido suerte.
-Y Shasha, ahora que pienso. ¡Jolines, ¿han juntado a todos los que valían la pena en una sola clase?!
-No lo sé, la verdad…
Siguieron andando sin hablar, mientras pasaban por dos semáforos. Clarisa entonces se mordió el labio.
-¿Y qué pasó entonces, la tomaron con Caín?-preguntó ella.
-Más que eso, fue una putada concreta que le hicieron. Verás, fue en el festival intergaláctico de monstruos…
-¿El qué?-preguntó ella, con la boca torcida.
-¡El concurso intergaláctico de monstruos!
-¿De qué puñetas hablas?
-¿No os enterasteis en vuestra clase?
-¡No!
-¡Con razón decían que estabais en la parra!
-¡No estábamos en la parra, estábamos estudiando!
-¡Seguro que tampoco estuvisteis en el día de las torturas!
-¡Joder, mira que erais raritos, todo el día haciendo el imbécil!
-¡Da igual!-Piñero alzó los brazos, y retomó su explicación-Mira, se celebró un concurso con representantes de otros mundos, para determinar cuál era el más horrendo.
-¡No… no lo sabía! ¿Seguro que no era gente de otro instituto disfrazada de payasos?
-¡No! Verás, de nuestra parte fue Caín…
-¡Caín no es feo! No es que esté buenorro, pero…
-¡Ya, ya! Si fue por sus ojos. Ese año tenía unas ojeras horribles, ya que no podía dormir entre la tensión que le causaba el patetismo del resto de la fauna de nuestro curso y las peleas de sus padres, y daba lástima verlo. Tenía ataques de agresividad, y con esos ojos tan irritados, flanqueados por orzuelos y ojeras parecía un zombi. Acojonaba lo bastante para que todos nos fuéramos al otro lado.
-¡Jo, el pobre!
-En esas estábamos cuando llegó la noticia del concurso, y tuvimos la brillante idea de enviarlo para ver si ganaba el premio, que era muy cuantioso. Cuando oyó que podía ganar dinero fácilmente, se alegró, y aceptó enseguida. Incluso acordamos que nos los repartiríamos entre los implicados, dándole a él una parte diez veces mayor.
-¡Qué generosos!
-Pues empezó el concurso, ¡y no veas qué candidatos! Pero Caín los superó a todos, como el feroz insomne que era (lo usó incluso como nombre artístico). ¡Pero no ganó! ¡Cuánto lo lamentamos!
-¿Por qué?-preguntó Clarisa, viendo que Piñero se tapaba la cara.
-¡Por el jurado! La mayoría de miembros eran del instituto, ¡y votaron en contra!
-¿¡Por qué!?
-Porque le iba a dar mala imagen al instituto-dijo Piñero, y Clarisa se quedó boquiabierta.
-¡Qué chorrada!
-Supongo que por eso quedó ocultado al público-siguió Piñero.
-¿Y tú cómo lo sabes? ¿Te lo contó Caín? ¿La historia?
-¡No qué va! Fue ese chico que también estuvo con nosotros el año pasado, de cuyo nombre no consigo acordarme, también estaba en el ajo. Yo sospeché algo cuando leí el nombre del ganador, fui a preguntarle a él, y nos lo confirmó. Yo estaba con el grupo hablando, y nos quedamos sorprendidos. No nos esperábamos semejante final.
-¡Joder, qué corruptos, eso es trampa!-se quejó Clarisa-Bueno, ¿y quién ganó?
-Pues no lo sé bien, la verdad, el asunto me dio asco y no quise saber más. Caín tuvo la impresión de que tanto sufrimiento no le valió para nada, y quedó algo traumatizado.
-Entiendo…-dijo Clarisa, y reflexionó.
En ese momento llegaron a su barrio, y se pararon un rato.
-Quizás deberíamos haberlo invitado o algo, ya sabes… Romper el hielo-propuso ella.
-¡Déisdrol lo ha intentado, pero no estaba para nadie! Estaba hablando con Saray, creo…
-¡Oh! Pues entonces, para la próxima vez.
-No sé, no le gusta el fútbol…
-¡Vaya!
-Bueno, mira, ya veremos en otra ocasión. Me voy a comer, te veré después.
-¡Venga! A las seis y veinte.
-¡De acuerdo!
Cada uno se fue a su casa. Clarisa entró en su bloque con su propia llave. La portería era espaciosa, con una planta en una maceta. Había cristaleras que dejaban que el sol dotara de vida la estancia. Clarisa subió por las escaleras. Su piso estaba en la tercera planta.
Abrió también la puerta de su casa. Dentro, cuatro personas miraban la puerta.
-¡Hooola!-los saludó ella.
-¡Hola, Clarisa!-saludó un hombre de estatura media, complexión normal y moreno.
-¡Hola, chiqui!-le dijo una mujer parecida a Clarisa.
-¡Hola, tía!-dijeron a la par dos niños.
-¡Hola, sobrinos!-dijo Clarisa, y besó a ambos, y a la mujer.
-¿Qué tal te ha ido?-le preguntó la mujer.
-Como siempre, Tania: Más o menos entretenido.
-¡Ajam…! Bueno, luego llamaremos a papá y mamá, ¿vale?
-Sí, vale… ¿Y a ti cómo te ha ido, cuñado?-le preguntó Clarisa al varón.
-¡Bien, he vuelto muy pronto, ya ves!
-¡Venga, que sólo faltas tú en la mesa!-le dijo Tania.
Clarisa fue a su cuarto, y dejó la maleta sobre la cama. Volvió a la mesa tras lavarse las manos. Cogió la silla sobrante, y se acercó en la mesa.
-¡Siempre me dejáis la silla que está floja!-se quejó al sentarse.
-¡Si llegaras antes…!-le dijo Tania.
-¡Eh, que salgo a las tres de la tarde, y estoy a media hora!
-¡Pues no te pares con nadie, y vuelve corriendo! Así llegas en diez minutos.
-¡Y con la lengua fuera!
-¡Pero empiezas a comer en siete minutos, desde la calle!
Siguieron picándose la una con la otra, mientras el resto reía alegremente.
-¡Bah, da igual…!
-¿Por qué da igual?-preguntó Tania.
-¡Esta tarde me voy al entrenamiento del Pelotilla!
Todos la miraron sorprendidos.
-¡Anda!-dijeron los niños.
-¿Vas a animar?-preguntó su cuñado.
-¡No, Juan! ¡Voy a quejarme de lo mal que juegan!
-¡Sí, es cierto! El partido de ayer fue un desastre, hoy lo estaban comentando en el trabajo.
-¡Yo he querido defender el Pelotilla en el colegio, pero casi nadie me ha ayudado!-dijo el niño, llamado Rodrigo por el abuelo de Juan.
Tania los miró a todos, y no pudo contenerse.
-¡No me puedo creer lo que os gusta el fútbol! ¡No sé lo que veis! ¿Verdad, Dunia?-le preguntó a su hija, llamada así por la abuela de Tania y Clarisa.
-Bueno, la verdad es que veo muchos partidos últimamente…-dijo ella.
Tania se quedó asombrada, y los miró a todos.
-¡Únete a nosoooooooootroooos…!-le dijo Clarisa agitando los brazos delante de ella.
-¡Úúúúúúúúneteeeee…!-dijeron los niños a la par.
-¡Payasos!-se quejó Tania.
Estaban imitando la escena de la película de vampiros que tanta gracia les había hecho la semana anterior. Juan se echó a reír.
-¡Bueno…!-continuó Tania-Dime, ¿vas a ir sola?
-¡No, con dos amigos!-respondió ella.
-¿Vas con Piñero?
-Sí, y otro chaval.
Tania se quedó callada, reflexiva.
-Te llevas muy bien con él, ¿eh?-le comentó entonces con camaradería, tocándola con el codo en el antebrazo.
-¡Ya estás otra vez!-se quejó Clarisa-¡Cuántas ganas tienes de librarte de mí!
-¡Anda, anda! Sólo estaba bromeando.
-¡Ya, pero el año pasado quisiste liarme con ese chaval…! ¿Cómo se llamaba…?
-¡Estás imaginándote cosas!-le dijo Tania burlonamente, señalándola con la cuchara.
-¡No, sabes que es cierto! También decías cosas como que iba a morrearme con él…
-¡Ah, sí!-dijo Juan-Ese muchacho tan escuálido… No le vendría mal engordar…
-¡Qué raro! No consigo acordarme de su nombre… ¡Si hablé mucho con él…!-dijo entonces Clarisa.
-¡Si no te acuerdas tú, figúrate nosotros!-le comentó Tania-Bueno, es igual. ¿Quién es el otro chaval?
-Déisdrol.
-No me suena…
-Lo he conocido este año.
-¿Cómo es?
-Parece un juerguista, jamás está serio.
-¡Vaya…! Se habrá juntado con todos los graciosos de la clase.
-¡Pues no, precisamente todo lo contrario! Habitualmente está con un chico llamado Caín, muy serio y callado, con ojeras… Parece un tristón, desde luego…
-Como el símbolo del teatro, ¡qué buen contraste!-comentó Juan.
Todos lo miraron con una interrogación.
-¿Nunca habéis visto esas dos caras, una sonriente y la otra triste? ¡El símbolo del teatro! ¡La comedia y la tragedia, respectivamente! ¡Tenéis que leer más!-se defendió él.
-¡Miradlo! ¡El señor licenciado universitario! ¡Perdone que nuestra ignorancia lo sorprenda!-dijo Tania, juntando las manos como un plebeyo dirigiéndose a un señor.
-¡Pero si es algo básico!-se quejó él.
Siguieron comiendo, y estaban acabando cuando Tania preguntó por última vez.
-¿A qué hora te vas?
-A las seis tengo que estar enfrente del instituto-respondió Clarisa.
-No vuelvas muy tarde, ¿eh?
-¡No, no! Por eso me voy temprano.
-¡Y ten cuidado, que de vez en cuando se arman barullos en esos sitios!
-¡Bah, no creo! Los aficionados ya están muy acostumbrados…
-Bueno, en eso tienes razón, Tania: Es increíble ver cómo la gente se exalta por el fútbol-dijo Juan-Lo realmente curioso, eso sí, es que luego son personas normales y corrientes en su vida normal. ¡El fútbol los transforma!
-¡Pues yo no me vuelvo así! ¡A mí me gusta el fútbol porque me divierte, no porque quiera destrozar a nadie ni nada!-protestó Clarisa.
-¡Lo sé, lo sé…! Pero a esta gente sí los transforma, ¡de veras!
-¡Burros, los hay en todas partes! ¡No es exclusivo del fútbol!
-¡Sí, ya lo sé…! Ocurre que algunos sólo se comportan así cuando hay partido.
-¡Ya les vale…!
En ese momento, Clarisa cogió su plato y lo llevó a la cocina. Miró el reloj, eran las cuatro y cuarto. Le daba tiempo a acabar los ejercicios de lengua.
En su habitación, Clarisa tenía las paredes ocultas por la cantidad de pósteres presentes. Algunos eran de fútbol, otros de alguna película que le hubiese gustado en su momento, y de discos de música, especialmente de un grupo alternativo llamado El grito del maricón obtuso.
Aparte, había un armario de ropa, una estantería con discos y películas, sazonadas con algún libro, y un escritorio al lado de la cama, al lado de la pared del fondo. Sobre la silla descansaba la mochila, cargada de un saber que, aunque Clarisa no lo sabía, le parecería simple años después.
Tras retirarla, y sacar el material de lengua, Clarisa encontró mucho más simples los análisis sintácticos. Pudo acabarlos sin demasiadas dificultades en media hora. En la siguiente media hora hizo cuantos pudo de matemáticas. Ya eran las cinco y cuarto cuando detuvo su estudio.
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Mañana, la última parte.
lunes, abril 28
¡Tercer aniversario! Cuarta hilaridad (I)
No hay dos sin tres, ¡qué duda cabe! Aquí sigue mi bitácora a pesar de la falta de tiempo, y las distracciones. Y de tanto en tanto escribo, aunque sea para empezar un pasaje y dejarlo tal cual, de vago que soy. No ostante, desde mediados del mes pasado, he estado escribiendo de cabo a rabo el siguiente relato, sobre todo después de saber que era licenciado. La longitud del mismo me ha obligado a dividirlo en tres partes, que aparecerán en días consecutivos.
Aunque sólo he escrito este texto, y otro que en realidad es un homenaje a Draug y Las paridas de la Guarida, es curioso ver que es más extenso que todos los textos del aniversario pasado juntos, y que el documento del Word donde están guardados todos esos pasajes de los que hablaba en el párrafo anterior.
Sin más cháchara, (intentad) disfrutad(r)lo. Es otra Hilaridad, y advierto que ha habido cambios en algunos nombres de los personajes, para evitar posibles demandas de conocidos (y porque los personajes han crecido lo bastante para tener validez propia).
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Cuarta hilaridad:
La vida da muchas vueltas, o una excusa para desarrollar tramas paralelas
La mañana era tibia, con un sol deslumbrante, pero no abrasador, que iluminaba la clase. Al entrar por las ventanas, los haces de luz parecían uniformes, pero se deshacían para iluminar toda el aula. Caín, sentado en una mesa al lado de una ventana, estaba deslumbrado, pero le era posible ver la pizarra desde donde estaba. No le gustaba tomar apuntes, pero solía anotar todo lo que los profesores escribían en esta. Incluso le gustaba tener la ventana abierta: Le encantaba mirar el exterior, a pesar de que no pasaba nada en absoluto. Afuera sólo había un descampado de albero donde crecían jaramagos, una acera desnuda de edificios, y también estaba la propia acera del instituto, por donde apenas pasaba gente. Más lejos, el paseo del río, y al fondo, las carreteras que llevaban a la Ciudad del bollo y la capital.
En ese momento, como la clase estaba en un punto que para él era muy sencillo, volvió a observar el horizonte, unas colinas verdes. La voz de su compañera lo sacó de su ensoñación.
-Perdona, Caín, ¿podrías echar la persiana, por favor?-le preguntó. Él se giró a ella, y buscó con la mirada la manivela, la cual estaba al lado de Piñero, un par de pupitres más adelante. Le pidió a José, el cual era llamado Chirimoyo por la frutería de sus padres, que le alcanzara la manivela. Una vez en sus manos, usó el objeto gris (en sus partes aún no corroídas) para accionar la persiana también gris, pero de tono más claro. Se paró cuando el sol dejó de molestarle.
-Un poco más-le indicó la muchacha, que aunque estaba sentada al lado más lejano de la ventana, era de estatura mucho más baja. Al final, el astro rey no pudo contemplar su cuaderno.
-¡Gracias!-le dijo ella, y volvió al estudio. Caín la observó con más interés entonces. Saray, que era el nombre de la muchacha, había estado el año pasado en otro grupo, diferente de aquel de donde provenían Caín y Déisdrol. Le parecía haber oído que también Celsio vino con ella, y que realmente eran los mejores alumnos de aquel grupo, en cualquier sentido. Saray tenía la piel morena, medía ciento sesenta y dos centímetros, su cabello era negro, largo y brillante, sus ojos marrones y grandes. Tenía labios carnosos, su cuerpo no era rechoncho ni flaco, pero sí menudo, y sus piernas cortas. Vestía una camiseta blanca y pantalones negros.
En cuestión a su personalidad, era afable, bien intencionada y trabajadora. Sus notas eran generalmente buenas, alrededor del notable, pero tampoco destacaba en ninguna asignatura.
En contraste, Caín era pálido, medía ciento setenta y cuatro centímetros, su cabello también era negro, pero corto y graso, sus ojos marrones, pero pequeños y además, por su ceño fruncido y sus ojeras, parecían mínimos. Sus labios eran finos, su cuerpo robusto y grande, y de piernas largas. Solía vestir suéteres oscuros y vaqueros.
En sus relaciones, Cín era taciturno, de trato agradable, pero desconfiado, y con tendencia a no rendir cuando encontraba algo demasiado fácil. Por otro lado, las malas experiencias en el curso anterior lo habían hecho un muchacho algo retorcido, siempre pensando en cómo poder defenderse de un posible ataque. No obstante, lograba mantener un buen nivel académico, merced al gran potencial que encerraba su mente, y por ello, tener imagen de alguien responsable, ya que, además, aunque reacio al estudio de la teoría, jamás dejaba de hacer sus deberes.
-Sal a resolver esto, Clarisa-le pidió el profesor a la citada alumna. Caín dejó de pensar en Saray y se fijó en ella, y en el ejercicio. Caín, sin coger el lápiz, pudo resolver mentalmente el ejercicio con facilidad. Clarisa empezó a escribir, y Caín estuvo de acuerdo hasta aproximadamente la mitad, cuando vio que Clarisa aplicaba una hipótesis incorrecta. Clarisa continuó hasta que el profesor le sugirió que comprobara lo que hacía. Caín se fijó en ella. Clarisa tenía una piel muy clara, más aún que él, y era aún más bajita que Saray, con sólo ciento cincuenta y tres centímetros. El cabello de color castaño claro le llegaba a cubrir el cuello, los ojos azules y pequeños. También tenía labios finos, como Caín, y su cuerpo era menudo como el de Saray, pero también flaco, sin llegar a escuálido. Sus piernas, para su estatura, eran normales. Su vestuario era mucho más colorido, principalmente camisetas y pantalones.
Era una persona alegre y dicharachera, bromista, y siempre dispuesta a ayudar, pero también a reprender. Académicamente era una alumna aceptable, cuya calificación numérica solía ser de seis y medio, aunque no era raro que a veces entrara en el rango del notable. También es digno de comentar que en alguna ocasión aprobaba por los pelos, y que en muy raras veces suspendía.
Clarisa no comprendía dónde se había equivocado, así que el profesor preguntó a la clase. Caín conocía la respuesta, pero no siempre intervenía por motivos personales, básicamente para evitar el odio de algunos perdedores, aunque hay que decir que en ese curso las cosas funcionaban como debían. Además, con ese chico no tenía que preocuparse.
-Te has equivocado en la inecuación: Cuando multiplicas ambos lados por un número negativo, la relación cambia: Si la parte de la izquierda es menor que la derecha, pasa a ser mayor; y viceversa.
Ese alumno que había hablado, y en el cual pensaba Caín, se llamaba Celsio, y era un estudiante modelo. Era algo más moreno de piel que Caín, un poco más bajo, ciento sesenta y nueve centímetros, de cabello negro y de punta, más largo que el de Carlos sin salir de lo habitual en un varón, con un largo flequillo. Sus ojos eran marrones, muy claros, y de tamaño más bien normal. Sus labios eran de grosor normal, su cuerpo de complexión normal, algo fondón, y de piernas de longitud normal. Su vestuario comprendía camisas, camisetas, y pantalones no sólo vaqueros.
