martes, marzo 6

Leyendas del mundillo friqui: El episodio de Pokémon que alucinó a muchos niños.

Esta será la última sobre Pokémon, de verdad. Hace unos años, un extraño titular llenaba los medios de comunicación occidentales: ¡¡Setecientos niños habían sufrido ataques epilépticos mientras veían Pokémon!! ¡Terrible! ¡Horrible! ¿Qué habrá sido de esos niños? En serio, ¿qué ha pasado con ellos?

Pues miren, la respuesta es fácil: algunos fueron diagnosticados de epilepsia, pero muy poquitos. Sí es cierto que en 1997 casi 700 niños que estuvieron viendo un episodio de esa serie fueron hospitalizados con síntomas tales como mareos, picor de ojos y similares. Como también lo es que al día siguiente de aparecer la noticia, miles de niños acudieron a hospitales. Asimismo, pocos de los primeros pacientes resultaron siendo diagnosticados de epilepsia fotosensible.

¿Qué pasó en el caso del episodio de Pokémon? Bien, el episodio Dennō Senshi Porygon fue emitido el 16 de diciembre de 1997 en TV Tokyo. Durante la emisión del episodio, había varias escenas en las que la pantalla mostraba flashes que alternaban a rápida velocidad los colores rojo y azul. Como todo el que sienta cierta pasión por las obras audiovisuales sabe, los flashes de alta frecuencia cansan la vista, provocan mareos y, si se es susceptible, pueden provocar un ataque epiléptico. Se supone que una de estas tres posibilidades fue lo que les ocurrió a los casi setecientos niños que acudieron a urgencias aquel mismo día, tales como un chico de catorce años que cayó inconsciente. Sólo una minoría de estos chicos fueron diagnosticados de epilepsia, mientras que el resto es una mezcla entre diversos factores, como que los televisores japoneses suelen ser demasiado brillantes para el tamaño de los hogares, que la combinación de azul y rojo acentúa la posibilidad de afectar el nervio óptico y que el estrés fue parte del detonante.

Y ahora, ¿por qué, a la mañana siguiente del suceso, doce mil niños aseguraron estar enfermos? ¿Se marearon en diferido, como en Canarias? ¡Doce mil! La explicación oficial es histeria colectiva, esto es, la gente se escandalizó hasta el punto de creer que ellos mismos también estaban afectados. Ya se sabe que el terror aumenta el peligro hasta límites insospechados. El pánico moral suele aumentar cuando hay niños por medio, como Helen Lovejoy nos demuestra en la gran serie Los Simpson.



Por supuesto, en la actualidad los mayores voceros del pánico moral son los grandes medios de comunicación, capaces de publicar que el presidente de un país come sesos de niños huérfanos con tal de vender periódicos. Justo a la mañana siguiente del suceso, varios informativos comentaron el extraño suceso. Considérense los siguientes hechos: una serie conocida, la primera hora de la mañana, durante la cual las familias japonesas están sentadas delante del televisor, y el boca a boca. Al final, nada que ver con la historia original.


Pikachu intentó aclarar la verdad del asunto, pero no tuvo mucho éxito.

Por otro lado, una parte del asunto resulta, como mínimo, extraña. Flashes similares a los empleados en el infame episodio se han usado ya en varias series, tales como Sailor Moon, sin que fenómenos a la misma escala de este episodio hayan sido registrados. De ahí que algunos escépticos comenten que fue, mayormente, un episodio de histeria colectiva, basándose que una investigación posterior arrojaba un porcentaje de afectados similar al de personas afectas de epilepsia fotosensible.

Las consecuencias del asunto sí son claras: prohibición ad perpetuum del episodio, tanto en su tierra natal como en el extranjero, discusiones absurdas sobre toda la animación japonesa, una retirada de cuatro meses para la serie, negación del principal acontecimiento por parte de enteradillos, normas para los futuros dibujos animados, bajada de las acciones de los videojuegos y cachondeo por parte de parodiadores profesionales, como Trey Parker y Matt Stone.

Por tanto, el asunto es una leyenda de diccionario: un hecho real, pero exagerado lo suficiente.

Fuentes:
Dennō Senshi Porygon
Pokémon Panic

4 comentarios:

Miguel Baquero dijo...

Realmente suena a leyenda urbana, pero el caso es que fue tratado como un hecho real, algo así como los cocodrilos de las alcantarillas en Nueva York. Yo creo que es un síntoma de cómo las noticias primero se sueltan en los periódicos y luego ya se contrastan, si acaso. Hay mucha prisa por sacar noticias y no se pierde mucho tiempo en asegurarse de que sean ciertas. ¡A saber las bolas que nos han colado y nos seguirán colando con estos métodos! Algunas más o menos inocentes, como ésta, pero otras llenas de intenciones políticas o económicas.

Mucha sociedad de la información pero estamos indefensos ante cualquier trola

Ozanu dijo...

El hecho principal sí es verdad: está bastante claro que casi setecientos niños acabaron en urgencias. Lo que no está tan claro es cuántos factores hay en el asunto y, bien mirado, el episodio acabó pagando todo el pato. Todo el mundo quiere, cuando ocurre algo así, evitar que se repita y se tiende a buscar causas fáciles. Pero de ahí a afirmar que los setecientos críos tuvieron ataques epilépticos o, ya es el colmo, que el episodio provocó epilepsia (así, sin más) es simplemente una barbaridad.

De hecho, durante algún tiempo llegué a oír que toda la historia en sí era una leyenda urbana, versión defendida por friquis que se agarran a un clavo ardiendo con tal de librar a sus vicios particulares de ataques injustificados, según ellos (y quizás lleven razón). Para que veas que nadie está libre de prejuicios.

Sobre la sociedad de la información, dice una bloguera llamada Natsufan que sí estamos en esta, pero que no estamos en la sociedad del conocimiento.

Lansky dijo...

No hace falta leer a nastufan para distinguir entre Información, Conocimiento y Sabiduría.

Por cierto, las iglesias niegan las tres, tu te has centrado en rste post en el segundo

Ozanu dijo...

Ya, pero ella lo dice tanto porque se dedica a desmontar teorías de conspiración que aprovechan la red para contar barrabasadas, como porque las víctimas de esos montajes creen que la sociedad de la información equivale a la del conocimiento. En concreto, que tener conexión WiFi para poder entrar a la Wikipedia es sinónimo de ser culto.