<i>Me gusta el libro de papel porque su olor es especial, luce muy bien en la estantería y su tacto es suave y esponjoso.</i>
Vamos a ver, señores: los libros, principalmente, son para cogerlos y leerlos. Las novelas, los relatos y hasta los poemas, creo que más o menos se pueden leer igual en ambos formatos. Sin embargo, hay otros libros que no. Los manuales técnicos por ejemplo. Hace poco, vino McManus a mi casa y me pasó, no voy a engañar a nadie, bastantes cosillas en formato electrónico, entre las cuales se incluía un manual de evolución. Este estaba bien escaneado, pero a la hora de leerlo eché en falta que fuera de papel. ¿Por el olor? ¡No, hombre! Por la mayor dificultad para comparar el texto con las láminas de diagramas e imágenes. Pongamos algunos ejemplos.

Véase esta imagen. Considérese que se quiere leer la descripción de cada
insecto, dada en páginas diferentes, a la vez que se observan las imágenes. Con
un libro es un simple movimiento de mano. Pero con un libro electrónico es más
difícil porque cargar una página te lleva al principio de la misma.
Con esta queda más claro, porque
la complejidad de este diagrama precisa ser visto a gran tamaño. Habrá quien
diga que se puede hacer un zoom, pero no es lo mismo, especialmente cuando
tienes que mover la imagen para captar los detalles. Un libro en papel sólo
precisa el movimiento más intuitivo: mover los ojos.
Y no digamos ya de las tablas, necesarias
para realizar cálculos. En la entrada que he enlazado anteriormente, ya di mi
opinión de que el estudio de un libro técnico es mejor cuando este es de papel,
precisamente por estos detalles. Como nos decían en la facultad: los gráficos grandes, para que se puedan ver mejor.
El ejemplo paradigmático es el de
los atlas. Y que nadie me diga que para eso existe el GPS, porque no entiende
por dónde voy. ¿Qué gracia tiene un atlas si no es enorme?