Era formal y simpático, aunque poco verboso, y muy benevolente. Nunca se negaba a explicar algo, ni a hacer un favor, pero tenía reservas para dejar los deberes, ya que opinaba (y llevaba razón) que eso no ayudaba a quien los pedía, como Luisma solía hacer. Su nivel académico, como ya se ha insinuado, era excelente, con una media de sobresaliente. Cuando sus condiscípulos atribuían sus méritos a su gran inteligencia, él respondía sin más:
-Nada de eso, sólo es que estudio-y no decía nada más. Para él, el trabajo de uno era lo que determinaba el éxito o el fracaso, más que los dones que la naturaleza confiere a cada uno.
No obstante, hay que comentar que él estaba reconsiderando la veracidad de esta afirmación tras conocer a Caín. Pensaba que su caso aportaba datos contradictorios: Jamás obtendría mejores resultados que él si no trabajaba más, pero tenía la sensación de que, por las calificaciones de Carlos, le costaría menor esfuerzo que al propio Celsio mantener su alto nivel. Estaba empezando a admitir que algunos reciben dones extraordinarios.
Clarisa ya estaba corrigiendo su error, y siguió con el problema hasta resolverlo correctamente. Dejó entonces la tiza, y volvió a su sitio mientras se sacudía las manos. Se levantó entonces su compañera de pupitre, Shasha. Era la alumna más morena de la clase, con ciento sesenta y siete centímetros, cabello negro y largo, pero no demasiado. Sus ojos eran marrones oscuros y grandes. Sus labios eran carnosos y de color oscuro, su cuerpo era fuerte y rechoncho, y sus piernas largas. Prefería los jerseys con pantalones que no fueran vaqueros.
Parecía una egoísta, que siempre se mostraba reticente a ayudar a los demás cuando le pedían consejo con los deberes. Se llegó a comentar que solicitó ser transferida al grupo en el cual se encontraba ahora con tal de no volver a coincidir con sus antiguos compañeros. El motivo era puramente académico: Shasha era brillante, con notas muy altas, rozaba el sobresaliente en la mayoría de asignaturas, pero sólo en unas pocas lo atrapaba. Pero su antigua clase de tercero de la ESO era un desastre, con alumnos que apenas sabían escribir una frase como esta misma sin cometer alguna falta de ortografía, y Shasha consideró, siempre según los rumores, que suponían un lastre para ella. Ya en el curso pasado, sus nuevos condiscípulos oyeron hablar de una clase que intentó imitar un truco de una serie televisiva para que forzar el aprobado general en los exámenes de una asignatura difícil, lo cual resultó al principio exitoso, pero después se truncó cuando alguien delató a los tramposos. Sospechaban de ella, ya que era la única que tuvo un notable (y la consideraban, con sus propias palabras, “muy borde”), aunque sus exámenes siempre obtuvieran la misma calificación que los de sus compañeros y recuperara en el final, donde fue vista por todos. En todo caso, se ignoraba cómo se las arregló el chivato para pasar desapercibido.
Sin embargo, parecía que Clarisa estaba logrando romper el hielo entre ellas, como demostró el que saliera de paseo con ella y otros compañeros en otra ocasión.
El profesor continuó la clase, y llamó a otro alumno, Piñero, para hacer el siguiente ejercicio. Él se removió en su pupitre, y se levantó inseguro. Mientras se acercaba a la pizarra, suspiró y cogió de la mano del profesor la tiza. Su compañero, Déisdrol, agitó la cabeza con pesar.
Ambos eran alumnos del montón, que no destacan demasiado. Académicamente, el aprobado era su norma. Estudiaban regular, y de tanto en tanto, tenían que acudir a recuperación. No obstante, Piñero era fuerte físicamente, y obtenía buenos resultados en educación física. Déisdrol era algo flojo en ese aspecto. Piñero era alto, con ciento setenta y siete centímetros, de cuerpo enjuto y fibroso, sus piernas eran largas. Tenía el pelo rojo, rizado y desmelenado. Sus ojos eran azules y pequeños. Péibol, por su parte, era bajo, ciento sesenta y cinco centímetros, de cuerpo más bien rechoncho, y de piernas cortas. Tenía el pelo castaño, lacio, con un peinado corto clásico con raya. Sus ojos eran de color ámbar con irisaciones verdes y normales en tamaño.
Caín conocía bien a ambos. Y a Luisma, un alumno de ciento cincuenta y ocho centímetros, con cara de pervertido. Era un mal estudiante con cierto talento deportivo, que siempre iba con un conocido suyo del colegio, Alexis. Antes iba más con Caín y Piñero, pero se habían distanciado, sin que esto les afectara demasiado.
Respecto a los demás alumnos, Caín no los conocía tan bien. Al fin y al cabo, no hacía mucho que el curso había empezado. Pero siendo el delegado, posiblemente tendría ocasión de conocerlos. Pero la historia de hoy nada tiene que ver con ellos.
La clase continuó con un ritmo lento, debido a la lentitud de Piñero. Caín quiso mirar de nuevo por la ventana, pero la persiana seguía ahí. Intentó pensar en algo, pero no lograba concentrarse en nada. Piñero seguía ocupado con el accesible ejercicio. Entonces se dio cuenta de que Saray llevaba en el llavero un muñeco pequeño, un cabezón de pelo blanco con expresión sonriente de héroe satisfecho, que vestía una túnica de color gris claro. El rostro era moreno, y los ojos de un morado brillante. Carlos lo reconoció, era el protagonista de un videojuego célebre. Recordó entonces lo que había leído en la red al respecto hasta el momento, y se quedó embobado. Una cosa lo llevó a otra, y durante el tiempo restante de clase, rememoró cierto libro que mencionó Celsio, un tebeo de superhéroes, a una antigua condiscípula que le robó el corazón, y otro con el cual fue uña y carne. Entonces sonó el timbre, y la clase concluyó a tiempo, y sorprendió a Piñero mientras escribía el resultado. El profesor encargó unos problemas para la siguiente clase, y tras recoger su material, salió del aula.
Caín, fuera de su ensoñación, cambió rápidamente el material sobre el pupitre por el de la siguiente asignatura. Tras realizarlo, volvió a fijarse en el llavero, y su curiosidad lo obligó a romper el hielo:
-¿Tienes el Flies of Pasqualia?
Ella se volvió sorprendida, y cuando comprendió de qué hablaba, le respondió:
-¿Eh? ¡Ah, sí! ¿Lo dices por esto?-dijo, cogiendo el monigote.
-¡Sí!
-Pues lo tengo, en efecto, es muy chulo. Al principio me aburría, pero cuando todos los personajes se reúnen coge ritmo.
-Ese de ahí no es el protagonista, ¿verdad?
-No, no lo es… aunque si quieres mi opinión, el verdadero protagonista es el mago negro, que es mucho más carismático. Más que nada, porque él sí tiene cierto papel en la historia.
-La verdad es que en los RPG hay cada vez menor variedad… Vale que la lucha de unos héroes contra un imperio, reino o individuo malvado sea un clásico, pero precisamente por eso es necesario cuidar el argumento, sin personajes que sencillamente están en el grupo porque sí.
-¡Cuánta razón llevas! Creo que en Japón hay ejemplares del género que te permiten ser el malo de la historia, u optar por el lado más conveniente según las circunstancias.
-Ya, pero aquí no los venden. Piensan que no tienen salida en el mercado.
-Bueno, de hecho, hace años se llegó a distribuir la tercera parte del Bad Boy Martínez titulada como Tale of Snorf, y vendió poco… Porque también sacaron pocas unidades, no se tradujo, apenas se hizo publicidad…
-¡Yo tengo ese! ¡Qué buenos ratos pasé!
-¡¿En serio?!
-¡Sí! Cuando fui a comprarlo, la dependienta se quedó asombrada y hasta sonrió. Me da a mí que fui el primero que se lo pidió.
-No me extraña, ya te digo que muy pocos se atrevieron por el idioma. Eso fue lo que me pasó a mí. Eso, y que me daba corte ir a adquirir un juego cuyo protagonista es… un mal bicho.
-No te creas que era tan malo… un poco cabrón, sí, pero nada del otro mundo. Ocurre que su “maldad” dependía de que actuaba al margen de la “justicia” y una bandera. Era más un personaje que iba a su bola.
-¿Cómo se llamaba, ahora que lo dices…? Creo que no Snorf, como precisamente dice el título.
-No, se llamaba Klaus Martínez. Y ahora que lo dices, no sé de dónde sacaron lo de Snorf.
-¿De veras?
-No, no había nadie ni nada que se llamara Snorf…
-A saber, seguramente pensaron que ese título era más atractivo.
Siguieron charlando de este y otros juegos. Un par de pupitres más adelante, Clarisa sacó un periódico deportivo, y lo abrió por la página que comentaba el partido de un equipo local. Leyó un poco, y se lamentó en voz alta.
-¡Buf…! ¡Pero qué malos son los pobres!
Shasha la ignoró, no le gustaba el fútbol, pero Piñero, sentado detrás de ella, alcanzó a oír su comentario.
-¿Y qué esperas? ¡El presidente es un impresentable, se ha gastado el dinero en regalos para una modelo!
Déisdrol asintió, pero aún así sonreía. Sus paletales se asomaban.
-¡Muy poca vergüenza es lo que tiene! ¿A que sí, Caín?
-Y entonces, el tío tenía que vestirse de monja de clausura… ¿Eh? ¿Decías?-preguntó él.
-El Pelotilla, ¡tío! ¡Qué mal partido jugó!
-Ni lo vi, ni me interesa-le cortó Caín.
-¡Mal aficionado!-lo acusó Déisdrol.
Para Caín, desde hacía algún tiempo, el fútbol no le decía nada en absoluto. Clarisa, sin embargo, sí quería debatir.
-¡Coño, pues entonces ya sabéis lo que debe ocurrir en la siguiente junta de accionistas! ¡Echarlo!
-Pero mujer, tiene la mayor parte de las acciones, el Pelotilla es suyo-le recordó Piñero.
-¡A aguantar toca! Verás cómo no harán nada hasta que el equipo acabe en segunda-comentó Déisdrol cruzado de brazos.
-¡No estoy de acuerdo! ¡Hay que protestar! ¡Decidido, esta tarde iré al campo a decirles la verdad en toda la cara! ¿Os apuntáis?
-Bueno, ¿por qué no…?-le respondió Piñero-Total, es mejor que lamentarse aquí inútilmente.
-No sé… Carín, ¿te apuntas?-preguntó Déisdrol.
-Y tras obtener la espada legendaria en el paquete de chucherías…-seguía este explicándole a Sarita. Déisdrol no quiso insistirle.
-Sí que iré-decidió Déisdrol.
-¡Vale! Hoy por la tarde, a las seis, delante del instituto, ¿de acuerdo?-propuso Clarisa.
-¡Bueno!-accedió Déisdrol.
-Sí, ¿por qué no? Total, no es como si estuviera que estudiar, o algo así…-ironizó Piñero.
-¿Te vienes, Shasha?
-Gracias, pero no me interesa.
-Entonces somos tres.
En otro pupitre, Celsio leía un tebeo. Entonces se acercó Luisma.
-Perdona, Celsio, ¿puedo preguntarte algo?
-¿Eh? ¡Sí, claro!
-Verás, es que no entiendo qué tengo que hacer en este ejercicio de lengua-le mostró Luisma una oración.
-Tienes que hacerle el análisis morfológico.
-Ya, pero verás… ¿Está bien esto?
-A ver… Sí, claro, eso es un sustantivo… género femenino, número plural, en efecto… ¡Oh! Mira, aquí no está bien.
-¿Dónde?
-En esta palabra, es un adjetivo, no un adverbio como dices. De hecho, incluso está en plural.
-¡Pero no realiza función especificativa, explicativa ni atributiva!
-Claro, realiza función predicativa, referida al complemento directo.
-¡Ah…! ¡Pues entonces no sé si el resto también estarán bien! ¿Me dejas ver tus ejercicios?
-¡Hombre…! Ya sabes lo que pienso al respecto…
-¡Pero copiando también se aprende!-exclamó de pronto Luisma, y todo el mundo lo miró.
-Y en ese momento, tras descubrir que el “malo” de la historia era su cuñado, en cuya casa había estado de gorrón…-estaba diciendo Caín antes de oír la exclamación de Luisma.
-Entonces, la parada del estadio es la sexta…-Piñero dejó de hablar, y miró a Luisma.
Luisma se sintió ligeramente sorprendido por un momento. Clarisa lo miró con cierta indignación.
-¡Hombre, claro, chaval!-le dijo entonces-Él te hace los ejercicios, y tú los copias, ¡buen negocio!
-Mujer, lleva algo de razón… Cuando yo iba a primaria, no aprendí a resolver ecuaciones hasta haber copiado unas veinte, por lo menos…-intercedió Caín.
-¿Ah, sí? ¿Y aprendiste mágicamente tras la vigésima, y dejaste de pedir apuntes?
-No, quiero decir que las copiaba de la pizarra.
-¡Pero él también hará lo mismo, pienso yo!-comentó Shasha, simplemente por aburrimiento.
-Eso es cierto…-dijo Saray.
-¡Pero yo he hecho los ejercicios! Pasa que tengo uno mal, y puede que el resto también estén mal. ¡Quiero comprobar que hago los ejercicios bien!
-¿A ver…?-le pidió Caín. Luisma le entregó unos folios escritos, y él los leyó. Al rato, dijo:
-Pues no te creas, están razonablemente bien. Pasa que el primer fallo está en el complemento predicativo…
-¿Qué es eso…?-preguntó Clarisa.
-Un adjetivo que está en el predicado, y coordina con el sujeto o el complemento directo-le explicó Shasha.
-¡Oh…!-exclamó Clarisa, y acto seguido rebuscó en su mochila. Sacó un cuaderno de color verde oliva, y pasó las láminas de celulosa cortadas y coloreadas con fría precisión. Encontró el garabato, y con un bolígrafo bermellón empezó a rectificar lo ahí escrito.
-Complemento… predicativo…-musitó mientras la plebeya pluma danzaba sobre el escenario cuadriculado.
-¿Tú también habías puesto que era un adverbio?-le preguntó Caín.
-No, yo sí sabía que era un adjetivo-respondió ella.
Piñero la miró muy serio, como un guardián a un intruso.
-¿Qué pasa?-inquirió Clarisa, cuando se percató de la vigilancia a la cual era sometida.
-¡Tú estás copiando también, ahora, aprovechando la confusión!-la señaló con el dedo.
La muchacha retrocedió como si por esa acción pudiera sufrir un maleficio.
-¡Eh, que a mí nadie me ha dicho cuál es el complemento! Lo he deducido yo solita, faltaría más.
-¡Qué gracia, en esa oración también hay un complemento predicativo!-exclamó Saray, pero nadie le prestó atención.
-¿¡Ves cómo te hace falta ayuda, de vez en cuando!?-clamó Luisma levantando los brazos. Clarisa se quedó doblemente desconcertada: Por sus palabras, y porque se asemejaba al entrenador del Pelotilla en una de las fotografías que componían el artículo que había estado leyendo, desesperanzado por la indolencia de sus balompedistas. No tuvo palabras.
-Supongo que esto demuestra que todo el mundo necesita que le echen un cable, de tanto en tanto-comentó Déisdrol. Si los demás comulgaban con él, no lo manifestaron a viva voz.
-Bueno, es verdad… pero todo tiene un límite-concedió Clarisa, a regañadientes.
Caín le devolvió el cuaderno a Luisma, quien decidió que era mejor que Celsio le explicara cómo distinguir una función gramatical de otra. Entonces, Caín recordó su narración del argumento del Bad Boy Martínez 3, y quiso reanudarla.
-Pues como te contaba, el protagonista entonces se encuentra ante la difícil decisión de enfrentarse a quien lo mantiene…
-Bueno, en serio, gracias, pero no hace falta que llegues hasta el final-le respondió Saray.
-¡Ah…!
-Además, así, si algún día cae en mis manos, podré disfrutar del final de primera mano.
Ella sonrió.
-Si quieres, te lo dejo-Caín pronunció las palabras con naturalidad, a pesar del tiempo pasado desde que compartió una posesión con una nueva amistad.
-¿De veras?
-Sí.
Déisdrol se enteró también, y se volvió.
-¿Cuál juego le vas a dejar?
-El Tale of Snorf-respondió Caín.
-¡Hostia, pues es buenísimo! ¡Qué juego tan grande! Aún recuerdo cuando llegan a la playa y…
-Espera, no te embales, ella no quiere saber más.
-¡Ah, muy bien! Es un juego muy divertido, te ríes mucho-resumió Déisdrol.
-¿Tú también te lo compraste? ¡Qué curioso, dos personas en una misma clase! Seguro que se sale de la estadística…-comentó Saray.
-No, no se lo compró, jugamos juntos-le dijo Caín.
-¿Entonces, o siempre jugáis juntos?-preguntó ella.
-Entonces-respondió Caín.
-¡Debéis de ser muy buenos amigos!-exclamó ella.
-¡Bueno, sí! Desde la guardería, hemos estado siempre en la misma clase-comentó Déisdrol.
-¡Vaya, cuánto tiempo! Pues yo casi nunca he tenido los mismos compañeros de un curso a otro, ¡ya veis!-dijo ella.
-Pero sí a Celsio, ¿no?-Caín señaló al joven, que seguía instruyendo a Luisma en gramática.
-¡Bueno, sí! Es una bendición tenerlo en clase. De hecho, de no haber sido por él, nuestra clase habría sido un desastre, no habríamos llegado ni al segundo tema en algunas asignaturas.
-La nuestra también daba lástima, sí…-comentó Caín, pensativo.
Entonces, la profesora de la siguiente clase entró por la puerta.
-¿Te lo traigo mañana?-preguntó Caín.
-¡Eh…! De acuerdo, si no te importa-contestó Saray.
-¡Pues vale!
Por su parte, Clarisa, Piñero y Déisdrol habían quedado para las seis delante del instituto para coger un autobús e ir al estadio del Pelotilla a manifestar su malestar por el pésimo rendimiento del equipo.
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Mañana colgaré la segunda parte. Los anteriores relatos de esta serie están en:
http://analitoendisolucion.blogspot.com/2005/07/he-vuelto.html
http://analitoendisolucion.blogspot.com/2005/09/el-segundo-relato.html
http://analitoendisolucion.blogspot.com/2007/04/aniversario.html
Aunque sólo he escrito este texto, y otro que en realidad es un homenaje a Draug y Las paridas de la Guarida, es curioso ver que es más extenso que todos los textos del aniversario pasado juntos, y que el documento del Word donde están guardados todos esos pasajes de los que hablaba en el párrafo anterior.
Sin más cháchara, (intentad) disfrutad(r)lo. Es otra Hilaridad, y advierto que ha habido cambios en algunos nombres de los personajes, para evitar posibles demandas de conocidos (y porque los personajes han crecido lo bastante para tener validez propia).
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Cuarta hilaridad:
La vida da muchas vueltas, o una excusa para desarrollar tramas paralelas
La mañana era tibia, con un sol deslumbrante, pero no abrasador, que iluminaba la clase. Al entrar por las ventanas, los haces de luz parecían uniformes, pero se deshacían para iluminar toda el aula. Caín, sentado en una mesa al lado de una ventana, estaba deslumbrado, pero le era posible ver la pizarra desde donde estaba. No le gustaba tomar apuntes, pero solía anotar todo lo que los profesores escribían en esta. Incluso le gustaba tener la ventana abierta: Le encantaba mirar el exterior, a pesar de que no pasaba nada en absoluto. Afuera sólo había un descampado de albero donde crecían jaramagos, una acera desnuda de edificios, y también estaba la propia acera del instituto, por donde apenas pasaba gente. Más lejos, el paseo del río, y al fondo, las carreteras que llevaban a la Ciudad del bollo y la capital.
En ese momento, como la clase estaba en un punto que para él era muy sencillo, volvió a observar el horizonte, unas colinas verdes. La voz de su compañera lo sacó de su ensoñación.
-Perdona, Caín, ¿podrías echar la persiana, por favor?-le preguntó. Él se giró a ella, y buscó con la mirada la manivela, la cual estaba al lado de Piñero, un par de pupitres más adelante. Le pidió a José, el cual era llamado Chirimoyo por la frutería de sus padres, que le alcanzara la manivela. Una vez en sus manos, usó el objeto gris (en sus partes aún no corroídas) para accionar la persiana también gris, pero de tono más claro. Se paró cuando el sol dejó de molestarle.
-Un poco más-le indicó la muchacha, que aunque estaba sentada al lado más lejano de la ventana, era de estatura mucho más baja. Al final, el astro rey no pudo contemplar su cuaderno.
-¡Gracias!-le dijo ella, y volvió al estudio. Caín la observó con más interés entonces. Saray, que era el nombre de la muchacha, había estado el año pasado en otro grupo, diferente de aquel de donde provenían Caín y Déisdrol. Le parecía haber oído que también Celsio vino con ella, y que realmente eran los mejores alumnos de aquel grupo, en cualquier sentido. Saray tenía la piel morena, medía ciento sesenta y dos centímetros, su cabello era negro, largo y brillante, sus ojos marrones y grandes. Tenía labios carnosos, su cuerpo no era rechoncho ni flaco, pero sí menudo, y sus piernas cortas. Vestía una camiseta blanca y pantalones negros.
En cuestión a su personalidad, era afable, bien intencionada y trabajadora. Sus notas eran generalmente buenas, alrededor del notable, pero tampoco destacaba en ninguna asignatura.
En contraste, Caín era pálido, medía ciento setenta y cuatro centímetros, su cabello también era negro, pero corto y graso, sus ojos marrones, pero pequeños y además, por su ceño fruncido y sus ojeras, parecían mínimos. Sus labios eran finos, su cuerpo robusto y grande, y de piernas largas. Solía vestir suéteres oscuros y vaqueros.
En sus relaciones, Cín era taciturno, de trato agradable, pero desconfiado, y con tendencia a no rendir cuando encontraba algo demasiado fácil. Por otro lado, las malas experiencias en el curso anterior lo habían hecho un muchacho algo retorcido, siempre pensando en cómo poder defenderse de un posible ataque. No obstante, lograba mantener un buen nivel académico, merced al gran potencial que encerraba su mente, y por ello, tener imagen de alguien responsable, ya que, además, aunque reacio al estudio de la teoría, jamás dejaba de hacer sus deberes.
-Sal a resolver esto, Clarisa-le pidió el profesor a la citada alumna. Caín dejó de pensar en Saray y se fijó en ella, y en el ejercicio. Caín, sin coger el lápiz, pudo resolver mentalmente el ejercicio con facilidad. Clarisa empezó a escribir, y Caín estuvo de acuerdo hasta aproximadamente la mitad, cuando vio que Clarisa aplicaba una hipótesis incorrecta. Clarisa continuó hasta que el profesor le sugirió que comprobara lo que hacía. Caín se fijó en ella. Clarisa tenía una piel muy clara, más aún que él, y era aún más bajita que Saray, con sólo ciento cincuenta y tres centímetros. El cabello de color castaño claro le llegaba a cubrir el cuello, los ojos azules y pequeños. También tenía labios finos, como Caín, y su cuerpo era menudo como el de Saray, pero también flaco, sin llegar a escuálido. Sus piernas, para su estatura, eran normales. Su vestuario era mucho más colorido, principalmente camisetas y pantalones.
Era una persona alegre y dicharachera, bromista, y siempre dispuesta a ayudar, pero también a reprender. Académicamente era una alumna aceptable, cuya calificación numérica solía ser de seis y medio, aunque no era raro que a veces entrara en el rango del notable. También es digno de comentar que en alguna ocasión aprobaba por los pelos, y que en muy raras veces suspendía.
Clarisa no comprendía dónde se había equivocado, así que el profesor preguntó a la clase. Caín conocía la respuesta, pero no siempre intervenía por motivos personales, básicamente para evitar el odio de algunos perdedores, aunque hay que decir que en ese curso las cosas funcionaban como debían. Además, con ese chico no tenía que preocuparse.
-Te has equivocado en la inecuación: Cuando multiplicas ambos lados por un número negativo, la relación cambia: Si la parte de la izquierda es menor que la derecha, pasa a ser mayor; y viceversa.
Ese alumno que había hablado, y en el cual pensaba Caín, se llamaba Celsio, y era un estudiante modelo. Era algo más moreno de piel que Caín, un poco más bajo, ciento sesenta y nueve centímetros, de cabello negro y de punta, más largo que el de Carlos sin salir de lo habitual en un varón, con un largo flequillo. Sus ojos eran marrones, muy claros, y de tamaño más bien normal. Sus labios eran de grosor normal, su cuerpo de complexión normal, algo fondón, y de piernas de longitud normal. Su vestuario comprendía camisas, camisetas, y pantalones no sólo vaqueros.
Era formal y simpático, aunque poco verboso, y muy benevolente. Nunca se negaba a explicar algo, ni a hacer un favor, pero tenía reservas para dejar los deberes, ya que opinaba (y llevaba razón) que eso no ayudaba a quien los pedía, como Luisma solía hacer. Su nivel académico, como ya se ha insinuado, era excelente, con una media de sobresaliente. Cuando sus condiscípulos atribuían sus méritos a su gran inteligencia, él respondía sin más:
-Nada de eso, sólo es que estudio-y no decía nada más. Para él, el trabajo de uno era lo que determinaba el éxito o el fracaso, más que los dones que la naturaleza confiere a cada uno.
No obstante, hay que comentar que él estaba reconsiderando la veracidad de esta afirmación tras conocer a Caín. Pensaba que su caso aportaba datos contradictorios: Jamás obtendría mejores resultados que él si no trabajaba más, pero tenía la sensación de que, por las calificaciones de Carlos, le costaría menor esfuerzo que al propio Celsio mantener su alto nivel. Estaba empezando a admitir que algunos reciben dones extraordinarios.
Clarisa ya estaba corrigiendo su error, y siguió con el problema hasta resolverlo correctamente. Dejó entonces la tiza, y volvió a su sitio mientras se sacudía las manos. Se levantó entonces su compañera de pupitre, Shasha. Era la alumna más morena de la clase, con ciento sesenta y siete centímetros, cabello negro y largo, pero no demasiado. Sus ojos eran marrones oscuros y grandes. Sus labios eran carnosos y de color oscuro, su cuerpo era fuerte y rechoncho, y sus piernas largas. Prefería los jerseys con pantalones que no fueran vaqueros.
Parecía una egoísta, que siempre se mostraba reticente a ayudar a los demás cuando le pedían consejo con los deberes. Se llegó a comentar que solicitó ser transferida al grupo en el cual se encontraba ahora con tal de no volver a coincidir con sus antiguos compañeros. El motivo era puramente académico: Shasha era brillante, con notas muy altas, rozaba el sobresaliente en la mayoría de asignaturas, pero sólo en unas pocas lo atrapaba. Pero su antigua clase de tercero de la ESO era un desastre, con alumnos que apenas sabían escribir una frase como esta misma sin cometer alguna falta de ortografía, y Shasha consideró, siempre según los rumores, que suponían un lastre para ella. Ya en el curso pasado, sus nuevos condiscípulos oyeron hablar de una clase que intentó imitar un truco de una serie televisiva para que forzar el aprobado general en los exámenes de una asignatura difícil, lo cual resultó al principio exitoso, pero después se truncó cuando alguien delató a los tramposos. Sospechaban de ella, ya que era la única que tuvo un notable (y la consideraban, con sus propias palabras, “muy borde”), aunque sus exámenes siempre obtuvieran la misma calificación que los de sus compañeros y recuperara en el final, donde fue vista por todos. En todo caso, se ignoraba cómo se las arregló el chivato para pasar desapercibido.
Sin embargo, parecía que Clarisa estaba logrando romper el hielo entre ellas, como demostró el que saliera de paseo con ella y otros compañeros en otra ocasión.
El profesor continuó la clase, y llamó a otro alumno, Piñero, para hacer el siguiente ejercicio. Él se removió en su pupitre, y se levantó inseguro. Mientras se acercaba a la pizarra, suspiró y cogió de la mano del profesor la tiza. Su compañero, Déisdrol, agitó la cabeza con pesar.
Ambos eran alumnos del montón, que no destacan demasiado. Académicamente, el aprobado era su norma. Estudiaban regular, y de tanto en tanto, tenían que acudir a recuperación. No obstante, Piñero era fuerte físicamente, y obtenía buenos resultados en educación física. Déisdrol era algo flojo en ese aspecto. Piñero era alto, con ciento setenta y siete centímetros, de cuerpo enjuto y fibroso, sus piernas eran largas. Tenía el pelo rojo, rizado y desmelenado. Sus ojos eran azules y pequeños. Péibol, por su parte, era bajo, ciento sesenta y cinco centímetros, de cuerpo más bien rechoncho, y de piernas cortas. Tenía el pelo castaño, lacio, con un peinado corto clásico con raya. Sus ojos eran de color ámbar con irisaciones verdes y normales en tamaño.
Caín conocía bien a ambos. Y a Luisma, un alumno de ciento cincuenta y ocho centímetros, con cara de pervertido. Era un mal estudiante con cierto talento deportivo, que siempre iba con un conocido suyo del colegio, Alexis. Antes iba más con Caín y Piñero, pero se habían distanciado, sin que esto les afectara demasiado.
Respecto a los demás alumnos, Caín no los conocía tan bien. Al fin y al cabo, no hacía mucho que el curso había empezado. Pero siendo el delegado, posiblemente tendría ocasión de conocerlos. Pero la historia de hoy nada tiene que ver con ellos.
La clase continuó con un ritmo lento, debido a la lentitud de Piñero. Caín quiso mirar de nuevo por la ventana, pero la persiana seguía ahí. Intentó pensar en algo, pero no lograba concentrarse en nada. Piñero seguía ocupado con el accesible ejercicio. Entonces se dio cuenta de que Saray llevaba en el llavero un muñeco pequeño, un cabezón de pelo blanco con expresión sonriente de héroe satisfecho, que vestía una túnica de color gris claro. El rostro era moreno, y los ojos de un morado brillante. Carlos lo reconoció, era el protagonista de un videojuego célebre. Recordó entonces lo que había leído en la red al respecto hasta el momento, y se quedó embobado. Una cosa lo llevó a otra, y durante el tiempo restante de clase, rememoró cierto libro que mencionó Celsio, un tebeo de superhéroes, a una antigua condiscípula que le robó el corazón, y otro con el cual fue uña y carne. Entonces sonó el timbre, y la clase concluyó a tiempo, y sorprendió a Piñero mientras escribía el resultado. El profesor encargó unos problemas para la siguiente clase, y tras recoger su material, salió del aula.
Caín, fuera de su ensoñación, cambió rápidamente el material sobre el pupitre por el de la siguiente asignatura. Tras realizarlo, volvió a fijarse en el llavero, y su curiosidad lo obligó a romper el hielo:
-¿Tienes el Flies of Pasqualia?
Ella se volvió sorprendida, y cuando comprendió de qué hablaba, le respondió:
-¿Eh? ¡Ah, sí! ¿Lo dices por esto?-dijo, cogiendo el monigote.
-¡Sí!
-Pues lo tengo, en efecto, es muy chulo. Al principio me aburría, pero cuando todos los personajes se reúnen coge ritmo.
-Ese de ahí no es el protagonista, ¿verdad?
-No, no lo es… aunque si quieres mi opinión, el verdadero protagonista es el mago negro, que es mucho más carismático. Más que nada, porque él sí tiene cierto papel en la historia.
-La verdad es que en los RPG hay cada vez menor variedad… Vale que la lucha de unos héroes contra un imperio, reino o individuo malvado sea un clásico, pero precisamente por eso es necesario cuidar el argumento, sin personajes que sencillamente están en el grupo porque sí.
-¡Cuánta razón llevas! Creo que en Japón hay ejemplares del género que te permiten ser el malo de la historia, u optar por el lado más conveniente según las circunstancias.
-Ya, pero aquí no los venden. Piensan que no tienen salida en el mercado.
-Bueno, de hecho, hace años se llegó a distribuir la tercera parte del Bad Boy Martínez titulada como Tale of Snorf, y vendió poco… Porque también sacaron pocas unidades, no se tradujo, apenas se hizo publicidad…
-¡Yo tengo ese! ¡Qué buenos ratos pasé!
-¡¿En serio?!
-¡Sí! Cuando fui a comprarlo, la dependienta se quedó asombrada y hasta sonrió. Me da a mí que fui el primero que se lo pidió.
-No me extraña, ya te digo que muy pocos se atrevieron por el idioma. Eso fue lo que me pasó a mí. Eso, y que me daba corte ir a adquirir un juego cuyo protagonista es… un mal bicho.
-No te creas que era tan malo… un poco cabrón, sí, pero nada del otro mundo. Ocurre que su “maldad” dependía de que actuaba al margen de la “justicia” y una bandera. Era más un personaje que iba a su bola.
-¿Cómo se llamaba, ahora que lo dices…? Creo que no Snorf, como precisamente dice el título.
-No, se llamaba Klaus Martínez. Y ahora que lo dices, no sé de dónde sacaron lo de Snorf.
-¿De veras?
-No, no había nadie ni nada que se llamara Snorf…
-A saber, seguramente pensaron que ese título era más atractivo.
Siguieron charlando de este y otros juegos. Un par de pupitres más adelante, Clarisa sacó un periódico deportivo, y lo abrió por la página que comentaba el partido de un equipo local. Leyó un poco, y se lamentó en voz alta.
-¡Buf…! ¡Pero qué malos son los pobres!
Shasha la ignoró, no le gustaba el fútbol, pero Piñero, sentado detrás de ella, alcanzó a oír su comentario.
-¿Y qué esperas? ¡El presidente es un impresentable, se ha gastado el dinero en regalos para una modelo!
Déisdrol asintió, pero aún así sonreía. Sus paletales se asomaban.
-¡Muy poca vergüenza es lo que tiene! ¿A que sí, Caín?
-Y entonces, el tío tenía que vestirse de monja de clausura… ¿Eh? ¿Decías?-preguntó él.
-El Pelotilla, ¡tío! ¡Qué mal partido jugó!
-Ni lo vi, ni me interesa-le cortó Caín.
-¡Mal aficionado!-lo acusó Déisdrol.
Para Caín, desde hacía algún tiempo, el fútbol no le decía nada en absoluto. Clarisa, sin embargo, sí quería debatir.
-¡Coño, pues entonces ya sabéis lo que debe ocurrir en la siguiente junta de accionistas! ¡Echarlo!
-Pero mujer, tiene la mayor parte de las acciones, el Pelotilla es suyo-le recordó Piñero.
-¡A aguantar toca! Verás cómo no harán nada hasta que el equipo acabe en segunda-comentó Déisdrol cruzado de brazos.
-¡No estoy de acuerdo! ¡Hay que protestar! ¡Decidido, esta tarde iré al campo a decirles la verdad en toda la cara! ¿Os apuntáis?
-Bueno, ¿por qué no…?-le respondió Piñero-Total, es mejor que lamentarse aquí inútilmente.
-No sé… Carín, ¿te apuntas?-preguntó Déisdrol.
-Y tras obtener la espada legendaria en el paquete de chucherías…-seguía este explicándole a Sarita. Déisdrol no quiso insistirle.
-Sí que iré-decidió Déisdrol.
-¡Vale! Hoy por la tarde, a las seis, delante del instituto, ¿de acuerdo?-propuso Clarisa.
-¡Bueno!-accedió Déisdrol.
-Sí, ¿por qué no? Total, no es como si estuviera que estudiar, o algo así…-ironizó Piñero.
-¿Te vienes, Shasha?
-Gracias, pero no me interesa.
-Entonces somos tres.
En otro pupitre, Celsio leía un tebeo. Entonces se acercó Luisma.
-Perdona, Celsio, ¿puedo preguntarte algo?
-¿Eh? ¡Sí, claro!
-Verás, es que no entiendo qué tengo que hacer en este ejercicio de lengua-le mostró Luisma una oración.
-Tienes que hacerle el análisis morfológico.
-Ya, pero verás… ¿Está bien esto?
-A ver… Sí, claro, eso es un sustantivo… género femenino, número plural, en efecto… ¡Oh! Mira, aquí no está bien.
-¿Dónde?
-En esta palabra, es un adjetivo, no un adverbio como dices. De hecho, incluso está en plural.
-¡Pero no realiza función especificativa, explicativa ni atributiva!
-Claro, realiza función predicativa, referida al complemento directo.
-¡Ah…! ¡Pues entonces no sé si el resto también estarán bien! ¿Me dejas ver tus ejercicios?
-¡Hombre…! Ya sabes lo que pienso al respecto…
-¡Pero copiando también se aprende!-exclamó de pronto Luisma, y todo el mundo lo miró.
-Y en ese momento, tras descubrir que el “malo” de la historia era su cuñado, en cuya casa había estado de gorrón…-estaba diciendo Caín antes de oír la exclamación de Luisma.
-Entonces, la parada del estadio es la sexta…-Piñero dejó de hablar, y miró a Luisma.
Luisma se sintió ligeramente sorprendido por un momento. Clarisa lo miró con cierta indignación.
-¡Hombre, claro, chaval!-le dijo entonces-Él te hace los ejercicios, y tú los copias, ¡buen negocio!
-Mujer, lleva algo de razón… Cuando yo iba a primaria, no aprendí a resolver ecuaciones hasta haber copiado unas veinte, por lo menos…-intercedió Caín.
-¿Ah, sí? ¿Y aprendiste mágicamente tras la vigésima, y dejaste de pedir apuntes?
-No, quiero decir que las copiaba de la pizarra.
-¡Pero él también hará lo mismo, pienso yo!-comentó Shasha, simplemente por aburrimiento.
-Eso es cierto…-dijo Saray.
-¡Pero yo he hecho los ejercicios! Pasa que tengo uno mal, y puede que el resto también estén mal. ¡Quiero comprobar que hago los ejercicios bien!
-¿A ver…?-le pidió Caín. Luisma le entregó unos folios escritos, y él los leyó. Al rato, dijo:
-Pues no te creas, están razonablemente bien. Pasa que el primer fallo está en el complemento predicativo…
-¿Qué es eso…?-preguntó Clarisa.
-Un adjetivo que está en el predicado, y coordina con el sujeto o el complemento directo-le explicó Shasha.
-¡Oh…!-exclamó Clarisa, y acto seguido rebuscó en su mochila. Sacó un cuaderno de color verde oliva, y pasó las láminas de celulosa cortadas y coloreadas con fría precisión. Encontró el garabato, y con un bolígrafo bermellón empezó a rectificar lo ahí escrito.
-Complemento… predicativo…-musitó mientras la plebeya pluma danzaba sobre el escenario cuadriculado.
-¿Tú también habías puesto que era un adverbio?-le preguntó Caín.
-No, yo sí sabía que era un adjetivo-respondió ella.
Piñero la miró muy serio, como un guardián a un intruso.
-¿Qué pasa?-inquirió Clarisa, cuando se percató de la vigilancia a la cual era sometida.
-¡Tú estás copiando también, ahora, aprovechando la confusión!-la señaló con el dedo.
La muchacha retrocedió como si por esa acción pudiera sufrir un maleficio.
-¡Eh, que a mí nadie me ha dicho cuál es el complemento! Lo he deducido yo solita, faltaría más.
-¡Qué gracia, en esa oración también hay un complemento predicativo!-exclamó Saray, pero nadie le prestó atención.
-¿¡Ves cómo te hace falta ayuda, de vez en cuando!?-clamó Luisma levantando los brazos. Clarisa se quedó doblemente desconcertada: Por sus palabras, y porque se asemejaba al entrenador del Pelotilla en una de las fotografías que componían el artículo que había estado leyendo, desesperanzado por la indolencia de sus balompedistas. No tuvo palabras.
-Supongo que esto demuestra que todo el mundo necesita que le echen un cable, de tanto en tanto-comentó Déisdrol. Si los demás comulgaban con él, no lo manifestaron a viva voz.
-Bueno, es verdad… pero todo tiene un límite-concedió Clarisa, a regañadientes.
Caín le devolvió el cuaderno a Luisma, quien decidió que era mejor que Celsio le explicara cómo distinguir una función gramatical de otra. Entonces, Caín recordó su narración del argumento del Bad Boy Martínez 3, y quiso reanudarla.
-Pues como te contaba, el protagonista entonces se encuentra ante la difícil decisión de enfrentarse a quien lo mantiene…
-Bueno, en serio, gracias, pero no hace falta que llegues hasta el final-le respondió Saray.
-¡Ah…!
-Además, así, si algún día cae en mis manos, podré disfrutar del final de primera mano.
Ella sonrió.
-Si quieres, te lo dejo-Caín pronunció las palabras con naturalidad, a pesar del tiempo pasado desde que compartió una posesión con una nueva amistad.
-¿De veras?
-Sí.
Déisdrol se enteró también, y se volvió.
-¿Cuál juego le vas a dejar?
-El Tale of Snorf-respondió Caín.
-¡Hostia, pues es buenísimo! ¡Qué juego tan grande! Aún recuerdo cuando llegan a la playa y…
-Espera, no te embales, ella no quiere saber más.
-¡Ah, muy bien! Es un juego muy divertido, te ríes mucho-resumió Déisdrol.
-¿Tú también te lo compraste? ¡Qué curioso, dos personas en una misma clase! Seguro que se sale de la estadística…-comentó Saray.
-No, no se lo compró, jugamos juntos-le dijo Caín.
-¿Entonces, o siempre jugáis juntos?-preguntó ella.
-Entonces-respondió Caín.
-¡Debéis de ser muy buenos amigos!-exclamó ella.
-¡Bueno, sí! Desde la guardería, hemos estado siempre en la misma clase-comentó Déisdrol.
-¡Vaya, cuánto tiempo! Pues yo casi nunca he tenido los mismos compañeros de un curso a otro, ¡ya veis!-dijo ella.
-Pero sí a Celsio, ¿no?-Caín señaló al joven, que seguía instruyendo a Luisma en gramática.
-¡Bueno, sí! Es una bendición tenerlo en clase. De hecho, de no haber sido por él, nuestra clase habría sido un desastre, no habríamos llegado ni al segundo tema en algunas asignaturas.
-La nuestra también daba lástima, sí…-comentó Caín, pensativo.
Entonces, la profesora de la siguiente clase entró por la puerta.
-¿Te lo traigo mañana?-preguntó Caín.
-¡Eh…! De acuerdo, si no te importa-contestó Saray.
-¡Pues vale!
Por su parte, Clarisa, Piñero y Déisdrol habían quedado para las seis delante del instituto para coger un autobús e ir al estadio del Pelotilla a manifestar su malestar por el pésimo rendimiento del equipo.
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Mañana colgaré la segunda parte. Los anteriores relatos de esta serie están en:
http://analitoendisolucion.blogspot.com/2005/07/he-vuelto.html
http://analitoendisolucion.blogspot.com/2005/09/el-segundo-relato.html
http://analitoendisolucion.blogspot.com/2007/04/aniversario.html
lunes, marzo 31
He sido estudiante.
El título es correcto, ya no soy estudiante, ¡porque he acabado la carrera! Tras siete años y medio, al fin estoy en la meta, tras cambios de plan de estudios, asignaturas convalidadas de modo arbitrario (e indebido), y otras muy difíciles.
Al final, he obtenido un notable y un aprobado (quizás provisional). Lo cierto es que el aprobado no lo esperaba, y ahora me doy cuenta de que podría haber conseguido un notable si no me hubiera puesto de los nervios, y hubiera repasado mejor un tema. De todos modos, ¡bienvenido sea! El notable, por su parte, me hizo dar saltos de alegría, pues es de una asignatura que repetía por tercera vez. En ello ha influido que cambiara de grupo, y de profesor (curiosamente, el profesor que tuve antes en esta asignatura es el único de la otra), y también que tras dos años y medio he estudiado como nunca.
Además, me ha sido concedida la beca del Ministerio, y el día siguiente de enterarme de mi recién estrenado título académico fue mi cumpleaños. Veintiséis años, parece mentira, pero ya estoy más cerca de los treinta que de los veinte. Debido a todo esto, la euforia ha sido tremenda, y he estado completamente ocioso durante casi tres semanas (las que pasaron entre la noticia del notable y la del aprobado), tanto que ni siquiera tengo ningún tema decente del que hablar. Ni siquiera reseñas, pues aunque cierto es que suelo escribir alguna, en entradas anteriores escribí un número alto de estas, y a falta de novedades, prefiero esperar, que ahora no puedo quejarme por falta de tiempo.
Por ello, y como el mes venidero es abril, y hay aniversario, intentaré tener preparadas cosas para entonces. Me sobra el tiempo, aunque sigo yendo al laboratorio, tengo que hacer el examen teórico para obtener el carnet de conducir, y he vuelto a solicitar prácticas de empresa. Eso sí, tengo que pensar en adelante qué quiero hacer con mi vida. Seguir estudiando o empezar a trabajar (preferiblemente en algo relacionado con mis estudios), o quién sabe si alguna otra alternativa inesperada (no me refiero al paro... de momento).
De todos modos, también pienso dedicarme al ocio, y aprovechar para leer libros atrasados, jugar con títulos pendientes, ponerme al día en tebeos en red llamativos, y ver series y películas esperadas. También estoy volviendo a ser habitual en algunas páginas interesantes de la red.
Entre otras series, me interesan enormemente Claymore y Genshiken, cuyas secuencias de apertura se ilustran a continuación:
En libros, tengo una pila impresionante que me regaló una de mis tías, que no le gusta leer, y que consiguió por una compañera de trabajo. El primero, no obstante, será Jardín de infancia, que me he comprado por mi cumpleaños. También tengo otra pila, más pequeña, de videojuegos. De momento, me dedicaré a Shin Megami TenseiPersona 3, también comprado por mi aniversario.
En fin, que con calma, pero sin pausa. Espero volver aquí dentro de poco. ¡Saludos!
Al final, he obtenido un notable y un aprobado (quizás provisional). Lo cierto es que el aprobado no lo esperaba, y ahora me doy cuenta de que podría haber conseguido un notable si no me hubiera puesto de los nervios, y hubiera repasado mejor un tema. De todos modos, ¡bienvenido sea! El notable, por su parte, me hizo dar saltos de alegría, pues es de una asignatura que repetía por tercera vez. En ello ha influido que cambiara de grupo, y de profesor (curiosamente, el profesor que tuve antes en esta asignatura es el único de la otra), y también que tras dos años y medio he estudiado como nunca.
Además, me ha sido concedida la beca del Ministerio, y el día siguiente de enterarme de mi recién estrenado título académico fue mi cumpleaños. Veintiséis años, parece mentira, pero ya estoy más cerca de los treinta que de los veinte. Debido a todo esto, la euforia ha sido tremenda, y he estado completamente ocioso durante casi tres semanas (las que pasaron entre la noticia del notable y la del aprobado), tanto que ni siquiera tengo ningún tema decente del que hablar. Ni siquiera reseñas, pues aunque cierto es que suelo escribir alguna, en entradas anteriores escribí un número alto de estas, y a falta de novedades, prefiero esperar, que ahora no puedo quejarme por falta de tiempo.
Por ello, y como el mes venidero es abril, y hay aniversario, intentaré tener preparadas cosas para entonces. Me sobra el tiempo, aunque sigo yendo al laboratorio, tengo que hacer el examen teórico para obtener el carnet de conducir, y he vuelto a solicitar prácticas de empresa. Eso sí, tengo que pensar en adelante qué quiero hacer con mi vida. Seguir estudiando o empezar a trabajar (preferiblemente en algo relacionado con mis estudios), o quién sabe si alguna otra alternativa inesperada (no me refiero al paro... de momento).
De todos modos, también pienso dedicarme al ocio, y aprovechar para leer libros atrasados, jugar con títulos pendientes, ponerme al día en tebeos en red llamativos, y ver series y películas esperadas. También estoy volviendo a ser habitual en algunas páginas interesantes de la red.
Entre otras series, me interesan enormemente Claymore y Genshiken, cuyas secuencias de apertura se ilustran a continuación:
En libros, tengo una pila impresionante que me regaló una de mis tías, que no le gusta leer, y que consiguió por una compañera de trabajo. El primero, no obstante, será Jardín de infancia, que me he comprado por mi cumpleaños. También tengo otra pila, más pequeña, de videojuegos. De momento, me dedicaré a Shin Megami TenseiPersona 3, también comprado por mi aniversario.
En fin, que con calma, pero sin pausa. Espero volver aquí dentro de poco. ¡Saludos!
viernes, febrero 29
Actualización bisiesta.
En realidad es tontería, porque todo el mundo sabe que siempre espero el último día del mes para actualizar. Pero mira, es algo que sucede una sola vez cada cuatro años, ¿o no? Porque en realidad, cuando un año marca el fin de un siglo, esto es, es múltiplo de cien, no es considerado bisiesto.
Así, se tiene que cada siglo hay veinticuatro años bisiestos, ¿o no? Porque en realidad, aquellos años que sean múltiplos de cuatrocientos sí son considerados bisiestos, como ocurrió con el año 2000.
Así, se tiene que cada cuatro centurias hay noventa y siete años bisiestos. Por ende, cada cuatro milenios debería haber novecientos setenta años bisiestos, ¿o no? Porque para corregir la ligera imprecisión que aún queda, se propone que los años divisibles por cuatro mil no sean bisiestos...
... Pero claro, jamás sabremos si esto será así.
Y tras esta socorrida introducción, reseñas. No tengo ni idea de mis notas, así que es lo que hay.
Tebeos en red
Sexy Losers ¡Ha vuelto Sexy Losers! La tira que el casi inefable Lordtaku definió como "había que estar muy mal para hacer eso" ha tenido actualizaciones. Aunque más que un regreso, creo que sólo va a concluir la saga de Shiunji y la chica suicida, que quedó interrumpida cuando Clay anunció el abandono. Aparte, hay parodias, que son típicas en esta obra. Un buen momento para volver a echar un vistazo a esos entrañables degenerados.
Cartoon Heroes Arroyo, el autor del magnífico Leie, ha sorprendido con su vuelta al mundo de los tebeos en red con esta obra, que aún está comenzando, pero que continúa paulatinamente. Cuando haya avanzado algo más, ya hablaré más.
Tebeos
Tomie Hoy, casi un año después de leer el primer tomo, he conseguido el segundo. Ya conocía a Junji Itô de Uzumaki, y me he encontrado lo que esperaba: Maldad sin límite, escenas repugnantes y un guión sólido en cada historia, pero endeble en el conjunto. Este hombre tiene talento para realizar una serie de relatos basados en un tema que obsesiona peligrosamente a sus víctimas, pero la relación entre estos es poco clara, y excepto algunos detalles, el momento en que estos relatos ocurren bien poco importa, pudiendo ocurrir antes, después, o a la vez. De hecho, Tomie es la primera obra de Itô, y por ello anterior a Uzumaki, y se percibe este hecho en que esta última, aunque presente historias que podrían borrarse del guión principal, tiene un comienzo y un final. Tomie también tiene comienzo, pero no final. Es una obra de relatos prácticamente independientes, que sólo comparten a la antagonista epónima, un ser que encarna la maldad y la destrucción. Altamente recomendable para lectores ávidos de sangre.
Monster Urasawa me ha resultado agridulce en 20th Century Boys: Un excelente inicio, un nudo brillante, y una "conclusión" deslucida. Las comillas se deben a que, como casi todo el mundo sabe, Urasawa acabará la historia en 21st Century Boys. No obstante, reconozco que es un autor de primera, y el primer número de Monster, que adquirí hace tiempo, me gustó mucho. Además, aproximadamente la primera quincena de tomos de su otro trabajo bien merece una oportunidad. Así, he decidido continuar con ella, aunque tengo entendido que el final es algo vago, pero acaba la historia de verdad. De momento, ya me he vuelto a enganchar.
Videojuegos
God of War ¡Brutal! Este adjetivo habrá sido empleado por la infinidad de jugadores que hayan tenido la oportunidad de echar una partida, y le corresponde: Unir la jugabilidad de la primera entrega de Devil May Cry (el mejor) con la acción propia de los cantares de gesta. El argumento, además, bebe de fuentes clásicas de la mitología griega (lo cual no significa que sea completamente fidedigno a estas), con un héroe como protagonista; los dioses, siempre por encima, asistiéndolo; monstruos que exterminar; crímenes horrendos; y el destino implacable e invicto, sin distinguir dioses o mortales. ¡Magnífico!
Viewtiful Joe 2 Las ofertas me pueden, no porque me compre cualquier cosa de oferta, sino porque espero a que el producto que sé que me va a gustar esté de oferta, cosa que a veces no es así. De todos modos, con la segunda entrega del héroe más "viewtiful" (por una vez, un superlativo relativo no es empelado gratuitamente) he disfrutado igual que con la primera, y poco más se puede añadir. La presencia de Sylvia ha aumentado el peso de los acertijos, e incluso han continuado coherentemente la historia. La novedad más señalable es el modo llamado Las treinta y seis etapas del entrenamiento viewtiful, una serie de pruebas donde las habilidades de los héroes deben ser maximizadas para lograr la victoria en todas.
Si habrá una tercera parte, ya se verá, porque el estudio Clover ha desaparecido.
Libros
Nunca me abandones Al fin he acabado esta magnífica obra, de la cual hablé hace poco. Finalmente, es cierto el comentario que leí cuando investigué acerca del libro: Es un ensayo sobre qué es lo que nos hace humanos. Ocurre que su autor, Kazuo Ishiguro, no quiere admitir que sea catalogada de ciencia ficción, aunque cierto es que la ciencia ficción también habla de la condición humana en sociedades ficticias donde conceptos como la humanidad, la identidad o incluso la memoria son cuestionados por adelantos que los ponen en peligro. La interpretación de la ciencia ficción como una suerte de mezcla entre las predicciones de Nostradamus y la opinión acerca del futuro de expertos en varias áreas del conocimiento.
Además, esta obra tiene un enfoque subjetivo: Las vivencias de Kathy, siempre en primera persona, plasman no sólo el mundo donde habita, sino también sus relaciones con sus amigos, y también las de estos. Por ello, es verdad que muchos no clasificarían Nunca me abandones como una obra de ciencia ficción, debido a que se suele considerar un género muy objetivo. De todos modos, poco importa: La novela describe magníficamente las características más llamativas de la narración, siempre conservando ciertos enigmas que llevarán al lector a querer llegar al final.
Sin embargo, advierto que, sin caer en el mal gusto, es frecuentemente amarga, triste e incluso espeluznante. Pero también bella.
¡Eso es todo! Dentro de cuatro años, ¡más!
Así, se tiene que cada siglo hay veinticuatro años bisiestos, ¿o no? Porque en realidad, aquellos años que sean múltiplos de cuatrocientos sí son considerados bisiestos, como ocurrió con el año 2000.
Así, se tiene que cada cuatro centurias hay noventa y siete años bisiestos. Por ende, cada cuatro milenios debería haber novecientos setenta años bisiestos, ¿o no? Porque para corregir la ligera imprecisión que aún queda, se propone que los años divisibles por cuatro mil no sean bisiestos...
... Pero claro, jamás sabremos si esto será así.
Y tras esta socorrida introducción, reseñas. No tengo ni idea de mis notas, así que es lo que hay.
Tebeos en red
Sexy Losers ¡Ha vuelto Sexy Losers! La tira que el casi inefable Lordtaku definió como "había que estar muy mal para hacer eso" ha tenido actualizaciones. Aunque más que un regreso, creo que sólo va a concluir la saga de Shiunji y la chica suicida, que quedó interrumpida cuando Clay anunció el abandono. Aparte, hay parodias, que son típicas en esta obra. Un buen momento para volver a echar un vistazo a esos entrañables degenerados.
Cartoon Heroes Arroyo, el autor del magnífico Leie, ha sorprendido con su vuelta al mundo de los tebeos en red con esta obra, que aún está comenzando, pero que continúa paulatinamente. Cuando haya avanzado algo más, ya hablaré más.
Tebeos
Tomie Hoy, casi un año después de leer el primer tomo, he conseguido el segundo. Ya conocía a Junji Itô de Uzumaki, y me he encontrado lo que esperaba: Maldad sin límite, escenas repugnantes y un guión sólido en cada historia, pero endeble en el conjunto. Este hombre tiene talento para realizar una serie de relatos basados en un tema que obsesiona peligrosamente a sus víctimas, pero la relación entre estos es poco clara, y excepto algunos detalles, el momento en que estos relatos ocurren bien poco importa, pudiendo ocurrir antes, después, o a la vez. De hecho, Tomie es la primera obra de Itô, y por ello anterior a Uzumaki, y se percibe este hecho en que esta última, aunque presente historias que podrían borrarse del guión principal, tiene un comienzo y un final. Tomie también tiene comienzo, pero no final. Es una obra de relatos prácticamente independientes, que sólo comparten a la antagonista epónima, un ser que encarna la maldad y la destrucción. Altamente recomendable para lectores ávidos de sangre.
Monster Urasawa me ha resultado agridulce en 20th Century Boys: Un excelente inicio, un nudo brillante, y una "conclusión" deslucida. Las comillas se deben a que, como casi todo el mundo sabe, Urasawa acabará la historia en 21st Century Boys. No obstante, reconozco que es un autor de primera, y el primer número de Monster, que adquirí hace tiempo, me gustó mucho. Además, aproximadamente la primera quincena de tomos de su otro trabajo bien merece una oportunidad. Así, he decidido continuar con ella, aunque tengo entendido que el final es algo vago, pero acaba la historia de verdad. De momento, ya me he vuelto a enganchar.
Videojuegos
God of War ¡Brutal! Este adjetivo habrá sido empleado por la infinidad de jugadores que hayan tenido la oportunidad de echar una partida, y le corresponde: Unir la jugabilidad de la primera entrega de Devil May Cry (el mejor) con la acción propia de los cantares de gesta. El argumento, además, bebe de fuentes clásicas de la mitología griega (lo cual no significa que sea completamente fidedigno a estas), con un héroe como protagonista; los dioses, siempre por encima, asistiéndolo; monstruos que exterminar; crímenes horrendos; y el destino implacable e invicto, sin distinguir dioses o mortales. ¡Magnífico!
Viewtiful Joe 2 Las ofertas me pueden, no porque me compre cualquier cosa de oferta, sino porque espero a que el producto que sé que me va a gustar esté de oferta, cosa que a veces no es así. De todos modos, con la segunda entrega del héroe más "viewtiful" (por una vez, un superlativo relativo no es empelado gratuitamente) he disfrutado igual que con la primera, y poco más se puede añadir. La presencia de Sylvia ha aumentado el peso de los acertijos, e incluso han continuado coherentemente la historia. La novedad más señalable es el modo llamado Las treinta y seis etapas del entrenamiento viewtiful, una serie de pruebas donde las habilidades de los héroes deben ser maximizadas para lograr la victoria en todas.
Si habrá una tercera parte, ya se verá, porque el estudio Clover ha desaparecido.
Libros
Nunca me abandones Al fin he acabado esta magnífica obra, de la cual hablé hace poco. Finalmente, es cierto el comentario que leí cuando investigué acerca del libro: Es un ensayo sobre qué es lo que nos hace humanos. Ocurre que su autor, Kazuo Ishiguro, no quiere admitir que sea catalogada de ciencia ficción, aunque cierto es que la ciencia ficción también habla de la condición humana en sociedades ficticias donde conceptos como la humanidad, la identidad o incluso la memoria son cuestionados por adelantos que los ponen en peligro. La interpretación de la ciencia ficción como una suerte de mezcla entre las predicciones de Nostradamus y la opinión acerca del futuro de expertos en varias áreas del conocimiento.
Además, esta obra tiene un enfoque subjetivo: Las vivencias de Kathy, siempre en primera persona, plasman no sólo el mundo donde habita, sino también sus relaciones con sus amigos, y también las de estos. Por ello, es verdad que muchos no clasificarían Nunca me abandones como una obra de ciencia ficción, debido a que se suele considerar un género muy objetivo. De todos modos, poco importa: La novela describe magníficamente las características más llamativas de la narración, siempre conservando ciertos enigmas que llevarán al lector a querer llegar al final.
Sin embargo, advierto que, sin caer en el mal gusto, es frecuentemente amarga, triste e incluso espeluznante. Pero también bella.
¡Eso es todo! Dentro de cuatro años, ¡más!
lunes, enero 28
La lucha llega a su fin.
Pues sí, en febrero acabaré la carrera. Aunque he suspendido en diciembre, no me amilano, y estoy decidido. En total, voy a presentarme a tres exámenes: El primer parcial (mañana mismo) y la convocatoria de febrero de una (así me aseguro de no tener que ir a junio), y el final de la otra, que es cuatrimestral. Por ello, no tengo nada que comentar, ni nada preparado. Tan sólo un vídeo de You Tube, que bien puede resumir cierto concepto universitario:
Y bueno, esta es una entrada sosa, pero espero compensaros para el mes que viene con mi éxito. ¡Saludos!
Y bueno, esta es una entrada sosa, pero espero compensaros para el mes que viene con mi éxito. ¡Saludos!
lunes, diciembre 31
¡Consumismo por todas partes!
¡Lo que leéis! ¡Llegó la Navidad, y con tres semanas de antelación! Desde antes del puente de la Inmaculada y la Constitución, se han podido ver anuncios acerca de las felices fiestas, y de cuánto y cómo podemos comprar para celebrarlo. Todo ello aderezado con películas de Papá Noel, o clásicos que siempre son emitidos en estas fiestas y que casi todo el mundo ya ha visto; provocando que la gente esté cansada de la Navidad incluso antes de que esta empiece.
Y una vez acabada esta protesta contra la presión publicitaria...
¡Hola! Heme aquí, dispuesto a actualizar en plenas fiestas. Deseándoos felicidad durante las mismas, aviso que vienen más reseñas, a falta de otras cosas interesantes que comentar. Algún día subiré algunas de las historias que estoy escribiendo, en serio. Para evitar atosigaros, estas serán muy breves.
Tebeos
Death Note Doce tomos componen esta colección, como doce meses un año. Sin duda, no es en absoluto mala serie, pero sufre un bache en el tomo 8 que provoca que decaiga hasta el final. De todos modos, la conclusión no decepciona, sin alejarse de la tónica de la serie, que se centra en la batalla mental de dos genios.
No obstante, está claro que vuelve a contar la misma historia a partir del tomo 7, lo cual, sin ser criminal, sí es pesaroso. Aunque me gustó el fin de la primera parte, no puedo evitar la sensación de que la historia se habría podido resumir en nueve tomos, por poner un ejemplo, sin necesidad de una segunda parte.
20th Century Boys Esta obra también ha llegado a su término… o no, porque Urasawa, incapaz de atar todos los cabos, continuará la trama en 21st Century Boys, que empezó el pasado julio. En Japón, claro. Aquí, toca esperar.
Lo cierto es que, en mi humilde opinión, Urasawa podría haber acabado mucho antes. A partir del tomo 17, decidió complicar la trama innecesariamente, que no malamente. No digo que me haya disgustado el contenido, sino el modo. Le ha pasado lo que le ocurre a Padre de familia: Ha querido hacer tantas referencias, que al final la trama principal la ha descuidado. El problema es que, claro, en este caso sí importa. De todos modos, es justo esperar a ver qué sale de 21CB (siglas que me he sacado de la manga). Tampoco debería tardar demasiado en finalizar dicha secuela, tan pronto como desvele los secretos restantes, aunque es bien capaz de sacar diez tomos tan pronto como se descuide.
Lamu Continúa en su línea, y destaco que ha alcanzado algunos de los episodios más celebrados de la serie. Curiosamente, en el tomo 6 aparece el que sería el último de esta, aquel del día de las representaciones artísticas. Aparte, el tono de cachondeo indiscriminado se mantiene, y se agradece. No obstante, aquellos que esperen encontrar al grupo de admiradores de Lamu, que se fastidie: En realidad, dichos personajes aparecieron sólo durante los primeros capítulos, para desaparecer rápidamente, y en su lugar tener a Kôsuke, que se parece a Permanente, pero en feo, y más como amiguo de Ataru que como seguidor incondicional de Lamu (por supuesto, también le gusta, pero como a cualquier otro). El resto de personajes se mantiene: Benten, Oyuki, la princesa Kurama, Shûtarô (Mendô)... Y acompañado de referencias a la cultura de los ochenta y los clásicos japoneses, siendo los últimos explicados en valiosas notas de traducción. Una joya, en resumen.
En red
Krakow Studios Vuelvo a reseñarlo, ya que se aproxima a su fin, como hizo Leie. Es buena oportunidad para que lo conozcan aquellos que gusten de súcubos y pitorreo generalizado.
Libros
Franz Kafka: Cuentos completos (textos originales) Pues sí, he decidido acercarme a este hombre, y comprender por qué todos los culturetas lo renombran tanto. Y lo cierto es que me ha gustado, pero, en el fondo, el surrealismo de sus historias está imbuido en obras compuestas por viñetas y secuencias (tebeos y la tele tonta, que dirían algunos). Con leer La metamorfosis, uno empieza a recordar capítulos de series como Más allá del límite, o Uzumaki de Junji Ito. Por ello, es altamente recomendable.
La familia de Pascual Duarte Se conoce que un servidor no tiene prejuicios por los libros, y que puede disfrutar por igual con obras comerciales y culturales (obviamente, depende de cada caso). En el caso de la obra prima de Camilo José Cela, me ha gustado. Desde que leí El árbol de la ciencia, siento especial debilidad por las Bildungromane y similares: Novelas que cuentan el desarrollo psicológico del protagonista desde su niñez (o la juventud) hasta la edad adulta, detallando los acontecimientos que mejor explican su comportamiento posterior. Además, en el caso de novelas españolas, ello supone describir exhaustivamente nuestra historia, a veces despiadadamente.
Eso sí, en este caso, advierto a los lectores sensibles, o que no aguanten las tragedias, que se abstengan: Es una novela corta, y por ello, resulta muy difícil tragar el aluvión de drama que contiene. Al que sí quiera leer una novela dura, ¡adelante!
El señor de las moscas La famosa novela de los muchachos perdidos en una isla durante la Segunda Guerra Mundial no me ha enganchado tanto como creía, quizás porque la compré en noviembre y tenía que estudiar para diciembre. También es verdad que no la he acabado, así que quizás sea mejor esperar a avanzar algo más.
Nunca me abandones Vi este libro en el autobús, y tras buscar en la red (y descubrir partes fundamentales del argumento), decidí comprarlo. La novela trata de Kathy, Ruth, Tommy, y en menor medida de los demás estudiantes de Hailsham, un extraño internado, donde los alumnos son educados para mejorar su creatividad, les permiten tener relaciones sexuales, y les recuerdan continuamente que deben mantenerse sanos, lo cual es importantísimo debido a a que son muy especiales. Me está encantando, y no dudo que la habré acabado para la época de exámenes.
Seguiré con películas y videojuegos dentro de unos días, para evitar tener que actualizar en época de exámenes. Para entreteneros, os obsequio con un villancico "lovecraftiano", y así lograr combatir el espíritu navideño sin tener que ofender a nadie.
La letra para quienes no entiendan bien el inglés, y también la misma canción, aunque los diversos videoclips de You Tube son más entretenidos.
Por último, ¡feliz año nuevo, y que vuestros deseos, incluso los más licenciosos, se cumplan!
Y una vez acabada esta protesta contra la presión publicitaria...
¡Hola! Heme aquí, dispuesto a actualizar en plenas fiestas. Deseándoos felicidad durante las mismas, aviso que vienen más reseñas, a falta de otras cosas interesantes que comentar. Algún día subiré algunas de las historias que estoy escribiendo, en serio. Para evitar atosigaros, estas serán muy breves.
Tebeos
Death Note Doce tomos componen esta colección, como doce meses un año. Sin duda, no es en absoluto mala serie, pero sufre un bache en el tomo 8 que provoca que decaiga hasta el final. De todos modos, la conclusión no decepciona, sin alejarse de la tónica de la serie, que se centra en la batalla mental de dos genios.
No obstante, está claro que vuelve a contar la misma historia a partir del tomo 7, lo cual, sin ser criminal, sí es pesaroso. Aunque me gustó el fin de la primera parte, no puedo evitar la sensación de que la historia se habría podido resumir en nueve tomos, por poner un ejemplo, sin necesidad de una segunda parte.
20th Century Boys Esta obra también ha llegado a su término… o no, porque Urasawa, incapaz de atar todos los cabos, continuará la trama en 21st Century Boys, que empezó el pasado julio. En Japón, claro. Aquí, toca esperar.
Lo cierto es que, en mi humilde opinión, Urasawa podría haber acabado mucho antes. A partir del tomo 17, decidió complicar la trama innecesariamente, que no malamente. No digo que me haya disgustado el contenido, sino el modo. Le ha pasado lo que le ocurre a Padre de familia: Ha querido hacer tantas referencias, que al final la trama principal la ha descuidado. El problema es que, claro, en este caso sí importa. De todos modos, es justo esperar a ver qué sale de 21CB (siglas que me he sacado de la manga). Tampoco debería tardar demasiado en finalizar dicha secuela, tan pronto como desvele los secretos restantes, aunque es bien capaz de sacar diez tomos tan pronto como se descuide.
Lamu Continúa en su línea, y destaco que ha alcanzado algunos de los episodios más celebrados de la serie. Curiosamente, en el tomo 6 aparece el que sería el último de esta, aquel del día de las representaciones artísticas. Aparte, el tono de cachondeo indiscriminado se mantiene, y se agradece. No obstante, aquellos que esperen encontrar al grupo de admiradores de Lamu, que se fastidie: En realidad, dichos personajes aparecieron sólo durante los primeros capítulos, para desaparecer rápidamente, y en su lugar tener a Kôsuke, que se parece a Permanente, pero en feo, y más como amiguo de Ataru que como seguidor incondicional de Lamu (por supuesto, también le gusta, pero como a cualquier otro). El resto de personajes se mantiene: Benten, Oyuki, la princesa Kurama, Shûtarô (Mendô)... Y acompañado de referencias a la cultura de los ochenta y los clásicos japoneses, siendo los últimos explicados en valiosas notas de traducción. Una joya, en resumen.
En red
Krakow Studios Vuelvo a reseñarlo, ya que se aproxima a su fin, como hizo Leie. Es buena oportunidad para que lo conozcan aquellos que gusten de súcubos y pitorreo generalizado.
Libros
Franz Kafka: Cuentos completos (textos originales) Pues sí, he decidido acercarme a este hombre, y comprender por qué todos los culturetas lo renombran tanto. Y lo cierto es que me ha gustado, pero, en el fondo, el surrealismo de sus historias está imbuido en obras compuestas por viñetas y secuencias (tebeos y la tele tonta, que dirían algunos). Con leer La metamorfosis, uno empieza a recordar capítulos de series como Más allá del límite, o Uzumaki de Junji Ito. Por ello, es altamente recomendable.
La familia de Pascual Duarte Se conoce que un servidor no tiene prejuicios por los libros, y que puede disfrutar por igual con obras comerciales y culturales (obviamente, depende de cada caso). En el caso de la obra prima de Camilo José Cela, me ha gustado. Desde que leí El árbol de la ciencia, siento especial debilidad por las Bildungromane y similares: Novelas que cuentan el desarrollo psicológico del protagonista desde su niñez (o la juventud) hasta la edad adulta, detallando los acontecimientos que mejor explican su comportamiento posterior. Además, en el caso de novelas españolas, ello supone describir exhaustivamente nuestra historia, a veces despiadadamente.
Eso sí, en este caso, advierto a los lectores sensibles, o que no aguanten las tragedias, que se abstengan: Es una novela corta, y por ello, resulta muy difícil tragar el aluvión de drama que contiene. Al que sí quiera leer una novela dura, ¡adelante!
El señor de las moscas La famosa novela de los muchachos perdidos en una isla durante la Segunda Guerra Mundial no me ha enganchado tanto como creía, quizás porque la compré en noviembre y tenía que estudiar para diciembre. También es verdad que no la he acabado, así que quizás sea mejor esperar a avanzar algo más.
Nunca me abandones Vi este libro en el autobús, y tras buscar en la red (y descubrir partes fundamentales del argumento), decidí comprarlo. La novela trata de Kathy, Ruth, Tommy, y en menor medida de los demás estudiantes de Hailsham, un extraño internado, donde los alumnos son educados para mejorar su creatividad, les permiten tener relaciones sexuales, y les recuerdan continuamente que deben mantenerse sanos, lo cual es importantísimo debido a a que son muy especiales. Me está encantando, y no dudo que la habré acabado para la época de exámenes.
Seguiré con películas y videojuegos dentro de unos días, para evitar tener que actualizar en época de exámenes. Para entreteneros, os obsequio con un villancico "lovecraftiano", y así lograr combatir el espíritu navideño sin tener que ofender a nadie.
La letra para quienes no entiendan bien el inglés, y también la misma canción, aunque los diversos videoclips de You Tube son más entretenidos.
Por último, ¡feliz año nuevo, y que vuestros deseos, incluso los más licenciosos, se cumplan!
viernes, noviembre 30
No hay mal que por bien no venga... ¡Digo yo!
Bueno, es hora de que escriba una entrada anodina, en la que cuente cosas de mi vida y de lo que he hecho últimamente. No obstante, como lo personal ha variado poco, me concentraré en tebeos y series, con el comentario de libros, películas y videojuegos para mejor ocasión.
Pero antes que nada, advierto que el disquet donde guardaba mis textos, así como un disco donde se guardaba parte de otros, ha pasado a mejor vida, motivo por el cual embriones de historias han desaparecido. Afortunadamente, recuerdo bien lo que escribí, aproximadamente, y es posible que con la colaboración de ciertas personas recupere parte de lo perdido. Además, como subí dos de ellas, son siempre recuperables.
Y ahora, ¡reseñas!
Tebeos
Sólo comentaré brevemente una novedad, pues quiero dejar las otras series que sigo cuando las acabe (20th Century Boys, Death Note, Tomie), o cuando lleve varios números más (Urusei Yatsura (Lamu), Naruto), o bien junto a las otras, por ser obra que sale de tanto en tanto (Gunnm Last Order).
School Rumble Conocía esta obra por la serie, cuyos capítulos estaban hasta no hace mucho en la página You Tube. Trata de los asuntos amorosos de Tenma Tsukamoto, que ama a Ooji Karasuma, y de los de Kenji Harima, que ama a la primera... O no, porque además hay un elenco de secundarios con capacidades tan sorprendentes como la telepatía, o las artes marciales en peleas callejeras. Y también se montan por medio películas para dar y tomar.
En resumen, es una parodia de diversos géneros y obras señalables, y sumamente recomendable para echar unas risas inteligentes.
La traducción es buena, como de un tiempo a esta parte acostumbra Norma (que yo note, al menos); aunque se me resiste que hayan dejado como "¡DPM!" ciertas exclamaciones de Harima. Los detalles lingüísticos y culturales se han indicado, excepto uno que seguramente no se ha revelado por razones argumentales.
Tebeos en red
Deberían aparecer con todo derecho en la categoría anterior, pero yo soy así, y prefiero dejar las cosas claras.
Leie Esta obra está a sólo dos tiras de su final, y es buen momento para volver a reseñarla. Leie trata de la vida del protagonista epónimo, un chico algo maniático, pero afortunadamente, su vida tiene poco de normal, y la mayor parte de los arcos tratan de él haciendo alguna locura. No obstante, y como no sólo de humor vive el hombre, también hay momentos emotivos, y los personajes muestran una evolución lógica, y de hecho ahora es una de las obras del WEE (Webcómics en español) más serias y dramáticas. El porqué de esta transición será revelado si uno lee todas las tiras y se incorpora a la actualización actual, lo cual será fácil si se tiene en cuenta que el propio autor ha afirmado que es posible realizar esta hazaña antes de la próxima. Para evitar sorpresas desagradables, enlazaré desde la primera tira para el nuevo lector.
Freaks Obra del amigo Aitor Eraña, a quien conozco del Manga a gritos como TerminAitor, se merece otra reseña por un concurso que tiene como tema central mi personaje favorito: El origen de Nikita permite crear un texto en el cual el pasado de este personaje, como su naturaleza, sea explicado según quiera cada cual. El límite del plazo, ampliado, es el 9 de diciembre. Por mi parte, ya estoy escribiendo algo, así que si alguien desea escribir un relato humorística, ¡ánimo y al teclado! Más detalles, en la bitácora de Aitor, Con mano izquierda.
Animación
Lo mío con los doblajes en español debe de ser algo romántico, porque mira que algunos son prohibitivos, con censuras y paparruchadas vergonzantes, pero nada: Sigo picando*. Sí, algunos son decentes, pero está claro que mi ritmo de vida, acondicionado por prácticas inacabables, no me permitía disfrutar de las versiones originales subtituladas que simples, pero esforzados, aficionados difunden a través de la red, sin ánimo de lucro. Otra respetabilísima alternativa es comprar las ediciones en DVD, cuando salen, que esa es otra. No obstante, económicamente soy débil, así que la dejaremos cuando gane un sueldo digno. Allá van mis reseñas, las tres primeras de Canal 2 Andalucía, y la última de Cuatro:
*Excepto en el caso de Naruto, lamentable desde su apertura española; y en el de Azumanga Daioh, que no encuentra distribuidor en España para su versión animada, delito más grave por lo magnífica que es.
Keroro Gunsô (Sargento Keroro) Conocía esta serie gracias a un comentario en el Manga a gritos del amigo Lordtaku, y se lo agradezco de corazón. Esta serie recoge las experiencias del escuadrón de Keroro, seleccionados en su planeta, Keron, como la avanzadilla de la invasión de Pokopen* (alias la Tierra). Sus habitantes viven inadvertidos del peligro que suponen los invasores, primos lejanos de la rana Gustavo. Porque sí, los keronenses (traducción española) son seres inteligentes con la fisionomía de ranas, con la salvedad de ser bípedos y parlanchines. Ahí es nada.
Con esta premisa, sus autores se desmarcan en una genial parodia de las series de invasiones extraterrestres, de mechas (robots gigantes, vamos) e incluso del submundo otaku. Keroro, el epónimo protagonista, es el líder del grupo, merced a sus méritos en Keron, no onstante cuando llegó a la Tierra quedó idiotizado perdido por culpa de la menor humedad ambiental respecto a su lugar de origen. En el primer capítulo es capturado por Fuyuki y Natsumi Hinata, una pareja de hermanos muy independientes, y gracias a esta hazaña, su hogar es a partir de entonces el cuartel oficial de invasión de Pokopen. Y digo "gracias" porque así podemos conocer una colección de personajes impagables y enloquecidos.
Respecto al doblaje español, el haber traducido la canción de apertura (opening) ya sería motivo de repulsa, máxime porque, al ser imposible una adaptación de la letra japonesa (logro este, de ser conseguido, digno de las más altas alabanzas, incluso aunque después sonara como Operación Triunfo: Cotillón), esta se ha sustituido por chorradas como "vamos a conquistar", "apúntate conmigo" y demás estupideces. Y de la canción de cierre ni hablaré. La dificultad estribaba en que las canciones originales eran bastante surrealistas, referidas más a detalles del protagonista, Keroro. Para hacerse una idea, una frase venía a decir "Frota los espacios rectangulares en círculos.". Además, esta traducción ha hecho que el resto de canciones de apertura desaparezcan. Una infamia, vamos. El resto es algo más apropiado: Cada personaje tiene una voz más o menos identificativa de su personalidad (o dos en el caso de los esquizofrénicos Tamama y Nishizawa), y cumplen. Eso sí, identificativas desde el baremo español: Keroro tiene un tono ridículo, Giroro, duro, Kururu, retorcido, Tamama, uno inocente y otro exaltado, y el más normal es Dororo. También han respetado las muletillas "gero", "giro"... etcétera (aunque han cambiado el "¡Kikiki!" de Kururu por "¡Kukuku!"). Los personajes humanos, no obstante, están menos respetados: Fuyuki y Natsumi tienen voces demasiado graves para su edad, y respecto al doblaje nipón. Sobre todo Natsumi, a quien dobla la segunda voz de Misae (la madre de Shin-Chan). Vale que en los originales, distinguir entre una treintañera en ciernes y una cría de catorce años sea difícil a veces, pero en España sí es notorio (a no ser que Natsumi haya estado bebiendo y fumando desde los once). La mejor tratada es Nishizawa, cuyas dos voces (niña mimosa y loca psicótica) son muy distinguibles. Por último, han subtitulado y doblado los múltiples recuadros de texto en japonés que aparecen en cada capítulo, lo cual es digno de una ovación.
*A todo esto, hay que decir que en Japón se usa Pekopon, anagrama de Pokopen, ya que el último es un término japonés peyorativo usado durante las guerras sino-japonesas para referirse a China. Mientras que en el tebeo original se usa la expresión histórica, en la versión animada se alteró, ya que las leyes japonesas prohíben su difusión televisiva. En realidad, no hay motivos para preocuparse debido a la naturaleza cómica de la serie, pero es análogo a las referencias al nacionalsocialismo en Alemania: Mejor evitar pendencias y rebeliones de los ultranacionalistas.
Tsubasa: Reservoir Chronicle (Tsubasa: Las crónicas de Sakura) Debo admitir que las Clamp no son mis autoras favoritas, y no por enjundia personal, sino porque realmente jamás me han llamado mucho la atención sus obras. Vi Card Captor Sakura y algunos capítulos de Clamp School Detectives, y disfruté de modo aceptable. Sin embargo, reconozco que tienen series de varias temáticas, y que X y RigVeda me han pasado desapercibidas. Así que cuando tuve la oportunidad de ver este crossover, la aproveché.
¿Resultado? ¡Positivo! Está bien, me entretiene mucho, aunque no tanto como si fuera un seguidor del grupo. Esta serie debió de nacer cuando, tras revisar las Clamp su propia obra, se dieron cuenta de que Syaoran debía de haber sido el protagonista en lugar de Sakura, y ya puestas, decidieron reciclar a otros tantos personajes. Por último, crearon a un par nuevo, para que la gente no les llamara vagas. Además, Sakura es menos boba que en Card Captor Sakura, incluso podemos considerar que aquí es inteligente, pero acusa el efecto de haber perdido la memoria, que es el arranque de la historia.
El doblaje en español comete el mismo pecado que Keroro Gunsô: ¡Doblan las canciones! ¡Con lo bien que quedan en su idioma original! Las voces quizás sean algo más equívocas, pero siguen siendo identificativas del grupo principal. El problema se da con los secundarios: Demasiados, aunque se repiten, se nota mucho que el cuidado es menor con ellos.
Por último, sorprendetemente, Canal 2 Andalucía ha retirado la serie sin que esta haya finalizado, lo cual no está en la línea de esta emisora, que ofrece los programas de principio a fin, incluso cuando los repite. ¡Mal, muy mal!
Bobobôbo Bôbobo(Bobobó) Disparatada como es, era ya difícil que no me gustara, ¡pero es genial! Si Keroro Gunsô parodia las invasiones, aquí el tema consiste en referenciar continuamente las peleas de grupos de héroes contra organizaciones del mal. Vamos, los shônen manga (y anime). Aquí, todo vale para superar al enemigo, que siempre es el más poderoso que se han encontrado hasta el momento (¡Qué educados son, vienen en orden para que Bobobô y sus amigos se vayan fortaleciendo paulatinamente!): Técnicas antiguas, ninja, especiales, cosmos, fusiones imposibles e incluso lanzar a un compañero (seguro que el equipo de Disgaea plagió la idea). No obstante, también aparecen guiños a las magical girls, series clásicas, de gamberros y yo diría que al menos uno a Hyper Future Dimension Gunnm. Esto hace que incluso a un aficionado que lleva años en esto, como yo, le cueste a veces saber por dónde van los tiros (aunque el propio Heppokomaru, uno de los personajes, comenta en un capítulo sobre una situación absurda: "¡Será una parodia!"). No obstante, el humor de esta serie es altamente recomendable para todo el mundo: Está hecha para desternillarse a gusto, no para aguantar dramas de ayer y hoy como "¡Salva a la chica que te trata como una mierda y hace insinuaciones a tu espalda sobre tu sexualidad!". De hecho, es lo único relacionado con Hokuto no Ken (El puño de la estrella del Norte) que me ha hecho disfrutar.
Respecto al doblaje español, han tenido la enorme decencia de dejar las canciones de apertura y cierre en idioma nipón, como está mandado. Sobre el contenido, me arriesgo y confirmaré la teoría del amigo Draug, hecha en la entrada anterior, acerca de que el doblaje importa poco en esta serie, ya que es una chorrada (genial, pero chorrada). Algunas voces están más trabajadas que otras, y al menos gritan a lo loco cuando se da una "Bobobada". Esta es la otra parte, la adaptación de las técnicas, y algunos nombres de personajes (Hatenkô como Impredecible, algunos animales como Nutria, y motes como Pequeñita). Excepto cierto caso confirmado, opino que la adaptación es en general buena, y necesaria para entender el surrealismo de la serie. La subtitulación de textos está muy bien realizada, a pesar de la extensión de algunos textos, y además suelen ser leídos por los personajes.
En resumen, recomendable para reírse cuando uno esté virtualmente harto de Dragon Ball, Bleach, Naruto, One Piece, Saint Seiya (Los caballeros del Zodíaco), o cualquiera de la familia (sin entrar en la calidad de estas obras mencionadas, que es otra cuestión).
Bleach Que Canal 2 Andalucía estrene tres series de animación más o menos rimbombantes a la vez no me extraña nada, ya he comentado por aquí que tienen un criterio de emisión excelente; pero Cuatro, sin duda, está siguiendo esos pasos sin dudarlo. Si además emitiera a otra hora, y no cortara la canción de cierre (tal cual la hicieron en Japón, lo cual es más delictivo), merecería un premio. Por último, la emisión en japonés subtitulado sería su conquista virtual del trono, que no real, porque algunas autonómicas le llevan mucha ventaja.
Y dejando estas consideraciones, todo el mundo conoce esta serie: Ichigo Kurosaki es un estudiante de instituto capaz de ver espíritus, cual niño con sexto sentido, y tras un encontronazo con una shinigami llamada Rukia Kuchiki, adquiere los poderes de los mensajeros de la muerte en la mitología nipona (mejor dicho, según las ha adaptado Tite Kubo). Estas habilidades sirven para proteger a las almas errantes de los Hollow, resultado de la corrupción de las primeras en seres malvados, que devoran a las primeras para continuar sobreviviendo. Después, que cada cual recuerde, o la vea.
A mi gusto, Bleach es un buen shônen, con personajes carismáticos y fáciles de identificar, pero no está en la misma liga que Naruto o One Piece. Las comparaciones son odiosas, pero necesarias. En las dos últimas, sus protagonistas tienen, a mi gusto, asistencia de sus compañeros, y elementos que explican que puedan superar a rivales asombrosos. Ichigo tiene mucho poder espiritual, pero en muchos momentos tiene "la potra del prota", y perdón por el cutre juego de palabras.
Respecto al doblaje, es bueno. Los actores usan registros irónicos, sarcáticos, exagerados, y pitorrones. Las voces me parecen apropiadas, aunque algunos personajes se parecen demasiado. Sorprende que hayan optado por usar vocablos como "cabrón" e "hijo de puta", pero cierto es que ignoro si en el original hay improperios semejantes a estos, o se ha doblado así para darle más contundencia.
Pues eso es todo, aviso que pienso enviarle a Aitor un texto para el concurso de El origen de Nikita, así que ya sabéis dónde podéis leerme, ¡hasta entonces!
P.D: Editado para corregir algunos detalles.
Pero antes que nada, advierto que el disquet donde guardaba mis textos, así como un disco donde se guardaba parte de otros, ha pasado a mejor vida, motivo por el cual embriones de historias han desaparecido. Afortunadamente, recuerdo bien lo que escribí, aproximadamente, y es posible que con la colaboración de ciertas personas recupere parte de lo perdido. Además, como subí dos de ellas, son siempre recuperables.
Y ahora, ¡reseñas!
Tebeos
Sólo comentaré brevemente una novedad, pues quiero dejar las otras series que sigo cuando las acabe (20th Century Boys, Death Note, Tomie), o cuando lleve varios números más (Urusei Yatsura (Lamu), Naruto), o bien junto a las otras, por ser obra que sale de tanto en tanto (Gunnm Last Order).
School Rumble Conocía esta obra por la serie, cuyos capítulos estaban hasta no hace mucho en la página You Tube. Trata de los asuntos amorosos de Tenma Tsukamoto, que ama a Ooji Karasuma, y de los de Kenji Harima, que ama a la primera... O no, porque además hay un elenco de secundarios con capacidades tan sorprendentes como la telepatía, o las artes marciales en peleas callejeras. Y también se montan por medio películas para dar y tomar.
En resumen, es una parodia de diversos géneros y obras señalables, y sumamente recomendable para echar unas risas inteligentes.
La traducción es buena, como de un tiempo a esta parte acostumbra Norma (que yo note, al menos); aunque se me resiste que hayan dejado como "¡DPM!" ciertas exclamaciones de Harima. Los detalles lingüísticos y culturales se han indicado, excepto uno que seguramente no se ha revelado por razones argumentales.
Tebeos en red
Deberían aparecer con todo derecho en la categoría anterior, pero yo soy así, y prefiero dejar las cosas claras.
Leie Esta obra está a sólo dos tiras de su final, y es buen momento para volver a reseñarla. Leie trata de la vida del protagonista epónimo, un chico algo maniático, pero afortunadamente, su vida tiene poco de normal, y la mayor parte de los arcos tratan de él haciendo alguna locura. No obstante, y como no sólo de humor vive el hombre, también hay momentos emotivos, y los personajes muestran una evolución lógica, y de hecho ahora es una de las obras del WEE (Webcómics en español) más serias y dramáticas. El porqué de esta transición será revelado si uno lee todas las tiras y se incorpora a la actualización actual, lo cual será fácil si se tiene en cuenta que el propio autor ha afirmado que es posible realizar esta hazaña antes de la próxima. Para evitar sorpresas desagradables, enlazaré desde la primera tira para el nuevo lector.
Freaks Obra del amigo Aitor Eraña, a quien conozco del Manga a gritos como TerminAitor, se merece otra reseña por un concurso que tiene como tema central mi personaje favorito: El origen de Nikita permite crear un texto en el cual el pasado de este personaje, como su naturaleza, sea explicado según quiera cada cual. El límite del plazo, ampliado, es el 9 de diciembre. Por mi parte, ya estoy escribiendo algo, así que si alguien desea escribir un relato humorística, ¡ánimo y al teclado! Más detalles, en la bitácora de Aitor, Con mano izquierda.
Animación
Lo mío con los doblajes en español debe de ser algo romántico, porque mira que algunos son prohibitivos, con censuras y paparruchadas vergonzantes, pero nada: Sigo picando*. Sí, algunos son decentes, pero está claro que mi ritmo de vida, acondicionado por prácticas inacabables, no me permitía disfrutar de las versiones originales subtituladas que simples, pero esforzados, aficionados difunden a través de la red, sin ánimo de lucro. Otra respetabilísima alternativa es comprar las ediciones en DVD, cuando salen, que esa es otra. No obstante, económicamente soy débil, así que la dejaremos cuando gane un sueldo digno. Allá van mis reseñas, las tres primeras de Canal 2 Andalucía, y la última de Cuatro:
*Excepto en el caso de Naruto, lamentable desde su apertura española; y en el de Azumanga Daioh, que no encuentra distribuidor en España para su versión animada, delito más grave por lo magnífica que es.
Keroro Gunsô (Sargento Keroro) Conocía esta serie gracias a un comentario en el Manga a gritos del amigo Lordtaku, y se lo agradezco de corazón. Esta serie recoge las experiencias del escuadrón de Keroro, seleccionados en su planeta, Keron, como la avanzadilla de la invasión de Pokopen* (alias la Tierra). Sus habitantes viven inadvertidos del peligro que suponen los invasores, primos lejanos de la rana Gustavo. Porque sí, los keronenses (traducción española) son seres inteligentes con la fisionomía de ranas, con la salvedad de ser bípedos y parlanchines. Ahí es nada.
Con esta premisa, sus autores se desmarcan en una genial parodia de las series de invasiones extraterrestres, de mechas (robots gigantes, vamos) e incluso del submundo otaku. Keroro, el epónimo protagonista, es el líder del grupo, merced a sus méritos en Keron, no onstante cuando llegó a la Tierra quedó idiotizado perdido por culpa de la menor humedad ambiental respecto a su lugar de origen. En el primer capítulo es capturado por Fuyuki y Natsumi Hinata, una pareja de hermanos muy independientes, y gracias a esta hazaña, su hogar es a partir de entonces el cuartel oficial de invasión de Pokopen. Y digo "gracias" porque así podemos conocer una colección de personajes impagables y enloquecidos.
Respecto al doblaje español, el haber traducido la canción de apertura (opening) ya sería motivo de repulsa, máxime porque, al ser imposible una adaptación de la letra japonesa (logro este, de ser conseguido, digno de las más altas alabanzas, incluso aunque después sonara como Operación Triunfo: Cotillón), esta se ha sustituido por chorradas como "vamos a conquistar", "apúntate conmigo" y demás estupideces. Y de la canción de cierre ni hablaré. La dificultad estribaba en que las canciones originales eran bastante surrealistas, referidas más a detalles del protagonista, Keroro. Para hacerse una idea, una frase venía a decir "Frota los espacios rectangulares en círculos.". Además, esta traducción ha hecho que el resto de canciones de apertura desaparezcan. Una infamia, vamos. El resto es algo más apropiado: Cada personaje tiene una voz más o menos identificativa de su personalidad (o dos en el caso de los esquizofrénicos Tamama y Nishizawa), y cumplen. Eso sí, identificativas desde el baremo español: Keroro tiene un tono ridículo, Giroro, duro, Kururu, retorcido, Tamama, uno inocente y otro exaltado, y el más normal es Dororo. También han respetado las muletillas "gero", "giro"... etcétera (aunque han cambiado el "¡Kikiki!" de Kururu por "¡Kukuku!"). Los personajes humanos, no obstante, están menos respetados: Fuyuki y Natsumi tienen voces demasiado graves para su edad, y respecto al doblaje nipón. Sobre todo Natsumi, a quien dobla la segunda voz de Misae (la madre de Shin-Chan). Vale que en los originales, distinguir entre una treintañera en ciernes y una cría de catorce años sea difícil a veces, pero en España sí es notorio (a no ser que Natsumi haya estado bebiendo y fumando desde los once). La mejor tratada es Nishizawa, cuyas dos voces (niña mimosa y loca psicótica) son muy distinguibles. Por último, han subtitulado y doblado los múltiples recuadros de texto en japonés que aparecen en cada capítulo, lo cual es digno de una ovación.
*A todo esto, hay que decir que en Japón se usa Pekopon, anagrama de Pokopen, ya que el último es un término japonés peyorativo usado durante las guerras sino-japonesas para referirse a China. Mientras que en el tebeo original se usa la expresión histórica, en la versión animada se alteró, ya que las leyes japonesas prohíben su difusión televisiva. En realidad, no hay motivos para preocuparse debido a la naturaleza cómica de la serie, pero es análogo a las referencias al nacionalsocialismo en Alemania: Mejor evitar pendencias y rebeliones de los ultranacionalistas.
Tsubasa: Reservoir Chronicle (Tsubasa: Las crónicas de Sakura) Debo admitir que las Clamp no son mis autoras favoritas, y no por enjundia personal, sino porque realmente jamás me han llamado mucho la atención sus obras. Vi Card Captor Sakura y algunos capítulos de Clamp School Detectives, y disfruté de modo aceptable. Sin embargo, reconozco que tienen series de varias temáticas, y que X y RigVeda me han pasado desapercibidas. Así que cuando tuve la oportunidad de ver este crossover, la aproveché.
¿Resultado? ¡Positivo! Está bien, me entretiene mucho, aunque no tanto como si fuera un seguidor del grupo. Esta serie debió de nacer cuando, tras revisar las Clamp su propia obra, se dieron cuenta de que Syaoran debía de haber sido el protagonista en lugar de Sakura, y ya puestas, decidieron reciclar a otros tantos personajes. Por último, crearon a un par nuevo, para que la gente no les llamara vagas. Además, Sakura es menos boba que en Card Captor Sakura, incluso podemos considerar que aquí es inteligente, pero acusa el efecto de haber perdido la memoria, que es el arranque de la historia.
El doblaje en español comete el mismo pecado que Keroro Gunsô: ¡Doblan las canciones! ¡Con lo bien que quedan en su idioma original! Las voces quizás sean algo más equívocas, pero siguen siendo identificativas del grupo principal. El problema se da con los secundarios: Demasiados, aunque se repiten, se nota mucho que el cuidado es menor con ellos.
Por último, sorprendetemente, Canal 2 Andalucía ha retirado la serie sin que esta haya finalizado, lo cual no está en la línea de esta emisora, que ofrece los programas de principio a fin, incluso cuando los repite. ¡Mal, muy mal!
Bobobôbo Bôbobo(Bobobó) Disparatada como es, era ya difícil que no me gustara, ¡pero es genial! Si Keroro Gunsô parodia las invasiones, aquí el tema consiste en referenciar continuamente las peleas de grupos de héroes contra organizaciones del mal. Vamos, los shônen manga (y anime). Aquí, todo vale para superar al enemigo, que siempre es el más poderoso que se han encontrado hasta el momento (¡Qué educados son, vienen en orden para que Bobobô y sus amigos se vayan fortaleciendo paulatinamente!): Técnicas antiguas, ninja, especiales, cosmos, fusiones imposibles e incluso lanzar a un compañero (seguro que el equipo de Disgaea plagió la idea). No obstante, también aparecen guiños a las magical girls, series clásicas, de gamberros y yo diría que al menos uno a Hyper Future Dimension Gunnm. Esto hace que incluso a un aficionado que lleva años en esto, como yo, le cueste a veces saber por dónde van los tiros (aunque el propio Heppokomaru, uno de los personajes, comenta en un capítulo sobre una situación absurda: "¡Será una parodia!"). No obstante, el humor de esta serie es altamente recomendable para todo el mundo: Está hecha para desternillarse a gusto, no para aguantar dramas de ayer y hoy como "¡Salva a la chica que te trata como una mierda y hace insinuaciones a tu espalda sobre tu sexualidad!". De hecho, es lo único relacionado con Hokuto no Ken (El puño de la estrella del Norte) que me ha hecho disfrutar.
Respecto al doblaje español, han tenido la enorme decencia de dejar las canciones de apertura y cierre en idioma nipón, como está mandado. Sobre el contenido, me arriesgo y confirmaré la teoría del amigo Draug, hecha en la entrada anterior, acerca de que el doblaje importa poco en esta serie, ya que es una chorrada (genial, pero chorrada). Algunas voces están más trabajadas que otras, y al menos gritan a lo loco cuando se da una "Bobobada". Esta es la otra parte, la adaptación de las técnicas, y algunos nombres de personajes (Hatenkô como Impredecible, algunos animales como Nutria, y motes como Pequeñita). Excepto cierto caso confirmado, opino que la adaptación es en general buena, y necesaria para entender el surrealismo de la serie. La subtitulación de textos está muy bien realizada, a pesar de la extensión de algunos textos, y además suelen ser leídos por los personajes.
En resumen, recomendable para reírse cuando uno esté virtualmente harto de Dragon Ball, Bleach, Naruto, One Piece, Saint Seiya (Los caballeros del Zodíaco), o cualquiera de la familia (sin entrar en la calidad de estas obras mencionadas, que es otra cuestión).
Bleach Que Canal 2 Andalucía estrene tres series de animación más o menos rimbombantes a la vez no me extraña nada, ya he comentado por aquí que tienen un criterio de emisión excelente; pero Cuatro, sin duda, está siguiendo esos pasos sin dudarlo. Si además emitiera a otra hora, y no cortara la canción de cierre (tal cual la hicieron en Japón, lo cual es más delictivo), merecería un premio. Por último, la emisión en japonés subtitulado sería su conquista virtual del trono, que no real, porque algunas autonómicas le llevan mucha ventaja.
Y dejando estas consideraciones, todo el mundo conoce esta serie: Ichigo Kurosaki es un estudiante de instituto capaz de ver espíritus, cual niño con sexto sentido, y tras un encontronazo con una shinigami llamada Rukia Kuchiki, adquiere los poderes de los mensajeros de la muerte en la mitología nipona (mejor dicho, según las ha adaptado Tite Kubo). Estas habilidades sirven para proteger a las almas errantes de los Hollow, resultado de la corrupción de las primeras en seres malvados, que devoran a las primeras para continuar sobreviviendo. Después, que cada cual recuerde, o la vea.
A mi gusto, Bleach es un buen shônen, con personajes carismáticos y fáciles de identificar, pero no está en la misma liga que Naruto o One Piece. Las comparaciones son odiosas, pero necesarias. En las dos últimas, sus protagonistas tienen, a mi gusto, asistencia de sus compañeros, y elementos que explican que puedan superar a rivales asombrosos. Ichigo tiene mucho poder espiritual, pero en muchos momentos tiene "la potra del prota", y perdón por el cutre juego de palabras.
Respecto al doblaje, es bueno. Los actores usan registros irónicos, sarcáticos, exagerados, y pitorrones. Las voces me parecen apropiadas, aunque algunos personajes se parecen demasiado. Sorprende que hayan optado por usar vocablos como "cabrón" e "hijo de puta", pero cierto es que ignoro si en el original hay improperios semejantes a estos, o se ha doblado así para darle más contundencia.
Pues eso es todo, aviso que pienso enviarle a Aitor un texto para el concurso de El origen de Nikita, así que ya sabéis dónde podéis leerme, ¡hasta entonces!
P.D: Editado para corregir algunos detalles.
sábado, octubre 20
Y de segundo, un guión de videojuego.
Exacto, hace poco jugué de nuevo al Ico para destripar todos sus secretos, e inspirado por juegos impresionantes como este, y ciertas escenas de otros, he ideado un juego que me ha parecido singular, aunque puede que ya los haya parecidos. Obviamente, de tenerlo en la cabeza a describirlo al completo hay un trecho, así que de momento he empezado con las escenas, a pesar de no saber si así se hace en verdad a la hora de crear. De todos modos, he decidido de momento mostraros las dos primeras páginas, para tener opiniones contrastadas. ¡Aquí tenéis!
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Déjà Vu
Sketchbook
Vídeos
Juego
Primera
Esta escena debe introducir al jugador dentro de la atmósfera intrigante de Déjà Vu, y para ello no hay nada mejor que una escena vista en perspectiva subjetiva. Los juegos y películas suelen abusar en extremo de vistas panorámicas como introducciones a la historia, y posteriormente a los personajes, pero particularmente pienso que en este caso se puede alterar el orden. Principalmente, porque Déjà Vu sólo mostrará un máximo de dos personajes que interaccionen simultáneamente, y es comprobable que juegos con un pequeño plantel de personajes son más intimistas que otros. Como ejemplos, cabe destacar Ico, y en menor medida Silent Hill.
La escena consistirá en la visión de la tapa de un ataúd desde dentro del mismo. Lógicamente, el interior del ataúd debería estar en la completa oscuridad, no obstante está en penumbra. Por ello, se retira la mirada cuando, desde el punto de vista del protagonista (que será mostrado en la escena posterior), se observa una rendija por la cual entra un haz de luz que lo deslumbra. Entonces se podrá ver el dorso de su mano derecha.
Tras un momento de ceguera y algunos parpadeos, un pestillo situado a la derecha del interior de la tapa es el centro de la atención. Cuando el personaje pase su mano por este, se dará cuenta de que el aparente ataúd es más profundo de lo que parecía. Entonces, a través del tacto (y el jugador a través del oído), sabrá que la tapa está abierta, y podrá salir con un pequeño esfuerzo.
Tras un breve momento de duda, se incorporará y empujará la tapa hacia arriba enérgicamente.
Segunda
Esta sí es la escena panorámica, aunque una vez más el personaje sea el primer elemento. El ataúd, visto desde fuera, oculta las piernas y la cadera del joven que aparece, el cual protege sus ojos, desacostumbrados a la luz tras estar un período indeterminado de tiempo en penumbra. En ese momento mira alrededor, y de nuevo la perspectiva subjetiva muestra un extraño diseño, en forma de espiral o bien radial, que forma un sistema de rejillas. No obstante, en las cercanías del ataúd sólo ve un enlosado totalmente normal.
Entonces, ya acostumbrado a la luz, saca sus piernas del ataúd y se sienta sobre este, dando a indicar que el susodicho objeto pesa más de lo que parece. Entonces se queda así un rato, mientras mira cómo balancea los pies, y bosteza. Tras frotarse los ojos, ve algo que llama poderosamente su atención: Una mesa situada fuera de la sala donde se encuentra, en la cual hay comida (supóngase margarina, pan y leche). Entonces salta al suelo y dice su primera frase. Entonces empieza el verdadero juego.
Protagonista: “Tengo hambre.”
Este primer enigma sirve para introducir al jugador en la jugabilidad, consistente más en encontrar la utilidad de los comandos en cada situación concreta, que en un conjunto de acciones que se repiten periódicamente. En el primer caso, hay que abrir las líneas de seguridad que encierran al personaje. El diseño de esta debe ser radial o espiral, como se ha dicho, o bien una mezcla entre ambas. Para abrirla, el personaje deberá agachar la cabeza hasta la altura de la valla, y así poder ver detrás de las barras más cercanas a este cómo el cierre de la trampa está precisamente en la parte interior de la trampa. Una vez desajuste el cierre de la primera zona, esta se soltará hacia fuera, permitiendo intuir que existen más cierres como el anterior distribuidos simétricamente a lo largo de la primera línea.
El desbloqueo debe conducir irremisiblemente a conocer cómo la primera barrera de seguridad ocultaba el montaje de la segunda*, y el protagonista se verá obligado a volver atrás cuando esto suceda para desmontarla, ya que la parte exterior de la segunda barrera de seguridad bloquea a su vez la de la primera barrera. También es el momento en que el jugador observa que el montaje de la trampa ha sido llevado a cabo hacia dentro, esto es, se empieza por afuera, y los cierres estaban por dentro porque el creador avanzó hacia el centro. Una vez desmontada, el jugador ha logrado superar la primera prueba.
*Quizás sean necesarias alteraciones si hay una barrera de seguridad más, o si alguna de ellas es radial, pero no debería suponer un problema demasiado grande.
Tercera escena
Una vez el jugador haya abierto la barrera, habrá una escena cinemática de vista algo más cenital. En esta, el protagonista se zafa de la trampa, y cuando va a desayunar, observa algo inquietante. El diseño del cual ha escapado está construido de modo que se empezó por la parte exterior, y se cerró por la interior*: Dicho de otro modo, quien lo monta, queda encerrado dentro de su propia creación. Lo comprueba realizando la operación inversa a la que le permitió salir, y se queda callado mientras piensa.
Protagonista: “¿Me encerré yo mismo?”
*Básicamente, el personaje descubre lo mismo que el jugador.
Cuarta escena
En esta, el protagonista está sentado a la mesa y come con fruición. No deja de observar el diseño, que le hace incluso dejar de probar bocado. Finalmente, bebe a largos tragos y suspira tras dejar el recipiente en la mesa, y durante un tiempo se queda mirando las musarañas.
Finalmente, se levanta e investiga a su alrededor. Descubre una puerta cerrada, pero comprueba aliviado que la cerradura está a su lado. Entonces es consciente de que debe haber una llave en la misma habitación y se pone a buscarla.
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Puede que dentro de cierto tiempo, muestre más. ¡Ya avisaré! ¡Y la semana que viene, actualizaciones! ¡Y comentad en la entrada que ya sabéis!
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Déjà Vu
Sketchbook
Vídeos
Juego
Primera
Esta escena debe introducir al jugador dentro de la atmósfera intrigante de Déjà Vu, y para ello no hay nada mejor que una escena vista en perspectiva subjetiva. Los juegos y películas suelen abusar en extremo de vistas panorámicas como introducciones a la historia, y posteriormente a los personajes, pero particularmente pienso que en este caso se puede alterar el orden. Principalmente, porque Déjà Vu sólo mostrará un máximo de dos personajes que interaccionen simultáneamente, y es comprobable que juegos con un pequeño plantel de personajes son más intimistas que otros. Como ejemplos, cabe destacar Ico, y en menor medida Silent Hill.
La escena consistirá en la visión de la tapa de un ataúd desde dentro del mismo. Lógicamente, el interior del ataúd debería estar en la completa oscuridad, no obstante está en penumbra. Por ello, se retira la mirada cuando, desde el punto de vista del protagonista (que será mostrado en la escena posterior), se observa una rendija por la cual entra un haz de luz que lo deslumbra. Entonces se podrá ver el dorso de su mano derecha.
Tras un momento de ceguera y algunos parpadeos, un pestillo situado a la derecha del interior de la tapa es el centro de la atención. Cuando el personaje pase su mano por este, se dará cuenta de que el aparente ataúd es más profundo de lo que parecía. Entonces, a través del tacto (y el jugador a través del oído), sabrá que la tapa está abierta, y podrá salir con un pequeño esfuerzo.
Tras un breve momento de duda, se incorporará y empujará la tapa hacia arriba enérgicamente.
Segunda
Esta sí es la escena panorámica, aunque una vez más el personaje sea el primer elemento. El ataúd, visto desde fuera, oculta las piernas y la cadera del joven que aparece, el cual protege sus ojos, desacostumbrados a la luz tras estar un período indeterminado de tiempo en penumbra. En ese momento mira alrededor, y de nuevo la perspectiva subjetiva muestra un extraño diseño, en forma de espiral o bien radial, que forma un sistema de rejillas. No obstante, en las cercanías del ataúd sólo ve un enlosado totalmente normal.
Entonces, ya acostumbrado a la luz, saca sus piernas del ataúd y se sienta sobre este, dando a indicar que el susodicho objeto pesa más de lo que parece. Entonces se queda así un rato, mientras mira cómo balancea los pies, y bosteza. Tras frotarse los ojos, ve algo que llama poderosamente su atención: Una mesa situada fuera de la sala donde se encuentra, en la cual hay comida (supóngase margarina, pan y leche). Entonces salta al suelo y dice su primera frase. Entonces empieza el verdadero juego.
Protagonista: “Tengo hambre.”
Este primer enigma sirve para introducir al jugador en la jugabilidad, consistente más en encontrar la utilidad de los comandos en cada situación concreta, que en un conjunto de acciones que se repiten periódicamente. En el primer caso, hay que abrir las líneas de seguridad que encierran al personaje. El diseño de esta debe ser radial o espiral, como se ha dicho, o bien una mezcla entre ambas. Para abrirla, el personaje deberá agachar la cabeza hasta la altura de la valla, y así poder ver detrás de las barras más cercanas a este cómo el cierre de la trampa está precisamente en la parte interior de la trampa. Una vez desajuste el cierre de la primera zona, esta se soltará hacia fuera, permitiendo intuir que existen más cierres como el anterior distribuidos simétricamente a lo largo de la primera línea.
El desbloqueo debe conducir irremisiblemente a conocer cómo la primera barrera de seguridad ocultaba el montaje de la segunda*, y el protagonista se verá obligado a volver atrás cuando esto suceda para desmontarla, ya que la parte exterior de la segunda barrera de seguridad bloquea a su vez la de la primera barrera. También es el momento en que el jugador observa que el montaje de la trampa ha sido llevado a cabo hacia dentro, esto es, se empieza por afuera, y los cierres estaban por dentro porque el creador avanzó hacia el centro. Una vez desmontada, el jugador ha logrado superar la primera prueba.
*Quizás sean necesarias alteraciones si hay una barrera de seguridad más, o si alguna de ellas es radial, pero no debería suponer un problema demasiado grande.
Tercera escena
Una vez el jugador haya abierto la barrera, habrá una escena cinemática de vista algo más cenital. En esta, el protagonista se zafa de la trampa, y cuando va a desayunar, observa algo inquietante. El diseño del cual ha escapado está construido de modo que se empezó por la parte exterior, y se cerró por la interior*: Dicho de otro modo, quien lo monta, queda encerrado dentro de su propia creación. Lo comprueba realizando la operación inversa a la que le permitió salir, y se queda callado mientras piensa.
Protagonista: “¿Me encerré yo mismo?”
*Básicamente, el personaje descubre lo mismo que el jugador.
Cuarta escena
En esta, el protagonista está sentado a la mesa y come con fruición. No deja de observar el diseño, que le hace incluso dejar de probar bocado. Finalmente, bebe a largos tragos y suspira tras dejar el recipiente en la mesa, y durante un tiempo se queda mirando las musarañas.
Finalmente, se levanta e investiga a su alrededor. Descubre una puerta cerrada, pero comprueba aliviado que la cerradura está a su lado. Entonces es consciente de que debe haber una llave en la misma habitación y se pone a buscarla.
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Puede que dentro de cierto tiempo, muestre más. ¡Ya avisaré! ¡Y la semana que viene, actualizaciones! ¡Y comentad en la entrada que ya sabéis!
De primero, sírvame una parodia.
En principio, pensaba incluir este texto en una entrada que hablara de más cosas, pero como quiero actualizar a mansalva, pensé que le convenía más una entrada sin comentarios. Pero antes que nada, entremos en contacto con la materia tras recordar estos dos vídeos a quien no haya oído hablar de ellos:
Se ha hablado ya de estos vídeos, y supongo que quien más y quien menos se habrá formado una opinión. Si he decidido parodiarlos, es porque me partí el culo de la risa a costa del primero y las imbecilidades que expone, ya que...¡Es muy maniqueo! Quiero decir, me recuerda a las series infantiles: Los que no piensan como ellos no sólo son malos (sexistas, homófobos, etcétera...), sino además tontos (Gosé). Las canteras de los partidos políticos nos obsequian con lo que nos saturó de pequeños, es para mear y no echar gota.
El segundo, que en verdad parodia el primero, está hecho más con la intención de hacer reír, pero no lo consigue... Y es que el primer vídeo resulta gracioso precisamente porque es ridículo: No logra el efecto que pretende, sino que hace quedar mal. Provoca esas carcajadas crueles que sólo surgen cuando nos damos cuenta de la estupidez de una persona que mete la pata por un arranque de ira que no le permite reflexionar, o su propia ignorancia lo deja en su sitio. A mí, al menos, me provoca lo mismo que Rebelde Way.
Y sin más preámbulos, he aquí el texto. Advierto que, a pesar del título, servidor no pretende de modo alguno ser un personaje político, bastante tenemos con Eva Hache.
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Campaña de corrección política de las Juventudes Ozanunésticas
Estamos en Pasapalabra, la última prueba ha comenzado y los dos concursantes están en sus respectivos puestos, a través de la pantalla del televisor los informáticos añaden el círculo de letras…
-Ya conocéis las reglas: Comienza el nuevo concursante, si responde y acierta, continúa; si no acierta, pasa el turno a su rival, y lo mismo en caso de que diga ¡Pasapalabra!.-explicó la presentadora-¿Entendido?
-¡Claro, claro! ¡Empieza, coño!-le exigió una rubia con cara de mala leche.
-¡Entendido!-exclamó una morenita, educada y modosa.
-Bien, a ver, empiezas tú…-y le preguntó la presentadora a la rubia-Empieza por P: Mujer que se destaca por su gran actividad sexual con más de una persona.
-¡Puta!
-¡No, puta no! ¡Contesta tú!-la presentadora se dirigió a la chica morena.
-¡Promiscua!
-¡Respuesta correcta! A ver, la siguiente pregunta… Empieza por H: Se suele decir que algunos son más tontos que esta legumbre.
-¿Heliotropo?-preguntó la rubia.
-¡Miiic!
-¡Haba!-contestó la morena.
-¡Ticlín! ¡Es decir, correcta!
-Te sale fatal, mejor que sigas con correcto e incorrecto-le dijo la rubia.
-¡Calla! Bien, pues empieza por F: Persona que lucha por la libertad de los pueblos, y la garantía de su bienestar, entre otras causas humanitarias.
-¡Famoso!-respondió la rubia.
-¡Noooo!
-¡¿Cómo que no?! ¡Todos los famosos se dedican a cosas de estas!
-¡No! A ver, tú, responde-le ordenó de nuevo la presentadora a la morena.
-Filántropo.
-¡Bien! ¡Última pregunta!
-Perdona, pero yo creo que…-intentó explicar la morena.
-Olvida las otras letras.
-¡Ah, vale!
-Empieza por G: Persona que dedica su tiempo a crear montajes supuestamente cómicos para desacreditar a sus rivales, y que se ofende cuando estos últimos hacen lo mismo.
-¡Esa la sé!-gritó la rubia.
-¿Sí?
-¡Sí! ¡Es gilipollas!
-¡Respuesta correcta!
-¡Menos mal! ¡Yo creía que era gamusino!-pensó la muchacha morena.
Moraleja: La cuestión no es que bromear esté bien o mal, la cuestión es que tenga gracia o no. Y si no tienes, da igual que pienses que, por escribir una columna, montar una grabación o dar un discurso, eres muy gracioso; como mucho quedarás como un imbécil redomado.
--------------------
Comentadlo en la entrada anterior. Y también para el segundo texto.
P.D: ¿Alguien se ha fijado que en ambos vídeos el varón es retratado como un imbécil, y la mujer como culta y correcta? ¡Discriminación...!
...
¡Jajajajajajaja! ¡Es broma, por supuesto! Ya sólo falta que alguien ataque por ahí para que el asunto sea completamente patético.
Se ha hablado ya de estos vídeos, y supongo que quien más y quien menos se habrá formado una opinión. Si he decidido parodiarlos, es porque me partí el culo de la risa a costa del primero y las imbecilidades que expone, ya que...¡Es muy maniqueo! Quiero decir, me recuerda a las series infantiles: Los que no piensan como ellos no sólo son malos (sexistas, homófobos, etcétera...), sino además tontos (Gosé). Las canteras de los partidos políticos nos obsequian con lo que nos saturó de pequeños, es para mear y no echar gota.
El segundo, que en verdad parodia el primero, está hecho más con la intención de hacer reír, pero no lo consigue... Y es que el primer vídeo resulta gracioso precisamente porque es ridículo: No logra el efecto que pretende, sino que hace quedar mal. Provoca esas carcajadas crueles que sólo surgen cuando nos damos cuenta de la estupidez de una persona que mete la pata por un arranque de ira que no le permite reflexionar, o su propia ignorancia lo deja en su sitio. A mí, al menos, me provoca lo mismo que Rebelde Way.
Y sin más preámbulos, he aquí el texto. Advierto que, a pesar del título, servidor no pretende de modo alguno ser un personaje político, bastante tenemos con Eva Hache.
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Campaña de corrección política de las Juventudes Ozanunésticas
Estamos en Pasapalabra, la última prueba ha comenzado y los dos concursantes están en sus respectivos puestos, a través de la pantalla del televisor los informáticos añaden el círculo de letras…
-Ya conocéis las reglas: Comienza el nuevo concursante, si responde y acierta, continúa; si no acierta, pasa el turno a su rival, y lo mismo en caso de que diga ¡Pasapalabra!.-explicó la presentadora-¿Entendido?
-¡Claro, claro! ¡Empieza, coño!-le exigió una rubia con cara de mala leche.
-¡Entendido!-exclamó una morenita, educada y modosa.
-Bien, a ver, empiezas tú…-y le preguntó la presentadora a la rubia-Empieza por P: Mujer que se destaca por su gran actividad sexual con más de una persona.
-¡Puta!
-¡No, puta no! ¡Contesta tú!-la presentadora se dirigió a la chica morena.
-¡Promiscua!
-¡Respuesta correcta! A ver, la siguiente pregunta… Empieza por H: Se suele decir que algunos son más tontos que esta legumbre.
-¿Heliotropo?-preguntó la rubia.
-¡Miiic!
-¡Haba!-contestó la morena.
-¡Ticlín! ¡Es decir, correcta!
-Te sale fatal, mejor que sigas con correcto e incorrecto-le dijo la rubia.
-¡Calla! Bien, pues empieza por F: Persona que lucha por la libertad de los pueblos, y la garantía de su bienestar, entre otras causas humanitarias.
-¡Famoso!-respondió la rubia.
-¡Noooo!
-¡¿Cómo que no?! ¡Todos los famosos se dedican a cosas de estas!
-¡No! A ver, tú, responde-le ordenó de nuevo la presentadora a la morena.
-Filántropo.
-¡Bien! ¡Última pregunta!
-Perdona, pero yo creo que…-intentó explicar la morena.
-Olvida las otras letras.
-¡Ah, vale!
-Empieza por G: Persona que dedica su tiempo a crear montajes supuestamente cómicos para desacreditar a sus rivales, y que se ofende cuando estos últimos hacen lo mismo.
-¡Esa la sé!-gritó la rubia.
-¿Sí?
-¡Sí! ¡Es gilipollas!
-¡Respuesta correcta!
-¡Menos mal! ¡Yo creía que era gamusino!-pensó la muchacha morena.
Moraleja: La cuestión no es que bromear esté bien o mal, la cuestión es que tenga gracia o no. Y si no tienes, da igual que pienses que, por escribir una columna, montar una grabación o dar un discurso, eres muy gracioso; como mucho quedarás como un imbécil redomado.
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Comentadlo en la entrada anterior. Y también para el segundo texto.
P.D: ¿Alguien se ha fijado que en ambos vídeos el varón es retratado como un imbécil, y la mujer como culta y correcta? ¡Discriminación...!
...
¡Jajajajajajaja! ¡Es broma, por supuesto! Ya sólo falta que alguien ataque por ahí para que el asunto sea completamente patético.
¡Esta es una entrada de comentarios!
¡Efectivamente! Voy a actualizar esta semana con dos textos, y con otros dos la que viene (si me da tiempo, que es otra), y como me parece absurdo, por su escasa longitud, que sean comentados por separado, pero me parece que quedará feo exponerlos juntos, sus comentarios estarán aquí. Los otros dos textos puede que sí sean comentados individualmente, ya veré.
Y para que esto no quede muy corto, algo de mi vida: Como alguno sabe, al final he podido meterme en un departamento, sin beca (aunque podría haber otra oportunidad más adelante, ya preguntaré...), pero con muchas ganas de hacer algo mientras apruebo lo que me queda de carrera. Además, en dicho departamento colaboré el año pasado durante unas prácticas, y el resultado ha sido una publicación en una revista científica que lleva mi nombre. Enlazaré aquí el Abstract, ya que al artículo sólo puede accederse por suscripción, que sale por un ojo de la cara. No todo en esta vida son células madre.
Y bueno, por otro lado he empezado por fin a ir a la autoescuela, para sacarme el carnet con el que podré conducir como hacía en los videojuegos, estrellándome con todo lo que haya por el camino...
...No, así mejor que no, ¡je!
Y de momento ya está, porque volveré a actualizar, ¡nos vemos! ¡Los textos vendrán después de que duerma, quizás por la tarde!
Y para que esto no quede muy corto, algo de mi vida: Como alguno sabe, al final he podido meterme en un departamento, sin beca (aunque podría haber otra oportunidad más adelante, ya preguntaré...), pero con muchas ganas de hacer algo mientras apruebo lo que me queda de carrera. Además, en dicho departamento colaboré el año pasado durante unas prácticas, y el resultado ha sido una publicación en una revista científica que lleva mi nombre. Enlazaré aquí el Abstract, ya que al artículo sólo puede accederse por suscripción, que sale por un ojo de la cara. No todo en esta vida son células madre.
Y bueno, por otro lado he empezado por fin a ir a la autoescuela, para sacarme el carnet con el que podré conducir como hacía en los videojuegos, estrellándome con todo lo que haya por el camino...
...No, así mejor que no, ¡je!
Y de momento ya está, porque volveré a actualizar, ¡nos vemos! ¡Los textos vendrán después de que duerma, quizás por la tarde!
domingo, septiembre 30
Pues nada...
¡Hola! En el momento en que escribo esta entrada, he cateado las dos asignaturas que me quedaban, he acabado las prácticas de empresa, y puede que haya perdido la oportunidad de obtener una beca de colaboración en un departamento de la facultad, porque el plazo duraba hasta el día en que acabé las prácticas, que fue este mismo viernes. Cosas del sistema universitario: La matrícula puede esperar hasta mediados de octubre, pero la libre configuración y demás hay que solicitarlo casi a toda prisa, a veces antes de los exámenes de septiembre. De todos modos, ya veré si tengo la oportunidad de apuntarme fuera de plazo...
Al respecto, las prácticas de empresa han sido excelentes: He trabajado mucho, he observado muchas técnicas de procesado de la aceituna de mesa, y he aprendido un par de sistemas para medir el color de muestras. En resumen, tengo un buen sabor de boca, y por fin he dedicado un verano a una labor de provecho. Lo último que he estado haciendo es el envase de muestras para la determinación de polifenoles, que debido a la rapidez a la cual se degradan a temperatura ambiente, las aceitunas han de ser envasadas en un recipiente y bañadas en nitrógeno líquido. Tras esto, se introducen en el congelador y se espera hasta que estas estén congeladas, momento en que escoge una muestra, se seleccionan unas cuantas aceitunas y se rompen a martillazos (sí, romper, no aplastar), se pasa la pulpa sin el hueso a un mortero, y esta pulpa se pulveriza, procurando en todo momento que la pulpa siga congelada mediante adiciones de nitrógeno líquido. Así se evita la degradación de los polifenoles, y se determina posteriormente la cantidad existente. Lo realmente curioso es que la pulverización se realiza en una cámara frigorífica a siete grados centígrados, así que imaginad el frío que pasé al principio dentro, ya que hay que mantener la puerta encajada...
Aparte, mañana me enteraré de si soy admitido en algún laboratorio fuera de plazo, o si tendré que probar a entrar en uno por mi cara bonita, porque volveré a las clases y no quiero emplear un año en sólo dos asignaturas y sacarme el carnet de conducir. Curiosamente, las clases han empezado esta semana, pero aún estaba de prácticas. En cualquier caso, es hora de apretar los codos, y portarse bien, independientemente de cómo sea el profesor, porque en caso contrario, los alumnos no son sino animales:
(Ahora entiendo por qué dicen que todo es mejor con un mono, ¡jejejejeje!)
Y eso, básicamente, es todo respecto a mi vida personal. Ahora voy a comentar cierto tebeo que merece un comentario: 20th Century Boys. He llegado hasta el tomo 18, y por fin entiendo lo que decía Draug: Urasawa está volviendo a contar la historia del principio. Se ha presentado al fin a Amigo en sí, y no a través de los testimonios de otros personajes sobre él, pero se está volviendo a contar lo que ya se sabe. No digo que no me haya gustado, ni tampoco que la obra de haya vuelto mala, pero se está reiterando, a pesar de que el tomo 18 mejora un poco, con cierta novedad que realmente podría ser tenida en cuenta. Teniendo en cuenta que me faltan cuatro tomos para el final, dejaré para entonces mi evaluación del tebeo.
Y eso es todo, lamento no contar nada más, pero entre prácticas y estudios (la verdad es que tuve mala suerte en un examen, me entretuve en una pregunta, y en el otro me quitaron nota por "falta de razonamiento"), tampoco he tenido un verano muy interesante, pues no he ido a ningún sitio de vacaciones. Y leo más cosas, pero o no merecen ser comentadas ahora mismo, o queda poco para que las tenga completas (Death Note). Además, en Canal 2 Andalucía se han vuelto a portar bien y están siendo emitidas Keroro Gunsô, Tsubasa: Reservoir Chronicle y Bobobo-bo Bo-bobo; en doblaje español a ratos algo infame, pero se agradece. Ya comentaré más adelante al respecto.
Eso sí, anuncio que el mes que viene probablemente contraatacaré con una nueva entrega de Crónicas de los Diez, ya que habrán pasado seis meses desde la anterior entrega (no quería una periodicidad semestral, pero bueno...). Quizás también ataque con una nueva Hilaridad, pero más vale que me ponga a ello cuanto antes, ¡hasta entonces!
P.D: Ninguna aceituna ha sido congelada, rota o pulverizada durante la redacción de esta entrada.
P.P.D: Asimismo, tampoco ha sido agredido ningún maestro de monos (que yo sepa).
Al respecto, las prácticas de empresa han sido excelentes: He trabajado mucho, he observado muchas técnicas de procesado de la aceituna de mesa, y he aprendido un par de sistemas para medir el color de muestras. En resumen, tengo un buen sabor de boca, y por fin he dedicado un verano a una labor de provecho. Lo último que he estado haciendo es el envase de muestras para la determinación de polifenoles, que debido a la rapidez a la cual se degradan a temperatura ambiente, las aceitunas han de ser envasadas en un recipiente y bañadas en nitrógeno líquido. Tras esto, se introducen en el congelador y se espera hasta que estas estén congeladas, momento en que escoge una muestra, se seleccionan unas cuantas aceitunas y se rompen a martillazos (sí, romper, no aplastar), se pasa la pulpa sin el hueso a un mortero, y esta pulpa se pulveriza, procurando en todo momento que la pulpa siga congelada mediante adiciones de nitrógeno líquido. Así se evita la degradación de los polifenoles, y se determina posteriormente la cantidad existente. Lo realmente curioso es que la pulverización se realiza en una cámara frigorífica a siete grados centígrados, así que imaginad el frío que pasé al principio dentro, ya que hay que mantener la puerta encajada...
Aparte, mañana me enteraré de si soy admitido en algún laboratorio fuera de plazo, o si tendré que probar a entrar en uno por mi cara bonita, porque volveré a las clases y no quiero emplear un año en sólo dos asignaturas y sacarme el carnet de conducir. Curiosamente, las clases han empezado esta semana, pero aún estaba de prácticas. En cualquier caso, es hora de apretar los codos, y portarse bien, independientemente de cómo sea el profesor, porque en caso contrario, los alumnos no son sino animales:
(Ahora entiendo por qué dicen que todo es mejor con un mono, ¡jejejejeje!)
Y eso, básicamente, es todo respecto a mi vida personal. Ahora voy a comentar cierto tebeo que merece un comentario: 20th Century Boys. He llegado hasta el tomo 18, y por fin entiendo lo que decía Draug: Urasawa está volviendo a contar la historia del principio. Se ha presentado al fin a Amigo en sí, y no a través de los testimonios de otros personajes sobre él, pero se está volviendo a contar lo que ya se sabe. No digo que no me haya gustado, ni tampoco que la obra de haya vuelto mala, pero se está reiterando, a pesar de que el tomo 18 mejora un poco, con cierta novedad que realmente podría ser tenida en cuenta. Teniendo en cuenta que me faltan cuatro tomos para el final, dejaré para entonces mi evaluación del tebeo.
Y eso es todo, lamento no contar nada más, pero entre prácticas y estudios (la verdad es que tuve mala suerte en un examen, me entretuve en una pregunta, y en el otro me quitaron nota por "falta de razonamiento"), tampoco he tenido un verano muy interesante, pues no he ido a ningún sitio de vacaciones. Y leo más cosas, pero o no merecen ser comentadas ahora mismo, o queda poco para que las tenga completas (Death Note). Además, en Canal 2 Andalucía se han vuelto a portar bien y están siendo emitidas Keroro Gunsô, Tsubasa: Reservoir Chronicle y Bobobo-bo Bo-bobo; en doblaje español a ratos algo infame, pero se agradece. Ya comentaré más adelante al respecto.
Eso sí, anuncio que el mes que viene probablemente contraatacaré con una nueva entrega de Crónicas de los Diez, ya que habrán pasado seis meses desde la anterior entrega (no quería una periodicidad semestral, pero bueno...). Quizás también ataque con una nueva Hilaridad, pero más vale que me ponga a ello cuanto antes, ¡hasta entonces!
P.D: Ninguna aceituna ha sido congelada, rota o pulverizada durante la redacción de esta entrada.
P.P.D: Asimismo, tampoco ha sido agredido ningún maestro de monos (que yo sepa).
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